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Cáncer

Lo que expongo sobre el cáncer en los siguientes artículos se basa principalmente en conocimientos aceptados y en mi experiencia clínica. Por esto no hay referencias ni estadísticas. El lenguaje utilizado es llano y los conceptos están simplificados para llegar al mayor número de personas.

La persona que padece cáncer debe ser diagnosticada y tratada por un oncólogo junto a otros diversos especialistas, incluyendo a un experto en micronutrición.

  1. Diferencias entre la célula normal y la cancerosa.
  2. Por qué se transforman células normales en cancerosas hasta manifestarse el cáncer.
  3. Por qué el sistema inmunitario es importante en una persona con cáncer.
  4. Por qué el cáncer se extiende en una persona.
  5. Como podemos conseguir detener la extensión del cáncer en una persona.
  6. Tratar los aspectos genéticos en la persona con cáncer.
  7. Tratar el aspecto metabólico en la persona con cáncer.
  8. Restablecer la función mitocondrial en la persona con cáncer.
  9. Mejorar la función inmunitaria en la persona con cáncer.
  10. Controlar el exceso de inflamación en la persona con cáncer.
  11. Abordar el ámbito tumoral en la persona con cáncer.
  12. Alimentación y micronutrición en la persona con cáncer.
  13. Apuntes sobre quimioterapia y hormonoterapia tradicionales.
  14. Apuntes sobre terapia molecular dirigida del cáncer
  15. Terapia metabólica en las personas con cáncer.
  16. Micronutrición en el tratamiento oncológico convencional.
  17. Test genéticos para la detección del riesgo de cáncer.
  18. Nociones a tener presentes la persona con cáncer.

 

1. Diferencias entre la célula normal y la cancerosa

Extracto del artículo

La célula es la unidad funcional de nuestro cuerpo, con unos orgánulos llamados mitocondrias que son los “motores” de energía para el funcionamiento de la célula y del cuerpo, y poder mantener la vida y la salud. Las mitocondrias también controlan la apoptosis o muerte celular cuando la célula puede ser peligrosa para el organismo.

Los nutrientes glucosa (carbohidrato simple) y glutamina (aminoácido) son los dos principales metabolitos a partir de los cuales, siguiendo distintas rutas metabólicas se produce energía (ATP) dentro de la mitocondria y se sintetizan las moléculas que necesita la célula para funcionar, como por ejemplo el metabolito acetil-CoA que es clave para el metabolismo celular.

La célula cancerosa crece rápidamente y forma masa tumoral, debido a mutaciones propias, mutaciones adquiridas, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular y fallo de la apoptosis.

Cuando hay falta de oxígeno o las mitocondrias no funcionan adecuadamente, se activan rutas metabólicas en el citoplasma de la célula cancerosa para generar energía (ATP) directamente a partir de la glucosa (ruta glucolisis), sin necesitar de las mitocondrias, y se produce lactato, que es eliminado fuera de la célula acidificando el medio externo.

Pero la célula cancerosa no solo precisa de más energía, también requiere producir mayor cantidad de ácidos grasos, aminoácidos y nucleótidos a partir del acetil-CoA. Y esto lo consigue principalmente a partir de la glutamina (ruta glutaminolisis), aunque las mitocondrias no funcionen correctamente.

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Conocer de forma simplificada y comprensible el metabolismo de la célula normal y sus mitocondrias, es imprescindible para poder entender que es el cáncer y cómo la micronutrición puede influir en una evolución favorable.

La célula es la unidad funcional de nuestro cuerpo, y la que permite realizar todas sus funciones. Están formadas por:

  • membrana celular que las recubre, con un papel vital para la célula.
  • núcleo con el ADN nuclear (genes).
  • citoplasma que es la parte entre la membrana y el núcleo.
  • 20 a 2000 mitocondrias, orgánulos con sus membranas mitocondriales externa e interna y su ADN mitocondrial (genes), que son “motores” de energía para poder realizar todas sus funciones. Son orgánulos dinámicos, es decir, adaptan continuamente su número, morfología y función a los estímulos ambientales y de desarrollo.
  • otros orgánulos: ribosomas, peroxisomas, lisosomas, vesículas… con diferentes funciones.

Para que la célula funcione, crezca, se reproduzca y se repare correctamente, necesita básicamente: glucosa (carbohidratos), ácidos grasos (grasas), aminoácidos (proteínas), nucleótidos (ADN, ARN), agua y oxígeno; para poder producir la energía (ATP) necesaria y formar y mantener todas sus estructuras. Las células están compuestas por estos tipos de moléculas, pero su mayor parte la forman proteínas. El cuerpo esta formado por billones de células que fabrican miles de proteínas diferentes.

El metabolismo nutricional es el que permite la producción y utilización de la energía de la célula y la síntesis de sus componentes. En la célula, a partir de los micronutrientes glucosa, ácidos grasos y aminoácidos, se forma el metabolito acetil-CoA, a partir del cual se produce energía (ATP) en la mitocondria. También a partir de acetil-CoA se forman otros carbohidratos, ácidos grasos, aminoácidos, grasas y proteínas, que necesita la célula, gastando la energía (ATP) generada. Es el metabolismo nutricional, que utiliza rutas o vías metabólicas (conversiones de un metabolito en otro) y necesita enzimas para cada una de estas conversiones: las enzimas metabólicas, o moléculas que intervienen en cada paso metabólico para que pueda realizarse.

Ruta metabólica. Por ejemplo: metabolito A inicial à metabolito B intermedio à metabolito C intermedio à metabolito D à metabolito E final. En cada paso metabólico interviene una enzima metabólica específica para que sea posible. El metabolito final D puede ser metabolito inicial de otra ruta metabólica. Por ejemplo, acetil-CoA es metabolito final e inicial de las rutas metabólicas celulares clave. Sin embargo, todos los componentes celulares están completamente intercomunicados entre sí, y si cambia la concentración del metabolito C no solo se afecta la función del metabolito D y E, se afecta la función de A, B, D y E.

Los micronutrientes más básicos que deben estar a niveles suficientes y en equilibrio en tejidos para el funcionamiento celular son: vitaminas (A, C, D3, E, K2, formas activas del grupo B: tiamina, riboflavina 5 fosfato, niacinamida, ácido nicotínico, metilfolato, piridoxal 5 fosfato, D-biotina, ácido pantoténico, metilcobalamina, dibencozida), factores vitamínicos (colina, inositol, coenzima Q10, ácido R-lipoico), minerales (magnesio, calcio, cobre, zinc, hierro, cobre, manganeso, selenio, azufre, cromo, molibdeno, silicio), ácidos grasos (omega 3: ALA, EPA y DHA, omega 6: LA y GLA), aminoácidos esenciales (lisina, leucina, isoleucina, valina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano, histidina) y aminoácidos semiesenciales (cisteína, tirosina, prolina), nucleótidos (uridina, citicolina).

Las moléculas proinflamatorias y tóxicas que afectan al funcionamiento celular pueden tener muy diversas procedencias: tóxicos consumidos, producidas en la manipulación de los alimentos, contaminantes de los alimentos, contaminantes de productos para el cuidado personal, contaminantes ambientales, metales pesados incorporados al cuerpo, radiaciones electromagnéticas. También moléculas proinflamatorias nutricionales (glucosa, fructosa, grasas trans, acido palmítico, acido glutámico…) procedentes de algunos alimentos habituales (azúcar, leche, trigo, grasa animal, aceites vegetales…).

Las mitocondrias son los centros metabólicos donde se produce la energía necesaria para el funcionamiento de la célula y del cuerpo, para mantener la vida y la salud. Son el centro de poder de la célula.

Las mitocondrias son los principales controladores de la muerte celular programada o apoptosis. Las células están programadas para crecer y morirse, de “viejas” cuando han cumplido su misión, o “suicidándose” cuando no son necesarias, o son privadas de oxígeno o nutrientes, o presentan daños o mutaciones (cambios en los genes) que no son capaces de reparar y pueden volverlas peligrosas para el organismo, para ser substituidas por células sanas. Es la muerte celular programada llamada apoptosis, una forma de muerte muy necesaria para nuestra salud y supervivencia. Las mitocondrias son necesarias para una correcta apoptosis que evita tumores, autoinmunidad, procesos degenerativos… Las mitocondrias también controlan la autofagia, que es el proceso para limpiar los desechos acumulados y las toxinas, y para reciclar los componentes celulares dañados.

Cuantas más mitocondrias y mejor funcionen, menor inflamación, mejor salud y más se ralentiza el proceso de envejecimiento. Estimular la biogénesis mitocondrial (formación de nuevas mitocondrias) es una buena estrategia para prevenir y ayudar a revertir los procesos patológicos.

Los nutrientes glucosa (carbohidrato simple) y glutamina (aminoácido) son los dos principales metabolitos a partir de los cuales, siguiendo distintas rutas metabólicas se produce energía (ATP) dentro de la mitocondria y se sintetizan las moléculas que necesita la célula para funcionar, como por ejemplo el metabolito acetil-CoA que es clave para el metabolismo celular.

