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Cáncer y aporte de aminoácidos

Las proteínas aportan aminoácidos, que son las unidades esenciales para construir y mantener el tejido muscular, mantener el funcionamiento del sistema inmunitario, metabólico, del tejido óseo y del sistema nervioso.

Las necesidades diarias de proteínas oscilan entre 0,8 a 1,2 g/kg de peso corporal/día. Este rango es bastante amplio, e incluso puede ser mayor en algunas situaciones como en el deporte, grandes quemaduras, enfermedades crónicas intestinales etc… Las carnes, pescados, huevos, leche y derivados lácteos, legumbres, frutos secos, semillas… son fuentes dietéticas de proteínas.

Los aminoácidos son las unidades básicas que conforman las proteínas. Existen 20 aminoácidos que forman proteínas de los cuales 8 se consideran esenciales, es decir, que nuestro cuerpo no los puede fabricar y necesita obtenerlos directamente de la dieta. Ocasionalmente, un aminoácido puede volverse “condicionalmente esencial o semiesencial”, es decir, que en determinadas etapas de la vida o bien, en ciertas enfermedades como las insuficiencias renal, hepática, cardíaca, respiratoria…, se convierten en esenciales porque se incrementa la necesidad del mismo.

AMINOÁCIDOS ESENCIALES AMINOÁCIDOS CONDICIONALMENTE ESENCIALES AMINOÁCIDOS NO ESENCIALES
L-Leucina              L-Histidina   L-Ácido aspártico
L-Isoleucia              L-Arginina   L-Ácido glutámico
L-Valina              L-Tirosina   L-Asparagina
L-Fenilalanina              L-Cisteína   L-Alanina
L-Lisina              L-Glicina   L-Prolina
L-Metionina              L-Glutamina   L-Serina
L-Tiptófano
L-Treonina

 

Los aminoácidos no solo sirven para fabricar proteínas para los músculos. Tienen otras funciones no tan conocidas como formar parte de la síntesis de enzimas (tanto digestivas como las implicadas en el metabolismo), actuar como precursores de neurotransmisores  (mensajeros de la información como serotonina, dopamina, adrenalina…) en el sistema nervioso, participar en la síntesis de hormonas o actuar como mensajeros celulares.

Para que una persona mantenga la salud, es necesario un aporte equilibrado de los aminoácidos esenciales.

Los alimentos de origen animal (huevos, lácteos, carne, pescado) contienen todos los aminoácidos y son considerados alimentos con proteínas completas. Pero algunos alimentos de origen vegetal no contienen estos 8 aminoácidos y, si no son ingeridos en la misma comida, la capacidad del organismo para sintetizar nuevas proteínas puede verse afectada. Por ello, si una persona es vegana/vegetariana, debe conocer el perfil de aminoácidos de los cereales y legumbres para poder realizar comidas con proteínas completas, ya que suelen ser deficitarios en uno o varios aminoácidos esenciales. Por ejemplo: los cereales como el arroz son deficitarios en el aminoácido lisina, mientras que las legumbres son deficitarias en el aminoácido metionina. Si hacemos un plato en el que aportemos lentejas con arroz, estaremos ingiriendo todos los aminoácidos esenciales. No obstante, a parte de la composición en aminoácidos esenciales, hay otro concepto, que es el valor biológico que tiene en cuenta tanto su composición en aminoácidos esenciales como su digestibilidad, ya que aquello que no se digiere, no se absorbe ni nutre. El huevo, se considera el alimento con la proteína de mayor valor biológico, seguido del pollo, la carne de vacuno… Por ello, las personas que siguen dietas monótonas, estrictas, desequilibradas, veganas o vegetarianas o que ingieren poca proteína deberían fijarse en la calidad y digestibilidad de las mismas.

La persona con cáncer necesita el aporte adecuado de aminoácidos esenciales y semiesenciales para conseguir mantener unas correctas funciones orgánicas, sin potenciar el crecimiento del tumor. 

Tal y como se explicó en anteriores artículos, las personas con cáncer, debido a los efectos secundarios de la radioterapia, quimioterapia, cirugía o por el crecimiento del propio tumor,  pueden perder peso y masa muscular, iniciándose un proceso llamado caquexia tumoral. Según la situación y actividad física del paciente, se debe estimar bien el aporte proteico consumiendo proteínas de alto valor biológico en cantidad necesaria. Aunque los alimentos proteicos animales tengan mayor valor biológico, el consumo de carne roja  y derivados cárnicos se asocia a mayor incidencia de cancer. Por ello, en personas con cáncer, se recomienda no consumirla. En cambio una combinación y preparación adecuada de legumbres, pseudocereales, frutos secos, semillas de chía…, además de aportar proteínas, nos dan otros nutrientes importantes como fibra, minerales, vitaminas y fitoquímicos que se han relacionado con la menor incidencia de cáncer. También puede ser útil para reduccir el consumo de alimentos de orígen animal, aportar mediante complementos la combinación óptima de aminoácidos libres esenciales y semiesenciales en forma libre.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

BIBLIOGRAFIA

PIERART Z, Camila  y  ROZOWSKY N, Jaime. PAPEL DE LA NUTRICIÓN EN LA PREVENCIÓN DEL CÁNCER GASTROINTESTINAL. Rev. chil. nutr. [online]. 2006, vol.33, n.1 [citado  2018-12-11], pp.8-13

SAYAR, Romina. Valor nutricional de un gran alimento. Diaeta. 2016, vol.34, n.154, pp.34-34

 

Cáncer y consumo de proteínas

Un exceso de proteínas, sobretodo de origen animal y de alimentos cárnicos procesados, acelera el envejecimiento y se correlaciona con mayor incidencia de cáncer.

Desde hace tiempo se comenta que una excesiva ingesta de productos cárnicos transformados no es bueno para la salud. Varios estudios científicos y el seguimiento a lo largo del tiempo de hábitos de consumo y salud en determinadas poblaciones, indican una mayor probabilidad a padecer alguna patología incluída el cáncer. Obviamente es un factor más, pero dado que el consumo de carne roja y alimentos cárnicos procesados está aumentando, este factor puede ser importante en la aparicióN de patologías incluído el cáncer.

