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4. Por qué el cáncer se extiende en una persona

Extracto del artículo

El tumor se genera a sí mismo un ambiente para ayudarle a sobrevivir, crecer y expandirse. Es el microambiente tumoral, que es fundamental en la expansión del cáncer.

Un tumor se manifiesta y se extiende por: mutaciones genéticas propias y adquiridas, factores bioquímicos de riesgo, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular, descontrol en la muerte celular, fallo del sistema inmune y exceso de oxidación-inflamación general y local. Sin embargo, el microambiente tumoral evoluciona junto con este cambio celular, salvaguarda al tumor y posibilita su expansión, siendo determinante tanto en su manifestación como en su evolución posterior.

Todos los tumores malignos comparten unos mismos mecanismos bioquímicos y metabólicos, presentan comportamientos similares, crecen de la misma forma y dependen del sistema inmune, aunque sean distintos genéticamente.

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El tumor no solo está formado por las células cancerosas, un porcentaje muy elevado de la masa tumoral lo forma también el microambiente tumoral que es el tejido fibroinflamatorio que rodea al tumor, constituido por: fibroblastos, células inmunitarias e inflamatorias, colágeno, fibrina, vasos sanguíneos y linfáticos, nervios… El tumor se genera a sí mismo un ambiente para ayudarle a sobrevivir, crecer y expandirse. Un microambiente ácido que es el soporte del tumor, se comunica con las células cancerosas en un complejo sistema de cohabitación e intercambio, segrega unas proteínas que forman como una fortaleza que le protege del sistema inmune y de los fármacos, al tiempo que es fundamental para su crecimiento y expansión. El microambiente tumoral actúa como “conexión” para la entrada de células tumorales a los vasos sanguíneos (para metastatizar) y su actividad y densidad son esenciales para su capacidad invasiva y metastásica.

Los sistemas vasculares del cuerpo son dos: vascular sanguíneo y vascular linfático. El sistema vascular sanguíneo que aporta oxígeno y nutrientes a las células, y el vascular linfático que contiene la linfa (con glóbulos blancos) y está formado por: vasos linfáticos, ganglios que los conectan y filtran, bazo, timo, amígdalas…. Su función es eliminar los residuos metabólicos, tóxicos y iones del espacio extracelular, y es tan importante como la función del sistema vascular sanguíneo. Dicha función está influida por la actividad eléctrica natural del cuerpo.

El tumor crece, las células se alejan, y precisa de nuevos vasos sanguíneos para abastecerse de sangre y nutrientes, es la vascularización del tumor o angiogénesis. La fibrina del microambiente ayuda a promover la angiogénesis dentro del tumor y proporciona su estructura de soporte.

Para que se produzcan metástasis las células cancerosas deben escapar del tumor, llegar a los vasos sanguíneos y linfáticos y, debido a su adhesividad, quedarse pegadas en algún pliegue o protuberancia de su pared, cubrirse de fibrina y proliferar bajo esta capa, formando otro tumor que rompe la pared vascular y linfática, penetrando en el tejido y diseminándose así a los ganglios y otros órganos del cuerpo (metástasis). Y cuanto mayor la cantidad, rigidez y actividad del tejido fibroso-inflamatorio del microambiente tumoral, mayor la agresividad del cáncer y más se facilita el desplazamiento de las células cancerígenas hacia los vasos.

Por tanto, el microambiente tumoral con sus células, fibrina, moléculas y acidez, es fundamental en la expansión del cáncer, ya que lo protege del ataque del sistema inmune, promueve la angiogénesis y facilita la migración de células malignas. Puede ser crucial para el tumor ya que, en ocasiones se reduce el tamaño del tumor con el tratamiento convencional, pero aumentan las metástasis y empeora la supervivencia debido a la dinámica del microambiente tumoral.

Por otro lado, el exceso de oxidación e inflamación en el organismo es también un elemento fundamental en la manifestación de un cáncer y en su diseminación a otros órganos. La inflamación en otros tejidos facilita el que se produzcan metástasis en ellos. Cuanto mayor es la inflamación generalizada y focalizada, mayor el crecimiento del cáncer y peor su evolución. Y la capacidad antioxidante-antinflamatoria del organismo depende de la combinación de determinados genes de la persona, que son también genes responsables, pero muy influenciados por los factores bioquímicos de riesgo mencionados.

Un tumor se manifiesta y se extiende por: mutaciones genéticas propias y adquiridas, factores bioquímicos de riesgo, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular, descontrol en la muerte celular, fallo del sistema inmune y exceso de oxidación-inflamación general y local. Sin embargo, el microambiente tumoral evoluciona junto con este cambio celular, salvaguarda al tumor y posibilita su expansión, siendo determinante tanto en su manifestación como en su evolución posterior.

Todos los tumores malignos, de diferentes tipos y localizaciones, comparten unos mismos mecanismos bioquímicos y metabólicos, presentan comportamientos similares, crecen de la misma forma y dependen del sistema inmune, aunque sean distintos genéticamente.

5. Como podemos conseguir detener la extensión del cáncer en una persona

El cáncer no solo es un problema genético, es un problema mitocondrial, metabólico y del sistema inmune en la persona, y también de un exceso de inflamación. Por tanto, en toda estrategia para vencer el cáncer en una persona no basta con intentar diagnosticar y tratar el problema genético del tumor, es imprescindible intentar resolver cada uno de estos problemas o el resultado no será óptimo.

Cuando se rompe el equilibrio en el organismo de una persona empiezan a manifestarse sus predisposiciones genéticas patológicas: obesidad, hipertensión, diabetes, cardiopatía, EPOC, hepatopatía, reuma… y también cáncer. Podemos tratar la patología diagnosticada que se presenta con fármacos, intervenir quirúrgicamente, aplicar terapias sofisticadas…, pero si nadie restablece de nuevo el equilibrio, no lograremos que dejen de expresarse dichas predisposiciones y no será posible la verdadera curación de la persona.

Veamos cómo podemos actuar en cada aspecto del cáncer:

  1. Tratar los aspectos genéticos en la persona con cáncer.
  2. Tratar el aspecto metabólico en la persona con cáncer.
  3. Restablecer la función mitocondrial en la persona con cáncer.
  4. Mejorar la función inmunitaria en la persona con cáncer.
  5. Controlar el exceso de inflamación en la persona con cáncer.
  6. Abordar el ámbito tumoral en la persona con cáncer.

6. Tratar los aspectos genéticos en la persona con cáncer

Extracto del artículo

El problema del cáncer es en parte genético, pero podemos conseguir que los genes responsables se activen o inhiban (expresen) más favorablemente (epigenoma) para la persona.

La insuficiencia de micronutrientes y el exceso de moléculas proinflamatorias y tóxicas, son los principales factores bioquímicos que influyen en la expresión genética. Y actualmente ya es posible corregir muchas de estas alteraciones.

Otros factores externos que influyen en la expresión desfavorable de genes responsables son el estrés, las emociones negativas, la falta de actividad física y el sueño no reparador, además de la infección por patógenos como los virus, a menudo como factor coadyuvante.

La mayoría de las mutaciones genéticas observadas en las células cancerosas son adquiridas y es posible actuar sobre ellas mediante la alimentación y la terapia micronutricional.

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El problema del cáncer es en parte genético, porque tener una combinación de genes que predisponen a que las células se transformen en cancerosas (genes responsables) juega un papel importante en que se manifieste el cáncer en una persona. Aunque no es el principal problema en la gran mayoría de afectados por la enfermedad.

No podemos cambiar los genes (genoma) de la persona y que deje de ser vulnerable al cáncer, pero si podemos conseguir que los genes responsables se activen o inhiban (expresen) más favorablemente (epigenoma). Esto se consigue modificando los cambios genéticos adquiridos al actuar sobre los factores bioquímicos de riesgo. Es decir, corrigiendo los desequilibrios micronutricionales y el exceso de moléculas proinflamatorias y tóxicas se puede influir decisivamente en cómo se expresan los genes responsables del cáncer.

