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Refuerzo muscular terapéutico

Reforzar los músculos en las personas con procesos crónicos

Las actividades físicas que consiguen los mayores beneficios en toda persona con procesos crónicos son moverse frecuentemente y el refuerzo muscular. Estas son las actividades físicas imprescindibles para cualquier persona, especialmente cuando le resulta difícil practicar deporte por diferentes motivos.

Es imprescindible reforzar los músculos del cuerpo para mejorar la secreción hormonal, la expresión de los genes y la calidad de vida.

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Ejercicio y enfermedad crónica

La influencia del ejercicio físico en el desarrollo y la evolución de la gran mayoría de enfermedades es cada vez más evidente, en los estudios y en la experiencia clínica.

Como ya he comentado en otras ocasiones, el origen o causa del desarrollo de las enfermedades persistentes de difícil curación reside principalmente en:

  • la insuficiencia y el desequilibrio de micronutrientes básicos en las células y el exceso de tóxicos.
  • la falta de oxígeno en las células.
  • la inflamación de bajo grado, sistémica (por todo el cuerpo) y silenciosa (da pocos síntomas),
  • la insuficiente energía celular producida por las mitocondrias (orgánulos o “motores” de las células).
  • la alteración del sistema inmune.
  • la capacidad insuficiente del organismo para reparar y regenerar los tejidos y órganos dañados.

La falta de ejercicio empeora la evolución de las personas con procesos crónicos por incrementar la tendencia a que se produzcan en el organismo muchas de estas mismas alteraciones causales de enfermedad: mala oxigenación celular, inflamación crónica, reducción de la energía celular, alteración del sistema inmune y menor capacidad de reparación de los tejidos.

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Radiaciones y enfermedad crónica

¿A qué nos referimos cuando hablamos de radiaciones?

Las radiaciones son los campos electromagnéticos, ondas o partículas, que pueden ser emitidas por aparatos de todo tipo y también desde el subsuelo. Hoy en día, estamos rodeados por las radiaciones, igual que ocurre con los tóxicos, pero con la diferencia de que esta exposición no es nunca visible y no tiene sabor ni olor. Y, sin embargo, tienen un efecto acumulativo en nuestro cuerpo.

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Cómo evitar y eliminar los tóxicos

Por qué necesitamos eliminar los tóxicos.

Estamos rodeados por los tóxicos. o sustancias químicas que nos pueden dañar al entrar en contacto con nosotros en las cantidades que encontramos habitualmente en nuestro entorno. Se consideran sustancias tóxicas las que pueden acumular toxinas en el cuerpo y dañar por sí solas, pero también aquellas que pueden dañar al unirse a otras con las que contactamos normalmente.

Las consecuencias de esta toxicidad constante son graves, aunque no se le dé mucha importancia. Los tóxicos son estimulantes de la oxidación e inflamación, y una de las principales causas del descontrol oxidativo e inflamatorio asociado a los trastornos y enfermedades crónicas comunes y muchas epidémicas, como diabetes, coronariopatía, demencia, enfermedad autoinmune, cáncer,.., de la población occidental.

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Tóxicos y enfermedad crónica

Estamos rodeados por tóxicos.

Entendemos por tóxicos aquellas sustancias químicas que nos pueden dañar al entrar en contacto con nosotros en las cantidades que encontramos habitualmente en nuestro entorno. Se consideran sustancias tóxicas las que pueden acumular toxinas en el cuerpo y dañar por sí solas, pero también aquellas que pueden dañar al unirse a otras con las que contactamos normalmente.

Son miles las sustancias químicas de este tipo que ingerimos, respiramos o aplicamos a nuestra piel… La gran mayoría sin analizar, o sin estudiar su efecto acumulativo, o sin conocer la acción tóxica de su exposición al combinarse con otras.

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Leche y enfermedad crónica

La lactosa y muchas proteínas de la leche, especialmente la de vaca, son estimulantes de la inflamación en la gran mayoría de personas con enfermedades crónicas.

¿Qué es la lactosa?

Es el azúcar (carbohidrato) de la leche, formado por glucosa y galactosa. La galactosa de los lácteos puede inducir oxidación e inflamación en humanos.

 ¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

Es la dificultad de digerir el azúcar lactosa de la leche (vaca, cabra, oveja…), debido a no producirse suficiente enzima lactasa por el intestino. Habitualmente se produce una reducción de la producción de lactasa a lo largo de la vida, de modo que la mayor parte de la población mundial adulta tiene intolerancia a la lactosa. Aunque menos en el centro y norte de Europa. La cantidad de lactosa es mucho menor en el yogur, el kéfir y los quesos maduros o curados.

 La gran mayoría de personas adultas tienen intolerancia a la lactosa, aunque siguen tomando lácteos.