En el 2015, la OMS, después de una extensa revisión de datos publicados, señalaba que un excesivo consumo de carnes rojas y alimentos cárnicos procesados (alimentos transformados a través de la salazón, el curado, el ahumado… de cerdo, de vacuno u otras carnes rojas. Incluídas también la de los embutidos, la carne seca, carne en lata o salsas a base de carne) incrementaba el riesgo de paceder cáncer. Las formas de cocción de la carne también son importantes. Cocinar a altas temperaturas o con la comida en contacto directo con una llama o una superficie caliente, como la barbacoa o la plancha, produce más sustancias cancerígenas. Los métodos de cocción a baja temperatura como el estofado, vapor, horno a baja temperatura… son más saludables. La OMS señalaba que la carne procesada es más cancerígena (debido a que suele tener más contenido de sal, azúcar, diferentes aditivos añadidos, aminas aromáticas, nitritos y tratamientos térmicos más elevados) y la incluía en el Grupo 1 (suficiente evidencia, sobretodo en el cáncer colorectal), mientras que la carne sin procesar se incluía en el Grupo 2 (evidencia limitada).

En los estudios revisados, se estima que cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en aproximadamente un 18%. En cambio, el consumo de huevos, frutos secos, pavo y pescado, alimentos ricos en proteína, no han mostrado mayor incidencia en el cáncer de mama y colon, entre otros.

La asociación del consumo de carne con la enfermedad no es debida a su grasa saturada sino a los tóxicos que contiene por la alinmentación de los animlaes, los precesados y la cocción, y a las moléculas tóxicas que origina en el organismo. 

Nuevas teorías indican que la relación entre el consumo de carne roja y cáncer van más allá del elevado contenido en sal, azúcar, los compuestos tóxicos generados en la cocción o incluso el hierro que podría actuar como un prooxidante. Una nueva hipótesis indica que la carne roja (carne de vacuno más que la carne de cerdo o cordero) contienen una variante particular del ácido siálico (gliconutriente) llamado también ácido N-glicolilneuramínico (Neu5Gc). Tanto las aves de corral como los pescados contienen niveles bajos de Neu5Gc, y los vegetales carecen de él. La molécula Neu5Gc no se encuentra naturalmente en nuestros tejidos (el ácido siálico sí), debido a que hace millones de años, en la línea de la evolución, los homínidos perdimos el gen que codifica para esta molécula y nos diferenciamos de otros mamíferos.

A pesar de la incapacidad humana para producir de forma endógena el Neu5Gc, esta isoforma no humana de ácido siálico se puede detectar en pequeñas cantidades en células  normales y en mayor cantidad en células cancerígenas, y su presencia en nuestro organismo solo puede ser a través del consumo de alimentos. La presencia de esta molécula, activa el sistema inmune produciendo anticuerpos contra este ácido siálico aberrante, ocasionando una inflamación crónica que promueve la carcinogénesis y también la aterogénesis.

La ingesta de proteínas es necesaria para la salud, principalmente en los niños, los jóvenes y las personas de la 3ª edad.

Algunos artículos también indican que una ingesta elevada de proteínas a los requerimientos diarios durante el periodo de mediana edad (30-60 años) se vincula a una mayor mortalidad y aparición de patologías crónicas. No obstante, un consumo moderado-bajo de proteínas (sobretodo procedente de plantas) durante la mediana edad, seguido de un consumo elevado de proteínas en la edad mas avanzada (> 65 años), puede optimizar la duración de la salud y la longevidad. Aunque es preferible obtener gran parte de estas prateínas de fuentes vegetales (legumbres, frutos secos, semillas de chía, quinoa, trigo sarraceno…), de huevos ecológicos, y también de complementos de aminoácidos libres bien diseñados que no producen residuos tóxicos en el organismo.

Desde principios de la segunda mitad del siglo XX se ha venido asociando la ingesta de carne roja y derivados con enfermedad, no obstante cabría especificar que cualquier alimento cuando se ingiere en las ventanas de crecimiento inoportunas y de forma inadecuada, en términos de cantidad, calidad y método culinario, puede derivar en alteraciones de la salud.

En el próximo artículo vamos a profundizar en la calidad y el valor biológico de las proteínas y de las unidades básicas que las forman: los aminoácidos.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

BIBLIOGRAFÍA

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https://www.who.int/features/qa/cancer-red-meat/en/

El ambiente que arropa al tumor

La matriz extracelular, red tridimensional que baña a las células de un tejido, aporta el sostén y los nutrientes necesarios para crecimiento, reparación y regeneración celular.

Todos los tejidos y células del cuerpo humano se comunican entre sí de forma muy rápida. Incluso más rápida que la realizada por el sistema nervioso. Esta función de comunicación se lleva a cabo en un espacio que llamamos matriz extracelular (MEC), que es una red tridimensional que baña y da sostén a todos los órganos, tejidos y células del cuerpo.

La composición de la MEC es dinámica y cambia contantemente a lo largo del tiempo. Existen diferentes combinaciones de componentes (fibras de colágeno, enzimas, polisacáridos, oligoelementos…) que crean el material idóneo para dar las propiedades específicas al tejido. Por ejemplo, aportar fuerza en un tendón, dientes o huesos, amortiguación en el cartílago y adhesión (como si fuera cemento) en la mayoría de los tejidos. La composición de la matriz no solo varía según la parte del cuerpo, sino también del estado fisiológico en que se encuentra, lo que permite a la célula saber dónde está y qué debe hacer.

Aparte de dar sostén y proporcionar cemento al tejido, la MEC constituye un filtro biofísico: aporta oxígeno y elimina el CO2, proporciona capacidad de regeneración y cicatrización, ayuda en la eliminación de desechos y aporta nutrición a las células. La pérdida de su función o alteración de su composición química, implica una disminución de las conexiones entre células, menor interacción con el sistema inmune, disminución de la supervivencia celular y acúmulo de toxinas.

La alteración química y estructural de la MEC, cambia la arquitectura, expresión y estado nutricional del tejido.

En condiciones normales, el acúmulo de toxinas y desechos en la MEC es eliminado de forma fisiológica a través del sistema linfático. Si dicho drenaje no se da o es insuficiente se produce una respuesta que se traduce en inflamación, acidosis y dolor que tal y como hemos visto en anteriores posts, pueden ser causa y consecuencia y viceversa de un crecimiento tumoral.

