El medio ácido donde están las células cancerosas es una consecuencia y no una causa de la enfermedad, pero influye en su evolución. 

Nuestro cuerpo está compuesto por millones de células que constantemente captan nutrientes hacia su interior y desechan los subproductos o toxinas de su actividad metabólica hacia el exterior. En una célula normal y con una alimentación adecuada, este mecanismo de entrada y salida de sustancias produce un pH externo que es alcalino (pH elevado) y un pH interno que es ácido (pH bajo). Para que las células y tejidos, realicen su correcta función necesitan un ambiente favorable con un pH interno y externo adecuado.Sin embargo, en una célula cancerosa, este ambiente y pH que las rodea, está más bajo, ligeramente más ácido y el organismo le cuesta revertir esta situación, siendo uno de los factores que ayuda a que la célula cancerosa siga creciendo y expandiéndose.

El entorno ácido de las células favorece el desarrollo de células cancerosas y modifica la expresión de algunos genes procáncer

¿Por qué es más ácido el medio que rodea las células cancerosas?

El pH extracelular ácido de los tejidos cancerosos es consecuencia del elevado metabolismo y de los metabolitos ácidos (como el ácido láctico) derivados de la fermetanción de la glucosa. Este ambiente ligeramente más ácido activa la expresión de algunos genes pro-metastásicos. Por lo tanto, el microambiente ácido está estrechamente relacionado con la metástasis tumoral. Además, este microambiente, puede hacer que las moléculas y enzimas pierdan su actividad y estabilidad inicial. Por ejemplo, si a un vaso de leche (que es rica en proteínas) le adicionamos vinagre o zumo de limón (líquidos con pH ácido), las proteínas de la leche con el tiempo se coagulan y forman un cuajo (sólido). Es decir, las proteínas han cambiado su estructura y ya dejan de tener su actividad inicial presentado otra forma. Estos cambios de estructura y actividad, pueden llegar a provocar alteraciones morfológicas de la célula favorables para el crecimiento tumoral, creando así un ciclo vicioso:

alteración del metabolismo –> pH ácido –> alteración actividad y estructura de las moléculas –> crecimiento tumoral

Este cambio del ambiente externo también facilita la progresión del tumor hacia otras partes del cuerpo, abriendo la puerta a la metástasis.

Sin embargo, cada órgano y cada fluido dispone de un valor de pH característico de funcionalidad, y su tendencia es la de mantenerse en su propio rango de valores (buscando siempre el equilibrio). Un pH ácido en un tejido, no siempre implica enfermedad. Por ejemplo, el estómago tiene un pH ácido y no por ello desarrolla cáncer de forma natural. Si al contenido estomacal lo volvemos más alcalino, aparecen problemas de digestión, absorción de nutrientes, predisposición a infecciones… perjudicando nuestra salud. Por este motivo, no existe un pH único para todo el organismo y no siempre un pH ácido implica enfermedad.

El cuerpo dispone de sistemas que ayudan a equilibrar el pH a través de los “sistemas tampón” bicarbonato/carbónico y la utilización de proteínas y aminoácidos. Una buena base micronutricional de minerales, vitaminas, ácidos grasos y aminoácidos, puede ayudar a que cada tejido del cuerpo llegue a su pH óptimo. Un pH ligeramente más ácido o más básico en tejidos que no lo deben estar, puede favorecer la progresión de afecciones fisiológicas y patológicas.

En el caso del cáncer, se están abriendo nuevas líneas de investigación farmacológica y nutricional, dirigidas a revertir el pH ácido del microambiente y actuar frente a las enzimas que están implicadas en la generación de metabolitos ácidos.

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