La insuficiencia de micronutrientes y el exceso de moléculas proinflamatorias y tóxicas, son los principales factores bioquímicos que influyen en la expresión genética, más que cualquier otro factor. Insuficiencia de micronutrientes no significa únicamente falta de nutrientes de la alimentación, que puede ser adecuada y proporcionar los metabolitos iniciales necesarios. Significa también no disponer de suficientes metabolitos nutricionales activos intermedios y finales, siendo todavía más frecuente dicha insuficiencia. Es decir, puede haber micronutrientes iniciales suficientes, pero faltar metabolitos activos de estos por inhibición de enzimas de sus rutas metabólicas debido a muy diversas causas: genética, tóxica, energética…, o bien, por aumento de las necesidades. Y estos metabolitos tienen una influencia decisiva en cómo se expresarán los genes responsables del cáncer. Por ejemplo, metabolitos activos de la vitamina D pueden aumentar la expresión de genes protectores del cáncer que están inhibidos.

Por otro lado, los niveles óptimos de micronutrientes básicos tienen un papel clave en la prevención y reversión de mutaciones genéticas adquiridas, y en los procesos de reparación del ADN. Hasta tal punto son clave dichos niveles, que cuando son reducidos no es posible el control de la enfermedad a largo plazo.

Por tanto, mediante la clínica y diversos parámetros analíticos, se averiguan el mayor número posible de insuficiencias de metabolitos activos para poder aportarlos mediante los conjuntos adecuados de micronutrientes activos. Así es como, junto a la reducción de moléculas tóxicas, se puede influir favorablemente en la parte genética del cáncer. El método Dr. Cardona aporta el conjunto de  micronutrientes y metabolitos activos básicos, pero a menudo es necesario completar dicho aporte con otros nutrientes más específicos para la persona.

El estrés, los pensamientos y las emociones son factores externos a destacar por la gran influencia en la expresión favorable y desfavorable de genes responsables, por mecanismos explicados en otro apartado.

Otros factores externos que influyen en la expresión de genes responsables son la falta de actividad física y el sueño no reparador, además de la infección por patógenos como los virus, a menudo como factor coadyuvante.

Lo habitual en una persona con cáncer es que coincidan factores genéticos con factores bioquímicos de riesgo, a menudo estos últimos no conocidos ni averiguados. Una persona con componente genético de cáncer y sin la influencia de factores bioquímicos, es difícil que padezca cáncer. También una persona con factores bioquímicos y sin genes responsables es raro que padezca cáncer, aunque coma mal, reciba tóxicos y sufra emociones negativas. Tienen que coincidir ambos tipos de factores, y cuantos más bioquímicos y externos encontremos, probablemente menor sea el componente genético y más eficaz será la aplicación de medicina micronutricional. Pero también será menor la respuesta al tratamiento oncológico convencional si no se corrigen las causas. Recordemos aquí que las mutaciones (cambios en los genes) encontradas en los estudios genéticos de la persona con cáncer son propias y adquiridas, y se desconocen cómo influyen en ellas los factores bioquímicos y externos, por lo que el riesgo genético podría ser inferior al diagnosticado por estudios genéticos cuando se controlan dichos factores.

La mayoría de las mutaciones genéticas observadas en las células cancerosas son adquiridas y es posible actuar sobre ellas mediante la alimentación y la terapia micronutricional. Lejos del pensamiento inicial en el que se consideraba la práctica imposibilidad de cambiar el destino de nuestros genes, en la actualidad sabemos que el estilo de vida, la alimentación y los micronutrientes actúan sobre nuestros genes, tanto para bien como para mal.

7. Tratar el aspecto metabólico en la persona con cáncer

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El problema del cáncer es fundamentalmente metabólico. La disfunción mitocondrial motiva que la célula cancerosa produzca la energía (ATP) principalmente mediante un metabolismo fuera de la mitocondria (en el citoplasma) que forma lactato (ácido láctico), y produce un exceso de moléculas tóxicas, siendo responsable de muchas de las mutaciones adquiridas que se observan en el cáncer.

Este nuevo metabolismo celular puede mejorarse mediante una alimentación con muy pocos carbohidratos (glucosa) que consiga menos energía y más estrés oxidativo en la célula cancerosa y más energía y menos estrés oxidativo en la célula normal.

Si embargo, cuando la célula cancerosa no dispone de suficiente glucosa utiliza glutamina. Por tanto, es necesario restringir la glutamina (carne, pescado, lácteos, complementos proteicos) y también inhibir mediante micronutrientes las enzimas de sus rutas metabólicas (enzimas glutaminolíticas) sobreactivadas para que no pueda producir ATP ni acetil-CoA.

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El problema del cáncer es fundamentalmente metabólico. La disfunción mitocondrial motiva que la célula cancerosa produzca la energía principalmente mediante un metabolismo fuera de la mitocondria (en el citoplasma) que forma lactato (ácido láctico), en un medio extracelular ácido. La célula cancerosa depende principalmente de la glucosa y la glutamina para producir la energía extra que necesita para vivir y dividirse. Cuanta más energía requiere es durante la división celular (mitosis) formándose dos células hijas, que dura poco tiempo, necesitando entonces de una gran cantidad o pico de glucosa. Este nuevo metabolismo con su excesiva producción de moléculas tóxicas es también el responsable de muchas de las mutaciones adquiridas que se observan en el cáncer. Además, sus metabolitos interaccionan con el metabolismo de las células inmunes dentro del microambiente tumoral, y si logramos mejorar dicho metabolismo, también aumentará la eficacia de estas células y con ello la del sistema inmunitario.

El metabolismo celular de la persona con cáncer puede mejorarse mediante una alimentación con muy pocos carbohidratos (glucosa) que consiga menos energía y más estrés oxidativo en la célula cancerosa y más energía y menos estrés oxidativo en la célula normal. Mediante una alimentación que reduzca el aporte de glucosa al mínimo necesario (distinto en cada persona) y aportando ácidos grasos saludables, el hígado no dispone de glucosa para generar energía y utiliza las grasas produciendo cuerpos cetónicos a partir de ellas, que serán utilizados como combustible por las células de los demás tejidos del cuerpo. Es la cetosis nutricional, estado fisiológico que no altera el pH sanguíneo, y que no debe confundirse con la cetoacidosis de la diabetes y otros estados patológicos.

En la cetosis nutricional los ácidos grasos y los cuerpos cetónicos substituyen en gran parte a la glucosa como combustible de las células para obtener energía, lo que favorece a las células normales y dificulta la supervivencia, división y extensión de las células cancerosas. Como combustible los cuerpos cetónicos son superiores a la glucosa en las células normales: más eficientes y producen más energía (ATP). Además, los cuerpos cetónicos son tóxicos para muchas células cancerosas, por no poder convertirlos en acetil-CoA y por dificultar la glucolisis. Se trata de aplicar una restricción de los carbohidratos: alimentos y bebidas con sabor dulce, frutas dulces, cereales (pan, pasta, maíz…), tubérculos (patata…), vino, cerveza…, junto a un aumento moderado de las grasas “buenas”: aceite de coco virgen, aceite MCT (solo caprílico), aceite de oliva virgen extra, semillas de chía (ALA), aceite de pescado (DHA), aceite de onagra o borraja (GLA), frutos secos, huevo entero ecológico…

La cetosis nutricional ahorra algunos aminoácidos esenciales (leucina, isoleucina y valina), porque los cuerpos cetónicos tienen una estructura muy similar, y ahorra las proteínas porque quema la grasa. Lo que permite reducir la cantidad de proteínas en la alimentación, especialmente cuando se aportan los aminoácidos esenciales y cetogénicos mediante complementos micronutricionales: leucina, valina, isoleucina, lisina, treonina, tirosina, fenilalanina y triptófano. De esta forma, se facilita la restricción de las proteínas animales, fuente de glutamina y de los residuos tóxicos que producen.

