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Artículos COVID-19

La finalidad de estos artículos sobre el virus SARS-CoV-2 es aportar mis conocimientos y experiencia clínica en neumología y micronutrición, por si puedo ayudar a que este virus dañe a menos personas, al tiempo que mejoro su salud y calidad de vida.

El virus que ha ocasionado la pandemia actual se llama SARS-CoV-2 y la enfermedad que provoca es la COVID-19.

Lo que expongo en los siguientes artículos es simplemente mi opinión, respetando todas las demás opiniones.

 

Formas de evitar la infección vírica

Lavarse las manos frecuentemente con jabón o gel alcohólico, durante 20 segundos, especialmente cuando se haya contactado con superficies en lugares públicos.  

La gran mayoría de mascarillas son útiles para que la persona no infecte a otras, pero no para evitar el contagio propio. Sin embargo, los contagios se dan en espacios cerrados, proximidad y con cierta duración de la exposición (más de 15 minutos). Es difícil contagiarse cuando la otra persona se encuentra a más de 2 metros, o la exposición es corta, o el lugar está bien ventilado, o al aire libre.

Este tipo de virus son sensibles a las temperaturas elevadas, de más de 20 grados, y cuanto mayor la temperatura menor estabilidad del virus, y menor la transmisibilidad. Por tanto, al aire libre y con temperaturas altas es difícil contagiarse.

La inmunidad colectiva significa que cuando una cantidad suficiente de la población es inmune a un germen, su propagación se detiene de forma natural porque no hay suficientes personas capaces de transmitirlo. Entonces la comunidad es inmune, aunque muchas personas dentro de ella no lo sean. Debe tenerse en cuenta que la inmunidad desarrollada por otros gérmenes tambien pueden proteger. Es decir, no solo están protegidas las personas que se han infectado por SARS-CoV-2, tambien podrían estarlo otras que se han infectado por coronavirus del resfriado.

Por tanto, cuantas más personas se infecten en una comunidad, antes tendremos inmunidad colectiva. Y cuantas más medidas efectivas anticontagio tomemos, más lentamente se propagarán los virus y más tardará en establecerse la inmunidad colectiva. Aumentando el riesgo de rebrotes de la enfermedad en la población. Sin embargo, en situaciones en que se puede colapsar la sanidad no hay otra opción que tomar medidas anticontagio.

No hay síntomas específicos de infección por virus SARS-CoV-2 (COVID-19), pueden ser muy leves, hasta provocar una intensa sensación de ahogo. El síntoma de mayor alarma es el aumento de la sensación de dificultad al respirar con el esfuerzo o en reposo. Una prueba útil es inspirar todo el aire posible, retenerlo 10 segundos, y si no puede por tos o ahogo es preferible acudir a urgencias. También es signo de alarma el deterioro del estado general.

La infección por el virus SARS-CoV-2 puede contraerse de personas infectadas unos días antes de presentar síntomas, y tembién es posible contagiarse de portadores sin síntomas en ningún momento. La intensidad de los síntomas y la evolución de la persona contagiada depende de sus factores de riesgo (ver en el siguiente artículo) y de la carga viral (concentración del virus) de la persona que lo transmite. Cuanto mas sintómática la persona infectada, probablemente mayor sea la carga viral, y cuanto mas repetida sea la exposición, mayores posibilidades de contagio. Dudo, aunque no puedo asegurarlo, que una persona portadora asintomática pueda contagiar y causar COVID-19 intenso a otra sin factores de riesgo.

Si sospecha que ha podido contagiarse por este u otro patógeno, tenga en cuenta que los virus no resisten el calor y mueren si están expuestos a temperaturas mayores a 26-27 grados. Por tanto, para eliminar patógenos es preferible permanecer abrigado, llevar camiseta, pasar calor, sudar, tomar el sol, consumir bebidas calientes (infusiones, caldos) y no tomar bebidas frías.

