La inflamación crónica de bajo grado tiene una estrecha relación con el cáncer. Controlarla, puede ser una herramienta útil para la prevención y el tratamiento del cáncer.

La relación entre la inflamación y el cáncer no es nueva. En 1863, Rudolf Virchow, científico y médico patólogo alemán, encontró que en los tejidos con inflamación crónica, provocada por algunas clases de irritantes, junto con la lesión de tejido y consiguiente inflamación, potencian la proliferación celular.

Las respuestas inflamatorias juegan papeles decisivos en diferentes etapas del desarrollo del tumor, incluyendo la iniciación, promoción, conversión maligna, invasión y metástasis. La inflamación de bajo grado también afecta la vigilancia inmunológica y las respuestas a la terapia médica y farmacológica aplicada.

Aunque ahora está claro que la proliferación celular por sí sola no causa cáncer, el crecimiento celular descontrolado y sostenido, en un ambiente rico en células inflamatorias, factores de crecimiento, vasos sanguíneos activados y agentes oxidantes y mutágenos, ciertamente potencia y/o promueve el riesgo de cáncer.

La inflamación crónica es capaz de promover el cáncer.

En una herida, la proliferación y la inflamación del tejido disminuye después de que el agresor es eliminado y la reparación celular finalizada. El proceso de iniciación, propagación y resolución de la inflamación, con la activación del sistema inmune, la producción de quimioquinas, factores de crecimiento, activación del estroma… es normal y fisiológico. Pero cuando por diversas circunstancias, las células inmunes inflamatorias (como los macrófagos) persisten evitando la resolución de la inflamación, irritan a los tejidos y apoyan el crecimiento de células cancerosas o precancerosas. Por lo tanto, la inflamación crónica es capaz de promover la tumorigénesis, el crecimiento de células cancerosas y propagación a través de la estimulación de las citoquinas proinflamatorias, del factor nuclear-κ B (NF-κB) y STAT3, del incremento de la expresión del enzima proinflamatorio COX-2 y del aumento de la generación de la PEG2 derivada del exceso de ácido araquidónico en los tejidos. La activación plaquetaria debida a la inflamación crónica, estimula la síntesis de moléculas oncogénicas que aceleran la progresión del tumor (ver Figura 1).

Un ambiente celular proinflamatorio puede dar lugar a un crecimiento celular descontrolado, facilitando la aparición y permanencia del cáncer.

Figura 1.- Relación de la inflamación crónica con la proliferación celular.

En cierto sentido, podríamos decir que los tumores actúan como heridas que NO se curan, aprovechándose de todos los factores involucrados en la reparación de tejidos y resolución de la inflamación, como la formación de nuevos vasos sanguíneos, factores de crecimiento y otras sustancias, para el propio beneficio del tumor.

Actuando sobre la inflamación crónica podemos influir en la manifestación y evolución del cáncer.

Reducir la inflamación crónica del organismo, permite controlar el medio que rodea las células y los tejidos dañados, favoreciendo su regeneración y retorno a la normal funcionalidad del tejido.

Los datos epidemiológicos actuales indican que aproximadamente el 15% -20% del cáncer se origina a partir de una inflamación crónica y persistente que podría ser causada por infecciones o factores no infecciosos como estímulos inmunes o estímulos medioambientales.

Por ejemplo, es bien es conocido que la infección por la bacteria Helicobacter pylori puede causar cáncer de estómago, enfermedades inflamatorias intestinales  pueden causar cáncer colorrectal, y que fumar puede causar inflamación crónica y carcinoma en el pulmón (ver Figura2).

Figura 2.- Patologías e infecciones relacionadas con inflamación crónica de los tejidos y tipos de cánceres asociados.

MALT: Tejido linfoide asociado a mucosas.

La alimentación y los micronutrientes tienen una gran influencia en la inflamación crónica de bajo grado.

A parte de los tóxicos ambientales, radiaciones, tabaco, estrés, infecciones y patologías crónicas, existen factores dietéticos proinflamatorios que pueden inducir y agravar la situación. El exceso de consumo de grasas saturadas de cadena larga, grasas hidrogenadas, grasas trans sintéticas, baja ingesta de vegetales y frutos secos, bajo consumo de omega 3 (ácido alfa-linolénico ALA, ácido eicosapentaenoico EPA, ácido docosahexaenoico DHA), exceso de azúcares simples, déficit de aminoácidos esenciales y micronutrientes como vitaminas y minerales, agravan el estado proinflamatorio. No obstante, en la alimentación, también encontramos factores dietéticos antiinflamatorios en el consumo de vegetales (especialmente crudos), setas, especies aromáticas, frutos secos, semillas (chía, lino), frutas y frutas del bosque, alimentos fermentados y pescado azul.

Por todo ello, la alimentación y la suplementación con determinados alimentos y micronutrientes, puede ayudar a controlar la inflamación crónica y favorecer el control del tumor.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

El artículo del blog Factores causales de la enfermedad crónica puede ayudarle a localizar y resolver los factores causales de inflamación crónica de bajo grado.

Referencias

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