Además, los cuerpos cetónicos inhiben la salida del lactato fuera de la célula cancerosa, reduciendo el lactato extracelular, al utilizar los mismos trasportadores que sacan el lactato fuera de la célula. Es una inhibición competitiva.

La eficacia de la alimentación de tipo cetogénico se potencia enlenteciendo el proceso de división (mitosis) de las células cancerosas del tumor y dificultando la entrada y utilización de la glucosa en ellas. De esta forma se logra que la máxima necesidad de glucosa dure más tiempo en cada célula tumoral, a la vez que se reduce drásticamente la glucosa en estas células, provocando una falta de energía en el momento de su multiplicación y expansión y se mueren. Algunas pautas micronutricionales ayudan a conseguir ralentizar la mitosis y dificultar la entrada de glucosa en la célula tumoral, otras pueden inhibir enzimas y rutas metabólicas citoplasmáticas sobreactivadas de la célula cancerosa.

Cuando la célula cancerosa no dispone de suficiente glucosa utiliza glutamina para obtener energía (ATP) y el metabolito acetil-CoA, precursor de los lípidos, proteínas y nucleótidos que precisa. Por tanto, es necesario restringir la glutamina (carne, pescado, lácteos, complementos proteicos) pero es difícil conseguirlo eficazmente porque muchos alimentos la contienen y cuando no es suficiente, el tumor la obtiene del músculo, produciendo una pérdida muscular. Los ácidos grasos y los cuerpos cetónicos no pueden reemplazar a la glucosa y glutamina para obtener energía (ATP) en la célula cancerosa.

Así pues, no solo es necesario reducir el aporte de glutamina a la cantidad óptima en cada persona, sino también inhibir mediante micronutrientes y algún fitoquímico las enzimas de sus rutas metabólicas (enzimas glutaminolíticas) sobreactivadas para que no pueda producir ATP ni acetil-CoA. Mediante el método Dr. Cardona, sin lácteos, carnes ni pescados, se restringe la glucosa y glutamina y se aportan los micronutrientes básicos para mejorar el metabolismo celular, pero a menudo es necesario completar dicho aporte con otros nutrientes específicos para la persona.

Por otro lado, la alimentación de tipo cetogénico es uno de los métodos más eficaces para reducir el exceso de oxidación (estrés oxidativo) y de inflamación en el organismo, con efectos parecidos a la restricción calórica, de probada eficacia en el envejecimiento, el cáncer y otras enfermedades crónicas.

8. Restablecer la función mitocondrial en la persona con cáncer

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La mayoría de células cancerosas presentan una disfunción mitocondrial y en la mayoría de personas con cáncer las células de su cuerpo también presentan una disfunción mitocondrial previa u ocasionada por el tratamiento.

Mejorando la función mitocondrial y aportando ácidos grasos y cuerpos cetónicos como combustible en lugar de glucosa, forzamos a la célula cancerosa a utilizar las mitocondrias y muere.

La función mitocondrial mejora consiguiendo un equilibrio micronutricional básico completado con micronutrientes como: coenzima Q10, ácido R-lipoico y PQQ.

Además, las mitocondrias de las células de los órganos clave se potencian mediante: ejercicio físico aeróbico, alimentación cetogénica, ayuno intermitente y microayuno, sueño reparador en horario nocturno y reducción de fármacos.

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La mayoría de células cancerosas presentan disfunción mitocondrial y en la mayoría de personas con cáncer las células de su cuerpo también presentan una disfunción mitocondrial previa u ocasionada por el tratamiento. Este daño mitocondrial puede estar implicado en el cambio del metabolismo celular y la alteración de la apoptosis (muerte celular programada) en la célula cancerosa, y en la debilidad del sistema inmune.

Las mitocondrias controlan la muerte celular programada (apoptosis), imprescindible para que las células dañadas mueran cuando a acabado su función o pueden ser un peligro para el organismo. Si se reducen las mitocondrias o no funcionan correctamente, se descontrola la apoptosis y la proliferación celular.

Una prueba de la importancia de la disfunción metabólica y mitocondrial en el origen celular del cáncer está en las observaciones de que las mitocondrias dañadas pueden convertir las células sanas en células cancerosas y que las mitocondrias sanas pueden revertir el metabolismo anormal en las células tumorales. También la mejora de la función mitocondrial, restaurando la energía mitocondrial, puede normalizar la reprogramación metabólica en la célula cancerosa.

Mejorando la función mitocondrial y aportando ácidos grasos y cuerpos cetónicos como combustible en lugar de glucosa, forzamos a la célula cancerosa a utilizar las mitocondrias y muere, debido a que se reactiva la muerte celular programada o apoptosis, que ordena a las células anormales a morir. El aporte de la combinación adecuada de micronutrientes básicos, es necesario para ayudar a reprogramar las células cancerosas para la apoptosis. Incluso, algunas combinaciones de micronutrientes, como por ejemplo la vitamina K junto a la C, en la célula cancerosa pueden prevenir la disfunción mitocondrial, restaurar la función mitocondrial cuando está alterada, cambiar el metabolismo energético, estimular la vía mitocondrial de la apoptosis, e inducir la muerte celular. Esta estrategia es también una forma de sensibilizar a las células cancerosas para lograr que dosis mas bajas de los quimioterapéuticos sean efectivas, con una menor toxicidad.

Es fundamental mejorar la función mitocondrial en las células de todo el organismo y en las predispuestas a transformarse en cancerosas, para que no se produzcan en ellas dichos cambios metabólicos y genéticos. Además, es importante mejorar las mitocondrias de las células hepáticas porqué son necesarias para la desintoxicación del organismo, y en las células del sistema inmune porque son imprescindibles para vencer al cáncer. En una persona con cáncer no podemos permitirnos que las mitocondrias de sus órganos clave: corazón, hígado, músculo, cerebro… y del sistema inmunitario, vayan reduciéndose, porqué si es así, su pronóstico será desfavorable, por más terapia oncológica de primera línea que se aplique.

El modo de conseguir mejorar la función mitocondrial es actuando en varios frentes, pero especialmente mediante un equilibrio micronutricional básico completado con micronutrientes que ayuden a mejorar el número y la función de las mitocondrias como son: coenzima Q10, ácido R-lipoico y PQQ. CoQ10 es necesario para la producción de energía (ATP), ácido R-lipoico es imprescindible para varias rutas metabólicas mitocondriales y PQQ ayuda a la biogénesis mitocondrial y puede mejorar la apoptosis. Mediante el método Dr. Cardona se restringe la glucosa y glutamina y se aportan los micronutrientes básicos para mejorar la función mitocondrial, pero a menudo es necesario completar dicho aporte con otros nutrientes específicos para la persona.

Otras formas de potenciar a las mitocondrias de las células de los órganos clave es mediante:

  • Ejercicio físico aeróbico regular, especialmente si se combina con el de refuerzo muscular. Si la actividad física es en ayunas, todavía se producen más mitocondrias, aunque esto no es aconsejable en algunas personas por sus características.
  • Alimentación cetogénica, el ayuno intermitente y el microayuno de los que hablo en otro artículo.
  • Sueño reparador en horario nocturno, y la acción favorable de la melatonina en las mitocondrias.

Sin embargo, si las mitocondrias no disponen de los metabolitos micronutricionales adecuados, no es posible mejorar su función por óptimas que sean las medidas adoptadas. La única terapia mitocondrial efectiva cuando las mitocondrias están dañadas es la micronutricional.

Por último, recordar que muchos fármacos de los utilizados en estos pacientes afectan negativamente la función mitocondrial:  antiinflamatorios, antibióticos (especialmente quinolonas), corticoides, quimioterápicos, anticuerpos monoclonales… y también las estatinas para el colesterol. Resultando difícil evitar el deterioro mitocondrial administrando estos fármacos de forma prolongada, aunque mediante micronutrición es posible prevenirlo y atenuarlo.