El ambiente del tumor resulta crucial para la evolución de la enfermedad, de él depende el potencial de invadir estructuras próximas y formar metástasis, así como, la efectividad de los tratamientos aplicados. 

En el cáncer, la matriz extracelular juega un papel muy importante ya que es fuente de estímulos (inflamación, tóxicos, desnutrición…) que pueden permitir a la célula evadir el sistema inmune y generar metástasis. El cambio de la MEC, también puede afectar a la acción de los fármacos quimioterápicos y reducir su efectividad. En los tejidos cancerosos existen otras variables que también afectan la matriz extracelular, como es la expresión de enzimas que vuelcan al medio extracelular y que degradan la red de proteínas y otras macromoléculas, haciendo que la red tridimensional se debilite. Estas enzimas son conocidas como colagenasas (degradación del colágeno), estromelisinas (degradación del estroma) y gelatinasas (degradación de gelatina).

Los niveles de micronutrientes y tóxicos en el organismo influyen en el ambiente del tumor y en la evolución de la enfermedad. 

Una adecuada alimentación y sobre todo la micronutrición, ayudará a tener unos niveles óptimos de nutrientes para favorecer el mejor ambiente celular y expresión de moléculas y enzimas de la MEC. Por ejemplo, la vitamina C ayuda a mantener, estimular y estabilizar el colágeno que es necesario para mantener fuerte el tejido conectivo y así resistir a la acción de enzimas que degradan el colágeno con el objetivo de invadir nuevos tejidos y órganos. Conjuntos micronutricionales compuestos por vitaminas, minerales y factores vitamínicos (vitamina C, vitamina B6, folatos, vitamina B2, selenio, manganeso, magnesio, N-acetilcisteína, ácido R-lipoico ….) son esenciales en las reacciones de detoxificación y eliminación de contaminantes y fármacos, favoreciendo la limpieza de la MEC.

El blog Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) le resultará muy útil para conocer nutrientes y tóxicos de los alimentos.

Bibliografía

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Saavedra Torres , J Set al.- La matriz extracelular: un ecosistema influyente en la forma y comportamiento de las células. Morfolia – Vol. 7 – No. 1 – Año 2015

Cáncer y entorno ácido

El medio ácido donde están las células cancerosas es una consecuencia y no una causa de la enfermedad, pero influye en su evolución. 

Nuestro cuerpo está compuesto por millones de células que constantemente captan nutrientes hacia su interior y desechan los subproductos o toxinas de su actividad metabólica hacia el exterior. En una célula normal y con una alimentación adecuada, este mecanismo de entrada y salida de sustancias produce un pH externo que es alcalino (pH elevado) y un pH interno que es ácido (pH bajo). Para que las células y tejidos, realicen su correcta función necesitan un ambiente favorable con un pH interno y externo adecuado.Sin embargo, en una célula cancerosa, este ambiente y pH que las rodea, está más bajo, ligeramente más ácido y el organismo le cuesta revertir esta situación, siendo uno de los factores que ayuda a que la célula cancerosa siga creciendo y expandiéndose.

El entorno ácido de las células favorece el desarrollo de células cancerosas y modifica la expresión de algunos genes procáncer

¿Por qué es más ácido el medio que rodea las células cancerosas?

El pH extracelular ácido de los tejidos cancerosos es consecuencia del elevado metabolismo y de los metabolitos ácidos (como el ácido láctico) derivados de la fermetanción de la glucosa. Este ambiente ligeramente más ácido activa la expresión de algunos genes pro-metastásicos. Por lo tanto, el microambiente ácido está estrechamente relacionado con la metástasis tumoral. Además, este microambiente, puede hacer que las moléculas y enzimas pierdan su actividad y estabilidad inicial. Por ejemplo, si a un vaso de leche (que es rica en proteínas) le adicionamos vinagre o zumo de limón (líquidos con pH ácido), las proteínas de la leche con el tiempo se coagulan y forman un cuajo (sólido). Es decir, las proteínas han cambiado su estructura y ya dejan de tener su actividad inicial presentado otra forma. Estos cambios de estructura y actividad, pueden llegar a provocar alteraciones morfológicas de la célula favorables para el crecimiento tumoral, creando así un ciclo vicioso:

alteración del metabolismo –> pH ácido –> alteración actividad y estructura de las moléculas –> crecimiento tumoral

Este cambio del ambiente externo también facilita la progresión del tumor hacia otras partes del cuerpo, abriendo la puerta a la metástasis.

Sin embargo, cada órgano y cada fluido dispone de un valor de pH característico de funcionalidad, y su tendencia es la de mantenerse en su propio rango de valores (buscando siempre el equilibrio). Un pH ácido en un tejido, no siempre implica enfermedad. Por ejemplo, el estómago tiene un pH ácido y no por ello desarrolla cáncer de forma natural. Si al contenido estomacal lo volvemos más alcalino, aparecen problemas de digestión, absorción de nutrientes, predisposición a infecciones… perjudicando nuestra salud. Por este motivo, no existe un pH único para todo el organismo y no siempre un pH ácido implica enfermedad.

El cuerpo dispone de sistemas que ayudan a equilibrar el pH a través de los “sistemas tampón” bicarbonato/carbónico y la utilización de proteínas y aminoácidos. Una buena base micronutricional de minerales, vitaminas, ácidos grasos y aminoácidos, puede ayudar a que cada tejido del cuerpo llegue a su pH óptimo. Un pH ligeramente más ácido o más básico en tejidos que no lo deben estar, puede favorecer la progresión de afecciones fisiológicas y patológicas.

En el caso del cáncer, se están abriendo nuevas líneas de investigación farmacológica y nutricional, dirigidas a revertir el pH ácido del microambiente y actuar frente a las enzimas que están implicadas en la generación de metabolitos ácidos.

Bibliografía

Corbet C, Feron O. Tumour acidosis: from the passenger to the driver’s seat. Nat. Rev. Cancer. 2017;17:577–593. doi: 10.1038/nrc.2017.77.