La fiebre es una muy eficaz manera que el cuerpo utiliza para elevar la temperatura corporal central y defenderse de las infecciones. También la tos, diarrea y vómitos sirven para eliminar patógenos. No podemos cortar rápidamente todos estos mecanismos, o el virus lo tendrá más fácil para dañarnos.

El paracetamol solo debe utilizarse si la fiebre es mayor de 38,5º, o bien, si causa un gran malestar, y mejor no reducirla excesivamente. No debe utilizar ibuprofeno ni otros antiinflamatorios, por la posibilidad de empeorar la evolución del proceso.

Los test utilizados habitualmente para detectar el coronavirus presentan un alto porcentaje de falsos negativos y de falsos positivos. La mayoría de los test PCR dan falsos negativos y falsos positivos (los síntomas son producidos por otros virus u otra causa). La infección previa por coronavirus del resfriado común puede dar positivo a anticuerpos de COVID-19. Además, las pruebas pueden detectar fragmentos de virus muertos y no un virus vivo, y considerarse a la persona infectada, y estos fragmentos pueden tardar meses en desaparecer. También debe tenerse en cuenta que personas con “síntomas compatibles”, pero sin confirmar el diagnóstico, constan como que han padecido COVID-19, y puede ser que padezcan infecciones por otro patógeno, interactuaciones de patógenos, o simplemente agudizaciones de sus patologías de base. Los considerados brotes podrían deberse simplemente a un mayor número de pruebas realizadas con muchos falsos positivos (a mas pruebas mas casos). La implantación de medidas anticontagio en la población de una región debería basarse en el incremento (respecto a los años anteriores) del número total de pacientes hospitalizados graves y de fallecidos en esta región, con infección vírica demostrada, sin que pueda atribuirse dicho incremento a otros factores causales. Con los conocimientos y medios actuales no es acertado basarse en los resultados positivos de los test para considerar que son “brotes de enfermedad” y tomar medidas generalizadas.

Además, dar positivo, si el resultado es cierto, significa ser portador del virus, pero no necesariamente estar infectado y padecer la enfermedad COVID-19. Las enfermedades infecciosas no son tan simples como: germen malo – enfermedad. Los microorganismos (bacterias, virus, hongos…) forman parte de nosotros y la enfermedad puede producirse debido a virus contagioso con reactivación de otros patógenos latentes en la persona, junto a alteraciones del sistema inmunitario y factores de riesgo. Incluso puede aparecer sin ninguna nueva infección vírica, simplemente por una disfunción de la microbiota y del sistema inmune.

La gráfica mostrada a continuación, obtenida de la página https://ourworldindata.org/coronavirus-data, habla por si sola.

Casos diarios de covid muertes v191 850x600

Las pruebas más fiables son los análisis en sangre de anticuerpos IgM e IgG con sus niveles, con extracción de sangre en laboratorio de análisis clínicos, para determinar si la persona tiene infección por el virus y podría contagiar (IgM), y si ha adquirido inmunidad que la protege (IgG), y con qué niveles de IgG. De esta forma se pueden conocer las fases de la infección: inicial, temprana, activa, evolutiva y de resolución. Debe tenerse en cuenta que el virus puede persistir varias semanas después de la recuperación, e incluso confundirse con una reinfección.

La gran mayoría de las personas que contraen el SARS-CoV-2 adquieren inmunidad y quedan protegidas, aunque no hayan pasado síntomas, y la respuesta inmunitaria puede ir aumentando en las siguientes semanas. En algunos casos podría no dar suficiente inmunidad a la persona. Las personas con IgM negativo y con inmunidad adquirida (IgG) no pueden contagiar a los demás ni contraer de nuevo la infección. La duración de la inmunidad no se conoce, con algunos coronavirus la duración puede ser de uno a dos años. Sin embargo, no todo es tan simple, existen otros tipos de anticuerpos protectores no analizados, y la respuesta inmune no depende solo del nivel de anticuerpos, tambien depende de células inmunitaras que recuerdan y fabrican anticuerpos rapidamente cuando vuelven a encontrar al mismo virus, o incluso otros virus con características genéticas similares. Por tanto, muchas personas pueden ser resistentes (inmunes) al SAR-CoV-2 sin haber estado nunca expuestas a este virus, quizás por haber pasado un resfriado común el año anterior.

