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Cáncer y grasas

El tipo, la cantidad y la calidad de grasa consumida está relacionada con la aparición y el desarrollo de cáncer.

Se dispone de muchos datos que demuestran que en los animales cebados con regímenes alimentarios altos en grasas y energía, desarrollan tumores en la glándula mamaria, intestino, piel y páncreas, más fácilmente que en los animales alimentados con regímenes de bajo contenido de grasas. Estos datos concuerdan con los estudios realizados en humanos, que relacionan el exceso de grasas y energía con el cáncer mamario, de colon, páncreas y próstata.

Pero los estudios realizados en humanos, han mostrado una cosa más. Existen diferencias a nivel mundial en cuanto al porcentaje de cáncer y la ingesta de grasas a través de la dieta. Se ha observado una menor incidencia de diversos tipos de cánceres en países del área mediterránea que en otros países del norte de Europa y Estados Unidos, aspectos que llaman la atención si tenemos en cuenta que la ingesta media de grasa en los países mediterráneos es, en algunos casos, muy superior al resto de países. Esto se debe fundamentalmente a que las grasas mayoritarias en los países Mediterráneos proceden de aceites vegetales como aceite de oliva, frutos secos, semillas y pescados azules, mientras que en otros países, predominan aceites de soja, maíz, canola y poco consumo de pescados azules y frutos secos. Esto demuestra que no todas las grasas son iguales. El tipo, la cantidad y la calidad de grasa ingerida, influye más o menos en el aumento del tejido adiposo (grasa visceral y subcutánea), aumento de peso y su relación con la aparición y el desarrollo de cánceres.

El tipo de grasas consumidas son uno de los factores más relevantes en el control de la inflamación crónica de bajo grado y las patologías relacionadas, como es el caso del cáncer.

En el artículo anterior hablábamos del cáncer y la inflamación crónica de bajo grado, y cómo algunos factores dietéticos eran proinflamatorios y otros, al contrario, antiinflamatorios. Las grasas consumidas, pueden ejercer una u otra acción y han demostrado ser uno de los factores más relevantes. Conocerlas y consumirlas en equilibrio, puede ayudar a controlar la inflamación de bajo grado. Y es que actualmente hay un exceso de consumo de omega 6 vegetal de baja calidad y exceso de ácido araquidónico, los cuales, producen moléculas que son proinflamatorias, siendo perjudicial en todas aquellas patologías que tengan relación con la inflamación crónica de bajo grado, como el cáncer. Por el contrario, los omega 3, tanto los presentes en fuentes vegetales (semillas de lino, de chía, de cáñamo, de algas…), como las animales (pescados de aguas profundas y frías y marisco), producen moléculas antiinflamatorias, contrarrestando los efectos del exceso de la primera familia de ácidos grasos. Es por ello, que es muy importante para controlar la inflamación, consumir una relación omega 6:omega 3 de 5:1, por ejemplo, puesto que la alimentación actual occidental se sitúa en 20:1 o 15:1. (Fig.1).

Fig 1.- Vía de los ácidos grasos omega 6 y 3. De la vía omega 6, en general, se producen moléculas proinflamatorias, mientras de la vía omega 3, se generan moléculas antiinflamatorias. Si existe un desequilibrio en el consumo de estos alimentos, el medio celular puede estar más o menos inflamado, siendo un terreno favorable o desfavorable para el crecimiento y progresión del cáncer.

El consumo equilibrado de las adecuadas grasas omega 6 y omega 3 junto a la restricción de grasas saturadas y trans, puede ayudar a inhibir el crecimiento tumoral.

Las grasas están presentes en ciertas fases críticas de la carcinogénesis. En general, las dietas altas en grasa, sobre todo saturadas y omega 6 de baja calidad, son fundamentalmente promotoras del cáncer como el de mama, aunque dietas con una misma cantidad de energía, pero con determinados tipos de ácidos grasos y bajas en azúcares, pueden modular esa capacidad estimuladora. Así, los ácidos grasos poliinsaturados omega 6 presentes en aceites vegetales como los de maíz y soja, y los productos transformados/manipulados que los contienen, son en cierta forma, promotores de la carcinogénesis. Las grasas presentes en carnes, lácteos y productos cárnicos procesados, como el ácido araquidónico y grasas saturadas, también. Además, se ha descrito que estos dos tipos de grasas podrían actuar también como cocarcinógenos durante la iniciación, es decir, facilitando la acción de los agentes tóxicos que alteran a nuestro material genético.

Sin embargo, hay un ácido graso especial derivado de la familia de los omega 6, el ácido γ-linolénico (GLA), que supone una excepción dentro de esta familia, ya que posee propiedades antiproliferativas. Este ácido graso se encuentra fundamentalmente en el aceite de onagra y su consumo a través de los alimentos es bajo, casi nulo. Solo se producen concentraciones más elevadas vía la suplementación con complementos alimenticios de calidad. Por otro lado, los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 como el ácido eicopentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), presentes en el pescado azul (sardina, caballa, salmón, etc.) y sintetizados también a partir del ácido α-linolénico (ALA), presente en algunos aceites vegetales como el de chía o lino, serían inhibidores del crecimiento tumoral. Por otra parte, las grasas trans presentes en margarinas y productos de pastelería y panadería, parecen comportarse como los saturados, como cocarcinógenos.