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Desnutrición y terapia oncológica

La desnutrición en el cáncer se caracteriza principalmente por una pérdida rápida de peso, cansancio y fatiga. Esta pérdida de peso, se relaciona con una peor evolución de la enfermedad. Aparece entre un 30-90% de los pacientes después de iniciar la terapia que puede constar de cirugía, quimioterapia y/o radioterapia. La asociación conjunta de dos o de los tres métodos terapéuticos dispara la probabilidad de desnutrición; y según el tipo, grado y localización del tumor el riesgo aumenta. Por ejemplo, los cánceres en cabeza, cuello, garganta, estómago… tienen mayor probabilidad de ocasionar deficiencias nutricionales que un cáncer de mama. Las causas son multifactoriales como alteraciones del gusto,  las llagas en la boca, el metabolismo del propio tumor o incluso por los propios fármacos administrados. Las alteraciones en la ingesta, no solo afectan a los macronutrientes que nos suministran energía (carbohidratos y grasas) o que ayudan a construir músculo y estructuras (proteínas), sino también a los micronutrientes, que tienen acción catalítica, antioxidante e inmunomodularora.

 

Tabla 1.- Efectos adversos de la quimioterapia relacionados con el estado nutricional del paciente.

La desnutrición y la deficiencia de micronutrientes son situaciones clínicas muy frecuentes. La desnutrición se define como el estado patológico que resulta del déficit, absoluto o relativo, de un nutriente esencial o más, y que condiciona el aumento de la mortalidad y morbilidad de las personas que lo padecen.

Diagnosticar la desnutrición, no es una tarea fácil. Hay que realizar una valoración del estado nutricional y determinar varios datos analíticos del paciente, incluidos los micronutrientes básicos: vitaminas, minerales, factores vitamínicos, ácidos grasos omega 6 y omega 3, y aminoácidos esenciales y semiesenciales.

Un indicador útil es el porcentaje (%) de pérdida de peso y su evolución en el tiempo.

(%) de pérdida de peso. = (Peso habitual-peso actual) x 100/peso habitual

Una pérdida mayor del 10 % con respecto al peso habitual, se asocia a un aumento del riesgo de complicaciones por desnutrición, sobre todo si ésta ocurre en un tiempo inferior a 6 meses. Es decir, el riesgo de complicaciones aumenta con el aumento de la pérdida y la velocidad de instauración de la misma. Se considera que existe desnutrición severa si él % de pérdida de peso es el indicado:

Tiempo                % Pérdida de peso

1 semana                        2,0%

1 mes                             5,0%

3 meses                          7,5%

6 meses                          10,0%

La expresión máxima de desnutrición en el cáncer se llama el síndrome de caquexia tumoral, la cual es responsable directa o indirecta de la muerte de un tercio de los pacientes con cáncer. Así, la caquexia tumoral es un síndrome complejo en el que, junto con un estado de desnutrición, se incluyen pérdida de peso, disminución de la masa muscular, anorexia y saciedad precoz, debilidad, anemia y edemas y a todo ello se une una incapacidad para mantener los mecanismos metabólicos que conduce a una disminución progresiva de las funciones vitales.

Clásicamente, el tratamiento de la caquexia ha estado basado en estimulantes del apetito (por ejemplo acetato de medroxiprogesterona) y fórmulas orales líquidas de alimentos de los que hay innumerables tipos en el mercado, pero el resultado final es pobre. Actualmente se está investigando cuál es el tratamiento más efectivo y se postula una fórmula que incluya alimentos, complementos micronutricionales y actividad física programada, para el mantenimiento de la masa muscular y de la calidad de vida.

Para concluir, la desnutrición no solo consiste en la pérdida de peso y masa muscular sino también en tener unos niveles insuficientes de varios micronutrientes básicos, incluso con un peso normal o excesivo. Administrándolos se reducen los efectos secundarios de la terapia oncológica y mejoran la evolución de la enfermedad. Por ejemplo, es muy frecuente observar niveles bajos de vitamina D en personas con cáncer, y esta deficiencia puede influir negativamente en las alteraciones genéticas y la evolución.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

Bibliografía

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Ottery, FD.Rethinking nutritional support of the cancer patient: The new field of nutritional oncology. Semin Oncol 1994;21: 770-778

Cáncer y micronutrientes

Los micronutrientes como vitaminas, minerales y factores vitamínicos son imprescindibles para mantener la salud y prevenir el cáncer.

La mayor parte de las enfermedades que padece el hombre en la actualidad, tiene como base una inadecuada alimentación. Tal y como hemos visto en anteriores post, los alimentos pueden ser factores causantes, de manera que algunos factores dietéticos pueden aumentar o disminuir el riesgo.

El consumo excesivo de grasas en la dieta se ha relacionado con una mayor probabilidad de la aparición de cáncer de mama, colon, pulmón y próstata. Una dieta con exceso de proteínas, principalmente de origen animal, se ha relacionado con un aumento de la incidencia de cáncer de colon y próstata. El alcohol es un factor de riesgo importante para la aparición de tumores de diversos tipos, y la combinación de alcohol y tabaco, tiene un efecto sinérgico sobre el riesgo, y en concreto con cáncer colorrectal. Sin embargo, se ha relacionado una menor incidencia de enfermedades degenerativas incluido el cáncer, en aquellas personas que tienen un mayor consumo de frutas y vegetales, debido a su alto contenido en fitoquímicos y micronutrientes como vitaminas, minerales y factores vitamínicos.

La mayoría de estos micronutrientes actúan de forma directa o indirecta como antioxidantes, neutralizando la acción del exceso de radicales libres, desempeñando una función fundamental en la prevención de éstas enfermedades. El exceso de oxidación va asociado a exceso de inflamación, y a más inflamación en el organismo, peor evolución del cáncer. Otra función de los micronutrientes es actuar como biocatalizadores de las reacciones bioquímicas que se producen en el interior del cuerpo, es decir, que facilitan la función de enzimas y procesos metabólicos.

Actualmente la población española no cumple con las recomendaciones de ingesta de varias vitaminas y minerales.