La célula normal utiliza habitualmente glucosa para generar la energía (ATP) que necesita en las mitocondrias, pero puede utilizar ácidos grasos y cuerpos cetónicos cuando no dispone de glucosa. Cuando no hay suficiente glucosa, a partir de los ácidos grasos se producen en el hígado unos productos llamados cuerpos cetónicos, que llegan a las células de los otros tejidos del cuerpo y, a partir de ellos, se obtiene una energía más eficiente, estable y duradera que de la glucosa. El metabolismo de la célula normal utiliza glucosa y oxígeno para generar energía, con la flexibilidad metabólica de poder utilizar ácidos grasos y cuerpos cetónicos. La célula tiene la capacidad de limpiar los desechos y las toxinas (autofagia), así como, de morir (apoptosis) si se daña. Y todo depende de las mitocondrias.

La célula cancerosa crece rápidamente y forman masa tumoral, debido a mutaciones propias, mutaciones adquiridas, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular y fallo de la apoptosis.

Cuando hay falta de oxígeno o las mitocondrias no funcionan adecuadamente, se activan rutas metabólicas en el citoplasma de la célula para generar energía (ATP) directamente a partir de la glucosa (ruta glucolisis), sin necesitar de las mitocondrias. Tanto más se activarán dichas rutas cuanto menor la cantidad de oxígeno disponible y más afectadas estén las mitocondrias. Entonces se produce mayor cantidad de un metabolito final de estas rutas metabólicas llamado lactato, que es eliminado fuera de la célula acidificando el medio externo. El lactato es necesario para acidificar, invadir y como combustible de la célula cancerosa. La célula cancerosa se divide (prolifera) rápidamente, necesita mucha energía para lograrlo, y una de las formas de conseguirlo es activando estas vías porque la velocidad de producción de ATP es mayor y lo puede producir también si hay falta de oxígeno y de nutrientes y si esta alterada la función mitocondrial. Para ello, en la célula cancerosa están sobreactivadas las enzimas metabólicas de estas rutas, como las enzimas glucolíticas de la ruta glucolisis.

Pero la célula cancerosa no solo precisa de más energía, también requiere producir mayor cantidad de ácidos grasos, aminoácidos y nucleótidos a partir de su metabolito precursor acetil-CoA, cuya demanda está incrementada. Y esto lo consigue principalmente a partir de la glutamina (ruta glutaminolisis), aunque las mitocondrias no funcionen correctamente. La mayoría de las células cancerosas dependen de la glutamina para formar acetil-CoA y no pueden sobrevivir en ausencia de glutamina exógena, y cuanto más invasivas y metastásicas más dependientes de la glutamina, y más sobreactivadas tienen las enzimas de sus rutas metabólicas. La glutamina podría ser el precursor metabólico más importante para las células cancerosas después de la glucosa, y el grado de consumo de glutamina está inversamente relacionado con la disponibilidad glucosa, y en menor medida de los ácidos grasos. Si el cáncer no dispone de suficiente glucosa (glicolisis), utiliza glutamina (glutaminolisis) y, cuando esta se agota, la obtiene de los músculos, ocasionando pérdida de masa muscular y, finalmente, caquexia.

Sin embargo, muchas células cancerosas poseen una gran flexibilidad para producir acetil-CoA, adaptándose a los cambios en los ambientes metabólicos. Y las enzimas metabólicas de las diferentes rutas metabólicas para formar acetil-CoA están sobreactivadas en la célula cancerosa, debido a una combinación de mutaciones propias y adquiridas.

En la célula cancerosa es común que las rutas metabólicas de la mitocondria para la generación de energía estén afectadas. La célula cancerosa presenta frecuentemente mutaciones (cambios genéticos) en el ADN mitocondrial que inhiben la producción de enzimas metabólicas de la ruta central de la mitocondria (ciclo de Krebs) y otras rutas para la generación de ATP (fosforilación oxidativa), acumulándose marcadamente diversos metabolitos y reduciéndose la producción de energía mitocondrial.

La célula cancerosa se caracteriza por una alteración del ADN mitocondrial mayor que del ADN nuclear, una cantidad y función de las mitocondrias reducida y un metabolismo celular distinto llamado reprogramación metabólica. La mayoría de células cancerosas contienen menos mitocondrias y muchas son anormales estructural y funcionalmente, y cuantas más mutaciones mitocondriales peor la generación de energía (ATP) mitocondrial que precisa oxígeno. En la célula normal aproximadamente el 95% de la energía (ATP) se produce en las mitocondrias (metabolismo mitocondrial) y el 5% fuera de las mitocondrias (metabolismo glucolítico). En la célula cancerosa la producción de energía fuera de las mitocondrias puede ser del 60%.

Las células cancerosas cambian su metabolismo en función de la disponibilidad de glucosa y glutamina, y del grado de participación de la mitocondria. Las alteraciones metabólicas son una causa principal de tumorigénesis, metástasis y resistencia a las terapias del cáncer.

En una masa de células cancerosas o tumor no todas las células son cancerosas y las que lo son no se comportan de igual forma, unas podrían cambiar del metabolismo glucolítico (citoplasmático) al metabolismo mitocondrial, otras podrían estar siempre en glucolisis y otras en metabolismo mitocondrial y glucolisis con oxígeno. Las células tumorales que rodean los vasos sanguíneos están bien oxigenadas y las alejadas están pobremente oxigenadas (hipoxia). Todas las células del tumor, incluidas las no cancerosas del microambiente tumoral, trabajan juntas para apoyar el crecimiento del tumor. Se produce una ayuda mutua metabólica entre las células cancerosas de distintas partes del tumor, como, por ejemplo: el lactato generado en células de zonas hipóxicas se elimina al ambiente tumoral y es captado por células de regiones con oxígeno. En ellas, este lactato genera energía (ATP), necesitando menos glucosa, que así podrá servir para las células hipóxicas.

Las células madre de cáncer CSC, son subpoblaciones de células dentro de los tumores malignos heterogéneos, pudiendo ser responsables de su iniciación, mantenimiento de la masa tumoral, metástasis y resistencia a tratamientos, y pueden persistir a largo plazo para provocar la recurrencia del cáncer. Pueden crecer lentamente por lo que la mayoría de fármacos de quimioterapia les afectan menos, y tienen la capacidad de producir nuevos tumores. Las CSC pueden estar en latencia, o diseminadas (perivascular, médula ósea…). Algunas terapias pueden inducir la inactividad, otras pueden reactivar las células inactivas. Además, las CSC, en un acoplamiento metabólico, podrían ayudar a las células cancerosas en su crecimiento, expansión y resistencia a los tratamientos.

2. Por qué se transforman células normales en cancerosas hasta manifestarse el cáncer

Extracto del artículo

La predisposición genética al cáncer consiste en tener desde el nacimiento genes con cambios o mutaciones genéticas propias que favorecen el cáncer. Les llamo genes responsables.

Los factores bioquímicos de riesgo son principalmente las insuficiencias y los desequilibrios de micronutrientes y el exceso de moléculas proinflamatorias, procancerígenas y tóxicas, ocasionado por los factores externos causales: alimentación inadecuada, exceso de tóxicos y de radiaciones electromagnéticas, falta o exceso de ejercicio, sueño no reparador, estrés y emociones negativas persistentes, infecciones por determinados patógenos, y fármacos.

Todo ello conduce a un exceso de inflamación general y local en el organismo, pudiendo ocasionar un daño mitocondrial que empuje a la célula a cambiar su metabolismo (reprogramación metabólica) para sobrevivir y poder dividirse, pasando de un metabolismo mitocondrial a un metabolismo glucolítico fuera de las mitocondrias para producir la energía (ATP) necesaria. La disfunción mitocondrial y los cambios metabólicos son causa de cambios o mutaciones genéticas adquiridas (cambios epigenéticos), que afectan la expresión de los genes responsables comentados y llevan al descontrol en la muerte celular (apoptosis) con mayor proliferación celular.

La transformación de células normales en cancerosas hasta la formación de un cáncer o tumor depende habitualmente de factores genéticos y factores bioquímicos de riesgo al mismo tiempo, coincidiendo una combinación de genes que predisponen al cáncer (genes responsables) y mutaciones adquiridas, con desequilibrios micronutricionales, exceso de moléculas tóxicas, exceso de oxidación e inflamación, colonización inadecuada por microorganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos) y fallo del sistema inmune.

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Conceptos simples sobre genes y ambiente para poder entender el porqué del cáncer. La célula es una unidad individual viva con sus funciones, que se han unido o asociado en comunidades multicelulares de billones de células para formar el cuerpo humano (u otras especies). Comunidades altamente organizadas de células individuales completamente interactivas, no solo de células humanas sino también de otras especias como las bacterianas. Las células se diferencian y especializan, distribuyéndose el trabajo, aumentando así la eficiencia y la capacidad de supervivencia del organismo, bajo un control hasta hace poco considerado genético, pero que actualmente se sabe es principalmente por influencias medioambientales.