Lo apropiado actualmente es realizar un análisis de anticuerpos a partir de las 4 semanas de la sospecha de infección para conocer si persiste el virus, la inmunidad que se ha adquirido y con qué nivel de anticuerpos. Pero teniendo en cuenta que la persona podría tener inmunidad y estar protegida con un resultado negativo de anticuerpos IgG, debido a la presencia de otros anticuerpos, o bien, de células inmunitarias producidas por el SARS-CoV-2 o, incluso, por otros virus como los del resfriado común. Es decir, podría ser que las infecciones respiratorias habituales protegieran de la COVID-19, evitando la infección o modificando favorablemente su evolución.

Factores de riesgo de la COVID-19 y tratamientos

¿De donde proviene el virus SARS-CoV-2? Me resisto a creerlo, pero la evidencia es cada vez mayor de la filtración del virus SARS-CoV-2 desde un laboratorio de guerra biológica. Los ingenieros genéticos pueden lograr que coronavirus que infectan a pocas especies, como el murciélago, infecten a humanos, interfieran con el sistema inmune y se trasmitan más fácilmente por el aire. Son mutantes “mejorados” para “biodefensa”. Esto se consigue en laboratorios secretos, y funcionarios advirtieron incumplimientos en los procedimientos de seguridad en uno de estos laboratorios de los coronavirus del murciélago, con posible riesgo de producir una pandemia. Ni las administraciones ni otras organizaciones hicieron caso de las advertencias.

Por otra parte, las características estructurales que presenta el virus SARS-CoV-2 hacen sospechar  que no haya evolucionado ni mutado naturalmente de ningún coronavirus,  Además, los síntomas y la afectación que produce el SARS-CoV-2 en el organismo, como la infección de vasos sanguineos y promoción de coagulos, no parecen pertenecer a los de formas naturales de coronavirus, que son mucho mas benignos.

El virus SARS-CoV-2 podría comportarse de distinta manera a otros coronavirus que conocemos, pero no es tan dañino como parece, y podríamos estar mas protegidos por el sistema inmune de los que pensamos. Lo que realmente le hace dañino es que se transmite fácilmente en una población con muchos factores de riesgo.

La gran mayoría de personas que se contagian no presentan síntomas, o bien, estos son ligeros. Las personas que se agravan, y tienen que ser ingresadas, presentan varios de los siguientes factores de riesgo de mala evolución de la COVID-19 y de cualquier infección, en parte debido a la alteración de las mitocondrias (“motores” de energía de las células) y del sistema inmunitario que implican:

  • Edad avanzada, debido a la senescencia del sistema inmune, que implica un descenso de su capacidad de reconocer, alertar y destruir los patógenos, y ocasionar un estado proinflamatorio.
  • Obesidad, principalmente la obesidad abdominal o exceso de grasa visceral. Una persona puede no parecer obesa, pero lo es al tener un perímetro de cintura superior a 88 cm si es mujer y de 102 cm si es hombre.
  • Hipertensión arterial, no influyendo el tipo de fármaco utilizado.
  • Glucemias elevadas, hemoglobina glicosilada (mide las subidas de azúcar de los últimos 3 meses) elevada.
  • Inflamación crónica de bajo grado y estrés oxidativo, ocasionados por varias causas, pero especialmente por una alimentación proinflamatoria y prooxidante. Un parámetro indicador de inflamación es la proteína PCR de alta sensibilidad elevada.
  • Ferritina elevada, o exceso de hierro.
  • Fibrinógeno elevado, factor de riesgo de hipercoagulación.
  • Función hepática alterada. Por ejemplo, por hígado graso (esteatosis hepática) que padece el 25% de la población.
  • LDH elevada, parámetro que indica daño en los tejidos.
  • Sueño no reparador por: dormir pocas horas, despertarse a menudo, dormir con luz o ruido, tener el horario cambiado…
  • Enfermedad crónica: cardíaca, respiratoria, neurológica, hepática, renal, inmunodeficiente, autoinmune… o de otro tipo, especialmente si hay dos o mas patologías, disfunción mitocondrial y un mal control del exceso de oxidación e inflamación.
  • Tomar varias medicaciones de forma prolongada, especialmente las que afectan a las mitocondrias y deprimen al sistema inmune. Estar polimedicado.
  • Presentar insuficiencias y desequilibrios de micronutrientes básicos: vitaminas activas (incluidas las vitaminas A, C, D, K2 y grupo B), minerales esenciales, factores vitamínicos (coenzima Q10, ácido lipoico), ácidos grasos omega 3 y 6, aminoácidos básicos; insuficiencias que al contrario de lo que se piensa, son muy frecuentes en la población. Por ejemplo, los niveles bajos de vitamina D incrementan el riesgo de infección por el virus SARS CoV-2 (y de dar positivo en la PCR), así como, de hospitalizaciones, enfermedad grave y muerte por este virus; y la adminstración de vitamina D mejora la evolución de los pacientes con COVID-19, el riesgo de complicaciones y de muerte. Y lo mismo puede ocurrir con otros micronutrientes básicos.
  • Presentar exceso de tóxicos en su organismo: tabaco, alcohol, drogas, fármacos, contaminantes ingeridos (alimentos procesados, alimentos grasos no ecológicos…), inhalados (ambientales) o por contacto, metales tóxicos como mercurio y aluminio…
  • Estar expuesto a un exceso de radiaciones electromagnéticas: móviles, Tablets, ordenadores, antenas de telefonía móvil, wi-fi, algunos sistemas de iluminación, trasformadores, microondas… y especialmente la tecnología 5G. Pueden afectar al sistema inmune, activar virus latentes, empeorar la evolución de patologías crónicas, entre otros efectos.

Ademas, debe tenerse en cuenta el importante papel que tiene la microbiota: comunidad de microrganismos interconectados que trabajan juntos en equilibrio como un todo, como un organismo comunitario que reside en distintas localizaciones: microbioma de boca, laringe, nasal, estómago, intestino delgado, intestino grueso, uretra, vagina, conjuntiva, de la piel de una región…; con una gran simbiosis entre las células del cuerpo y sus bacterias, no siendo posible entenderlas por separado: las bacterias tienen genes que codifican proteínas y catalizan reacciones en el metabolismo celular. Si se rompe este equilibrio, pueden predominar virus y hongos. Virus y patógenos (incluyendo parásitos) que permanecen latentes, pueden reactivarse con el SARS CoV-2 (por ejemplo el virus EBV). La interactuación de distintos virus y patógenos en una microbiota desequilibrada es lo que puede causar una infección más grave.

La combinación de varios de estos factores afecta al sistema inmunitario, aumenta la infectividad y replicación de los virus (sea el SARS-CoV-2 u otro tipo), y favorece que se produzca un exceso de inflamación (tormenta inflamatoria), un daño en la hemoglobina liberándose hierro, neumonitis química (no infecciosa sino tóxica), hipoxia en todos los tejidos (debido a que la hemoglobina ha perdido su capacidad de unirse al oxígeno), daño y coagulos en vasos sanguineos, coagulación intravascular diseminada, y diversos daños en los órganos, especialmente pulmones, seguido de corazón, hígado y riñón. El uso de respiradores en estos pacientes empeora el pronóstico (fallecen la mayoría de los tratados con ellos), siendo más efectivo el tratamiento con otras técnicas, incluida la oxigenoterapia con cánulas nasales a bajo flujo. La ozonoterapia puede ser un tratamiento eficaz en estos pacientes.