9. Mejorar la función inmunitaria en la persona con cáncer

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El problema del cáncer es también un problema del sistema inmune, además de ser un problema genético y metabólico, y es absolutamente necesario mejorar su sistema inmune de las personas afectadas mediante: micronutrientes básicos, micronutrientes específicos, enzimas, mejora de la microbiota, actividad física, sueño reparador y control del estrés y las emociones negativas

Por otra parte, es frecuente que la acción del sistema inmune se encuentre bloqueada en las personas con cáncer. Las enzimas fibrinolíticas y proteolíticas son necesarias para la acción de los micronutrientes, ayudan a inhibir la acción promotora del microambiente tumoral y pueden mejorar la eficacia del sistema inmune por diversos mecanismos.

Además de modular y fortalecer el sistema inmune es necesario desbloquearlo contra el cáncer para que pueda ser eficaz, y también para que puedan actuar las terapias aplicadas.

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Todas las personas producen células cancerosas y microtumores a lo largo de su vida. Son células normales que se han transformado en cancerosas, pero no han crecido lo suficiente para ser detectadas ni para formar un cáncer que se extiende, porque el sistema inmunitario ha logrado eliminar dichas células cancerosas o los microtumores formados. El sistema inmune también es capaz de conseguir la estabilización y remisión de un cáncer ya establecido, incluso de eliminar metástasis ya formadas, y es fundamental para evitar recidivas de un cáncer “curado” o la aparición de uno nuevo en otro órgano.

Además, los microorganismos: virus, bacterias, hongos, parásitos…, están muy frecuentemente involucrados en la persona con cáncer, y el sistema inmune es el que debe combatirlos, y lograr una colonización en equilibrio en el cuerpo. 

En toda persona tratada por cáncer es necesario valorar el sistema inmune y el grado de inflamación en su organismo. Un indicador útil en la práctica clínica es la proporción entre neutrófilos y linfocitos (con linfocitos inferiores al normal) en valores absolutos en el hemograma: cuanto mayor la cantidad de neutrófilos y menor la de linfocitos (relación superior a 2), peor es el funcionamiento del sistema inmunitario. Las plaquetas bajas también indican alteración del sistema inmune además de advertir de alteración en la coagulación, y son un factor pronóstico de la enfermedad.

El problema del cáncer es también un problema del sistema inmune, además de ser un problema genético y metabólico. Y en toda estrategia para ayudar a una persona a vencer el cáncer es absolutamente necesario mejorar su sistema inmune, modulándolo y fortaleciéndolo mediante:

  • Aporte equilibrado de los micronutrientes básicos para mantener los distintos componentes del sistema inmune en buenas condiciones y ser capaz de afrontar la situación en la que se encuentra el cuerpo. No es posible un sistema inmunitario eficaz si falta uno solo de los micronutrientes básicos, lo que ocurre en la gran mayoría de pacientes con cáncer no tratados con micronutrición. Especialmente frecuentes y preocupantes son las insuficiencias de formas activas de vitaminas D, K2, C y del grupo B, coenzima Q10, ácido R-lipoico, magnesio, zinc, selenio, omega 3 DHA, omega 6 GLA y aminoácidos esenciales y semiesenciales.
  • Aporte adecuado de micronutrientes específicos. Como muestra de ellos están los gliconutrientes de determinados hongos (agaricus, cordyceps, maitake, reishi, shiitake…) como los beta-glucanos y el germanio, que actúan en conjunto. Especialmente eficaces son los del hongo Coriolus Versicolor (PSK) para potenciar el sistema inmune (leucocitos, linfocitos, células NK…), uno de los más estudiados y utilizados en personas con cáncer.
  • Aporte enzimático adecuado, mediante alimentos y complementos de enzimas. Las personas con cáncer presentan unos niveles insuficientes y desequilibrados de enzimas digestivas y metabólicas (celulares) y de coenzimas (micronutrientes básicos), y el sistema inmunitario no puede funcionar correctamente sin corregir dichos niveles mediante el aporte de enzimas digestivas y sistémicas. Cuando el cuerpo debe sintetizar muchas enzimas digestivas, por su deficiencia o aumento de las necesidades (tratamientos, alimentación inadecuada, inflamación, alteración de la microbiota…), se reduce su capacidad para sintetizar enzimas metabólicas celulares, fundamentales para todas las funciones del cuerpo, incluidas las inmunitarias.
  • Mejora de la microbiota del cuerpo, especialmente la microbiota intestinal (“flora intestinal”), pero también la microbiota cutánea y de la boca, fosas nasales, vagina, uretra y de otros muchos tejidos, incluidos los afectados por el cáncer … Es imprescindible una cantidad y diversidad elevada de microorganismos en el intestino para la adecuada absorción de micronutrientes básicos y para tener un sistema inmune fuerte y capaz de destruir células cancerosas. Además, una adecuada microbiota es necesaria para: la absorción y síntesis de los micronutrientes básicos, sintetizar enzimas, neutralizar tóxicos que aumentan el crecimiento del cáncer y mejorar la expresión de los genes responsables.

Consiguiendo una adecuada microbiota en el tubo digestivo y en la piel nos defiende del cáncer, y ayuda a combatirlo cuando la persona ya lo padece. La microbiota puede mejorarse mediante la alimentación, el ejercicio y el sueño adecuados, y con la administración de los prebióticos y probióticos adecuados. Algunos micronutrientes inhiben la proliferación de microorganismos patógenos y aumentan el crecimiento de bacterias beneficiosas y la producción de ácidos grasos de cadena corta. Debe tenerse en cuenta que la quimioterapia, los corticoides y los tratamientos agresivos, dañan la microbiota del organismo, y debemos ayudar a su reparación.

Recientemente, se están investigando y ya se utilizan en clínica los postbióticos, especialmente los ácidos grasos de cadena corta producidos por las bacterias intestinales, como el ácido butírico (tributirina). Ayudan a restablecer la microbiota intestinal, mejoran el sistema inmune y empiezan a tener un papel muy importante en el control del cáncer.

  • Una actividad física regular, de gran influencia en el sistema inmune. Se ha demostrado la acción anticancerígena de las actividades físicas, la reducción del riesgo de cáncer mediante ejercicio físico y la reducción de las recaídas del cáncer en las personas que realizan ejercicio físico. Ya hay evidencia suficiente de que el ejercicio físico regular previene el cáncer y evita recaídas de cáncer. Recientemente se ha demostrado que esta acción antitumoral del ejercicio es debida a la mejora del sistema inmune, y también ayuda a mejorar la oxigenación de los tejidos.

El cansancio y abatimiento de las personas con cáncer debidos a la enfermedad o a los tratamientos oncológicos, habitualmente se intenta combatir aconsejando reposo. Sin embargo, la forma más eficaz de mejorarlos es mediante el refuerzo muscular junto al ejercicio aeróbico en pautas adecuadas a cada persona, desde el diagnóstico.

  • Un sueño reparador. También se ha demostrado la acción anticancerígena del sueño reparador, respetando el ritmo circadiano de acostarse pronto y levantarse pronto.
  • Un buen estado psíquico y el control del estrés y las emociones negativas, también de gran influencia en el sistema inmunitario. Un buen estado de ánimo y el optimismo (actitud positiva, confianza, hablar y compartir…) se asocian a un menor riesgo de cáncer por mejorar el sistema inmune. Y en las personas con cáncer se asocia a una mejor respuesta del organismo y del sistema inmune para luchar contra la enfermedad.

El método Dr. Cardona con sus medidas complementarias, actúa en cada uno de los puntos mencionados, pero a menudo es necesario completarlo con el aporte de nutrientes específicos para la persona.

Por otra parte, es frecuente que la acción del sistema inmune se encuentre bloqueada en las personas con cáncer. Los tumores y las células cancerosas pueden impedir la acción del sistema inmune mediante muy diversos mecanismos que implican a distintos genes y también mediante su microambiente tumoral que puede actuar como una fortaleza de tejido fibroso, protectora del tumor. Por tanto, además de mejorar el sistema inmune debemos conseguir que este pueda actuar sobre las células cancerosas mejorando también la expresión de dichos genes y actuando sobre el microambiente tumoral mediante enzimas proteolíticas como Serrapeptase, Nattokinase y Lumbrokinase. Estas enzimas pueden ayudar a disolver la fibrina que protege al tumor del ataque del sistema inmune y también de las terapias aplicadas.