Veamos como ocurre. Las membranas celulares contienen proteínas para captar las señales internas y externas, tanto de moléculas físicas como de cambios de energía (ondas), y proteínas para dar la respuesta celular necesaria. A su vez, estas proteínas controlan la unión de otro tipo de proteínas con el ADN, recubriéndolo como una funda, haciendo que pueda ser “leída” o no la información de sus genes, controlando así la actividad génica.

Por ejemplo: la falta de algunos micronutrientes básicos puede ocasionar que las proteínas reguladoras no recubran a genes anormales (mutaciones) causantes de diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer, y así estos genes pueden ser “leídos”, manifestándose estas enfermedades en la persona. O bien, cuando se aportan dichos micronutrientes las proteínas reguladoras recubren a los genes anormales y estos no pueden ser “leídos”, silenciándose la actividad genética, y la persona no presenta enfermedad, aunque es portadora de genes que le predisponen a padecerla. Añadiendo que la falta de micronutrientes en la célula no solo puede deberse a una cantidad insuficiente, también puede ser por una dificultad de paso de dichos nutrientes (y de salida de materiales de desecho) a través de la membrana celular por una disfunción de proteínas de membrana causada por alteraciones en la energía electromagnética. Las proteínas no solo dependen de la secuencia de aminoácidos, su forma y función también depende de la interacción entre las cargas electromagnéticas de los aminoácidos, y estas están influidas por la energía electromagnética.

Los genes no controlan su propia actividad, son las señales del entorno que a través de las proteínas de membrana regulan la lectura de los genes, permitiendo la síntesis de las proteínas para las funciones celulares en respuesta al entorno y no por el código genético. Los genes no regulan la biología celular, la regula el entorno a través de miles de proteínas. Un gen no crea una sola proteína como se pensaba antes, a partir de un mismo molde génico se pueden producir cientos de proteínas distintas en función de las señales del medio. Las influencias medioambientales (micronutrientes, tóxicos, estrés, emociones) modifican la actividad génica sin alterar la configuración básica, y estas modificaciones pueden transmitirse a la descendencia. De tal forma es así, que lo trasmitido a las futuras generaciones depende tanto de la herencia (genes) como de las influencias físicas y psíquicas durante la vida.

 El cáncer se manifiesta en una persona porque coinciden en ella una predisposición genética y unos factores bioquímicos de riesgo. Los factores bioquímicos de riesgo son los causantes de que la predisposición genética se “ponga en marcha” y aparezca el cáncer. Esto es lo habitual, siendo poco frecuente que únicamente la genética, o únicamente los factores bioquímicos, sean la causa del cáncer. Cuando una célula enferma hay que buscar la causa primero en el entorno y no en la misma célula. Actualmente ya sabemos que los genes solo controlan enfermedades hereditarias concretas muy poco frecuentes, la gran mayoría de personas tienen genes que les permiten una vida saludable.

Predisposición genética al cáncer, o componente genético, o genoma vulnerable al cáncer. Consiste en tener desde el nacimiento genes con cambios o mutaciones genéticas propias que favorecen el cáncer. Genes que cuando se manifiesta un cáncer, a menudo están asociados a determinadas combinaciones de otras mutaciones genéticas también propias que: predisponen al exceso de oxidación-inflamación, o dificultan la desintoxicación del cuerpo, o afectan al sistema inmune…, facilitando los cambios metabólicos y la desprogramación de la muerte celular (apoptosis) explicadas. A todos estos genes con mutaciones genéticas propias que predisponen y facilitan la manifestación de un cáncer les llamo genes responsables.

Factores bioquímicos de riesgo, como son las insuficiencias y los desequilibrios de micronutrientes (metabolitos nutricionales) y el exceso de moléculas proinflamatorias, procancerígenas y tóxicas; afectando al sistema inmunitario de tal modo que este no es capaz de evitar la eliminación de las células del cuerpo transformadas en cancerosas, ni la colonización patógena por algunos microrganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos). Influyendo decisivamente en todo ello los factores externos causales: alimentación inadecuada, exceso de tóxicos y de radiaciones electromagnéticas, falta o exceso de ejercicio, sueño no reparador, estrés y emociones negativas persistentes, infecciones por determinados patógenos, y fármacos que afectan el equilibrio micronutricional y la función mitocondrial.

Las alteraciones comentadas conducen a un exceso de inflamación general y local en el organismo, pudiendo ocasionar un daño mitocondrial con reducción de su funcionalidad que empuje a la célula a cambiar su metabolismo (reprogramación metabólica) para sobrevivir y poder dividirse, pasando de un metabolismo mitocondrial a un metabolismo glucolítico fuera de las mitocondrias para producir la energía (ATP) necesaria. La disfunción mitocondrial y los cambios metabólicos son causa de cambios o mutaciones genéticas adquiridas (cambios epigenéticos) solo en determinadas células, que afectan la expresión de los genes responsables comentados y llevan al descontrol en la muerte celular (apoptosis) con mayor proliferación celular. Estos cambios genéticos adquiridos son muy diversos y aleatorios, incluso entre células del mismo tumor.

La transformación de células normales en cancerosas hasta la formación de un cáncer o tumor puede ocurrir solo por predisposición genética o solo por factores bioquímicos, pero esto es muy poco frecuente. Habitualmente se necesitan los dos tipos de causas para que se manifieste la enfermedad: los cambios epigenéticos ocasionados por los factores bioquímicos influyen en cómo se expresarán los genes responsables del cáncer. Es decir, las mutaciones genéticas adquiridas por los factores bioquímicos influyen en si se “pondrán en marcha” o no los genes responsables (mutaciones genéticas propias), manifestándose el cáncer o manteniendo la salud.

En el cáncer las mutaciones genéticas pueden llegar a ser innumerables, casi infinitas, mientras que los factores o alteraciones bioquímicas causales son menos complejas y numerosas y más controlables. Resultando fundamental descubrir y corregir estas últimas porque inciden decisivamente en las mutaciones adquiridas de las que dependerá la expresión de las mutaciones propias y la evolución de la enfermedad.

En la gran mayoría de personas con cáncer están implicados factores genéticos y bioquímicos al mismo tiempo en diferentes proporciones, coincidiendo mutaciones genéticas con desequilibrio micronutricional, toxicidad, colonización-infección, exceso de oxidación e inflamación…, persistentes. Personas con genomas vulnerables que cuando se presentan factores bioquímicos persistentes de los mencionados, aparecen nuevas mutaciones adquiridas que interaccionan de forma constante con las mutaciones propias, se producen cambios metabólicos celulares y se manifiesta el cáncer.

Las causas de la reprogramación metabólica de la célula cancerosa explicada anteriormente son varias: falta de oxígeno (hipoxia), moléculas tóxicas (exceso de radicales libres…), insuficiencia de metabolitos micronutricionales, acidificación del medio celular, radiaciones, infecciones víricas, mutaciones propias y adquiridas en ADN mitocondrial y nuclear… que dañan mitocondrias, activando enzimas de rutas metabólicas citoplasmáticas e inhibiendo enzimas metabólicas de rutas mitocondriales.

El lactato (ácido láctico) producido en exceso sale de la célula y produce acidificación del microentorno del tumor. Y dicha acidificación se ha asociado a mayor: agresividad, invasión, metástasis, escape del sistema inmune, aumento de la angiogénesis (formación de vasos sanguíneos) y de resistencia a la terapia aplicada. Este ácido láctico actúa como un ‘escudo’ protector de la célula cancerosa frente al sistema inmunitario, y si el nivel de lactato desciende, el tumor es más vulnerable frente a su ataque. El lactato que pasa a la sangre se transporta al hígado y allí puede reconvertirse en glucosa (gluconeogénesis). Glucosa que pueden utilizar de nuevo las células cancerosas.

La glicolisis y el metabolismo mitocondrial defectuoso causan exceso de radicales libres que a su vez conduce a más daño en los lípidos de las membranas y en los ADN mitocondriales (mutaciones adquiridas), lo que conduce a más estimulación de la glucolisis. La integridad del ADN nuclear depende en gran medida de la regulación de la energía mitocondrial y las alteraciones explicadas pueden conducir a mutaciones de este ADN que contribuirán todavía más a la alteración del metabolismo celular y la progresión del cáncer.

Por último, decir que estos cambios metabólicos influirán en las células cercanas como: fibroblastos asociados al tumor, células endoteliales y células inmunitarias.