Todos estos daños comentados pueden dejar secuelas posteriores, como fibrosis pulmonar, cardiopatías, neuropatías, o alteraciones en otros órganos. Cuanto mayor el daño y la agresividad del tratamiento aplicado, mayor la probabilidad de secuelas y patologías derivadas, aunque tambien se dan en personas afectadas leves. Tanto la infección viral como los fármacos aplicados afectan a las mitocondrias de diversos tejidos, lo que puede alterar funciones orgánicas y dar debilidad muscular, fatiga y tambien disnea.

Sin la combinación de varios de los factores de riesgo mencionados, resulta mucho más difícil que las infecciones respiratorias causen estos efectos devastadores en el organismo y también que provoquen síntomas y secuelas posteriores.

Una persona puede ser considerada sana y sin riesgos, pero cuando se estudia adecuadamente resulta que presenta varios de estos factores; por ejemplo: insuficientes vitaminas D, K2, C y B12, magnesio y zinc, o ferritina elevada, o hígado graso, o perímetro de cintura elevado, o trabajar en lugar contaminado y con radiaciones y presentar un exceso de tóxicos; con una microbiota alterada. Implicando que al contagiarse su evolución sea desfavorable y/o que presente secuelas.

Muchos de estos factores de riesgo causantes de mala evolución de las infecciones no se tienen en cuenta. Deberían considerarse y actuar sobre ellos o no conseguiremos vencer realmente a esta pandemia ni a las que vengan a continuación, ni tampoco a las epidemias de enfermedades crónicas que ya estamos padeciendo y de las que se habla poco, aunque son causa de mucha mayor morbilidad y mortalidad: obesidad, diabetes, cardiopatías, EPOC, esteatosis hepática, demencia, autoinmunes, cáncer… etc.

Todos esperan el descubrimiento del fármaco que mate a este virus. Pero los virus mutan, y aparecen otros nuevos, y el fármaco “descubierto” se aprobará mediante estudios cuestionables, o dejará de ser efectivo, o no actuará en ciertas formas o etapas de la enfermedad, o podría tener efectos peores que la propia infección en ciertos pacientes. Los fármacos utilizados actualmente presentan toxicidad mitocondrial, aumentan el riesgo de cardiopatías y, estoy convencido que también de secuelas. Además, los tratamientos farmacológicos no solo no solucionan los factores de riesgo, sino que los acentúan, son tóxicos y agravan el desequilibrio micronutricional y la disfunción mitocondrial. Naturalmente que el médico necesita armas para actuar en situaciones agudas con el paciente seriamente comprometido, pero si no atenúa su toxicidad y corrige factores de riesgo, los daños ocasionados en el paciente pueden conducir a muy diversos trastornos y patologías. Los fármacos realmente eficaces para sacar adelante al paciente en situación critica siguen siendo los mismos de siempre: corticoides, antibióticos y anticoagulantes; y serían todavía mas eficaces y menos tóxicos si se asociaran a conjuntos micronutricionales.

No es posible un fármaco curativo milagroso, siempre serán moléculas extrañas al cuerpo, que pueden mejorar parámetros o funciones, pero empeoran otros, especialmente cuando se combinan varios fármacos. Una infección no se vence solo inhibiendo o matando al patógeno, para evitar consecuencias (incluido el exceso de respuesta inflamatoria) y que no se repita, siempre debe restaurarse la capacidad de la persona para superarla, lo que implica mejorar la función mitocondrial y respuesta inmune. La única forma de curar una enfermedad es hallar y solucionar sus causas, además de neutralizar los efectos dañinos de los fármacos que ha sido necesario administrar, utilizando solo los imprescindibles.

El tratamiento con IgIV se está investigándose para pacientes de COVID-19. Es muy interesante y consiste en administrar al paciente infectado inmunoglobulina de sujetos normales o de sujetos convalecientes por infección viral, y casi carece de efectos secundarios.