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Gluten, trigo y enfermedad crónica

¿Qué es el gluten?

Es una sustancia pegajosa, formada por proteínas, que se encuentra en muchos cereales como: trigo, cebada, centeno, avena, espelta, kamut… También se encuentra agregado en muy diversos alimentos procesados como: pasteles, galletas, quesos fundidos, helados, embutidos, bebidas malteadas, golosinas… El trigo actual puede contener hasta 40 veces más de gluten que el de hace 50 años, debido a las nuevas cepas de trigo, con propiedades muy distintas de las cepas antiguas.

El gluten causa un efecto placentero y adictivo, y puede ocasionar síntomas de abstinencia. Popularmente estas personas serían “carboadictas”.

¿Qué es la intolerancia o sensibilidad al gluten?

Es una respuesta inmunitaria anormal al gluten en personas predispuestas genéticamente.

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Fructosa y enfermedad crónica

¿Qué es la fructosa?

La fructosa es un azúcar (carbohidrato), que en su forma natural se encuentra principalmente en la miel y la fruta. Es abundante, por ejemplo, en plátanos maduros, uvas, manzanas y zumos de frutas.

Asimismo, la fructosa no natural está en el azúcar común unido a la glucosa (sacarosa – 50% glucosa y 50% fructosa), se utiliza como edulcorante en alimentos preparados y también se vende granulada para añadir a los alimentos.

Inconvenientes de la fructosa.

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Glucosa, insulina y enfermedad crónica

¿Qué es la glucosa?

La glucosa es un azúcar (carbohidrato), principal fuente de energía o combustible del cuerpo. La glucosa penetra en las células donde se utiliza como combustible por acción de la hormona insulina fabricada por el páncreas, que es necesaria para ello.

¿Qué sucede si el nivel de glucosa es alto?

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¿Es posible la remisión de las enfermedades crónicas?

Entiendo por remisión de una enfermedad crónica (incluido el cáncer) la mejoría o el cese de su actividad, y de los síntomas que provoca, de forma permanente.

Para conseguir la remisión de una enfermedad crónica es imprescindible eliminar las principales causas que la han provocado y la mantienen activa:  la inflamación en los tejidos y su dificultad para desintoxicarse y repararse.

Causas que han “puesto en marcha” la predisposición genética de la persona a padecer determinados trastornos o enfermedades: diabetes, cardiopatía, broncopatía, enteropatía, neuropatía, depresión, ansiedad, demencia, enfermedad autoinmune, cáncer…


Por tanto, el enfoque terapéutico deberá dirigirse a:

  • controlar la inflamación en el organismo y
  • mejorar las capacidades de detoxicación, reparación y regeneración de sus tejidos.

Controlar la inflamación
Solo es posible lograrlo si cesa la agresión continua que estimula la respuesta inflamatoria del organismo y mejoramos su capacidad antioxidante-antiinflamatoria. Es decir, si controlamos los factores causales:

  • reducimos tóxicos, gluten, proteínas lácteas, lactosa, glucosa, fructosa y radiaciones,
  • y aportamos los micronutrientes en cantidades y proporciones óptimas. La deficiencia de uno o varios micronutrientes básicos en la persona afectada, ya hace difícil que la enfermedad pueda remitir.

Es cierto que hay alteraciones genéticas frecuentes que predisponen a padecer un exceso de inflamación y oxidación, pero están muy influidas por los factores externos causales mencionados, y también por las situaciones estresantes en la familia y el trabajo y las emociones negativas.

Mejorar la capacidad de detoxificación
El organismo tiene una buena capacidad para eliminar los residuos y tóxicos del interior de las células y de su entorno. Esta capacidad depende de determinados genes y del estado funcional de hígado, riñón y pulmón, que son las depuradoras del cuerpo. Cuantos más residuos intracelulares y “basura” alrededor de las células, mayor entorno ácido que las agrede, además de destruir e impedir el paso de micronutrientes y oxígeno a su interior.

Por tanto, mejorar la detoxificación implica mejorar los genes responsables y las funciones hepática, renal y pulmonar, siendo fundamentales para ello las medidas que reducen la sal y el aporte y la producción de moléculas tóxicas.

 Mejorar las capacidades de reparación y regeneración

Reduciendo la inflamación y eliminando los residuos tóxicos podemos conseguir que se detenga la enfermedad y mejoren los síntomas.

El cuerpo humano está preparado para reparar y regenerar sus células cuando se dañan y mueren, con un gran potencial para recuperar la función de los órganos afectados. Sin embargo, para lograr recuperar dicha función y conseguir una buena calidad de vida, es necesario que los tejidos afectados se reparen y produzcan células nuevas que reemplacen a las células muertas.