El impulso del metabolismo mitocondrial protege del cáncer, y el del metabolismo citoplasmático (glucolisis) favorece al cáncer. Hay genes responsables, como MYC, que promueven los cambios y rutas metabólicas que posibilitan el cáncer: activan transportadores de glucosa y glutamina y enzimas de las rutas de la glucosa (enzimas glucolíticas) y de la glutamina (enzimas glutaminolíticas). Otros genes responsables, como p53, por el contrario, protegen del cáncer promoviendo el metabolismo mitocondrial. Estos genes pueden sufrir mutaciones adquiridas que se acumulan a lo largo de muchos años, activándolos o inhibiéndolos y conduciendo a la alteración del metabolismo celular, aumentando metabolitos que facilitan el desarrollo tumoral. Los cambios metabólicos están ligados a la activación e inhibición de genes responsables del cáncer de manera que la reprogramación génica se halla estrechamente vinculada a la metabólica.

Los genes mitocondriales (ADNmitocondrial) y los del núcleo de la célula (ADNnuclear) están en comunicación continua, ajustando el equilibrio entre el metabolismo (energía) citoplasmático y el mitocondrial. Cuanto más agresivo el cáncer mayor capacidad de ajustar estos metabolismos. Tanto el ADN nuclear como el mitocondrial están dañados (mutaciones) y ambos influyen en la reprogramación metabólica, pero no tan dañados como para que inhiban por completo la producción de energía mitocondrial, ya que entonces la célula cancerosa no podría proliferar.

Los tumores malignos implican una gran complejidad genética, sin embargo, los cambios metabólicos implicados son mucho más simples, limitándose a un conjunto de vías metabólicas conocidas, con un aumento de la glucolisis y glutaminolisis no solo para obtener ATP (energía), sino principalmente para disponer del metabolito acetil-CoA para la síntesis de lípidos, proteínas y nucleótidos, necesarios para la proliferación y el crecimiento. El microentorno del tumor y las mutaciones adquiridas dictan los combustibles y las rutas metabólicas extramitocondriales y mitocondriales utilizadas para dicho crecimiento. Es la reprogramación metabólica de la célula cancerosa en relación con la célula normal, como consecuencia de mutaciones adquiridas en genes responsables del cáncer.

Los fármacos que afectan la función mitocondrial podrían favorecer la reprogramación metabólica: antinflamatorios, antidepresivos, ansiolíticos, antidiabéticos, antibióticos, antivíricos, corticoides, quimioterapia, inmunosupresores… entre muchos otros.

Es esta reprogramación metabólica la clave para entender y tratar el cáncer en la práctica. La genética y las mutaciones son de una complejidad difícil de alcanzar. Las mutaciones en cada tumor son miles y, si fuera posible, deberían identificarse las implicadas en la enfermedad, tanto en los genes considerados responsables del cáncer como en los genes que no se identifican como genes del cáncer. Existen desde cánceres muy complejos genéticamente hasta cánceres en los que no se observan mutaciones y otros producidos por cancerígenos (arsénico, asbesto…) que dañan la mitocondria y no provocan mutaciones.

Los tumores tienen zonas bien perfundidas a las que llegan bien el oxígeno y los nutrientes y otras que no, de modo que muchas células tumorales están en ambientes hipóxicos y pobres en micronutrientes. La célula cancerosa se adapta al microambiente en el que se encuentra, utilizando los metabolitos y las rutas metabólicas que le permitan sobrevivir y reproducirse (crecer): glucolisis, glutaminolisis, producción de lactato, producción de acetil-CoA… Y si dispone de oxígeno y tiene suficientes mitocondrias funcionales, también utilizará las rutas metabólicas mitocondriales (ciclo de Krebs, fosforilación oxidativa). La célula cancerosa siempre busca formas de conseguir la energía y sintetizar los componentes que necesita, pero está limitada a las vías y enzimas metabólicas conocidas, sobre las que si podemos actuar de forma mucho más accesible de lo que podemos conseguir procediendo sobre la genética y las mutaciones.

En la célula cancerosa falla la programación de muerte celular o apoptosis, controlada en las mitocondrias debido a: la presencia de mutaciones propias y adquiridas que facilitan esta desprogramación, la disfunción mitocondrial, la acidez del medio extracelular, la alcalinidad del medio intracelular, la falta de micronutrientes básicos… Y las células se dividen y crecen de forma descontrolada, ocasionando una masa de células o tumor, en donde también hay células que no se han transformado en cancerosas.

La transformación de células normales en cancerosas hasta manifestarse un cáncer en una persona ocurre en varias fases que pueden durar años, y este proceso depende de factores genéticos y factores bioquímicos de riesgo al mismo tiempo, coincidiendo una combinación de genes que predisponen al cáncer (genes responsables) y mutaciones adquiridas, con desequilibrios micronutricionales, exceso de moléculas tóxicas, exceso de oxidación e inflamación, colonización inadecuada por microorganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos) y fallo del sistema inmune. Es decir, la transformación de una célula normal en cancerosa ocurre debido a que en ella confluyen estos factores con distintos niveles de influencia. Es igual quien sea el primero, están ahí y lo importante es actuar donde podamos hacerlo, y podemos actuar sobre los factores bioquímicos, la disfunción mitocondrial, los cambios metabólicos y el sistema inmunitario del organismo.

3. Por qué el sistema inmunitario es importante en una persona con cáncer

Extracto del artículo

El sistema inmune de las personas con cáncer frecuentemente está debilitado y también bloqueado para poder hacer frente a la enfermedad. Un sistema inmune en buenas condiciones es imprescindible para evitar y superar un cáncer, y también para eliminar los microorganismos frecuentemente implicados.

El sistema inmune tiene un papel fundamental en el cáncer y puede alterarse por muy diversas causas comunes como son: factores genéticos, niveles en tejidos de micronutrientes básicos insuficientes y desequilibrados, sistemas enzimáticos digestivos y metabólicos insuficientes, microbiota alterada, actividad física inadecuada, sueño no reparador, estrés, depresión y emociones negativas.

Las células cancerosas y los tumores desarrollan mecanismos de escape para evitar la acción del sistema inmune.

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Un sistema inmune en buenas condiciones es imprescindible para evitar y superar un cáncer, y también para eliminar los microorganismos frecuentemente implicados. 

El sistema inmunitario es el sistema de defensa que dispone el organismo para hacer frente a los microorganismos (virus, bacterias…) patógenos, pero también para eliminar a las células que se han transformado en cancerosas, evitando la formación de tumores y su avance. Es común que se produzcan células cancerosas e, incluso, que se formen microtumores en las personas, pero el sistema inmune los elimina. Las células del sistema inmune (linfocitos T y NK o células asesinas) buscan y distinguen entre células normales y anormales (con alteraciones genéticas y celulares no propias), y una vez detectadas las anormales estas son atacadas y destruidas.

También cuando el proceso tumoral ha logrado iniciarse, si no crece o entra en remisión, es porque el sistema inmunitario mata más células cancerosas de las que se forman. Incluso cuando ya se han formado metástasis, un buen sistema inmune puede ser capaz de eliminarlas.

Los cánceres microscópicos, con células que proliferan y otras que mueren en equilibrio, los presentan en diferentes órganos (mama, próstata, tiroides…) la gran mayoría de personas en edad media y avanzada, sin que se manifiesten clínicamente. El que dichos tumores crezcan y se manifiesten depende del sistema inmunitario y del microambiente tumoral con su vascularización o angiogénesis.

 El sistema inmune tiene un papel fundamental en el cáncer y puede alterarse por muy diversas causas comunes como son:

  • Factores genéticos que predisponen a determinadas alteraciones del sistema inmune. Mutaciones genéticas propias que junto a determinadas combinaciones de defectos genéticos y a mutaciones genéticas adquiridas, también son responsables de la manifestación y expansión de un cáncer, aunque su expresión está muy influenciada por los factores bioquímicos y factores externos causales mencionados a continuación.
  • Niveles en tejidos de micronutrientes básicos insuficientes y desequilibrados: vitaminas en forma activa (A, D, E, K1, K2, grupo B), colina, inositol, minerales (magnesio, calcio, zinc, selenio…), coenzima Q10, ácido R-lipoico, ácidos grasos activos omega 6 (GLA, DGLA) y omega 3 (ALA, EPA, DHA) y aminoácidos esenciales y semiesenciales. Es la “materia prima” necesaria para mantener los distintos componentes del sistema inmunitario en buenas condiciones. También otros micronutrientes y sus metabolitos no tan básicos pueden influir decisivamente en la eficacia del sistema inmunitario.
  • Sistemas enzimáticos digestivos y metabólicos insuficientes, esencial para el sistema inmune y para todos los procesos fisiológicos del organismo.
  • Microbiota alterada: bacterias, virus, hongos…, del cuerpo, especialmente la microbiota intestinal (“flora intestinal”), pero también la microbiota cutánea y la de boca, fosas nasales, vagina, uretra y otros tejidos; con gran influencia en el sistema inmunitario. La microbiota del cuerpo interacciona con el sistema inmune y cuando se altera el equilibrio microbiano causa un gran efecto sobre la salud. Las personas con cáncer, especialmente del tubo digestivo, cavidad bucal, cuello uterino y piel, presentan frecuentemente alteraciones de la microbiota, con tipos de bacterias y microorganismos desfavorables que no deberían estar en el tejido afectado, influyendo en el crecimiento tumoral y las metástasis. Algunos de estos microorganismos viajan con las células tumorales y participan en la formación de un microambiente que favorece el crecimiento y expansión del cáncer. La microbiota de la persona influye en la efectividad del tratamiento con inmunoterapia, hasta el punto que tomar antibióticos previamente puede reducirla. La microbiota intestinal modula la respuesta inmunitaria e influye en la evolución de la enfermedad y la respuesta a los tratamientos aplicados. Existen bacterias favorables (probióticos) que estimulan el sistema inmune y otras que lo “frenan” cuando esta sobrestimulado.
  • Actividad física inadecuada y sueño no reparador persistentes, de gran influencia en el sistema inmune.
  • Estrés, depresión y emociones negativas persistentes no expresadas mediante palabras ni resueltas como: ansiedad, agresividad, ira, resentimiento, miedo, angustia, preocupación, tristeza, pena, melancolía, abatimiento, culpabilidad…
  • Fármacos muy diversos: antibióticos, antivíricos, corticoides, quimioterapia, inmunosupresores…