Todos esperan la vacuna que salve a la humanidad.  Pero esta vacuna será aprobada a través de un proceso acelerado, sin una vigilancia adecuada, ni evaluación correcta de efectos secundarios. Los ensayos de esta forma no exponen si puede tener efectos genéticos dañinos, como ha ocurrido ya con otras vacunas utilizadas, causantes de trastornos graves. Las personas genéticamente predispuestas a la autoinmunidad podrían ser de las mas afectadas negativamente por la nueva vacuna. Los coadyuvantes que se incorporan a las vacunas con diferentes funciones ya se ha demostrado que pueden presentar efectos adversos.

Un nueva vacuna que se está creando apresuradamente no utiliza virus vivos o atenuados, sino ARN por primera vez. Es decir, estamos ante un virus nuevo quizás genéticamente modificado que no conocemos bien, se utiliza una técnica nueva y podría estar en el mercado en meses. ¿Que ocurrirá cuando las personas vacunadas se expongan al virus? ¿Puede darse una respuesta inmune no esperada, al producirse anticuerpos distintos a los estudiados que causen inflamación y empeoren la evolución?

Por otro lado, la acción protectora de una vacuna se produce al activar al sistema inmune adecuadamente, y esto no es posible si este sistema no dispone de sus componentes en buenas condiciones, lo que depende del correcto aporte micronutricional y la reducción de los factores de riesgo mencionados. Esta es una de las causas de falta de respuesta a vacunas de uso común en un porcentaje elevado de personas de edad avanzada, y también en todas las edades. Precisamente las personas teoricamente mas necesitadas de una vacuna para el SARS-CoV-2, podrían ser las que tuvienran una respuesta mas débil o defectuosa, si no se restablece su sistema inmunitario antes de administrarla.

Parece que las personas vacunadas de la gripe podrían ser mas vulnerables a la infección por coronavirus, quizá por una interferencia viral según la cual la presencia de un virus puede favorecer la infección por otro virus distinto.

Por último, recordar que virus diferentes pueden inducir inmunidad entre ellos, y que la inmunidad colectiva a la COVID-19 podría producirse mas rápidamente de lo esperado, y no ser tan necesaria una vacuna generalizada.

Como resolver los factores de riesgo de la COVID-19

Mejorar el sistema inmune y corregir los factores de riesgo. Las infecciones respiratorias en su fase aguda deben tratarse a menudo mediante antibióticos y otros fármacos. Sin embargo, para prevenirlas, atenuar su intensidad y evitar daño en el organismo, complicaciones y secuelas, solo es posible lograrlo cuando se mejora el sistema inmunitario y se corrigen los factores de riesgo, incluyendo la restitución de la función mitocondrial en los tejidos afectados. Consiguiendo así, además:

  • mejorar las enfermedades que ya está padeciendo la persona,
  • prevenir patologías a las que tenga una predisposición genética y
  • librarse de muchos efectos adversos ocasionados por los fármacos.

Los factores de riesgo mencionados solo pueden corregirse aplicando medicina micronutricional, que incluya aporte de micronutrientes, alimentación adecuada y reducción de tóxicos y radiaciones, junto a práctica adecuada de actividad física, sueño reparador y un buen estado psíquico. Las mitocondrias (“motores” de energía de la célula) cuando estan dañadas solo es posible mejorarlas mediante micronutrición que incluya: vitaminas B activas, vitamina C, magnesio, coenzima Q10, ácido R-lipoico, NAC y acetil-L-carnitina.

Todos los factores de riesgo se atenúan mediante el método expuesto en esta web, que aporta el conjunto de nutrientes básicos: vitaminas activas y minerales, factores vitamínicos, ácidos grasos omega y aminoácidos básicos; reduce las moléculas proinflamatorias y tóxicas en el cuerpo y equilibra la microbiota. Mejorando asi la función mitocondrial celular y el sistema inmunitario.