Parece difícil conseguirlo pero no lo es, basta con mejorar la eficacia de los mismos mecanismos que utiliza el cuerpo. Actuando sobre los factores externos causales, especialmente mediante los micronutrientes, las enzimas y el ejercicio físico, que permiten estimular las capacidades de reparación y regeneración celular.

Controlar el riesgo genético
Todos nosotros heredamos de nuestros antecesores predisposiciones a enfermar de un modo determinado, siendo muchos los genes involucrados que deben activarse o inhibirse (expresión genética) para que se presente un tipo de trastorno o enfermedad.

Los cambios genéticos responsables de patologías estarán siempre con nosotros, pero su expresión genética o “puesta en marcha” depende de unas moléculas que hay a su alrededor llamadas moléculas epigenéticas, que a su vez dependen de los factores externos causales. Por tanto, el riesgo genético puede y debe controlarse actuando sobre dichos factores, para evitar nuevas enfermedades, pero también para ayudar a controlar las que ya se padecen, evitando descompensaciones y recidivas futuras.

No es posible conseguir la remisión de una enfermedad si la predisposición genética se mantiene “activada”.


Fármacos y enfermedades crónicas.

Los fármacos y los tratamientos aplicados habitualmente están diseñados para paliar síntomas y controlar parámetros básicos de salud, pero no para corregir las causas (factores causales), ni mejorar la inflamación, detoxificación, reparación y regeneración, ni para ayudar a controlar el riesgo genético, que son la raíz de toda enfermedad crónica, incluido el cáncer.

Cada vez es mayor el número de personas con patologías crónicas y de personas polimedicadas, y cada vez dichas patologías se manifiestan a edades más tempranas, además de presentarse a menudo con características diferentes a las habituales.

Está suficientemente demostrado que todo ello es consecuencia de los cambios sufridos en el estilo de vida y los factores ambientales de las poblaciones occidentales relacionados con: alimentación, micronutrientes, enzimas, tóxicos, fármacos, radiaciones, ejercicio, sueño y factores estresantes y emocionales.

¿No sería más eficaz que la mayoría de los recursos se dirigieran a investigar y mejorar la raíz de las enfermedades (inflamación y dificultad para detoxificar, reparar y regenerar los tejidos) y sus causas (factores causales), más que dirigirse a desarrollar tratamientos y fármacos para atenuar las consecuencias.
Tratamientos convencionales y fármacos son muy útiles en situaciones agudas y salvan vidas, pero administrados crónicamente son un nuevo factor causal de patologías y, actuando sobre las causas,  muchos podrian no ser necesarios o indicarse con menor frecuencia y a dosis más bajas.

Actuando mediante alimentos, micronutrientes, enzimas y reduccción de tóxicos, se evitaría la necesidad de desarrollar muchos fármacos de excesiva complejidad, con efectos secundarios y de dudoso beneficio, cuyo coste es ya insostenible.


¿Qué debo hacer si me han diagnosticado una enfermedad crónica?

En primer lugar, póngase en manos de un médico con el que pueda comunicarse bien, y siga sus indicaciones.

En segundo lugar, empiece a mejorar la inflamación, detoxificación, reparación y regeneración de sus tejidos afectados, y a controlar su riesgo genético.
Para conseguirlo es útil seguir las pautas de alimentación básica y complementos básicos del Método Dr. Cardona por:

  1. Reducir los ataques proinflamatorios a su cuerpo provenientes de: proteínas de los cereales, proteínas lácteas, lactosa, glucosa, fructosa, tóxicos y radiaciones. Se consigue especialmente si se limita a tomar los alimentos básicos que “debe tomar”, y sigue los consejos complementarios al método: “reducir tóxicos y radiaciones”.
  2. Aportar los micronutrientes necesarios en cantidades fisiológicas, eficaces y equilibradas, tomando con el desayuno básico los complementos básicos.
  3. Aportar los fitoquímicos y las enzimas adecuados con los alimentos básicos aconsejados, que ayudan a los micronutrientes básicos a realizar sus funciones y a mejorar la capacidad antioxidante-antiinflamatoria del organismo.

También es útil seguir los consejos complementarios al método para reducir tóxicos y radiaciones, y para mejorar la acitividad física y el sueño. Además de intentar  reducir las situaciones estresantes persistentes en la familia y el trabajo y mejorar las actitudes y emociones negativas.

© 2017 Dr. F. Cardona


  • El objetivo de este blog es ayudar a mejorar la evolución y calidad de vida de las personas con enfermedades persistentes, de difícil curación. Sus contenidos se basan en mi experiencia clínica durante 40 años de práctica médica y las investigaciones de estudios publicados que he realizado junto con otros expertos.
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