Las células cancerosas y los tumores desarrollan mecanismos de escape para evitar la acción del sistema inmune. El microambiente tumoral que rodea al tumor puede llegar a ser como una fortaleza que protege a las células cancerosas de ser atacadas por el sistema inmune. Algunos metabolitos aumentados de las células cancerosas y del microambiente tumoral inhiben la acción antitumoral de las células inmunitarias. Los tumores levantan barreras que dificultan la entrada de células inmunitarias, incluso pueden producir inmunosupresores potentes. Las células tumorales pueden utilizar unas moléculas para “esconderse” del sistema inmune.  Los tumores son capaces de inhibir la respuesta antitumoral del sistema inmunitario actuando en diferentes fases.

El sistema inmune de las personas con cáncer frecuentemente está debilitado y también bloqueado para poder hacer frente a la enfermedad.

4. Por qué el cáncer se extiende en una persona

Extracto del artículo

El tumor se genera a sí mismo un ambiente para ayudarle a sobrevivir, crecer y expandirse. Es el microambiente tumoral, que es fundamental en la expansión del cáncer.

Un tumor se manifiesta y se extiende por: mutaciones genéticas propias y adquiridas, factores bioquímicos de riesgo, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular, descontrol en la muerte celular, fallo del sistema inmune y exceso de oxidación-inflamación general y local. Sin embargo, el microambiente tumoral evoluciona junto con este cambio celular, salvaguarda al tumor y posibilita su expansión, siendo determinante tanto en su manifestación como en su evolución posterior.

Todos los tumores malignos comparten unos mismos mecanismos bioquímicos y metabólicos, presentan comportamientos similares, crecen de la misma forma y dependen del sistema inmune, aunque sean distintos genéticamente.

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El tumor no solo está formado por las células cancerosas, un porcentaje muy elevado de la masa tumoral lo forma también el microambiente tumoral que es el tejido fibroinflamatorio que rodea al tumor, constituido por: fibroblastos, células inmunitarias e inflamatorias, colágeno, fibrina, vasos sanguíneos y linfáticos, nervios… El tumor se genera a sí mismo un ambiente para ayudarle a sobrevivir, crecer y expandirse. Un microambiente ácido que es el soporte del tumor, se comunica con las células cancerosas en un complejo sistema de cohabitación e intercambio, segrega unas proteínas que forman como una fortaleza que le protege del sistema inmune y de los fármacos, al tiempo que es fundamental para su crecimiento y expansión. El microambiente tumoral actúa como “conexión” para la entrada de células tumorales a los vasos sanguíneos (para metastatizar) y su actividad y densidad son esenciales para su capacidad invasiva y metastásica.

Los sistemas vasculares del cuerpo son dos: vascular sanguíneo y vascular linfático. El sistema vascular sanguíneo que aporta oxígeno y nutrientes a las células, y el vascular linfático que contiene la linfa (con glóbulos blancos) y está formado por: vasos linfáticos, ganglios que los conectan y filtran, bazo, timo, amígdalas…. Su función es eliminar los residuos metabólicos, tóxicos y iones del espacio extracelular, y es tan importante como la función del sistema vascular sanguíneo. Dicha función está influida por la actividad eléctrica natural del cuerpo.

El tumor crece, las células se alejan, y precisa de nuevos vasos sanguíneos para abastecerse de sangre y nutrientes, es la vascularización del tumor o angiogénesis. La fibrina del microambiente ayuda a promover la angiogénesis dentro del tumor y proporciona su estructura de soporte.

Para que se produzcan metástasis las células cancerosas deben escapar del tumor, llegar a los vasos sanguíneos y linfáticos y, debido a su adhesividad, quedarse pegadas en algún pliegue o protuberancia de su pared, cubrirse de fibrina y proliferar bajo esta capa, formando otro tumor que rompe la pared vascular y linfática, penetrando en el tejido y diseminándose así a los ganglios y otros órganos del cuerpo (metástasis). Y cuanto mayor la cantidad, rigidez y actividad del tejido fibroso-inflamatorio del microambiente tumoral, mayor la agresividad del cáncer y más se facilita el desplazamiento de las células cancerígenas hacia los vasos.

Por tanto, el microambiente tumoral con sus células, fibrina, moléculas y acidez, es fundamental en la expansión del cáncer, ya que lo protege del ataque del sistema inmune, promueve la angiogénesis y facilita la migración de células malignas. Puede ser crucial para el tumor ya que, en ocasiones se reduce el tamaño del tumor con el tratamiento convencional, pero aumentan las metástasis y empeora la supervivencia debido a la dinámica del microambiente tumoral.

Por otro lado, el exceso de oxidación e inflamación en el organismo es también un elemento fundamental en la manifestación de un cáncer y en su diseminación a otros órganos. La inflamación en otros tejidos facilita el que se produzcan metástasis en ellos. Cuanto mayor es la inflamación generalizada y focalizada, mayor el crecimiento del cáncer y peor su evolución. Y la capacidad antioxidante-antinflamatoria del organismo depende de la combinación de determinados genes de la persona, que son también genes responsables, pero muy influenciados por los factores bioquímicos de riesgo mencionados.

Un tumor se manifiesta y se extiende por: mutaciones genéticas propias y adquiridas, factores bioquímicos de riesgo, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular, descontrol en la muerte celular, fallo del sistema inmune y exceso de oxidación-inflamación general y local. Sin embargo, el microambiente tumoral evoluciona junto con este cambio celular, salvaguarda al tumor y posibilita su expansión, siendo determinante tanto en su manifestación como en su evolución posterior.

Todos los tumores malignos, de diferentes tipos y localizaciones, comparten unos mismos mecanismos bioquímicos y metabólicos, presentan comportamientos similares, crecen de la misma forma y dependen del sistema inmune, aunque sean distintos genéticamente.

5. Como podemos conseguir detener la extensión del cáncer en una persona

El cáncer no solo es un problema genético, es un problema mitocondrial, metabólico y del sistema inmune en la persona, y también de un exceso de inflamación. Por tanto, en toda estrategia para vencer el cáncer en una persona no basta con intentar diagnosticar y tratar el problema genético del tumor, es imprescindible intentar resolver cada uno de estos problemas o el resultado no será óptimo.

Cuando se rompe el equilibrio en el organismo de una persona empiezan a manifestarse sus predisposiciones genéticas patológicas: obesidad, hipertensión, diabetes, cardiopatía, EPOC, hepatopatía, reuma… y también cáncer. Podemos tratar la patología diagnosticada que se presenta con fármacos, intervenir quirúrgicamente, aplicar terapias sofisticadas…, pero si nadie restablece de nuevo el equilibrio, no lograremos que dejen de expresarse dichas predisposiciones y no será posible la verdadera curación de la persona.

Veamos cómo podemos actuar en cada aspecto del cáncer:

  1. Tratar los aspectos genéticos en la persona con cáncer.
  2. Tratar el aspecto metabólico en la persona con cáncer.
  3. Restablecer la función mitocondrial en la persona con cáncer.
  4. Mejorar la función inmunitaria en la persona con cáncer.
  5. Controlar el exceso de inflamación en la persona con cáncer.
  6. Abordar el ámbito tumoral en la persona con cáncer.

6. Tratar los aspectos genéticos en la persona con cáncer

Extracto del artículo

El problema del cáncer es en parte genético, pero podemos conseguir que los genes responsables se activen o inhiban (expresen) más favorablemente (epigenoma) para la persona.

La insuficiencia de micronutrientes y el exceso de moléculas proinflamatorias y tóxicas, son los principales factores bioquímicos que influyen en la expresión genética. Y actualmente ya es posible corregir muchas de estas alteraciones.