Las enzimas digestivas, fibrinolíticas y proteolíticas como: serrapeptase, nattokinase, tripsina, quimotripsina, bromelaína, papaína…, son necesarias para la acción de los micronutrientes, ayudan a inhibir la acción promotora del microambiente tumoral y pueden mejorar la eficacia del sistema inmune por diversos mecanismos.

Tiene poco sentido aplicar una inmunoterapia dirigida del cáncer a una persona que sigue presentando un sistema inmunitario global débil o bloqueado por: falta de algunos de sus componentes (micronutrientes básicos), insuficientes niveles de enzimas, alteración de la microbiota, acidificación intersticial tumoral, un microambiente fibroinflamatorio u otros diversos mecanismos protectores… Administrando además fármacos y terapias que todavía lo debilitan más. Resulta mucho más eficaz mejorar previamente o al mismo tiempo esta situación comprometida.

Además de modular y fortalecer el sistema inmune es necesario desbloquearlo contra el cáncer para que pueda ser eficaz, y también para que puedan actuar las terapias aplicadas.

10. Controlar el exceso de inflamación en la persona con cáncer

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La respuesta inflamatoria prolongada de bajo grado (inflamación crónica) es uno de los principales contribuyentes al inicio y progresión de la tumorigénesis. Cuanta mayor inflamación peor es la evolución del cáncer en la persona y menor su supervivencia.

Los parámetros PCR, VSG y LDH elevados, junto a un deterioro físico y muscular, expresan exceso de inflamación, disfunción mitocondrial y alteración del sistema inmune, indicando que, antes o al mismo tiempo, deben controlarse dichos factores o la respuesta al tratamiento oncológico será desfavorable.

En la persona con cáncer es imprescindible controlar el grado de oxidación e inflamación, mediante las adecuadas pautas de: alimentos, micronutrientes, enzimas, agua hidrogenada, ejercicio físico, sueño reparador, control de factores estresantes y emociones, y reducción de tóxicos y radiaciones.

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El estrés oxidativo consiste en un exceso de moléculas (radicales libres) que producen daño oxidativo en células y tejidos, no evitado por la capacidad antioxidante del organismo. El estrés oxidativo aumenta el estado inflamatorio, siendo el estrés oxidativo y la inflamación crónica dos procesos íntimamente relacionados, de tal forma que uno conlleva al otro y viceversa.

En la persona con cáncer se produce una acumulación de radicales libres, que han podido provocar mutaciones en el ADN de células contribuyendo a sus cambios metabólicos y transformación maligna. Sin embargo, una vez la célula se ha transformado en cancerígena, cierta cantidad y tipo de radicales libres pueden ser necesarios para inducir e iniciar el proceso de apoptosis. Por tanto, es necesario reducir los radicales libres mediante antioxidantes, pero no de forma excesiva. El micronutriente básico ácido R-lipoico, asociado a otros micronutrientes, es capaz de disminuir el estrés oxidativo de las células no transformadas y favorecer la apoptosis (muerte celular programada) en las células tumorales.

El exceso de oxidación e inflamación persistentes se asocian al cáncer y favorecen su crecimiento. La respuesta inflamatoria prolongada de bajo grado (inflamación crónica) es uno de los principales contribuyentes al inicio y progresión de la tumorigénesis. Cuanta mayor inflamación general en el organismo (sistémica) y en los órganos afectados (local), peor es la evolución del cáncer en la persona y menor su supervivencia. La inflamación y el cáncer van asociados. En el crecimiento y la diseminación de los tumores influye decisivamente el grado de oxidación e inflamación del organismo y de los órganos afectados, incluyendo la inflamación en los tejidos donde pueden metastatizar. Si somos capaces de reducir el estrés oxidativo y la inflamación en el organismo y en dichos tejidos, restableciendo al mismo tiempo la función inmune, ayudaremos a evitar las metástasis. Y si el cáncer ya es metastásico, a frenar su diseminación.

Los parámetros analíticos más útiles en la práctica clínica para evaluar el grado de inflamación general en el organismo y la alteración del sistema inmune son los siguientes:

  • Relación neutrófilos / linfocitos entre 1 y 2, con linfocitos en el rango normal. Cuanto mayor sea esta relación y más bajos los linfocitos, peor el estado del sistema inmune y peor la respuesta al tratamiento con quimioterapia e inmunoterapia.
  • Plaquetas. Cuanto más bajas peor es el pronóstico.
  • LDH – Lactato Deshidrogenasa. Esta enzima es un buen marcador de la función metabólica y mitocondrial celular. Niveles altos indican una función mitocondrial alterada y un pronóstico desfavorable de la enfermedad. Niveles bajos pueden indicar afectación muscular grave. El rango normal depende del laboratorio, aunque habitualmente no debería sobrepasar 265 UI/l
  • VSG. Valores superiores a 10 pueden indicar exceso de inflamación en el organismo.
  • PCR. Valores elevados persistentes indican exceso de inflamación en el organismo.

Si la persona presenta PCR, VSG y LDH elevados, expresa exceso de inflamación, disfunción mitocondrial y alteración del sistema inmune, indicando que la enfermedad no está controlada y las células madre del cáncer pueden activarse. Si se aplica una terapia oncológica convencional agresiva (radioterapia, quimioterapia, inmunoterapia…) sin antes, o al mismo tiempo, controlar dichos parámetros mediante medicina micronutricional y eliminación de tóxicos, la calidad de vida del paciente empeorará y la respuesta será desfavorable. Cuando PCR, VSG, LDH y relación neutrófilos/linfocitos están en rangos normales significa que la enfermedad se controla y las posibilidades de éxito son mayores.

Estos marcadores, así como los síntomas y el estado clínico son fundamentales para valorar la óptima combinación de micronutrientes y alimentos para el paciente. Todas las personas con cáncer precisan del aporte de micronutrientes básicos a dosis fisiológicas como se da en el método Dr. Cardona, pero cada persona necesita una combinación y cantidad distinta de micronutrientes específicos antioxidantes, debido a que cada una metaboliza de forma distinta los antioxidantes de los alimentos y complementos. Desde personas que los absorben o metabolizan deficientemente y requieren cantidades muy elevadas, hasta personas en que cantidades elevadas pueden actuar como prooxidantes. Por tanto, la combinación y cantidad de micronutrientes antioxidantes-antinflamatorios a aportar no es predecible, solo puede conocerse mediante la monitorización de signos y parámetros clínicos. La enfermedad puede incluso estar bien controlada de acuerdo con las pruebas habituales en oncología, pero no estarlo el estrés oxidativo ni la inflamación de la persona, siendo estos la causa bioquímica de inesperadas complicaciones, mala evolución o recidivas.

En la persona con cáncer es, por tanto, imprescindible controlar el grado de oxidación e inflamación, durante y fuera del tratamiento oncológico, mediante las adecuadas pautas de:

  • Alimentos, unos alimentos tienen una acción proinflamatoria-procancerígena y otros antiinflamatoria-anticancerígena. Por ejemplo, debido a las proteínas proinflamatorias que contienen como ocurre con los lácteos y el trigo.
  • Micronutrientes, siendo fundamental aquí la acción de todos los micronutrientes básicos, especialmente los ácidos grasos omega 6 y omega 3 activos, como GLA y DHA, vitaminas como la D y K2, y antioxidantes como coenzima Q10 y el ácido R-lipoico.
  • Enzimas como Bromelaína, Papaína, Tripsina, Quimotripsina, Serrapeptase, Nattokinasa, por sus acciones antiinflamatorias.
  • Agua hidrogenada, con gran actividad antioxidante a nivel de toda la célula y sus orgánulos.
  • Ejercicio físico y sueño reparador.
  • Control de factores estresantes y emociones.
  • Reducción de tóxicos y radiaciones electromagnéticas. Si persisten en la persona unos niveles elevados en tejidos de moléculas proinflamatorias y tóxicas, será muy difícil conseguir mejorar el exceso de inflamación en el organismo.

