Entiendo por remisión de una enfermedad crónica (incluido el cáncer) la mejoría o el cese de su actividad, y de los síntomas que provoca, de forma permanente.

Para conseguir la remisión de una enfermedad crónica es imprescindible eliminar las principales causas que la han provocado y la mantienen activa:  la inflamación en los tejidos y su dificultad para desintoxicarse y repararse.

Causas que han “puesto en marcha” la predisposición genética de la persona a padecer determinados trastornos o enfermedades: diabetes, cardiopatía, broncopatía, enteropatía, neuropatía, depresión, ansiedad, demencia, enfermedad autoinmune, cáncer…


Por tanto, el enfoque terapéutico deberá dirigirse a:

  • controlar la inflamación en el organismo y
  • mejorar las capacidades de detoxicación, reparación y regeneración de sus tejidos.

Controlar la inflamación
Solo es posible lograrlo si cesa la agresión continua que estimula la respuesta inflamatoria del organismo y mejoramos su capacidad antioxidante-antiinflamatoria. Es decir, si controlamos los factores causales:

  • reducimos tóxicos, gluten, proteínas lácteas, lactosa, glucosa, fructosa y radiaciones,
  • y aportamos los micronutrientes en cantidades y proporciones óptimas. La deficiencia de uno o varios micronutrientes básicos en la persona afectada, ya hace difícil que la enfermedad pueda remitir.

Es cierto que hay alteraciones genéticas frecuentes que predisponen a padecer un exceso de inflamación y oxidación, pero están muy influidas por los factores externos causales mencionados, y también por las situaciones estresantes en la familia y el trabajo y las emociones negativas.

Mejorar la capacidad de detoxificación
El organismo tiene una buena capacidad para eliminar los residuos y tóxicos del interior de las células y de su entorno. Esta capacidad depende de determinados genes y del estado funcional de hígado, riñón y pulmón, que son las depuradoras del cuerpo. Cuantos más residuos intracelulares y “basura” alrededor de las células, mayor entorno ácido que las agrede, además de destruir e impedir el paso de micronutrientes y oxígeno a su interior.

Por tanto, mejorar la detoxificación implica mejorar los genes responsables y las funciones hepática, renal y pulmonar, siendo fundamentales para ello las medidas que reducen la sal y el aporte y la producción de moléculas tóxicas.

 Mejorar las capacidades de reparación y regeneración

Reduciendo la inflamación y eliminando los residuos tóxicos podemos conseguir que se detenga la enfermedad y mejoren los síntomas.

El cuerpo humano está preparado para reparar y regenerar sus células cuando se dañan y mueren, con un gran potencial para recuperar la función de los órganos afectados. Sin embargo, para lograr recuperar dicha función y conseguir una buena calidad de vida, es necesario que los tejidos afectados se reparen y produzcan células nuevas que reemplacen a las células muertas.

Parece difícil conseguirlo pero no lo es, basta con mejorar la eficacia de los mismos mecanismos que utiliza el cuerpo. Actuando sobre los factores externos causales, especialmente mediante los micronutrientes, las enzimas y el ejercicio físico, que permiten estimular las capacidades de reparación y regeneración celular.

Controlar el riesgo genético
Todos nosotros heredamos de nuestros antecesores predisposiciones a enfermar de un modo determinado, siendo muchos los genes involucrados que deben activarse o inhibirse (expresión genética) para que se presente un tipo de trastorno o enfermedad.

Los cambios genéticos responsables de patologías estarán siempre con nosotros, pero su expresión genética o “puesta en marcha” depende de unas moléculas que hay a su alrededor llamadas moléculas epigenéticas, que a su vez dependen de los factores externos causales. Por tanto, el riesgo genético puede y debe controlarse actuando sobre dichos factores, para evitar nuevas enfermedades, pero también para ayudar a controlar las que ya se padecen, evitando descompensaciones y recidivas futuras.

No es posible conseguir la remisión de una enfermedad si la predisposición genética se mantiene “activada”.


Fármacos y enfermedades crónicas.

Los fármacos y los tratamientos aplicados habitualmente están diseñados para paliar síntomas y controlar parámetros básicos de salud, pero no para corregir las causas (factores causales), ni mejorar la inflamación, detoxificación, reparación y regeneración, ni para ayudar a controlar el riesgo genético, que son la raíz de toda enfermedad crónica, incluido el cáncer.

Cada vez es mayor el número de personas con patologías crónicas y de personas polimedicadas, y cada vez dichas patologías se manifiestan a edades más tempranas, además de presentarse a menudo con características diferentes a las habituales.

Está suficientemente demostrado que todo ello es consecuencia de los cambios sufridos en el estilo de vida y los factores ambientales de las poblaciones occidentales relacionados con: alimentación, micronutrientes, enzimas, tóxicos, fármacos, radiaciones, ejercicio, sueño y factores estresantes y emocionales.

¿No sería más eficaz que la mayoría de los recursos se dirigieran a investigar y mejorar la raíz de las enfermedades (inflamación y dificultad para detoxificar, reparar y regenerar los tejidos) y sus causas (factores causales), más que dirigirse a desarrollar tratamientos y fármacos para atenuar las consecuencias.
Tratamientos convencionales y fármacos son muy útiles en situaciones agudas y salvan vidas, pero administrados crónicamente son un nuevo factor causal de patologías y, actuando sobre las causas,  muchos podrian no ser necesarios o indicarse con menor frecuencia y a dosis más bajas.

Actuando mediante alimentos, micronutrientes, enzimas y reduccción de tóxicos, se evitaría la necesidad de desarrollar muchos fármacos de excesiva complejidad, con efectos secundarios y de dudoso beneficio, cuyo coste es ya insostenible.


¿Qué debo hacer si me han diagnosticado una enfermedad crónica?

En primer lugar, póngase en manos de un médico con el que pueda comunicarse bien, y siga sus indicaciones.

En segundo lugar, empiece a mejorar la inflamación, detoxificación, reparación y regeneración de sus tejidos afectados, y a controlar su riesgo genético.
Para conseguirlo es útil seguir las pautas de alimentación básica y complementos básicos del Método Dr. Cardona por:

  1. Reducir los ataques proinflamatorios a su cuerpo provenientes de: proteínas de los cereales, proteínas lácteas, lactosa, glucosa, fructosa, tóxicos y radiaciones. Se consigue especialmente si se limita a tomar los alimentos básicos que “debe tomar”, y sigue los consejos complementarios al método: “reducir tóxicos y radiaciones”.
  2. Aportar los micronutrientes necesarios en cantidades fisiológicas, eficaces y equilibradas, tomando con el desayuno básico los complementos básicos.
  3. Aportar los fitoquímicos y las enzimas adecuados con los alimentos básicos aconsejados, que ayudan a los micronutrientes básicos a realizar sus funciones y a mejorar la capacidad antioxidante-antiinflamatoria del organismo.

También es útil seguir los consejos complementarios al método para reducir tóxicos y radiaciones, y para mejorar la acitividad física y el sueño. Además de intentar  reducir las situaciones estresantes persistentes en la familia y el trabajo y mejorar las actitudes y emociones negativas.

© 2017 Dr. F. Cardona


  • El objetivo de este blog es ayudar a mejorar la evolución y calidad de vida de las personas con enfermedades persistentes, de difícil curación. Sus contenidos se basan en mi experiencia clínica durante 40 años de práctica médica y las investigaciones de estudios publicados que he realizado junto con otros expertos.