Otros factores externos que influyen en la expresión desfavorable de genes responsables son el estrés, las emociones negativas, la falta de actividad física y el sueño no reparador, además de la infección por patógenos como los virus, a menudo como factor coadyuvante.

La mayoría de las mutaciones genéticas observadas en las células cancerosas son adquiridas y es posible actuar sobre ellas mediante la alimentación y la terapia micronutricional.

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El problema del cáncer es en parte genético, porque tener una combinación de genes que predisponen a que las células se transformen en cancerosas (genes responsables) juega un papel importante en que se manifieste el cáncer en una persona. Aunque no es el principal problema en la gran mayoría de afectados por la enfermedad.

No podemos cambiar los genes (genoma) de la persona y que deje de ser vulnerable al cáncer, pero si podemos conseguir que los genes responsables se activen o inhiban (expresen) más favorablemente (epigenoma). Esto se consigue modificando los cambios genéticos adquiridos al actuar sobre los factores bioquímicos de riesgo. Es decir, corrigiendo los desequilibrios micronutricionales y el exceso de moléculas proinflamatorias y tóxicas se puede influir decisivamente en cómo se expresan los genes responsables del cáncer.

La insuficiencia de micronutrientes y el exceso de moléculas proinflamatorias y tóxicas, son los principales factores bioquímicos que influyen en la expresión genética, más que cualquier otro factor. Insuficiencia de micronutrientes no significa únicamente falta de nutrientes de la alimentación, que puede ser adecuada y proporcionar los metabolitos iniciales necesarios. Significa también no disponer de suficientes metabolitos nutricionales activos intermedios y finales, siendo todavía más frecuente dicha insuficiencia. Es decir, puede haber micronutrientes iniciales suficientes, pero faltar metabolitos activos de estos por inhibición de enzimas de sus rutas metabólicas debido a muy diversas causas: genética, tóxica, energética…, o bien, por aumento de las necesidades. Y estos metabolitos tienen una influencia decisiva en cómo se expresarán los genes responsables del cáncer. Por ejemplo, metabolitos activos de la vitamina D pueden aumentar la expresión de genes protectores del cáncer que están inhibidos.

Por otro lado, los niveles óptimos de micronutrientes básicos tienen un papel clave en la prevención y reversión de mutaciones genéticas adquiridas, y en los procesos de reparación del ADN. Hasta tal punto son clave dichos niveles, que cuando son reducidos no es posible el control de la enfermedad a largo plazo.

Por tanto, mediante la clínica y diversos parámetros analíticos, se averiguan el mayor número posible de insuficiencias de metabolitos activos para poder aportarlos mediante los conjuntos adecuados de micronutrientes activos. Así es como, junto a la reducción de moléculas tóxicas, se puede influir favorablemente en la parte genética del cáncer. El método Dr. Cardona aporta el conjunto de  micronutrientes y metabolitos activos básicos, pero a menudo es necesario completar dicho aporte con otros nutrientes más específicos para la persona.

El estrés, los pensamientos y las emociones son factores externos a destacar por la gran influencia en la expresión favorable y desfavorable de genes responsables, por mecanismos explicados en otro apartado.

Otros factores externos que influyen en la expresión de genes responsables son la falta de actividad física y el sueño no reparador, además de la infección por patógenos como los virus, a menudo como factor coadyuvante.

Lo habitual en una persona con cáncer es que coincidan factores genéticos con factores bioquímicos de riesgo, a menudo estos últimos no conocidos ni averiguados. Una persona con componente genético de cáncer y sin la influencia de factores bioquímicos, es difícil que padezca cáncer. También una persona con factores bioquímicos y sin genes responsables es raro que padezca cáncer, aunque coma mal, reciba tóxicos y sufra emociones negativas. Tienen que coincidir ambos tipos de factores, y cuantos más bioquímicos y externos encontremos, probablemente menor sea el componente genético y más eficaz será la aplicación de medicina micronutricional. Pero también será menor la respuesta al tratamiento oncológico convencional si no se corrigen las causas. Recordemos aquí que las mutaciones (cambios en los genes) encontradas en los estudios genéticos de la persona con cáncer son propias y adquiridas, y se desconocen cómo influyen en ellas los factores bioquímicos y externos, por lo que el riesgo genético podría ser inferior al diagnosticado por estudios genéticos cuando se controlan dichos factores.

La mayoría de las mutaciones genéticas observadas en las células cancerosas son adquiridas y es posible actuar sobre ellas mediante la alimentación y la terapia micronutricional. Lejos del pensamiento inicial en el que se consideraba la práctica imposibilidad de cambiar el destino de nuestros genes, en la actualidad sabemos que el estilo de vida, la alimentación y los micronutrientes actúan sobre nuestros genes, tanto para bien como para mal.

7. Tratar el aspecto metabólico en la persona con cáncer

Extracto del artículo

El problema del cáncer es fundamentalmente metabólico. La disfunción mitocondrial motiva que la célula cancerosa produzca la energía (ATP) principalmente mediante un metabolismo fuera de la mitocondria (en el citoplasma) que forma lactato (ácido láctico), y produce un exceso de moléculas tóxicas, siendo responsable de muchas de las mutaciones adquiridas que se observan en el cáncer.

Este nuevo metabolismo celular puede mejorarse mediante una alimentación con muy pocos carbohidratos (glucosa) que consiga menos energía y más estrés oxidativo en la célula cancerosa y más energía y menos estrés oxidativo en la célula normal.

Si embargo, cuando la célula cancerosa no dispone de suficiente glucosa utiliza glutamina. Por tanto, es necesario restringir la glutamina (carne, pescado, lácteos, complementos proteicos) y también inhibir mediante micronutrientes y algún fitoquímico las enzimas de sus rutas metabólicas (enzimas glutaminolíticas) sobreactivadas para que no pueda producir ATP ni acetil-CoA.

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El problema del cáncer es fundamentalmente metabólico. La disfunción mitocondrial motiva que la célula cancerosa produzca la energía principalmente mediante un metabolismo fuera de la mitocondria (en el citoplasma) que forma lactato (ácido láctico), en un medio extracelular ácido. La célula cancerosa depende principalmente de la glucosa para producir la energía extra que necesita para vivir y dividirse. Cuanta más energía requiere es durante la división celular (mitosis) formándose dos células hijas, que dura poco tiempo, necesitando entonces de una gran cantidad o pico de glucosa. Este nuevo metabolismo con su excesiva producción de moléculas tóxicas es también el responsable de muchas de las mutaciones adquiridas que se observan en el cáncer. Además, sus metabolitos interaccionan con el metabolismo de las células inmunes dentro del microambiente tumoral, y si logramos mejorar dicho metabolismo, también aumentará la eficacia de estas células y con ello la del sistema inmunitario.

El metabolismo celular de la persona con cáncer puede mejorarse mediante una alimentación con muy pocos carbohidratos (glucosa) que consiga menos energía y más estrés oxidativo en la célula cancerosa y más energía y menos estrés oxidativo en la célula normal. Mediante una alimentación que reduzca el aporte de glucosa al mínimo necesario (distinto en cada persona) y aportando ácidos grasos saludables, el hígado no dispone de glucosa para generar energía y utiliza las grasas produciendo cuerpos cetónicos a partir de ellas, que serán utilizados como combustible por las células de los demás tejidos del cuerpo. Es la cetosis nutricional, estado fisiológico que no altera el pH sanguíneo, y que no debe confundirse con la cetoacidosis de la diabetes y otros estados patológicos.

En la cetosis nutricional los ácidos grasos y los cuerpos cetónicos substituyen en gran parte a la glucosa como combustible de las células para obtener energía, lo que favorece a las células normales y dificulta la supervivencia, división y extensión de las células cancerosas. Como combustible los cuerpos cetónicos son superiores a la glucosa en las células normales: más eficientes y producen más energía (ATP). Además, los cuerpos cetónicos son tóxicos para muchas células cancerosas, por no poder convertirlos en acetil-CoA y por dificultar la glucolisis. Se trata de aplicar una restricción de los carbohidratos: alimentos y bebidas con sabor dulce, frutas dulces, cereales (pan, pasta, maíz…), tubérculos (patata…), vino, cerveza…, junto a un aumento moderado de las grasas “buenas”: aceite de coco virgen, aceite MCT (solo caprílico), aceite de oliva virgen extra, semillas de chía (ALA), aceite de pescado (DHA), aceite de onagra o borraja (GLA), frutos secos, huevo entero ecológico…

La cetosis nutricional ahorra algunos aminoácidos esenciales (leucina, isoleucina y valina), porque los cuerpos cetónicos tienen una estructura muy similar, y ahorra las proteínas porque quema la grasa. Lo que permite reducir la cantidad de proteínas en la alimentación, especialmente cuando se aportan los aminoácidos esenciales y cetogénicos mediante complementos micronutricionales: leucina, valina, isoleucina, lisina, treonina, tirosina, fenilalanina y triptófano. De esta forma, se facilita la restricción de las proteínas animales, fuente de glutamina y de los residuos tóxicos que producen.