Aunque parezca fácil ingerir más frutas y vegetales, gran parte de la población tiene deficiencias micronutricionales significativas. Los últimos datos arrojados por el estudio ANIBES (2017) sobre la ingesta, perfil y fuentes de energía en la población española, indican que un elevado porcentaje no cumple con las recomendaciones de ingesta para las vitaminas A, E, C y el selenio y zinc, micronutrientes claramente con función antioxidante directa e indirecta.

En los pacientes oncológicos, el estado de varias vitaminas y minerales es en general peor que en las personas sanas. Normalmente incluso ya en el momento en que se emite el diagnóstico y antes de que aparezcan cambios clínicamente relevantes en el estado micronutricional, pero sobre todo, después de comenzar el tratamiento.

El uso de sustancias antioxidantes durante los tratamientos para combatir el cáncer,  sigue siendo motivo de controversia, pues la eficacia de la radioterapia y de algunos quimioterápicos dependen en parte de la formación de radicales libres. Sin embargo, la mayoría de los fármacos utilizados actualmente en el tratamiento, como los antimetabolitos (metotrexato), los derivados de la mostaza nitrogenada (ciclofosfamida), los complejos del platino (cisplatino), los alcaloides de la vinca (vinorelbina), los taxanos (paclitaxel) o las antraciclinas (epirubicina), no actúan principalmente sobre el estrés oxidativo. Si los antioxidantes influyeran de manera significativa en la eficacia del tratamiento estándar de la radioterapia y quimioterapia, durante la fase de tratamiento no se deberían consumir frutas y verduras ricas en fitoquímicos, vitaminas y minerales, ni tampoco té verde, cacao, curry… Por consiguiente, si se usan complementos con efecto global antioxidante, debería ser imitando las matrices alimentarias, es decir, conjunto de micronutrientes (ya sean vitaminas, minerales, factores vitamínicos, ácidos grasos, aminoácidos…) en dosis fisiológicas para que puedan ser absorbidos y realicen su función de manera conjunta, sin descompensar los procesos del metabolismo, obteniendo de esta forma su máximo beneficio.

Unos niveles adecuados de micronutrientes facilitan la acción de los fármacos y una mejor recuperación.

Una ingesta inadecuada de micronutrientes con acción inmunonutricional, biocatalítica y antioxidante, en pacientes con cáncer, se refleja entre otras cosas, en los marcadores de estrés oxidativo, los cuales resultan elevados. Como la deficiencia de micronutrientes inducida por el cáncer y/o el tratamiento afecta el curso de la enfermedad y la efectividad de las medidas farmacológicas, además de aumentar el riesgo de complicaciones (por ejemplo, sistema inmune alterado, curación lenta de heridas, fatiga, cansancio y depresión), es necesario garantizar su aporte, además de una ingesta adecuada de los otros macronutrientes (proteínas, grasas y carbohidratos complejos).

Actualmente ya es posible medir y monitorizar en clínica el estrés oxidativo (exceso de oxidación) y la capacidad antioxidante del organismo, mediante las pruebas d-ROM y PAT, lo que permite por primera vez en medicina ajustar las dosis y pautas de micronutrientes en pacientes con cáncer y otras enfermedades persistentes.  Para más información vea el artículo del blog: medición del estrés oxidativo y enfermedad crónica.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog puede ayudarle a reducir los alimentos con carbohidratos y con grasas saturadas y a incrementar los alimentos con fitoquímicos antioxidantes-antiinflamatorios, para ayudar a prevenir y combatir el cáncer.

REFERENCIAS 

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Cáncer y exceso de peso

El exceso de peso es un factor de riesgo muy importante en el cáncer. El exceso de grasa acumulada en el abdomen incrementa la oxidación e inflamación del organismo, dificultando el correcto funcionamiento de las células y los órganos.

El peso corporal excesivo se asocia con mayor riesgo de enfermar y morir por ser un factor predisponente de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer. La obesidad se ha transformado en un importante desafío para la salud y su prevalencia ha aumentado en las últimas cuatro décadas a más del doble en las mujeres y más del triple en los hombres.

Pero, ¿cómo sé si tengo exceso de peso u obesidad?

Existen parámetros fáciles de realizar que nos pueden dar una primera aproximación sobre nuestro peso. Estos parámetros son:

IMC – Índice Masa Corporal: El peso en kilos dividido por la talla en metros al cuadrado.

IMC = peso / (talla x talla)

 Si su peso es de 80 kilos y su talla de 1,60 metros, multiplique: 1,60 x 1,60 = 2,56. Entonces divida: 80 / 2,56 = 31,25. El IMC será de 31,25.

Si el IMC es inferior a 18 nos encontramos en un peso demasiado bajo. Pero si es mayor de 27 (sobrepeso grado II), estamos en un estado de preobesidad, y sobre todo si es mayor de 30, estamos en obesidad grado I.

Medida de la cintura. Es la medida de la cintura en centímetros en su punto más estrecho entre el reborde de las costillas inferiores y el borde superior del hueso de la cadera.

Si el perímetro de cintura es superior a 88 cm. en la mujer y a 102 cm. en el hombre, nos encontramos con exceso de grasa abdominal. Nos indica un exceso de la grasa visceral, o grasa interna (entre órganos), que es mayor factor de riesgo que el aumento de peso y el IMC.

Los valores obtenidos de estos dos simples métodos nos pueden dar una primera aproximación sobre nuestra salud y el riesgo a enfermar.

El exceso de grasa abdominal y la obesidad son un factor de riesgo muy importante en el cáncer, por los siguientes motivos:

  • Se produce un ambiente prooxidante e inflamatorio de bajo grado, que con el tiempo, causa alteraciones en el material genético de las células (ADN).
  • Estado de hiperinsulinemia o de resistencia a la insulina, con mayores concentraciones de insulina en la sangre y del IGF-1. Las altas concentraciones de insulina y de IGF-1 pueden promover la formación de cáncer de colon, de riñón, próstata y de endometrio.
  • Las células grasas producen hormonas, llamadas adipocinas, las cuales pueden estimular o inhibir el crecimiento celular, es decir, el crecimiento del cáncer. Por ejemplo, la concentración de una adipocina llamada leptina parece promover la proliferación celular y su concentración incrementa en sangre conforme aumenta la grasa corporal. En cambio la adiponectina–que es menos abundante en las personas obesas que en las personas de peso normal–tiene efectos contrarios, antiproliferativos.
  • Cantidades más elevadas de estrógenos producidas por el tejido graso, lo que puede desencadenar el crecimiento de algunos tipos de cáncer, como el cáncer de mama o de endometrio.