El cáncer se desarrolla y se propaga si el entorno resulta favorable y nutritivo para estas células. Por ello, es muy importante tener un terreno o ambiente lo máximo de hostil para estas células y lo máximo favorable para las células sanas.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos (incluyen las grasas trans).

REFERENCIAS

Chen GC et al..- N-3 long-chain polyunsaturated fatty acids and risk of all-cause mortality among general populations: a meta-analysis. Sci Rep. 2016 Jun 16;6:28165

Fan, Yang-Yi and Robert S. Chapkin «Importance of Dietary gamma -Linolenic Acid in Human Health and Nutrition». Journal of Nutrition, 128, 9, 09-09-1998, pàg. 1411–1414

Granados S. et al.- Lípidos de la dieta y cáncer. Nutr. Hosp. 2006 21( Suppl 2 ): 44-54.

Sámanoa J.M. et al.- Los ácidos grasos y la lipotoxicidad: implicaciones metabólicas. Vol. 56, N.o 1. Enero 2013

Stark, A. et al.- Update on alpha-linolenic acid. Nutrition reviews 66 (2008): 326-332

Wang et al.  Multiple roles of dihomo-g-linolenic acid against proliferation diseases. Lipids in Health and Disease 2012, 11:25

¿Es el cáncer una enfermedad inflamatoria?

La inflamación crónica de bajo grado tiene una estrecha relación con el cáncer. Controlarla, puede ser una herramienta útil para la prevención y el tratamiento del cáncer.

La relación entre la inflamación y el cáncer no es nueva. En 1863, Rudolf Virchow, científico y médico patólogo alemán, encontró que en los tejidos con inflamación crónica, provocada por algunas clases de irritantes, junto con la lesión de tejido y consiguiente inflamación, potencian la proliferación celular.

Las respuestas inflamatorias juegan papeles decisivos en diferentes etapas del desarrollo del tumor, incluyendo la iniciación, promoción, conversión maligna, invasión y metástasis. La inflamación de bajo grado también afecta la vigilancia inmunológica y las respuestas a la terapia médica y farmacológica aplicada.

Aunque ahora está claro que la proliferación celular por sí sola no causa cáncer, el crecimiento celular descontrolado y sostenido, en un ambiente rico en células inflamatorias, factores de crecimiento, vasos sanguíneos activados y agentes oxidantes y mutágenos, ciertamente potencia y/o promueve el riesgo de cáncer.

La inflamación crónica es capaz de promover el cáncer.

En una herida, la proliferación y la inflamación del tejido disminuye después de que el agresor es eliminado y la reparación celular finalizada. El proceso de iniciación, propagación y resolución de la inflamación, con la activación del sistema inmune, la producción de quimioquinas, factores de crecimiento, activación del estroma… es normal y fisiológico. Pero cuando por diversas circunstancias, las células inmunes inflamatorias (como los macrófagos) persisten evitando la resolución de la inflamación, irritan a los tejidos y apoyan el crecimiento de células cancerosas o precancerosas. Por lo tanto, la inflamación crónica es capaz de promover la tumorigénesis, el crecimiento de células cancerosas y propagación a través de la estimulación de las citoquinas proinflamatorias, del factor nuclear-κ B (NF-κB) y STAT3, del incremento de la expresión del enzima proinflamatorio COX-2 y del aumento de la generación de la PEG2 derivada del exceso de ácido araquidónico en los tejidos. La activación plaquetaria debida a la inflamación crónica, estimula la síntesis de moléculas oncogénicas que aceleran la progresión del tumor (ver Figura 1).

Un ambiente celular proinflamatorio puede dar lugar a un crecimiento celular descontrolado, facilitando la aparición y permanencia del cáncer.

Figura 1.- Relación de la inflamación crónica con la proliferación celular.

En cierto sentido, podríamos decir que los tumores actúan como heridas que NO se curan, aprovechándose de todos los factores involucrados en la reparación de tejidos y resolución de la inflamación, como la formación de nuevos vasos sanguíneos, factores de crecimiento y otras sustancias, para el propio beneficio del tumor.

Actuando sobre la inflamación crónica podemos influir en la manifestación y evolución del cáncer.

Reducir la inflamación crónica del organismo, permite controlar el medio que rodea las células y los tejidos dañados, favoreciendo su regeneración y retorno a la normal funcionalidad del tejido.

Los datos epidemiológicos actuales indican que aproximadamente el 15% -20% del cáncer se origina a partir de una inflamación crónica y persistente que podría ser causada por infecciones o factores no infecciosos como estímulos inmunes o estímulos medioambientales.

Por ejemplo, es bien es conocido que la infección por la bacteria Helicobacter pylori puede causar cáncer de estómago, enfermedades inflamatorias intestinales  pueden causar cáncer colorrectal, y que fumar puede causar inflamación crónica y carcinoma en el pulmón (ver Figura2).

Figura 2.- Patologías e infecciones relacionadas con inflamación crónica de los tejidos y tipos de cánceres asociados.

MALT: Tejido linfoide asociado a mucosas.

La alimentación y los micronutrientes tienen una gran influencia en la inflamación crónica de bajo grado.