Además, los cuerpos cetónicos inhiben la salida del lactato fuera de la célula cancerosa, reduciendo el lactato extracelular, al utilizar los mismos trasportadores que sacan el lactato fuera de la célula. Es una inhibición competitiva.

La eficacia de la alimentación de tipo cetogénico se potencia enlenteciendo el proceso de división (mitosis) de las células cancerosas del tumor y dificultando la entrada y utilización de la glucosa en ellas. De esta forma se logra que la máxima necesidad de glucosa dure más tiempo en cada célula tumoral, a la vez que se reduce drásticamente la glucosa en estas células, provocando una falta de energía en el momento de su multiplicación y expansión y se mueren. Algunas pautas micronutricionales y de fitoquímicos ayudan a conseguir ralentizar la mitosis y dificultar la entrada de glucosa en la célula tumoral, otras pueden inhibir enzimas y rutas metabólicas citoplasmáticas sobreactivadas de la célula cancerosa.

Cuando la célula cancerosa no dispone de suficiente glucosa utiliza glutamina para obtener energía (ATP) y el metabolito acetil-CoA, precursor de los lípidos, proteínas y nucleótidos que precisa. Por tanto, es necesario restringir la glutamina (carne, pescado, lácteos, complementos proteicos) pero es difícil conseguirlo eficazmente porque muchos alimentos la contienen y cuando no es suficiente, el tumor la obtiene del músculo, produciendo una pérdida muscular.

Así pues, no solo es necesario reducir el aporte de glutamina a la cantidad óptima en cada persona, sino también inhibir mediante micronutrientes y algún fitoquímico las enzimas de sus rutas metabólicas (enzimas glutaminolíticas) sobreactivadas para que no pueda producir ATP ni acetil-CoA. Mediante el método Dr. Cardona, sin lácteos, carnes ni pescados, se restringe la glucosa y glutamina y se aportan los micronutrientes básicos para mejorar el metabolismo celular, pero a menudo es necesario completar dicho aporte con otros nutrientes específicos para la persona.

La célula cancerosa intenta sintetizar por todos los medios acetil-CoA, precursor de ácidos grasos y otras moléculas que necesita vitalmente, y frecuentemente lo consigue. Por tanto, también debemos inhibir enzimas y rutas metabólicas sobreactivadas para la síntesis de ácidos grasos a partir de acetil-CoA, mediante micronutrientes y fitoquímicos específicos.

Por otro lado, la alimentación de tipo cetogénico es uno de los métodos más eficaces para reducir el exceso de oxidación (estrés oxidativo) y de inflamación en el organismo, con efectos parecidos a la restricción calórica, de probada eficacia en el envejecimiento, el cáncer y otras enfermedades crónicas.

8. Restablecer la función mitocondrial en la persona con cáncer

Extracto del artículo

Muchas células cancerosas tienen una disfunción mitocondrial y en la mayoría de personas con cáncer las células de su cuerpo también presentan una disfunción mitocondrial previa u ocasionada por el tratamiento.

Mejorando la función mitocondrial y aportando ácidos grasos y cuerpos cetónicos como combustible en lugar de glucosa, forzamos a la célula cancerosa a utilizar las mitocondrias y muere.

La función mitocondrial mejora consiguiendo un equilibrio micronutricional básico completado con micronutrientes como: coenzima Q10, ácido R-lipoico y PQQ.

Además, las mitocondrias de las células de los órganos clave se potencian mediante: ejercicio físico aeróbico, alimentación cetogénica, ayuno intermitente y microayuno, sueño reparador en horario nocturno y reducción de fármacos.

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Muchas células cancerosas tienen una disfunción mitocondrial y en la mayoría de personas con cáncer las células de su cuerpo también presentan una disfunción mitocondrial previa u ocasionada por el tratamiento. Este daño mitocondrial puede estar implicado en el cambio del metabolismo celular y la alteración de la apoptosis (muerte celular programada) en la célula cancerosa, y en la debilidad del sistema inmune.

Las mitocondrias controlan la muerte celular programada (apoptosis), imprescindible para que las células dañadas mueran cuando a acabado su función o pueden ser un peligro para el organismo. Si se reducen las mitocondrias o no funcionan correctamente, se descontrola la apoptosis y la proliferación celular.

Una prueba de la importancia de la disfunción metabólica y mitocondrial en el origen celular del cáncer está en las observaciones de que las mitocondrias dañadas pueden convertir las células sanas en células cancerosas y que las mitocondrias sanas pueden revertir el metabolismo anormal en las células tumorales. También la mejora de la función mitocondrial, restaurando la energía mitocondrial, puede normalizar la reprogramación metabólica en la célula cancerosa.

Mejorando la función mitocondrial y aportando ácidos grasos y cuerpos cetónicos como combustible en lugar de glucosa, forzamos a la célula cancerosa a utilizar las mitocondrias y muere, debido a que se reactiva la muerte celular programada o apoptosis, que ordena a las células anormales a morir. El aporte de la combinación adecuada de micronutrientes básicos, es necesario para ayudar a reprogramar las células cancerosas para la apoptosis. Incluso, algunas combinaciones de micronutrientes y fitoquímicos, como por ejemplo la vitamina K junto a la C, en la célula cancerosa pueden prevenir la disfunción mitocondrial, restaurar la función mitocondrial cuando está alterada, cambiar el metabolismo energético, estimular la vía mitocondrial de la apoptosis, e inducir la muerte celular. Esta estrategia es también una forma de sensibilizar a las células cancerosas para lograr que dosis mas bajas de los quimioterapéuticos sean efectivas, con una menor toxicidad.

Es fundamental mejorar la función mitocondrial en las células de todo el organismo y en las predispuestas a transformarse en cancerosas, para que no se produzcan en ellas dichos cambios metabólicos y genéticos. Además, es importante mejorar las mitocondrias de las células hepáticas porqué son necesarias para la desintoxicación del organismo, y en las células del sistema inmune porque son imprescindibles para vencer al cáncer. En una persona con cáncer no podemos permitirnos que las mitocondrias de sus órganos clave: corazón, hígado, músculo, cerebro… y del sistema inmunitario, vayan reduciéndose, porqué si es así, su pronóstico será desfavorable, por más terapia oncológica de primera línea que se aplique.

El modo de conseguir mejorar la función mitocondrial es actuando en varios frentes, pero especialmente mediante un equilibrio micronutricional básico completado con micronutrientes que ayuden a mejorar el número y la función de las mitocondrias como son: coenzima Q10, ácido R-lipoico y PQQ. CoQ10 es necesario para la producción de energía (ATP), ácido R-lipoico es imprescindible para varias rutas metabólicas mitocondriales y PQQ ayuda a la biogénesis mitocondrial y puede mejorar la apoptosis. Mediante el método Dr. Cardona se restringe la glucosa y glutamina y se aportan los micronutrientes básicos para mejorar la función mitocondrial, pero a menudo es necesario completar dicho aporte con otros nutrientes específicos para la persona.

Otras formas de potenciar a las mitocondrias de las células de los órganos clave es mediante:

  • Ejercicio físico aeróbico regular, especialmente si se combina con el de refuerzo muscular. Si la actividad física es en ayunas, todavía se producen más mitocondrias, aunque esto no es aconsejable en algunas personas por sus características.
  • Alimentación cetogénica, el ayuno intermitente y el microayuno de los que hablo en otro artículo.
  • Sueño reparador en horario nocturno, y la acción favorable de la melatonina en las mitocondrias.

Sin embargo, si las mitocondrias no disponen de los metabolitos micronutricionales adecuados, no es posible mejorar su función por óptimas que sean las medidas adoptadas. La única terapia mitocondrial efectiva cuando las mitocondrias están dañadas es la micronutricional.

Por último, recordar que muchos fármacos de los utilizados en estos pacientes afectan negativamente la función mitocondrial:  antiinflamatorios, antibióticos (especialmente quinolonas), corticoides, quimioterápicos, anticuerpos monoclonales… y también las estatinas para el colesterol. Resultando difícil evitar el deterioro mitocondrial administrando estos fármacos de forma prolongada, aunque mediante micronutrición es posible prevenirlo y atenuarlo.

9. Mejorar la función inmunitaria en la persona con cáncer

Extracto del artículo

El problema del cáncer es también un problema del sistema inmune, además de ser un problema genético y metabólico, y es absolutamente necesario mejorar su sistema inmune de las personas afectadas mediante: micronutrientes básicos, micronutrientes específicos, enzimas, mejora de la microbiota, actividad física, sueño reparador y control del estrés y las emociones negativas

Por otra parte, es frecuente que la acción del sistema inmune se encuentre bloqueada en las personas con cáncer. Las enzimas fibrinolíticas y proteolíticas son necesarias para la acción de los micronutrientes, ayudan a inhibir la acción promotora del microambiente tumoral y pueden mejorar la eficacia del sistema inmune por diversos mecanismos.