11. Abordar el ámbito tumoral en la persona con cáncer

Extracto del artículo

El tumor necesita y crea el mismo un microambiente tumoral que favorece su crecimiento y expansión, incluyendo el formar nuevos vasos sanguíneos para abastecerse de sangre y de nutrientes, o angiogénesis.

La expansión y diseminación del cáncer dependen del microambiente tumoral que es la parte fibroinflamatoria activa del tumor. También depende de las células y del tejido próximos al tumor. Cuanto mejor sea la estructura del tejido conectivo y más sanas las células de alrededor del tumor, más se dificulta su expansión, mientras que en un órgano y organismo dañados resulta difícil detener la expansión del cáncer.

Por tanto, es importante transformar este ambiente en un entorno que dificulte la subsistencia y crecimiento tumoral. La forma de ayudar a conseguirlo es mediante: alimentación de tipo cetogénico, conjunto adecuado de micronutrientes y enzimas fibrinolíticas.

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El tumor necesita y crea el mismo un microambiente tumoral que favorece su crecimiento y expansión, incluyendo el formar nuevos vasos sanguíneos para abastecerse de sangre y de nutrientes, y lo consigue en parte gracias a la fibrina de dicho microambiente tumoral. La formación de nuevos vasos sanguíneos es la angiogénesis.

La expansión y diseminación del cáncer dependen del microambiente tumoral que es la parte fibroinflamatoria activa del tumor, intercomunicada con sus células cancerosas. Cuanta más cantidad, rigidez, acidez y actividad del tejido del microambiente del tumor mayor agresividad y riesgo de expansión y metástasis. Las células tumorales son complejas y heterogéneas, en estructura, metabolismo, cambios genéticos y epigenéticos… y tienen muy diversas formas de superar los tratamientos convencionales del cáncer. Por el contrario, el microambiente tumoral es más homogéneo, más fácil de abordar, y resulta que este es determinante en la evolución de la enfermedad.

El crecimiento y la diseminación también dependen de las células y del tejido próximos al tumor. Cuanto mejor sea la estructura del tejido conectivo y más sanas las células de alrededor del tumor, más difícil lo tendrá el tumor para extenderse.

Es muy importante transformar este ambiente que se ha creado el tumor en un entorno hostil para él, que dificulte su subsistencia y crecimiento, y así conseguir frenar la angiogénesis y, con ello, el abastecimiento tumoral. La forma de ayudar a conseguirlo sin dañar al organismo es mediante:

  • Alimentación de tipo cetogénico.
  • Conjunto adecuado de micronutrientes, que pueden ayudar a fortalecer el tejido conectivo e inhibir la angiogénesis, además de proteger a las células sanas de los tratamientos agresivos. El método Dr. Cardona aporta los nutrientes básicos y contiene lisina (aminoácido), prolina (aminoácido) y vitamina C, que pueden dificultar que las células cancerosas se “abran camino” para diseminarse.
  • Enzimas fibrinolíticas que pueden ayudar a eliminar la fibrina. Utilizando enzimas proteolíticas como la Serrapeptase y Natoquinase, también se mejoran los factores procoagulantes asociados al cáncer. Esta terapia enzimática puede modificar el tejido fibroinflamatorio tumoral dificultando el desplazamiento y la fijación de las células cancerosas.

Las trombosis venosas y las embolias son frecuentes en personas con cáncer, dependiendo el riesgo del tipo de cáncer (más en cáncer de páncreas y pulmón), del estadio y de los tratamientos aplicados, empeorando mucho el pronóstico. Con la terapia micronutricional, especialmente mediante enzimas, se puede reducir dicho riesgo.

Mejorar la salud general de la persona, fortaleciendo los tejidos próximos al tumor y la función de todos sus órganos es fundamental en la persona con cáncer. Cuanto más sanas están las células que rodean al tumor más se inhibe su crecimiento, mientras que en un organismo dañado es difícil detener la expansión del cáncer. A menudo, resulta más eficaz no ser demasiado agresivo con los tratamientos convencionales aplicados y apoyarlos con terapias de fortalecimiento de células y órganos que mejoren su función.

12. Alimentación y micronutrición en la persona con cáncer

Extracto del artículo

La estrategia dietética y micronutricional debe estar dirigida a mejorar la persona en su conjunto y, al mismo tiempo, ayudar a inhibir el crecimiento tumoral:

  • Aportar el conjunto óptimo de micronutrientes básicos resulta imprescindible en la persona con cáncer. Las dosis mayores de micronutrientes básicos y otros micronutrientes específicos y enzimas, deben ser estudiados en cada persona.
  • Restringir el consumo de azúcares simples (glucosa y fructosa): alimentos y bebidas con sabor dulce, frutas dulces, cereales (pan, pasta, arroz, maíz…), tubérculos (patata…), vino, cerveza…
  • Restringir el consumo de alimentos proteicos animales: carnes, pescados, mariscos y lácteos.
  • Evitar los alimentos con moléculas tóxicas, como son los alimentos no ecológicos y los alimentos procesados, industrializados, precocinados…
  • Aportar alimentos con grasas “buenas” como: aceite de coco virgen, aceite MCT, aceite de oliva virgen extra, semillas de chía (ALA), aceite de pescado (DHA), aceite de onagra (GLA), aceite de semillas de granada (CLNA), frutos secos, aguacate, huevo entero ecológico (fosfolípidos)…
  • Aportar abundantes alimentos con fitoquímicos como: verduras hortalizas, ajo y cebolla tiernos, jengibre, frutas del bosque, piel con la parte blanca de cítricos ecológicos, setas, hongos y especias; crudos o poco hechos.
  • El microayuno es uno de los apoyos más eficaces para vencer la enfermedad, incluido el cáncer. El microayuno diario consiste en merendar-cenar muy ligero y que pasen de 14 a 16 horas hasta el desayuno al poco de levantarse.

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La estrategia dietética y micronutricional debe estar dirigida a mejorar la persona en su conjunto y, al mismo tiempo, ayudar a inhibir el crecimiento tumoral. Consiste básicamente en la aplicación del método Dr. Cardona expuesto en esta Web, con su alimentación y complementos, teniendo en cuenta que cuando el cáncer está extendido o presenta metástasis, deben eliminarse de la alimentación básica del método: lácteos, carnes, pescados, incrementando los aminoácidos básicos a dos tomas al día.

Aportar el conjunto óptimo de micronutrientes básicos resulta imprescindible en la persona con cáncer, por ser los elementos o “materia prima” necesaria para conseguir unas adecuadas y eficientes capacidades antioxidante-antiinflamatoria, detoxificante, inmunitaria, reparadora y regeneradora del organismo. Capacidades imprescindibles para que la persona pueda vencer al cáncer y, al mismo tiempo, recupere la función de sus órganos, el bienestar general y la salud. Consiste en aportar dosis fisiológicas de vitaminas activas, colina, inositol, minerales esenciales, coenzima Q10, ácido R-lipoico, ácidos grasos omega 6 y omega 3 activos y aminoácidos esenciales y semiesenciales, poca metionina, glicina solo en algunas personas, y no aportar glutamina, ácido glutámico, arginina ni serina.

Las dosis mayores de micronutrientes básicos y otros micronutrientes más específicos, deben ser estudiados en cada persona, de acuerdo con sus insuficiencias micronutricionales, los síntomas y parámetros, el tipo de cáncer y las patologías asociadas. Por ejemplo, puede ser necesario aportar dosis mayores de metabolitos de la vitamina D3, vitamina K2, vitamina C y magnesio, por la insuficiencia que presenta el paciente.