A parte de los tóxicos ambientales, radiaciones, tabaco, estrés, infecciones y patologías crónicas, existen factores dietéticos proinflamatorios que pueden inducir y agravar la situación. El exceso de consumo de grasas saturadas de cadena larga, grasas hidrogenadas, grasas trans sintéticas, baja ingesta de vegetales y frutos secos, bajo consumo de omega 3 (ácido alfa-linolénico ALA, ácido eicosapentaenoico EPA, ácido docosahexaenoico DHA), exceso de azúcares simples, déficit de aminoácidos esenciales y micronutrientes como vitaminas y minerales, agravan el estado proinflamatorio. No obstante, en la alimentación, también encontramos factores dietéticos antiinflamatorios en el consumo de vegetales (especialmente crudos), setas, especies aromáticas, frutos secos, semillas (chía, lino), frutas y frutas del bosque, alimentos fermentados y pescado azul.

Por todo ello, la alimentación y la suplementación con determinados alimentos y micronutrientes, puede ayudar a controlar la inflamación crónica y favorecer el control del tumor.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

El artículo del blog Factores causales de la enfermedad crónica puede ayudarle a localizar y resolver los factores causales de inflamación crónica de bajo grado.

Referencias

Brigati C, Noonan DM, Albini A, Benelli R. Tumors and inflammatory infiltrates: friends or foes? Clin Exp Metastasis 2002;19:247–258

Coussens LM, Werb Z. Inflammation and cancer. Nature. 2002;420(6917):860-867.

García-Casal Maria Nieves, Pons-Garcia Héctor E. Dieta e inflamación. An Venez Nutr  2014 Jun; 27(1):47-56.

Grivennikov, S. I., Greten, F. R., & Karin, M. (2010). Immunity, Inflammation, and Cancer. Cell, 140(6), 883–899.

Shacter E, Weitzman SA. Chronic inflammation and cancer. Oncology 2002; 16:217–226.

Williams CS, Mann M, DuBois RN. The role of cyclooxygenases in inflammation, cancer, and development. Oncogene 1999;18:7908

 

Cáncer y azúcar

Un exceso de hidratos de carbono contribuye a la enfermedad crónica.

Los hidratos de carbono (pan, pasta, patatas, frutas, miel…) son parte de la base de la pirámide alimenticia tal y como dicen los organismos y agencias dedicadas a la salud pública y la nutrición. Los hidratos de carbono son el combustible para nuestro organismo. Pero no todos los hidratos de carbono son iguales, ya que algunos se absorben rápidamente y otros, de forma más lenta. El exceso de hidratos que nuestro cuerpo no quema y no utiliza para la creación de nuevas células o tejidos, no se elimina, sino que se almacena en forma de grasa (en el abdomen, caderas, muslos…), que contribuirá a un exceso de peso, un estado inflamatorio de bajo grado y una mayor prevalencia de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, dislipemias u obesidad.

La glucosa se asocia al cáncer.

Se ha comprobado que factores relacionados con los hidratos de carbono y el metabolismo de la glucosa, como su contribución energética, el índice glucémico y la carga glucémica de los alimentos ingeridos, así como la insulinemia (tanto en ayunas como tras una sobrecarga oral con glucosa), pueden estar asociados al riesgo de desarrollar muchos tipos de cáncer. 1

Las células tumorales consumen glucosa con avidez.

En general, las células de un tejido normal adulto, en presencia suficiente de oxígeno, completarán la oxidación de casi todo el carbono de la glucosa ingerida hasta CO2, que será eliminado del organismo como un producto de desecho a través de la respiración. Un tumor en crecimiento necesita nutrientes en abundancia para proporcionar los componentes básicos para fabricar nuevas estructuras. En consecuencia, la mayoría de los tumores tiene un metabolismo más parecido al de un embrión en crecimiento que al de un tejido normal adulto. Las células tumorales consumen glucosa con avidez, importándola de la sangre a un ritmo que puede ser hasta 100 veces superior que el de las células vecinas normales. Además, sólo una pequeña fracción de esta glucosa importada se utiliza para producir ATP (la molécula energética del organismo) mediante un proceso que se llama fosforilación oxidativa. En su lugar, se produce una gran cantidad de lactato y la mayoría de los átomos de carbono restantes derivados de la glucosa se utilizarán como materia prima para la síntesis de las proteínas, ácidos nucleicos y lípidos necesarios para el crecimiento tumoral (ver Figura 1).

El consumo excesivo de glucosa, fructosa, sacarosa… aumenta la proliferación celular.

Se conoce que esta tendencia de las células tumorales a disminuir la fosforilación oxidativa, incluso cuando el oxígeno es abundante, a la vez que captan grandes cantidades de glucosa, promueve el crecimiento de las células cancerosas y se denomina efecto Warburg– ya que fue Otto Warburg el primero en observar ese fenómeno a principios del siglo veinte. Esta captación anormalmente elevada de glucosa, es lo que permite obtener imágenes de forma selectiva de los tumores en los escáneres de todo el cuerpo (PET o Tomografía por Emisión de Positrones), lo que proporciona una manera de monitorizar la progresión del cáncer y la respuesta a los tratamientos.

Por ello, un consumo excesivo de azúcar, especialmente como mono y disacáridos en forma libre como glucosa, fructosa, sacarosa y su forma de presentarse en los alimentos como jarabe de glucosa, jarabe de maíz, jarabe de arroz, melazas, dextrosa, etc.…, aumenta la proliferación celular.

Figura 1.- El efecto Warbug en las células tumorales es el reflejo del cambio espectacular en la captación de glucosa y el metabolismo de los azúcares.