Además de modular y fortalecer el sistema inmune es necesario desbloquearlo contra el cáncer para que pueda ser eficaz, y también para que puedan actuar las terapias aplicadas.

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Todas las personas producen células cancerosas y microtumores a lo largo de su vida. Son células normales que se han transformado en cancerosas, pero no han crecido lo suficiente para ser detectadas ni para formar un cáncer que se extiende, porque el sistema inmunitario ha logrado eliminar dichas células cancerosas o los microtumores formados. El sistema inmune también es capaz de conseguir la estabilización y remisión de un cáncer ya establecido, incluso de eliminar metástasis ya formadas, y es fundamental para evitar recidivas de un cáncer “curado” o la aparición de uno nuevo en otro órgano.

Además, los microorganismos: virus, bacterias, hongos, parásitos…, están muy frecuentemente involucrados en la persona con cáncer, y el sistema inmune es el que debe combatirlos, y lograr una colonización en equilibrio en el cuerpo. 

En toda persona tratada por cáncer es necesario valorar el sistema inmune y el grado de inflamación en su organismo. Un indicador útil en la práctica clínica es la proporción entre neutrófilos y linfocitos (con linfocitos inferiores al normal) en valores absolutos en el hemograma: cuanto mayor la cantidad de neutrófilos y menor la de linfocitos (relación superior a 2), peor es el funcionamiento del sistema inmunitario. Las plaquetas bajas también indican alteración del sistema inmune además de advertir de alteración en la coagulación, y son un factor pronóstico de la enfermedad.

El problema del cáncer es también un problema del sistema inmune, además de ser un problema genético y metabólico. Y en toda estrategia para ayudar a una persona a vencer el cáncer es absolutamente necesario mejorar su sistema inmune, modulándolo y fortaleciéndolo mediante:

  • Aporte equilibrado de los micronutrientes básicos para mantener los distintos componentes del sistema inmune en buenas condiciones y ser capaz de afrontar la situación en la que se encuentra el cuerpo. No es posible un sistema inmunitario eficaz si falta uno solo de los micronutrientes básicos, lo que ocurre en la gran mayoría de pacientes con cáncer no tratados con micronutrición. Especialmente frecuentes y preocupantes son las insuficiencias de formas activas de vitaminas D, K2, C y del grupo B, coenzima Q10, ácido R-lipoico, magnesio, zinc, selenio, omega 3 DHA, omega 6 GLA y aminoácidos esenciales y semiesenciales.
  • Aporte adecuado de micronutrientes específicos. Como muestra de ellos están los gliconutrientes de determinados hongos (agaricus, cordyceps, maitake, reishi, shiitake…) como los beta-glucanos y el germanio, que actúan en conjunto. Especialmente eficaces son los del hongo Coriolus Versicolor (PSK) para potenciar el sistema inmune (leucocitos, linfocitos, células NK…), uno de los más estudiados y utilizados en personas con cáncer.
  • Aporte enzimático adecuado, mediante alimentos y complementos de enzimas. Las personas con cáncer presentan unos niveles insuficientes y desequilibrados de enzimas digestivas y metabólicas (celulares) y de coenzimas (micronutrientes básicos), y el sistema inmunitario no puede funcionar correctamente sin corregir dichos niveles mediante el aporte de enzimas digestivas y sistémicas. Cuando el cuerpo debe sintetizar muchas enzimas digestivas, por su deficiencia o aumento de las necesidades (tratamientos, alimentación inadecuada, inflamación, alteración de la microbiota…), se reduce su capacidad para sintetizar enzimas metabólicas celulares, fundamentales para todas las funciones del cuerpo, incluidas las inmunitarias.
  • Mejora de la microbiota del cuerpo, especialmente la microbiota intestinal (“flora intestinal”), pero también la microbiota cutánea y de la boca, fosas nasales, vagina, uretra y de otros muchos tejidos, incluidos los afectados por el cáncer … Es imprescindible una cantidad y diversidad elevada de microorganismos en el intestino para la adecuada absorción de micronutrientes básicos y para tener un sistema inmune fuerte y capaz de destruir células cancerosas. Además, una adecuada microbiota es necesaria para: la absorción y síntesis de los micronutrientes básicos, sintetizar enzimas, neutralizar tóxicos que aumentan el crecimiento del cáncer y mejorar la expresión de los genes responsables.

Consiguiendo una adecuada microbiota en el tubo digestivo y en la piel nos defiende del cáncer, y ayuda a combatirlo cuando la persona ya lo padece. La microbiota puede mejorarse mediante la alimentación, el ejercicio y el sueño adecuados, y con la administración de los prebióticos y probióticos adecuados. Algunos micronutrientes y fitoquímicos inhiben la proliferación de microorganismos patógenos y aumentan el crecimiento de bacterias beneficiosas y la producción de ácidos grasos de cadena corta. Debe tenerse en cuenta que la quimioterapia, los corticoides y los tratamientos agresivos, dañan la microbiota del organismo, y debemos ayudar a su reparación.

Recientemente, se están investigando y ya se utilizan en clínica los postbióticos, especialmente los ácidos grasos de cadena corta producidos por las bacterias intestinales, como el ácido butírico (tributirina). Ayudan a restablecer la microbiota intestinal, mejoran el sistema inmune y empiezan a tener un papel muy importante en el control del cáncer.

  • Una actividad física regular, de gran influencia en el sistema inmune. Se ha demostrado la acción anticancerígena de las actividades físicas, la reducción del riesgo de cáncer mediante ejercicio físico y la reducción de las recaídas del cáncer en las personas que realizan ejercicio físico. Ya hay evidencia suficiente de que el ejercicio físico regular previene el cáncer y evita recaídas de cáncer. Recientemente se ha demostrado que esta acción antitumoral del ejercicio es debida a la mejora del sistema inmune, y también ayuda a mejorar la oxigenación de los tejidos.

El cansancio y abatimiento de las personas con cáncer debidos a la enfermedad o a los tratamientos oncológicos, habitualmente se intenta combatir aconsejando reposo. Sin embargo, la forma más eficaz de mejorarlos es mediante el refuerzo muscular junto al ejercicio aeróbico en pautas adecuadas a cada persona, desde el diagnóstico.

  • Un sueño reparador. También se ha demostrado la acción anticancerígena del sueño reparador, respetando el ritmo circadiano de acostarse pronto y levantarse pronto.
  • Un buen estado psíquico y el control del estrés y las emociones negativas, también de gran influencia en el sistema inmunitario. Un buen estado de ánimo y el optimismo (actitud positiva, confianza, hablar y compartir…) se asocian a un menor riesgo de cáncer por mejorar el sistema inmune. Y en las personas con cáncer se asocia a una mejor respuesta del organismo y del sistema inmune para luchar contra la enfermedad.

El método Dr. Cardona con sus medidas complementarias, actúa en cada uno de los puntos mencionados, pero a menudo es necesario completarlo con el aporte de nutrientes específicos para la persona.

Por otra parte, es frecuente que la acción del sistema inmune se encuentre bloqueada en las personas con cáncer. Los tumores y las células cancerosas pueden impedir la acción del sistema inmune mediante muy diversos mecanismos que implican a distintos genes y también mediante su microambiente tumoral que puede actuar como una fortaleza de tejido fibroso, protectora del tumor. Por tanto, además de mejorar el sistema inmune debemos conseguir que este pueda actuar sobre las células cancerosas mejorando también la expresión de dichos genes y actuando sobre el microambiente tumoral mediante enzimas proteolíticas como Serrapeptase, Nattokinase y Lumbrokinase. Estas enzimas pueden ayudar a disolver la fibrina que protege al tumor del ataque del sistema inmune y también de las terapias aplicadas.

Las enzimas digestivas, fibrinolíticas y proteolíticas como: serrapeptase, nattokinase, tripsina, quimotripsina, bromelaína, papaína…, son necesarias para la acción de los micronutrientes, ayudan a inhibir la acción promotora del microambiente tumoral y pueden mejorar la eficacia del sistema inmune por diversos mecanismos.

Tiene poco sentido aplicar una inmunoterapia dirigida del cáncer a una persona que sigue presentando un sistema inmunitario global débil o bloqueado por: falta de algunos de sus componentes (micronutrientes básicos), insuficientes niveles de enzimas, alteración de la microbiota, acidificación intersticial tumoral, un microambiente fibroinflamatorio u otros diversos mecanismos protectores… Administrando además fármacos y terapias que todavía lo debilitan más. Resulta mucho más eficaz mejorar previamente o al mismo tiempo esta situación comprometida.

Además de modular y fortalecer el sistema inmune es necesario desbloquearlo contra el cáncer para que pueda ser eficaz, y también para que puedan actuar las terapias aplicadas.

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