En muchas personas afectadas es necesario aportar conjuntos de enzimas digestivas y sistémicas, por potenciar la acción de los micronutrientes, ayudar a inhibir la acción promotora del microambiente tumoral, su acción anticoagulante, poder mejorar la eficacia del sistema inmune y presentar una acción detoxificante imprescindible en la persona con cáncer. Además, las terapias convencionales del cáncer agotan las enzimas digestivas y metabólicas del cuerpo. Consiste en administrar productos de enzimas digestivas, fibrinolíticas y proteolíticas (serrapeptase, nattokinase, tripsina, quimotripsina, bromelaína, papaína…), junto con la toma diaria de verduras-hortalizas crudas, frutas crudas, germinados (brotes verdes) y hongos enteros (agaricus, cordyceps, reishi, shiitake, maitake…).

Restringir el consumo de azúcares simples (glucosa y fructosa): alimentos y bebidas con sabor dulce, frutas dulces, cereales (pan, pasta, arroz, maíz…), tubérculos (patata…), vino, cerveza… También algunos alimentos lácteos y proteicos incrementan la insulina, aunque no aumenten la glucemia. En general, la célula cancerosa es más dependiente de la glucosa, y cuando no la consigue se inhibe su crecimiento. El aporte de aceite de coco virgen y, especialmente el aceite MCT solo de ácido caprílico, facilita la producción de cuerpos cetónicos como fuente alternativa de energía para las células.

Restringir también el consumo de alimentos proteicos animales: carnes, pescados, mariscos, lácteos… (pueden tomarse huevos ecológicos), aportando los aminoácidos básicos de forma equilibrada, con cantidades reducidas de metionina. La alimentación tipo cetogénico comentada y el aporte de grasas “buenas” consigue que el cuerpo necesite un menor aporte de proteínas. La clave está en suprimir estos alimentos y aportar el conjunto de aminoácidos básicos del método Dr. Cardona, junto con micronutrientes que permiten una mejor síntesis proteica en el hígado a partir de dichos aminoácidos. Así pueden conseguirse mayores beneficios que con la restricción severa proteica, la restricción calórica o el ayuno, y sin los inconvenientes que comportan estas dietas. La combinación óptima de aminoácidos también ayuda a fortalecer el colágeno en el organismo y en los tejidos próximos al tumor.

La mayoría de las células cancerosas necesitan del aporte a través de la alimentación del aminoácido arginina para crecer ya que no pueden sintetizarla, y la restricción de arginina en la alimentación podría inhibir su crecimiento.

El ácido palmítico, un ácido graso saturado que se encuentra principalmente en el aceite de palma y en carnes, pescados y lácteos grasos, estimula el crecimiento y expansión del cáncer.

Evitar los alimentos y factores acidificantes, aumentando los alcalinizantes. La acidificación extracelular e intratumoral es necesaria para el crecimiento y expansión tumoral, siendo el cáncer tanto más agresivo cuanto mayor la hipoxia y acidificación de su microambiente.

Deben seguirse medidas que no acidifiquen el espacio intersticial (medio extracelular) y, al mismo tiempo, acidifiquen el interior de la célula cancerosa, como son una alimentación moderada en calorías, sin azúcares (blancos, jarabe de maíz, jarabe de glucosa, melazas…) ni cereales refinados (blancos), con muy pocas grasas y proteínas animales, sin lácteos, casi sin sal y sin alcohol, junto a la evitación de tóxicos ambientales y radiaciones, y la práctica de ejercicio físico regular en ambiente no contaminado. El ácido graso omega 3 DHA puede ayudar a variar el pH intracelular de las células cancerosas hacia la acidificación.

Al mismo tiempo, deben tomarse alimentos que alcalinicen el medio extracelular, como es una alimentación a base de alimentos vegetales crudos: hortalizas, verduras, frutas, brotes verdes germinados, setas, almendras crudas… También el agua hidrogenada puede conseguir una acción alcalinizante debido a su efecto antioxidante. Intentar la alcalinización del organismo de forma activa (por ejemplo, mediante bicarbonato) no es aconsejable porque puede incluso activar el crecimiento de algunos tipos de tumores y porque podría afectar negativamente a personas con predisposición a otras patologías (como enfermedades neurodegenerativas, Alzheimer, esclerosis…).

Evitar los alimentos con moléculas tóxicas, como son los alimentos de origen animal grasos no ecológicos: lácteos, huevos, carnes, pescados de piscifactoría…, los vegetales no ecológicos en los que no se elimina la piel, y los alimentos procesados. Pero también los alimentos con carbohidratos (glucosa, fructosa, almidón…) como: cereales, patata…, cuando se calientan a más de 120º y con poca humedad (fritos, horneados, tostados) se produce acrilamina, una sustancia cancerígena. Es el caso de: patatas fritas de bolsa (el que más contiene), patatas fritas caseras, cereales para desayuno, aperitivos salados, palomitas y aperitivos de maíz, panes industrializados, galletas de todo tipo, crackers, bollería, pastelería, pan crujiente, pan tostado, corteza oscurecida del pan, muchos chocolates, café torrefacto, sucedáneos del café, ciruelas pasas, puré de ciruelas, algunos alimentos para bebés… Además, se forma acrilamina por un mecanismo distinto en frutos secos y semillas tostados (no en los crudos), crema de cacahuete, aceitunas negras, alimentos en polvo (incluido café y cacao), y en los alimentos procesados, fritos, horneados y tostados, especialmente si adquieren un color oscuro.

Reducir el aporte de nutrientes clave para el crecimiento de la célula cancerosa: glucosa (azúcar), ácido palmítico (ácido graso saturado de cadena larga), metionina (aminoácido), arginina (aminoácido), ácido glutámico (aminoácido) y glutamina (aminoácido), y también unos nutrientes llamados poliaminas de ciertos alimentos como los fermentados y madurados.

Aportar alimentos con grasas “buenas” como: aceite de coco virgen, aceite MCT, aceite de oliva virgen extra, semillas de chía (ALA), aceite de pescado (DHA), aceite de onagra (GLA), aceite de semillas de granada (CLNA), frutos secos, aguacate, huevo entero ecológico (fosfolípidos)… En muchas células cancerosas, por su distinto metabolismo, estas grasas pueden dificultar su funcionamiento, e incluso algunas (como el DHA) pueden ser tóxicas para ellas. Por el contrario, la célula sana funciona mejor con dichas grasas cuando se aportan de forma adecuada y equilibrada. Tampoco deben tomarse en exceso por contener cierta cantidad de ácido palmítico (ácido graso saturado de cadena larga).

Aportar abundantes alimentos con fitoquímicos antioxidantes-antinflamatorios (sustancias de las plantas que son activas biológicamente), como: verduras (especialmente las crucíferas), hortalizas, ajo y cebolla tiernos, jengibre, frutas del bosque, piel con la parte blanca de cítricos ecológicos (naranja, limón…), setas, hongos enteros (Agaricus, Cordyceps, Maitake, Reishi, Shiitake…) y especias; crudos o poco hechos.

El conjunto de micronutrientes básicos necesita del apoyo y la “colaboración” de estos extensos grupos de fitoquímicos para mejorar la capacidad antioxidante y antiinflamatoria del organismo. Son los conjuntos naturales de fitoquímicos contenidos en estos alimentos enteros los que consiguen esta acción, mas que los fitoquímicos por separado en complementos.

La fitoterapia o tratamiento con plantas y sus derivados es utilizada por un elevado porcentaje de pacientes oncológicos. Por ejemplo: zumo de pomelo, zumos de bayas, hipérico, algas como equinácea, astrágalo, alfalfa, regaliz, ginseng, ginkgo biloba, levadura de arroz rojo, extractos de té verde…, y también el aporte de fitoquímicos aislados (ECGC, curcumina…). Estos compuestos, aunque sean naturales pueden interaccionar con fármacos o micronutrientes, alterar enzimas o provocar otras acciones negativas para la persona. Además, en los extractos de plantas no se conoce su composición exacta en fitoquímicos y micronutrientes, ni la farmacocinética y farmacodinámica de sus principios activos.

