Las enfermedades y sus causas están cambiando en las poblaciones occidentales.

Muchas ya no son enfermedades con un diagnóstico y tratamiento tan claros, sino que consisten en un conjunto de síntomas y trastornos inespecíficos que se etiquetan de enfermedad: metabólica, alérgica, infecciosa, psíquica, degenerativa, autoinmune u oncológica (cáncer). Ocasionando auténticas epidemias que suponen un grave problema de salud pública, y también económico.

Hace 100 años teníamos el mismo riesgo genético de padecer enfermedades que actualmente, pero los “genes malos” se mantenían “inactivos” gracias a un medio ambiente más adecuado. El riesgo genético de una persona puede ser tan elevado que cause la enfermedad por sí solo, pero esto es poco frecuente. Lo habitual es que la enfermedad se manifieste en una persona porque presenta una combinación de una predisposición genética (riesgo genético) y la exposición a determinados factores externos.

En el siglo XX la medicina se ha concentrado especialmente en diagnosticar las alteraciones en la estructura y función de órganos concretos, así como en encontrar gérmenes y mutaciones genéticas responsables. Pero las enfermedades actuales implican alteraciones del sistema entero del cuerpo, debido a una inflamación descontrolada, junto a una dificultad para reparar y regenerar los tejidos dañados.

La inflamación puede descontrolarse y extenderse por todo el cuerpo a través de la sangre. Al aumentar la inflamación aumenta la oxidación o “corrosión” de los tejidos, y al aumentar la oxidación se incrementa la inflamación, dañando y matando sus células.

Todos los tejidos y órganos (incluidos corazón y cerebro) tienen una gran capacidad para eliminar los residuos producidos, reparar las estructuras dañadas y regenerarse formando células nuevas. Pero dichas capacidades también pueden alterarse, y así, los órganos van destruyéndose y disminuyendo su función, apareciendo los síntomas, reduciendo la calidad de vida de la persona y empeorando la evolución de la enfermedad.

La misma inflamación afectará de forma distinta a cada persona en función de su predisposición genética, y dañará a órganos distintos: aparato digestivo, pulmón, corazón, piel, articulaciones, músculos, nervios, cerebro… Así por ejemplo, una persona desarrollará un problema coronario, otra artritis y otra demencia.

Por tanto, la enfermedad aparece y persiste en una persona porque tiene una predisposición genética a padecerla unida a que su organismo no puede controlar la inflamación ni reparar y reemplazar eficientemente las células dañadas y muertas.

¿Por qué se descontrola la inflamación?

El exceso de inflamación en el cuerpo es debido a un ataque continuo y prolongado por moléculas proinflamatorias que activan su respuesta inflamatoria. Ataque proveniente de factores externos persistentes, especialmente por: alimentación inadecuada con desequilibrio de micronutrientes y falta de enzimas, exceso de tóxicos, falta de ejercicio y de sueño reparador y factores estresantes que causan actitudes y emociones negativas.

En cuanto al por qué no se produce una desintoxificación, una reparación y una regeneración celular suficiente, también están implicados los factores externos. Existen determinados genes que impulsan la producción de nuevas células, pero la expresión correcta de dichos genes dependerá de unos micronutrientes y un ejercicio adecuados. En realidad, la mayoría de enfermedades no son entidades propias sino síntomas de un exceso de inflamación y una falta de energía celular, que se manifiestan de forma distinta según el tipo de lesión producida y el tejido afectado.

Es decir, los factores externos son decisivos en el control de la inflamación y la reparación de los tejidos, y este control junto al riesgo genético, son decisivos en la manifestación y persistencia de la enfermedad. Por tanto, el tratamiento de las enfermedades pasa necesariamente por controlar dichas alteraciones bioquímicas, actuando sobre los alimentos, los micronutrientes, las enzimas, los tóxicos, las radiaciones, el ejercicio, el sueño y los factores estresantes.

La medicina convencional no tiene en cuenta estas causas ocultas.

Es una medicina muy útil y necesaria, pero con una visión compartimentada del paciente que aplica fármacos y otras terapias agresivas, cuyo objetivo no alcanza la reversión de la enfermedad ya que no soluciona su origen. Nos hemos convencido de que los resultados obtenidos con este enfoque médico son los que debemos esperar de la medicina moderna.

La medicina ha de ser científica y utilizar todos los recursos disponibles con buen criterio, pero sería un avance importante si los médicos dejaran de pensar de forma únicamente convencional y ampliaran su visión. Si no, no será posible avanzar en la curación de los enfermos.

Se podría decir que la medicina técnica convencional es una maravilla y salva muchas vidas, pero no está completa, no tiene todos sus elementos… le falta la “parte causal”. Esta es la parte en la que intentaré ayudar un poco con mi método y mi blog.

Actualmente en occidente hay un movimiento, que está cogiendo fuerza, de muchos médicos y científicos de renombre a favor de este enfoque de la medicina. Médicos que, como yo, luchan para conseguir mejores resultados combinando la medicina convencional con la medicina micronutricional y causal aplicada a personas con enfermedades crónicas, incluyendo las que padecen cáncer. Cada vez es mayor la cantidad de estudios rigurosos y de artículos científicos a favor de este enfoque más integral de la medicina.

© 2017 Dr. F. Cardona


  • El objetivo de este blog es ayudar a mejorar la evolución y calidad de vida de las personas con enfermedades persistentes, de difícil curación. Sus contenidos se basan en mi experiencia clínica durante 40 años de práctica médica y las investigaciones de estudios publicados que he realizado junto con otros expertos.