Normalmente, en las células cuando no se reproducen y proliferan, queman prácticamente a su totalidad el azúcar que captan de la sangre para generar ATP (energía) mediante la fosforilación oxidativa que tiene lugar en un orgánulo de la célula que se llama mitocondria. Las células tumorales, por el contrario, producen abundante lactato aun en presencia de oxígeno. Este hecho es el resultado de la elevada tasa de captación de la glucosa.

Las dietas muy bajas en hidratos de carbono pueden tener un efecto antitumoral.

En contraposición a las dietas altas en hidratos de carbono y en especial los azúcares, se ha comprobado que las dietas que son bajas en hidratos de carbono o dietas cetogénicas, pueden tener un efecto antitumoral, y parecen ser eficaces a la hora de reducir el tamaño del tumor y evitar la pérdida de masa muscular asociada a la enfermedad 2,3.

La menor disponibilidad de la glucosa, hace inhibir el crecimiento del tumor. Teniendo en cuenta el alto metabolismo que caracteriza a las células tumorales, con la consiguiente demanda de oxígeno y energía, una inhibición de la angiogénesis (vasos sanguíneos nuevos que el tumor forma para poder crecer) y una limitación del aporte energético de la glucosa, podrían suponer una limitación importante en su crecimiento4. Los niveles elevados de glucosa también aumentan la capacidad de adhesión e invasión de las células tumorales5. Por ello, las dietas bajas en hidratos de carbono, y en concreto en azúcares, son muy importantes para detener el ciclo celular y la penetración tumoral.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

El artículo del blog “Glucosa, insulina y enfermedad crónica”  puede ayudarle a conocer y controlar mejor los riesgos de la glucosa e insulina elevadas:

Glucosa, insulina y enfermedad crónica

BIBLIOGRAFÍA

1.- Pérez-Guisado, J. Hidratos de carbono, metabolismo de la glucosa y cáncer. Endocrinol Nutr. 2006;53(4):252-5

2.- Nebeling LC, Lerner E. Implementing a ketogenic diet based on medium-chain triglyceride oil in pediatric patients with cancer. J Am Diet Assoc. 1995;95:693-7.

3.- Nebeling LC, Miraldi F, Shurin SB, Lerner E. Effects of a ketogenic diet on tumor metabolism and nutritional status in pediatric oncology patients: two case reports. J Am Coll Nutr. 1995;14:202-

4.- Mukherjee P, El Abbadi MM, Kasperzyk JL, Ranes MK, Seyfried TN. Dietary restriction reduces angiogenesis and growth in an orthotopic mouse brain tumour model. Br J Cancer. 2002; 86:1615-21.

5.- Han J, Zhang L, Guo H, Wysham WZ, Roque DR, Willson AK, Sheng X, Zhou C, Bae-Jump VL. Glucose promotes cell proliferation, glucose uptake and invasion in  endometrial cancer cells via AMPK/mTOR/S6 and MAPK signaling. Gynecol Oncol. 2015 Sep;138(3):668-75..

 

 

 

 

Cáncer y medioambiente

La OMS ha clasificado 107 sustancias, mezclas, y situaciones de exposición como carcinógenas para el hombre.

A nivel mundial, el 19% de todos los cánceres son atribuibles al medio, incluido el entorno laboral, lo que se traduce en 1,3 millones de defunciones anuales.

De los 7 millones de compuestos químicos conocidos, en unos 2.000 se ha descrito algún tipo de actividad carcinogénica y muy pocos están en contacto directa o indirectamente con el ser humano. La OMS ha clasificado 107 sustancias, mezclas, y situaciones de exposición como carcinógenas para el hombre. La lista de carcinógenos químicos abarca todas las formas de amianto, varios productos hallados en el medio como el benceno, el arsénico en el agua, el cadmio, el óxido de etileno, el benzopireno, los procesos de producción del aluminio y el carbón, las fundiciones de hierro y acero, la industria de fabricación de caucho, las dioxinas producidas como subproductos de procesos industriales, gases emitidos por el transporte y ambientes cargados con humo de tabaco.

Como la mayoría de los carcinógenos químicos están relacionados con actividades industriales, la gran parte de los cánceres producidos por ellos se dan en los países desarrollados.

Otra fuente de carcinógenos son los agentes físicos y radiaciones como la natural emitida por el radón de la propia corteza terrestre, las radiaciones ultravioleta del sol y de las cabinas de bronceado, y la provocada por accidentes nucleares, como es el caso de las fugas producidas en centrales nucleares.

Independientemente de si son agentes químicos o físicos, la capacidad de una sustancia para producir cáncer va a depender de la cantidad de dosis recibida, del tiempo de exposición a la sustancia, tiempo de permanencia y de cómo actúa y se metaboliza en el organismo.

Los disruptores endocrinos son carcinógenos comunes.

Uno de los grupos más preocupantes, dentro de los carcinógenos químicos medioambientales, son aquellas sustancias que pueden alterar la actividad hormonal.  Este conjunto de sustancias son llamados disruptores endocrinos (DE), y tienen la capacidad de influir en el sistema hormonal, superando la respuesta fisiológica adaptativa o regulatoria del cuerpo.