La manera en que el peso cambia durante toda la vida también puede afectar el riesgo de cáncer. Por ejemplo, nacer con alto peso o tener exceso de peso durante la niñez, predispone a tener cáncer en edad adulta. Lo más adecuado es mantener un peso saludable a lo largo de todo el ciclo de la vida, el cual se ha asociado con un menor riesgo de cáncer y de reaparición de cáncer en los sobrevivientes de cáncer.

Actualmente ya es posible medir fácilmente en los pacientes su grado de oxidación e inflamación y, también, la capacidad antioxidante y antinflamatoria de su organismo. Esto nos permite a los médicos monitorizar dichos parámetros, conocer su respuesta al tratamiento aplicado, y con ello, poder ajustar al alta o a la baja las pautas de fármacos, complementos, alimentación y ejercicio, así como, los consejos para la reducción de tóxicos y radiaciones. Lo que ha supuesto un importante avance para detectar a personas con riesgo y también para ajustar mucho mejor los tratamientos aplicados a las personas con cáncer y otras enfermedades crónicas, al basarnos en datos objetivos de su oxidación-inflamación y su capacidad antioxidante-antinflamatoria.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog puede ayudarle a reducir su grasa abdominal, reduciendo los alimentos con carbohidratos y con grasas saturadas y aumentando los alimentos con fitoquímicos antioxidantes-antiinflamatorios.

 REFERENCIAS

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transdisciplinary studies. Endocr Relat Cancer. 2015 Dec;22(6):R365-86. doi:

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Setiawan VW, Yang HP, Pike MC, et al. Type I and II endometrial cancers: have they different risk factors?Journal of Clinical Oncology 2013; 31(20):2607-2618

 

Cáncer y alteraciones del gusto

La alteración del gusto influye negativamente en la ingesta de alimentos, siendo un factor más en la desnutrición asociada al cáncer.

Los hábitos alimenticios se rigen, en parte, por la detección sensorial del gusto. De hecho, el sabor de los nutrientes nos lleva a decidir rápidamente si aceptamos o rechazamos un alimento. Básicamente, hay cinco tipos de sabores: dulce, ácido, amargo, salado, umami y tal vez, un sexto sabor graso (Fig.1). Además del hecho de que el gusto es esencial para la vida porque regula la ingesta de alimentos, el sabor también proporciona placer hedónico de comer. La percepción del gusto también activa mediante señales neuroquímicas al sistema digestivo para que vaya preparando la digestión, absorción y transporte de nutrientes.

Fig 1.- La lengua contiene más de 5.000 papilas gustativas que se agrupan en varias zonas de sabores diferentes que estimulan los receptores de cada área.

Una alteración de la percepción del gusto (disgeusia) puede afectar la calidad de vida al afectar el apetito, peso corporal y bienestar psicológico del paciente. Hay varios factores que puede afectar la percepción del gusto, incluyendo deficiencias micronutricionales, medicamentos, alimentos, lesiones en la mucosa oral, infecciones, exposición prolongada a radiaciones y quimioterapia, tabaquismo, hepatitis crónica, insuficiencia renal, envejecimiento y alteraciones hormonales.

Los cambios en la percepción del gusto son especialmente importantes en enfermedades como el cáncer. La percepción alterada del gusto en el cáncer muchas veces no se le da la importancia real que tiene y es ignorada ya que no es una alteración que afecte a la vida de la persona, aunque le puede llegar a derivar a un estado de desnutrición.

De hecho, el síntoma más angustiante en pacientes con cáncer avanzado son las alteraciones gastrointestinales, mientras que el cambio del gusto es el cuarto síntoma más común después de la boca seca, pérdida de peso y saciedad temprana. Algunos estudios sugieren que el 15% de los pacientes, padecen cambios de gusto.

La inflamación crónica de bajo grado, la quimioterapia y radioterapia producen daños en las papilas gustativas.

Una de las características más destacadas del cáncer tal y como hemos explicado en anteriores artículos, es la estado inflamatorio de bajo grado. Las células cancerosas que proliferan rápidamente liberan una cantidad de señales (citoquinas/quimioquinas) que favorecen el reclutamiento de células inmunitarias (neutrófilos y macrófagos), que, a su vez, producen una serie de señales y mediadores citotóxicos. (Fig 2)

Figura 2.- Factores que afectan a las alteraciones del gusto en pacientes con cáncer.

Estas moléculas inflamatorias, a través de la sangre, también pueden ejercer su acción en el cerebro y modular las áreas involucradas en el control del comportamiento de alimentación, incluido el olor y la percepción del sabor. Por ello, las alteraciones del gusto en pacientes con cáncer son controladas tanto a nivel del paladar como del cerebro. Además, la inflamación produce una alteración en las papilas gustativas que da como resultado una alteración en la percepción del gusto.

Microbiota intestinal (“flora intestinal”). Otro factor que entra en juego en las alteraciones del gusto, es la microbiota. La abundancia de las bacterias orales varía de unas personas a otras, pero en personas con cáncer, esta variedad, que es positiva, disminuye. Al igual que pasa con el intestino, a mayor diversidad de microbiota oral, mejor salud bucal. Existen algunos estudios que relacionan la alteración de la microbiota oral e incluso intestinal, con alteraciones del gusto. Justamente, la alteración del gusto y el desequilibrio de la microbiota es muy frecuente cuando se realiza quimioterapia (aproximadamente un 70% de los pacientes lo muestran), además de una disminución del apetito y aparición de la fatiga.

Normalmente la quimioterapia aumenta los umbrales para el sabor amargo, aunque este cambio suele resolverse al cabo de los meses de finalizar el tratamiento.

Con la radioterapia, también son frecuentes los trastornos del gusto, sobre todo para cánceres de cabeza y cuello. El sabor amargo suele ser el más afectado, mientras que el sabor dulce se ve afectado en menor medida. El deterioro del gusto puede comenzar unas pocas semanas después del comienzo del tratamiento con radioterapia, pero suele recuperarse a los 6 meses – 1 año  después de finalizar el tratamiento, aunque algunos pacientes pueden sufrir pérdida permanente del gusto.