La medicina micronutricional o micronutrición no es fitoterapia, ya que utiliza micronutrientes y enzimas digestivas y proteolíticas, y los micronutrientes son moléculas propias del organismo que forman parte de su metabolismo nutricional básico celular, utilizados a dosis no ortomoleculares (no elevadas), por lo que es muy improbable que provoque acciones negativas en el paciente ni interaccione con fármacos. Los hongos en forma de complemento es una forma de administrar gliconutrientes, como los betaglucanos, pero se aplican en micoterapia que no es realmente medicina micronutricional.

El microayuno es uno de los apoyos más eficaces para vencer la enfermedad, incluido el cáncer. El microayuno diario consiste en merendar-cenar muy ligero: verduras-hortalizas, y que pasen de 14 a 16 horas hasta el desayuno básico del método Dr. Cardona, y no comer a media mañana. Con el desayuno básico se aportan los micronutrientes básicos, incluido el conjunto de aminoácidos. Así se logran formar más cuerpos cetónicos durante la noche, sin aportar sal ni producir residuos tóxicos del metabolismo proteico hasta la comida del mediodía, permitiendo el reposo y la reparación de los órganos depurativos: hígado, riñones e intestino, y pulmón y piel. El microayuno es esencial para que las células se adapten a obtener la energía de grasas y no de carbohidratos, reducir la insulina, potenciar la acción enzimática… y mejorar la capacidad de reparación y regeneración de los tejidos, favoreciéndose la formación de nuevas células. El ayuno activa enzimas que a su vez activan las células madre para formar células nuevas en los órganos dañados. Es decir, ayuda a regenerar dichos órganos (recuperar estructura y función), cuando disponen de los elementos necesarios, lo que conseguimos con la micronutrición aportada. El microayuno puede dificultar la entrada de glucosa en las células tumorales, y ayuda a tolerar bien la alimentación de tipo cetogénico al no precisar una reducción tan drástica de los carbohidratos.

En resumen, la estrategia alimentaria y micronutricional en una persona con cáncer se basa en el óptimo aporte de micronutrientes, enzimas, conjuntos de fitoquímicos y grasas “buenas”, mediante alimentos crudos y complementos micronutricionales, y un escaso aporte de carbohidratos y proteínas, junto a un microayuno diario. Con el fin de mejorar las células normales y funciones orgánicas, al tiempo que se ayuda a inhibir el crecimiento tumoral. Mucho más eficaz como tratamiento complementario del cáncer que aplicar estas restricciones o aportes de forma incompleta o por separado, como por ejemplo limitarse a: restringir azúcares, o carbohidratos, o proteínas, o grasas animales, o ayunar, o solo administrar nutrientes, enzimas o fitoquímicos aislados, o “alcalinizar al organismo”. Dicha estrategia terapéutica, además de aportar los beneficios mencionados es la que mejor reduce el exceso de inflamación de las personas con cáncer.

13. Apuntes sobre quimioterapia y hormonoterapia tradicionales

Extracto del artículo

La quimioterapia tradicional se basa en la toxicidad que destruye a las células que se dividen rápidamente.

La quimioterapia afecta negativamente al microambiente tumoral, pudiendo ser causa de un incremento en el riesgo de metástasis, en ocasiones incluso consiguiendo reducir el tamaño del tumor.

En quimioterapia se da a menudo un sobretratamiento, por el temor a no destruir suficientes células cancerosas y a que el tumor se expanda.

En el cáncer con metástasis la quimioterapia puede conseguir en general un incremento de la supervivencia media de poco tiempo, solo de meses, ocasionando importantes efectos secundarios.

La hormonoterapia para el cáncer se utiliza para tratar tumores hormonodependientes, especialmente de mama y próstata.

Los efectos secundarios de la hormonoterapia son frecuentes.

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La quimioterapia tradicional se basa en la toxicidad que destruye a las células que se dividen rápidamente, dañando a las células cancerosas, pero también a las células normales que se dividen rápidamente como son las células de sistema inmune, las de la médula ósea (plaquetas, glóbulos rojos, leucocitos…), las del tracto gastrointestinal, páncreas y bazo, y las de los folículos pilosos del cabello. Además, puede dañar distintos órganos, como corazón, pulmón, riñón, hígado, sistema nervioso y órganos reproductores, y afecta la microbiota intestinal (“flora intestinal”), de la que depende la mayor parte del sistema inmunitario. Es frecuente que los pacientes tratados padezcan en el futuro lesiones de estos órganos. Son frecuentes las cardiopatías y secuelas como: fatiga, alteraciones de memoria y concentración, y los trastornos en manos y pies debido a neuropatías, entre otros.

La quimioterapia afecta negativamente al microambiente tumoral, pudiendo ser causa de un incremento en el riesgo de metástasis, en ocasiones incluso consiguiendo reducir el tamaño del tumor. Con una quimioterapia a dosis más bajas y más frecuentes puede evitarse esta acción negativa.

En quimioterapia se da a menudo un sobretratamiento, por el temor a no destruir suficientes células cancerosas y a que el tumor se expanda. Los análisis genéticos son cada vez de mayor ayuda para decidir el tratamiento al conocer el tipo de cáncer, así como, su gravedad y riesgo, desde el punto de vista genético. Un cáncer puede ser de elevado riesgo desde un punto de vista clínico, pero ser de bajo riesgo genético, y optarse por no aplicar quimioterapia. Por ejemplo, actualmente ya existe un test genético en personas con cáncer de mama en estadios iniciales que indica la necesidad o no de quimioterapia.

Sin embargo, los riesgos genéticos se averiguan en personas a las que no se aplica medicina micronutricional, que puede modificar la expresión de los genes responsables del cáncer y favorecer una buena evolución de la enfermedad, como se ha explicado en el artículo correspondiente. Sería muy útil realizar seguimientos y estudios en este sentido.

En el cáncer con metástasis la quimioterapia puede conseguir en general un incremento de la supervivencia media de poco tiempo, solo de meses, ocasionando importantes efectos secundarios, afectando a muy diversos órganos y empeorando marcadamente la calidad de vida. Un elevado porcentaje de cánceres presentan resistencia, es decir, que no responden al tratamiento convencional. A menudo responden en un principio, pero reaparece el proceso al cabo de un tiempo. Aunque, como siempre ocurre en medicina, los resultados dependen de la persona, las causas y el tipo de cáncer.

Resulta útil aplicar la sesión de quimioterapia en ayunas, sin desayunar ni tomar complementos, incrementa su eficacia y reduce los efectos secundarios. Los beneficios podrían potenciarse todavía mas aplicando dosis bajas y frecuentes junto a medicina micronutricional que sensibiliza a las células cancerosas, mejorando al mismo tiempo al sistema inmune y a los tejidos y órganos sanos.

La hormonoterapia para el cáncer se utiliza para tratar tumores hormonodependientes, especialmente de mama y próstata, en los que las hormonas estimulan su crecimiento. Consiste en aplicar fármacos que reducen la cantidad o el efecto de los estrógenos en el cáncer de mama hormonodependiente, o la cantidad de testosterona en el caso del cáncer de próstata. Estos fármacos se aplican para disminuir el tumor antes de la cirugía, reducir el riesgo de recaída después de la cirugía y radioterapia, y en la enfermedad diseminada para intentar retrasar su progresión. En este último caso es habitual que se produzca resistencia y el tumor siga creciendo a pesar del tratamiento, aunque actualmente pueden aplicarse nuevos fármacos que revierten esta resistencia. El cáncer de próstata con metástasis se vuelve refractario a la hormonoterapia en pocos años desde el diagnóstico, intentándose entonces controlar con quimioterapia.

Los efectos secundarios de la hormonoterapia son frecuentes, muy variados y tanto físicos como psíquicos, debidos a la falta de hormonas y a la toxicidad de los fármacos, además algunos precisan de la administración conjunta con corticoides. En ocasiones pueden producir alteraciones visuales, hipertensión arterial, tromboembolismo y afectación cardiaca y hepática.

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