Algunos ejemplos de disruptores endocrinos son:

  • Compuestos de síntesis (DDT, DDE, metoxicloro, dieldrín, endosulfan, toxafeno, PCBs, ftalatos, bisfenol A y alquilfenoles) que los encontramos en plásticos que están en contacto con los alimentos, pesticidas utilizados en la agricultura, cosméticos y juguetes.
  • Productos de combustión o subproductos de diversos procesos (hidrocarburos aromático policíclicos, dioxinas), presentes también en alimentos y aguas contaminadas.

Su acumulación en el organismo (en el tejido adiposo sobretodo), puede inducir desórdenes metabólicos fatales, incluyendo la obesidad, diabetes y el cáncer.

A pesar de que los disruptores endocrinos (DE) incluyen sustancias con poder para mimetizar o interferir con hormonas sexuales, hormonas tiroideas y de la glándula pituitaria, la mayoría de estudios se han centrado en el efecto estrogénico o antioestrogénico.

Figura 1.- Exposición del hombre a los disruptores endocrinos. En verde se marca las hormonas endógenas: una producción excesiva o bien, un fallo en su metabolismo y eliminación pueden dar lugar a niveles elevados de estrógenos. En color naranja, los disruptores endocrinos procedentes del medio ambiente y los alimentos.

La exposición a estas sustancias en los países occidentales, se produce por medio de los alimentos que consumimos, de los materiales y utensilios utilizados para su almacenamiento, venta o consumo, de la utilización de productos de higiene o cosmética y por la contaminación del agua de consumo.

La preocupación actual, se centra en el posible rol de dichas sustancias en el desarrollo de la endometriosis, el cáncer de mama y ovario, otros cánceres hormono-dependientes como el de próstata, testicular o tiroides, el desarrollo anormal de órganos sexuales en la infancia o adolescencia y problemas reproductivos como pérdida de calidad seminal. En la mujer, el incremento de ciertas patologías asociadas con nuestro tiempo, como es el cáncer hormonodependiente, ya sea mama y ovario, y el alza en la incidencia de los casos de infertilidad, entre otras, podrían estar relacionados también con la exposición inadvertida a los disruptores endocrinos. De hecho, son múltiples los trabajos que han establecido la relación entre pesticidas organoclorados y cáncer de mama.

Exposiciones a los disruptores endocrinos (DE) en la etapa perinatal y gestacional puede tener efectos a largo plazo en el sistema endocrino e influir en el desarrollo de tumores en una etapa posterior.

Figura 2.- Vías de exposición del feto y neonato a disruptores endocrinos (DE).

El efecto disruptor endocrino puede manifestarse a través de efectos más sutiles como pudieran ser ciertos fracasos funcionales en sistemas dependientes de las hormonas. Por esta razón, la etapa periconcepcional y el embarazo/lactancia (Fig. 2), son de suma importancia, ya que la exposición a DE podría alterar el desarrollo normal del feto y primera infancia, aunque sus consecuencias no se manifiesten clínicamente hasta la pubertad o la edad adulta. De hecho, criptorquidia o no descenso testicular, calidad seminal, pubertad precoz y problemas en el rendimiento intelectual encabezan los objetivos de investigación de numerosos grupos de Europa y EE.UU.

Nadie sabe todavía qué cantidades de las sustancias químicas disruptoras endocrinas son necesarias para que representen un peligro para el ser humano. Los datos indican que podrían ser muy pequeñas si la exposición tiene lugar antes del nacimiento. En el caso de las dioxinas, los estudios recientes han demostrado que la exposición a dosis mínimas ya es peligrosa. Esta asociación confiere a la exposición materna unas peculiaridades muy particulares y coloca a la mujer en edad fértil en el centro de atención de la mayor parte de los estudios en disrupción endocrina.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

El artículo del blog “Como evitar y eliminar tóxicos” puede ayudarle a localizar y eliminar los tóxicos del mediombiente:

Cómo evitar y eliminar los tóxicos

REFERENCIAS   

1.- OMS.  Cánceres de origen ambiental y ocupacional. Nota descriptiva N°350. Julio 2011

2.-Yang O, Kim HL, Weon J-I, Seo YR. Endocrine-disrupting Chemicals: Review of Toxicological Mechanisms Using Molecular Pathway Analysis. Journal of Cancer Prevention. 2015;20 (1):12-24.

3.- Birnbaum LS, Fenton SE. Cancer and developmental exposure to endocrine disruptors. Environmental Health Perspectives. 2003;111(4):389-394.

4.- Soto AM, Sonnenschein C. Environmental causes of cancer: endocrine disruptors as carcinogens. Nature reviews Endocrinology. 2010;6 (7):363-370.

5.- Rylander L, Rignell-Hydbom A, Tinnerberg H, Jönsson BA. Trends in human concentrations of endocrine disruptors: possible reasons and consequences. J Epidemiol Community Health. 2014 Jan;68 (1):4-5.

 

 

 

Qué es el cáncer y porqué se produce

La célula cancerígena se comporta de diferente forma que la célula normal.

La célula es la unidad funcional de nuestro cuerpo, y la que permite realizar todas sus funciones. Las células se especializan para formar tejidos y órganos. Para ello deben comunicarse y coordinarse para crecer y trabajar al unísono. Cada célula transmite a las siguientes su material genético para que sigan cumpliendo la misma función que sus progenitoras.