Además, la radiación y la quimioterapia inducen la muerte de las papilas gustativas existentes y de las células progenitoras del gusto y dañan las glándulas salivales afectando a la producción y composición de la saliva. Esto derivada en la boca seca o xerostomía, un problema más implicado en el cambio del gusto y la preferencia o rechazo del enfermo hacia determinados alimentos.

Micronutrientes como el zinc y un equilibrio de las grasas ingeridas, pueden ayudar a minimizar el daño en las papilas gustativas.

Incorporar algunos cambios en los hábitos dietéticos como utilizar más especies aromáticas, utilizar zumo de limón para aderezar…, puede ayudar en estos pacientes.

No debemos olvidar que la ingesta de micronutrientes como vitaminas y minerales, también se ven afectados al modificar los hábitos alimentarios. Por ejemplo el zinc es un importante micronutriente que juega un papel en la percepción del gusto. Algunos estudios sugieren que el agotamiento de zinc, el desequilibrio en los tipos de grasas ingeridas y otros micronutrientes están estrechamente relacionado con un cambio de gusto en pacientes con cáncer. Y un aporte correcto de ellos, puede ayudar a preservar y regenerar las papilas gustativas durante el tratamiento de cáncer.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

El artículo del blog Factores causales de la enfermedad crónica” puede ayudarle a localizar y resolver los factores causales de inflamación crónica de bajo grado.

BIBLIOGRAFÍA

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Cáncer y grasas

El tipo, la cantidad y la calidad de grasa consumida está relacionada con la aparición y el desarrollo de cáncer.

Se dispone de muchos datos que demuestran que en los animales cebados con regímenes alimentarios altos en grasas y energía, desarrollan tumores en la glándula mamaria, intestino, piel y páncreas, más fácilmente que en los animales alimentados con regímenes de bajo contenido de grasas. Estos datos concuerdan con los estudios realizados en humanos, que relacionan el exceso de grasas y energía con el cáncer mamario, de colon, páncreas y próstata.

Pero los estudios realizados en humanos, han mostrado una cosa más. Existen diferencias a nivel mundial en cuanto al porcentaje de cáncer y la ingesta de grasas a través de la dieta. Se ha observado una menor incidencia de diversos tipos de cánceres en países del área mediterránea que en otros países del norte de Europa y Estados Unidos, aspectos que llaman la atención si tenemos en cuenta que la ingesta media de grasa en los países mediterráneos es, en algunos casos, muy superior al resto de países. Esto se debe fundamentalmente a que las grasas mayoritarias en los países Mediterráneos proceden de aceites vegetales como aceite de oliva, frutos secos, semillas y pescados azules, mientras que en otros países, predominan aceites de soja, maíz, canola y poco consumo de pescados azules y frutos secos. Esto demuestra que no todas las grasas son iguales. El tipo, la cantidad y la calidad de grasa ingerida, influye más o menos en el aumento del tejido adiposo (grasa visceral y subcutánea), aumento de peso y su relación con la aparición y el desarrollo de cánceres.

El tipo de grasas consumidas son uno de los factores más relevantes en el control de la inflamación crónica de bajo grado y las patologías relacionadas, como es el caso del cáncer.

En el artículo anterior hablábamos del cáncer y la inflamación crónica de bajo grado, y cómo algunos factores dietéticos eran proinflamatorios y otros, al contrario, antiinflamatorios. Las grasas consumidas, pueden ejercer una u otra acción y han demostrado ser uno de los factores más relevantes. Conocerlas y consumirlas en equilibrio, puede ayudar a controlar la inflamación de bajo grado. Y es que actualmente hay un exceso de consumo de omega 6 vegetal de baja calidad y exceso de ácido araquidónico, los cuales, producen moléculas que son proinflamatorias, siendo perjudicial en todas aquellas patologías que tengan relación con la inflamación crónica de bajo grado, como el cáncer. Por el contrario, los omega 3, tanto los presentes en fuentes vegetales (semillas de lino, de chía, de cáñamo, de algas…), como las animales (pescados de aguas profundas y frías y marisco), producen moléculas antiinflamatorias, contrarrestando los efectos del exceso de la primera familia de ácidos grasos. Es por ello, que es muy importante para controlar la inflamación, consumir una relación omega 6:omega 3 de 5:1, por ejemplo, puesto que la alimentación actual occidental se sitúa en 20:1 o 15:1. (Fig.1).

Fig 1.- Vía de los ácidos grasos omega 6 y 3. De la vía omega 6, en general, se producen moléculas proinflamatorias, mientras de la vía omega 3, se generan moléculas antiinflamatorias. Si existe un desequilibrio en el consumo de estos alimentos, el medio celular puede estar más o menos inflamado, siendo un terreno favorable o desfavorable para el crecimiento y progresión del cáncer.

El consumo equilibrado de las adecuadas grasas omega 6 y omega 3 junto a la restricción de grasas saturadas y trans, puede ayudar a inhibir el crecimiento tumoral.

Las grasas están presentes en ciertas fases críticas de la carcinogénesis. En general, las dietas altas en grasa, sobre todo saturadas y omega 6 de baja calidad, son fundamentalmente promotoras del cáncer como el de mama, aunque dietas con una misma cantidad de energía, pero con determinados tipos de ácidos grasos y bajas en azúcares, pueden modular esa capacidad estimuladora. Así, los ácidos grasos poliinsaturados omega 6 presentes en aceites vegetales como los de maíz y soja, y los productos transformados/manipulados que los contienen, son en cierta forma, promotores de la carcinogénesis. Las grasas presentes en carnes, lácteos y productos cárnicos procesados, como el ácido araquidónico y grasas saturadas, también. Además, se ha descrito que estos dos tipos de grasas podrían actuar también como cocarcinógenos durante la iniciación, es decir, facilitando la acción de los agentes tóxicos que alteran a nuestro material genético.