Sin embargo, en función del factor de riesgo puede ser conveniente añadir a los complementos básicos del método, algunos micronutrientes básicos u otros nutrientes, por ser frecuentemente insuficientes sus niveles en tejidos, y lograr así mejores resultados:

  • Si obesidad, especialmente obesidad abdominal, resulta eficaz añadir:  R-lipoico
  • Si glucemias o hemoglobina glicosilada elevadas, resulta eficaz añadir: R-lipoico
  • Si función hepática alterada o esteatosis hepática, resulta eficaz añadir: Rlipoico + NAC
  • Si ferritina elevada, resulta eficaz añadir: Rlipoico + NAC
  • Si exceso de tóxicos, como tabaco, alcohol, contaminantes o metales tóxicos: mercurio, aluminio, cadmio, arsénico…; resulta eficaz añadir: Rlipoico + NAC
  • Si exceso de radiaciones, también resulta eficaz añadir: Rlipoico + NAC
  • Si sueño no reparador, resulta eficaz añadir: Melatonina. Podría ayudar a mejorar al sistema inmune y reducir la “tormenta inflamatoria”.
  • Si toma fármacos que dañan las mitocondrias o al sistema inmune, como las estatinas y los  corticoides, el médico debe valorar el substituirlos por otros de menor riesgo.
  • Si enfermedad crónica de cualquier tipo: respiratoria, cardíaca, hepática, renal, digestiva, neurológica, psíquica, inmunodeficiente, autoinmune, cáncer…, resulta eficaz añadir: Vit A + Vit C + Vit D + Vit K2 + Zinc + Magnesio + Rlipoico +NAC
  • Si patología respiratoria: alergia respiratoria, asma, EPOC, fibrosis pulmonar…, resulta eficaz añadir: Quercetina
  • Si vitamina D insuficiente, es necesario siempre analizar sus niveles, y aportar el tipo y la cantidad de Vit. D de acuerdo con los resultados de los controles. Si se administra vit D se crea mayor demanda de Vit K2.
  • Si síntomas que hacen sospechar infección, añadir lo antes posible: Rlipoico + NAC +Vit C + Vit A + Quercetina + Zinc + Melatonina; analizar la Vitamina D (calcidiol y calcitriol) y aportar vit D3, o calcidiol, o calcitriol a la dosis adecuada, teniendo en cuenta la vit. K2. Si se administran dosis elevadas de Vit. C, debe incrementarse la producción de glutatión. 

Controlar o neutralizar los factores de riesgo antes y durante las infecciones por SARS-CoV-2 o cualquier otro patógeno, mejora la función mitocondrial y el sistema inmunitario y aporta muchos beneficios: 

  • previene infecciones,
  • atenúa los síntomas de la infección,
  • mejora la evolución si se contrae la enfermedad infecciosa,
  • reduce los efectos secundarios de los tratamientos aplicados,
  • evita o atenúa las secuelas que pueden presentarse posteriormente,
  • mejora la calidad de vida tanto física como psíquicamente,
  • favorece una buena evolución de los factores de riesgo y de las patologías que padece la persona, evita complicaciones, pruebas médicas e ingresos, y ayuda a reducir fármacos.

El organismo de una persona necesita el conjunto completo de nutrientes básicos para funcionar correctamente, incluyendo la producción de energía (función mitocondrial), la capacidad antioxidante y antiinflamatoria, el equilibrio de la microbiota, el sistema inmunitario y la función de todos los órganos, completamente interconectados entre sí. Solo que uno de estos micronutrientes activos sea insuficiente, hecho frecuente en todas las edades, el organismo deja de funcionar correctamente y aparecen síntomas y patologías. Y resulta que los médicos no suelen pensar en los micronutrientes, porque no se incluyen en su formación ni en la investigación médica convencional.

Aportar el conjunto micronutricional básico, completado con otros nutrientes no comporta ningún riesgo, efecto adverso, ni interacción, y puede cambiar favorablemente la evolución del paciente. No perdemos nada y podemos ganar mucho.