Si esta especialización se pierde, por una mutación y/o un fallo en la comunicación celular, las células crecerán de forma descontrolada y se diseminarán a otros tejidos. Las células normales que forman nuestros tejidos crecen y se dividen, para renovar aquellas células envejecidas o dañadas. Las células normales tienen un reloj interno que les indica cuándo deben morir. Algunas de ellas se renuevan muy rápido como son las células intestinales o las células de la piel, mientras que otras, como las células del sistema nervioso (neuronas) tienen una tasa muy baja de renovación. Este proceso de apoptosis o muerte celular programada, es un proceso limpio e implica un proceso de reciclaje en que los componentes pueden ser reutilizados por sus compañeras (autofagia).

En cambio, en las células cancerígenas el ciclo celular lo tienen descontrolado. Crecen y se expanden dificultando el funcionamiento normal de los tejidos. En el cáncer, las células dañadas o envejecidas que deberían morir no lo hacen y se producen nuevas cuando realmente no son necesarias formando masas celulares llamadas tumores. La rotura del tejido que contiene al tumor, permite la extensión de estas células cancerosas a vasos sanguíneos o vasos linfáticos, invadiendo los tejidos y órganos vecinos. Cuando esas células proliferan en dichos tejidos es lo que se denomina metástasis. En general, los tumores malignos hacen metástasis en hueso, hígado, cerebro y pulmones. Solo los tumores malignos pueden ser designados como cáncer. Los tumores de crecimiento limitado son benignos y no entran en el concepto de cáncer. Igualmente, no es fácil saber desde fuera si una proliferación celular acabará siendo benigna o maligna, por lo que es necesario realizar biopsias y análisis de los tejidos para confirmarlo.

El sistema inmune evita el desarrollo del cáncer.

Cada día, sin que nos demos cuenta, se forman varias células afectadas por mutaciones que podrían ser precancerosas. Pero no significa que vaya a desarrollarse. Nuestro organismo utiliza una herramienta muy importante: el sistema inmune, que localiza estas células con funcionamiento alterado y las elimina. Para que esto funcione, el sistema inmune debe reconocer e identificar estas células como células enemigas o extrañas. De hecho, las células cancerígenas se reconocen porque tienen en la superficie de la membrana celular determinadas estructuras que las delatan.

CARACTERÍSTICAS DEL CÁNCER

  • Las células crecen cuando no deberían, ayudada de un metabolismo que capta más glucosa.
  • Insensibilidad frente a señales de inhibición del crecimiento. Entran en el ciclo de división celular cuando no deberían.
  • Responden de forma anormal al estrés, hecho que les permite sobrevivir y seguir dividiéndose en las mismas condiciones de estrés que detendrían o matarían células normales. Pérdida de la muerte celular programada (apoptosis).
  • Invasión de otros tejidos e inicio del proceso de metástasis. Se escapan de sus tejidos de origen (son invasivas), y sobreviven y proliferan en nuevos lugares.
  • Formación de nuevos vasos sanguíneos para alimentar el tumor (angiogénesis).
  • Son genética y epigenéticamente inestables.
  • Se puede originar en cualquier órgano o parte del cuerpo.

La transformación de células normales en células cancerosas depende de factores genéticos y de factores externos.

El cáncer es una enfermedad multifactorial, lo que quiere decir que está causada por diferentes factores como son la genética, el medio ambiente (radiaciones, contaminantes ambientales…), hábitos dietéticos (tabaco, alcohol, grasas oxidadas…) y patologías sufridas previamente (infecciones víricas, un cáncer previo…). Estos factores los iremos viendo en los siguientes post, ampliando información.

La transformación de células normales en cancerosas hasta manifestarse un cáncer no ocurre rápidamente sino en varias fases que pueden durar años, y este proceso depende de factores genéticos y de factores externos como ambientales y dietéticos. En la gran mayoría de personas con cáncer están implicados los dos tipos de factores en diferentes proporciones, coincidiendo cambios genéticos-epigenéticos con inflamación de bajo grado, hipoxia, acidificación de los tejidos y medio intersticial y desequilibrio micronutricional persistentes.

Un 40% de los cánceres se deben a la acción de agentes externos que actúan sobre el organismo, causando alteraciones en las células. Por el hecho de ser externos, son modificables. La persona puede cambiar sus hábitos.

BIBLIOGRAFÍA      

Einberg RA. The biology of cancer. 2ond edition. Garland Science 2013

Brown JM. The role of apoptosis in cancer development and treatment response. Nat Rev. Cancer (2005) 5, 231-237

Ralph J. DeBerardinis. Julian J. Lum. The Biology of Cancer: Metabolic Reprogramming Fuels Cell Growth and Proliferation. Volume 7, Issue 1, January 2008, Pages 11-20

 

Factores causales de la enfermedad crónica

La evolución de la mayoría de personas con enfermedades crónicas no es favorable 

Van en aumento en todas las edades los diagnósticos de enfermedad persistente de difícil curación (o crónica): metabólica (diabetes, del tiroides…), cardiaca, vascular, respiratoria, del tubo digestivo, hepática, renal, reumática, cutánea, ocular, neurológica, psíquica (ansiedad, depresión…), infecciosa, alérgica, degenerativa, autoinmune, oncológica (cáncer), rara…

A partir de estos diagnósticos se aplican tratamientos protocolizados para el control de la enfermedad que son farmacológicos, quirúrgicos o de otro tipo con el fin de:

  • controlar los síntomas: dolor, disnea, ansiedad, depresión…,
  • controlar los parámetros básicos: presión, frecuencia y ritmo cardiacos, glucosa, colesterol, oxígeno…,
  • eliminar microorganismos “malos” y/o células “malas”,
  • eliminar o substituir tejidos afectados.
  • controlar las descompensaciones y complicaciones de la enfermedad.