Sin embargo, hay un ácido graso especial derivado de la familia de los omega 6, el ácido γ-linolénico (GLA), que supone una excepción dentro de esta familia, ya que posee propiedades antiproliferativas. Este ácido graso se encuentra fundamentalmente en el aceite de onagra y su consumo a través de los alimentos es bajo, casi nulo. Solo se producen concentraciones más elevadas vía la suplementación con complementos alimenticios de calidad. Por otro lado, los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 como el ácido eicopentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), presentes en el pescado azul (sardina, caballa, salmón, etc.) y sintetizados también a partir del ácido α-linolénico (ALA), presente en algunos aceites vegetales como el de chía o lino, serían inhibidores del crecimiento tumoral. Por otra parte, las grasas trans presentes en margarinas y productos de pastelería y panadería, parecen comportarse como los saturados, como cocarcinógenos.

El cáncer se desarrolla y se propaga si el entorno resulta favorable y nutritivo para estas células. Por ello, es muy importante tener un terreno o ambiente lo máximo de hostil para estas células y lo máximo favorable para las células sanas.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos (incluyen las grasas trans).

REFERENCIAS

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Cáncer y azúcar

Un exceso de hidratos de carbono contribuye a la enfermedad crónica.

Los hidratos de carbono (pan, pasta, patatas, frutas, miel…) son parte de la base de la pirámide alimenticia tal y como dicen los organismos y agencias dedicadas a la salud pública y la nutrición. Los hidratos de carbono son el combustible para nuestro organismo. Pero no todos los hidratos de carbono son iguales, ya que algunos se absorben rápidamente y otros, de forma más lenta. El exceso de hidratos que nuestro cuerpo no quema y no utiliza para la creación de nuevas células o tejidos, no se elimina, sino que se almacena en forma de grasa (en el abdomen, caderas, muslos…), que contribuirá a un exceso de peso, un estado inflamatorio de bajo grado y una mayor prevalencia de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, dislipemias u obesidad.

La glucosa se asocia al cáncer.

Se ha comprobado que factores relacionados con los hidratos de carbono y el metabolismo de la glucosa, como su contribución energética, el índice glucémico y la carga glucémica de los alimentos ingeridos, así como la insulinemia (tanto en ayunas como tras una sobrecarga oral con glucosa), pueden estar asociados al riesgo de desarrollar muchos tipos de cáncer. 1

Las células tumorales consumen glucosa con avidez.

En general, las células de un tejido normal adulto, en presencia suficiente de oxígeno, completarán la oxidación de casi todo el carbono de la glucosa ingerida hasta CO2, que será eliminado del organismo como un producto de desecho a través de la respiración. Un tumor en crecimiento necesita nutrientes en abundancia para proporcionar los componentes básicos para fabricar nuevas estructuras. En consecuencia, la mayoría de los tumores tiene un metabolismo más parecido al de un embrión en crecimiento que al de un tejido normal adulto. Las células tumorales consumen glucosa con avidez, importándola de la sangre a un ritmo que puede ser hasta 100 veces superior que el de las células vecinas normales. Además, sólo una pequeña fracción de esta glucosa importada se utiliza para producir ATP (la molécula energética del organismo) mediante un proceso que se llama fosforilación oxidativa. En su lugar, se produce una gran cantidad de lactato y la mayoría de los átomos de carbono restantes derivados de la glucosa se utilizarán como materia prima para la síntesis de las proteínas, ácidos nucleicos y lípidos necesarios para el crecimiento tumoral (ver Figura 1).

El consumo excesivo de glucosa, fructosa, sacarosa… aumenta la proliferación celular.

Se conoce que esta tendencia de las células tumorales a disminuir la fosforilación oxidativa, incluso cuando el oxígeno es abundante, a la vez que captan grandes cantidades de glucosa, promueve el crecimiento de las células cancerosas y se denomina efecto Warburg– ya que fue Otto Warburg el primero en observar ese fenómeno a principios del siglo veinte. Esta captación anormalmente elevada de glucosa, es lo que permite obtener imágenes de forma selectiva de los tumores en los escáneres de todo el cuerpo (PET o Tomografía por Emisión de Positrones), lo que proporciona una manera de monitorizar la progresión del cáncer y la respuesta a los tratamientos.

Por ello, un consumo excesivo de azúcar, especialmente como mono y disacáridos en forma libre como glucosa, fructosa, sacarosa y su forma de presentarse en los alimentos como jarabe de glucosa, jarabe de maíz, jarabe de arroz, melazas, dextrosa, etc.…, aumenta la proliferación celular.

Figura 1.- El efecto Warbug en las células tumorales es el reflejo del cambio espectacular en la captación de glucosa y el metabolismo de los azúcares.

Normalmente, en las células cuando no se reproducen y proliferan, queman prácticamente a su totalidad el azúcar que captan de la sangre para generar ATP (energía) mediante la fosforilación oxidativa que tiene lugar en un orgánulo de la célula que se llama mitocondria. Las células tumorales, por el contrario, producen abundante lactato aun en presencia de oxígeno. Este hecho es el resultado de la elevada tasa de captación de la glucosa.

Las dietas muy bajas en hidratos de carbono pueden tener un efecto antitumoral.

En contraposición a las dietas altas en hidratos de carbono y en especial los azúcares, se ha comprobado que las dietas que son bajas en hidratos de carbono o dietas cetogénicas, pueden tener un efecto antitumoral, y parecen ser eficaces a la hora de reducir el tamaño del tumor y evitar la pérdida de masa muscular asociada a la enfermedad 2,3.

La menor disponibilidad de la glucosa, hace inhibir el crecimiento del tumor. Teniendo en cuenta el alto metabolismo que caracteriza a las células tumorales, con la consiguiente demanda de oxígeno y energía, una inhibición de la angiogénesis (vasos sanguíneos nuevos que el tumor forma para poder crecer) y una limitación del aporte energético de la glucosa, podrían suponer una limitación importante en su crecimiento4. Los niveles elevados de glucosa también aumentan la capacidad de adhesión e invasión de las células tumorales5. Por ello, las dietas bajas en hidratos de carbono, y en concreto en azúcares, son muy importantes para detener el ciclo celular y la penetración tumoral.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

El artículo del blog “Glucosa, insulina y enfermedad crónica”  puede ayudarle a conocer y controlar mejor los riesgos de la glucosa e insulina elevadas:

Glucosa, insulina y enfermedad crónica

BIBLIOGRAFÍA

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