Tendría más sentido que en los protocolos de intervención médica, se aplicara micronutrición, antes o al mismo tiempo de aplicar fármacos y otros tratamientos. Así podría corregirse la posible coexistencia de una insuficiencia micronutricional y disfunción mitocondrial causal de base, que el tratamiento médico casi siempre va a acentuar. Se presupone siempre, incluso en pacientes con factores de riesgo y crónicos, que el cuerpo ya dispone de todos los metabolitos nutricionales esenciales; por desconocimiento, porque ya existe suficiente evidencia de que no es así. Es preferible aportar una base de micronutrientes para asegurar unos mínimos niveles en tejidos, ya que no representa ningún riesgo hacerlo.

Se evitarían tratamientos agresivos, efectos adversos, complicaciones y dinero, al mejorar suficientemente a muchos pacientes debido a que el principal problema de base a menudo es un desequilibrio micronutricional junto a un exceso de moléculas tóxicas.

No estoy en contra de la medicina convencional, ni de los fármacos. Son necesarios y los utilizo diariamente. Pero si me preocupa mucho que los médicos no consideren a los micronutrientes como una herramienta terapéutica habitual. Es como si los micronutrientes no existieran, a pesar del acumulo de investigación y de experiencia clínica, de ser la única forma de mejorar la función mitocondrial, y de la rápida mejoría observada en casi todos los pacientes que se aplican correctos protocolos micronutricionales y de alimentación junto a reducción de tóxicos.

Creo firmemente que la única manera de vencer realmente las epidemias que padecemos: infecciosas, de enfermedades crónicas y de cáncer, es mediante medicina micronutricional y reducción de tóxicos. Los fármacos ayudan a manejar situaciones agudas y las vacunas pueden reducir el número de contagiados por algunas infecciones, pero los dos no solo no actúan sobre los factores causales, sino que los incrementan.

Finalmente, lo que voy a decir sé que es utópico, pero voy a decirlo para hacernos pensar.

Si se pudiera realizar un screening a toda la población de los factores de riesgo mencionados con un simple cuestionario y análisis de sangre, podrían conocerse los sujetos más susceptibles a tener una mala evolución con la COVID-19. Estos sujetos serían “personas de riesgo” que deberían seguir unos protocolos establecidos para:

  • evitar el contagio y
  • reducir los factores de riesgo.

Posteriormente se practicaría un control para valorar si aún son “personas de riesgo”, y establecer las medidas a seguir de acuerdo con el riesgo y la situación general.

Las “personas sin riesgo” seguirían con su vida normal, trabajando, cuidando de las “personas de riesgo”, y ayudando a impulsar al país. Muchas se contagiarían por diferentes virus con pocos síntomas e inmunizarían, y así conseguiríamos una inmunidad colectiva que evitaría o atenuaría lo rebrotes, como ha ocurrido con la gran mayoría de infecciones víricas respiratorias de la humanidad.

Actuando de esta forma, no solo se lograría reducir la incidencia, morbilidad y mortalidad de las infecciones de todo tipo, incluida la COVID-19, sino que, al influir en los factores de riesgo, también se reduciría la incidencia, morbilidad y mortalidad de todas las patologías crónicas epidémicas que nos están dañando mucho más: obesidad, hipertensión, dislipemia, diabetes, enfermedades cardíacas, respiratorias, hepáticas, digestivas, renales, reumáticas, neurológicas, psíquicas, inmunodeficientes, alérgicas, autoinmunes, cáncer… Mejorando la calidad de vida de las personas afectadas, evitando muchos fallecimientos y ahorrando miles de millones en: fármacos, pruebas médicas, ingresos, intervenciones, asistencia social, dependencia, bajas laborales, paro, jubilaciones anticipadas … etc. Millones que en parte podrían destinarse a la investigación médica pública bien dirigida, incluyendo la medicina micronutricional, y a reducir todavía más los factores de riesgo en la población.

¡¡Y esta pandemia habría beneficiado a la salud de la humanidad!!

Veamos lo que opinan algunos profesores expertos en el tema:

La declaración de Great Barrington