De esta forma se consiguen diagnósticos muy precisos y tratamientos muy eficaces para estos fines, gracias a una medicina convencional con grandes avances técnicos, impensables hace pocos años.

Sin embargo, los resultados a medio y largo plazo no son satisfactorios para las personas afectadas debido a que:

  • la evolución de la enfermedad a menudo no es favorable,
  • la calidad de vida no mejora,
  • los tratamientos suelen ser agresivos para el organismo,
  • los fármacos son difíciles de reducir y
  • aparecen nuevas patologías que también se tratan de forma agresiva, convirtiendo a la persona en un polimedicado.

En ocasiones la enfermedad parece que mejora o, incluso, se considera que ha “curado”, pero aparecen recidivas del proceso o nuevos procesos que se diagnostican y tratan de la misma forma. 

¿Por qué se manifiestan y persisten las enfermedades?

La enfermedad se manifiesta en una persona por dos motivos:

  • porque tiene una predisposición genética a dicha enfermedad
  • porque se han “puesto en marcha” los genes responsables debido a unos factores causales, descontrolándose la inflamación en el organismo

La enfermedad persiste en la persona y no remite ni evoluciona favorablemente porque los factores causales permanecen, “manteniendo en marcha” los genes responsables y la inflamación descontrolada.

¿Que es la predisposición genética?

Todos tenemos genes que nos predisponen más o menos a padecer patologías específicas de las llamadas crónicas. Además, muchas personas tienen en mayor o menos grado las siguientes predisposiciones:

  • predisposición genética al exceso de inflamación y oxidación en su organismo. Es decir, se produce fácilmente inflamación en su cuerpo, a menudo de bajo grado y dando pocos síntomas.
  • predisposición genética a una dificultad para eliminar los tóxicos, que ingieren, inhalan o contactan. Es decir, su capacidad de detoxificarse de contaminantes, aditivos, radiaciones, del entorno en general es baja.
  • falta de protección genética para preservar las capacidades cognitivas y para evitar las enfermedades crónicas.

Lo que les facilita la “puesta en marcha” de los genes que les predisponen a padecer enfermedades específicas en determinados órganos: corazón, pulmón, hígado, tubo digestivo, articulaciones, piel, cerebro, ojos…
El conjunto de todos estos genes relacionados con el proceso patológico, son los genes responsables.

¿Qué son los factores causales?

Los genes responsables se “ponen en marcha” y se “mantienen en marcha” debido a unas causas o factores causales que influyen en su expresión, inhibiéndolos y activándolos, siendo decisivos en la evolución de la enfermedad.

Estos factores causales son especialmente los relacionados con los micronutrientes tóxicos, y también con la alimentación, las radiaciones, la actividad física, el sueño y el estado psíquico.

Algunos de los factores causales más frecuentes e influyentes son:

– El desequilibrio de los micronutrientes básicos, por alteraciones de las ingestas o de sus enzimas metabólicas, como por ejemplo:

  • insuficientes vitaminas B activas y vitamina D,
  • exceso del ácido graso omega 6 AA,
  • insuficiente ácido graso omega 6 DGLA,
  • insuficientes ácidos grasos omega 3 ALA, EPA y/o DHA,
  • exceso del ácido graso saturado palmítico,
  • insuficientes aminoácidos básicos,
  • exceso del aminoácido ácido glutámico,

– La falta de enzimas digestivas, por falta de enzimas en los alimentos e insuficiente producción de enzimas digestivas y metabólicas por el hígado y el páncreas…

– El exceso de alimentos proinflamatorios como, por ejemplo:

  • alimentos con azúcares refinados,
  • lácteos y alimentos con leche,
  • alimentos con trigo…

– El exceso de tóxicos como:

  • tabaco, alcohol, drogas, fármacos…,
  • moléculas tóxicas producidas en el procesado y almacenado de los alimentos, incluidos los ácidos grasos trans,
  • moléculas tóxicas producidas en la preparación y especialmente en la cocción de los alimentos,
  • contaminantes y aditivos en los alimentos,
  • tóxicos en los productos del cuidado personal,
  • contaminantes ambientales,
  • mercurio de las amalgamas dentales…
  • tóxicos laborales: limpieza, peluquería, construcción, electricista, pintor, carpintería, zapatero, textil, joyería… y muchos trabajos y aficiones en que se manejan o respiran sustancias tóxicas.

– El exceso de radiaciones como las de: antenas de telefonía móvil, móviles, wi-fi, teléfonos inalámbricos…

– La actividad física inadecuada como: falta de ejercicio, ejercicio inadecuado, exceso de ejercicio…

– El sueño no reparador debido a: dormir pocas horas, mala calidad del sueño, horario cambiado…

– Los factores estresantes pasados o actuales que alteran el estado psíquico, como las emociones negativas no resueltas: ansiedad, angustia, ira, resentimiento, miedo, tristeza, preocupación, culpabilidad…

Los factores causales son los auténticos responsables del inicio y la persistencia del descontrol inflamatorio y de la enfermedad, así como de sus descompensaciones y recidivas.

A menudo, estos procesos podrían remitir (curarse) si averiguáramos y corrigiéramos las causas.

Los factores causales no se tienen en cuenta al diagnosticar y tratar enfermedades.

Hoy en día, cuando se diagnostica una persona de un proceso crónico, incluso en los mejores centros de salud, no se estudian ni corrigen los factores causales mencionados excepto el tabaco, el alcohol y las drogas. Esto contribuye enormemente al incremento de la incidencia y evolución desfavorable de las patologías crónicas.

Las personas afectadas por algun proceso patológico persistente no pueden mejorar, ni mucho menos curarse, si persisten sus factores causales y un exceso de inflamación.

Así, por ejemplo, las personas con una enfermedad crónica o un cáncer no pueden curarse, por más y mejores fármacos y terapias que se le apliquen, si persiste un exceso de inflamación mantenida por: un gran desequilibrio entre ácidos grasos omega 6 y omega 3 (ratio AA/EPA alto), un mercurio elevado y unas emociones muy negativas.

Para poder mejorar y lograr revertir una enfermedad persistente es necesario, en primer lugar, averiguar sus factores causales mediante un historial clínico dirigido y los estudios adecuados.

Una vez diagnosticados los factores causales, debe corregirse cada uno de ellos… y el descontrol inflamatorio y la enfermedad,  junto con sus síntomas,  empezarán realmente a mejorar, permitiendo reducir fármacos y terapias agresivas.

Muchas enfermedades etiquetadas como crónicas o incurables simplemente lo son porque sus causas persisten en la persona, no permitiendo que puedan remitir.

El Método Dr. Cardona está estudiado minuciosamente para que su acción incida de forma general sobre los principales factores causales de las enfermedades y ayude a controlar la inflamación, mediante la alimentación básica, los complementos básicos y los consejos complementarios y de los artículos del Blog Dr. Cardona (categoría detonantes).

© 2017 Dr. F. Cardona


  • El objetivo de este blog es ayudar a mejorar la evolución y calidad de vida de las personas con enfermedades persistentes, de difícil curación. Sus contenidos se basan en mi experiencia clínica durante 40 años de práctica médica y las investigaciones de estudios publicados que he realizado junto con otros expertos.

Alimentación Terapéutica (AT). Una ayuda en procesos crónicos

¿Qué es la Alimentación Terapéutica (AT)?

La Alimentación Terapéutica (AT) es un tipo de alimentación diseñada para ayudar a las personas con procesos crónicos a reducir el exceso de inflamación en su organismo y a mejorar la capacidad de detoxificación, reparación y regeneración de los tejidos y órganos dañados.


La Alimentación Terapéutica es una herramienta fundamental para conseguir mejorar la calidad de vida y evolución de las personas con procesos crónicos.


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Descubra la Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA)

¿Cómo influyen los alimentos en nuestra salud?

La alimentación de una persona tiene un papel primordial en la manifestación y evolución de los procesos patológicos que padece: obesidad, hipertensión, dislipemia, hiperglucemia, hiperuricemia, diabetes, síndrome metabólico… y enfermedades cardiacas, respiratorias, digestivas, hepáticas, renales, reumáticas, neurológicas, oculares, psíquicas, endocrinas, vasculares, cutáneas, alérgicas, infeccionas, degenerativas, autoinmunes, oncológicas (cáncer)…

Los alimentos pueden ser desencadenantes de enfermedad, pero también son una pieza clave para mejorar su evolución y conseguir su remisión.

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Sueño reparador terapéutico

La importancia del sueño reparador en la enfermedad crónica

La influencia del sueño y de la falta de descanso físico y mental en el desarrollo y la evolución de la gran mayoría de enfermedades es cada vez más evidente, en los estudios y en la experiencia clínica.

Un sueño reparador es necesario para evitar y mejorar las enfermedades.  Es imprescindible para reducir la tensión mental o estrés y para un buen estado psíquico.

Un sueño reparador regular ayuda a evitar y mejorar:

  • las alteraciones del estado de ánimo como la depresión, la ansiedad, la irritabilidad, los cambos de humor y otros trastornos psíquicos.
  • el deterioro de las capacidades cognitivas, incluida la memoria.
  • los incrementos de la hormona ghrelina,“hormona del apetito”, relacionada con el comer más y el exceso de grasa abdominal. Resulta más fácil bajar el exceso de peso cuando se duerme bien.
  • las alteraciones de las principales hormonas del cuerpo: insulina, leptina, tiroideas, cortisol…
  • las alteraciones de la microbiota intestinal (flora intestinal).
  • el exceso de inflamación y las patologías crónicas como: hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades neurológicas, cáncer…

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Ejercicio aeróbico terapéutico

El ejercicio aeróbico en las personas con procesos crónicos

Ejercicio físico aeróbico es la actividad física moderada que se practica durante un tiempo prolongado requiriendo un mayor aporte de oxígeno a los músculos, como: andar rápido, correr, bicicleta, nadar, bailar, aeróbic… y diversos deportes.
El ejercicio aeróbico es básico para mejorar el estado psíquico, incluida la ansiedad y depresión, así como, las capacidades cognitivas, incluida la memoria.

Beneficios de practicar ejercicio aeróbico:

  • mejora la oxigenación celular
  • modula el sistema inmune
  • reduce el exceso de inflamación
  • es básico para la reparación y regeneración de los tejidos dañados

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