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El tumor se genera a sí mismo un ambiente para ayudarle a sobrevivir, crecer y expandirse. Es el microambiente tumoral, que es fundamental en la expansión del cáncer.

Un tumor se manifiesta y se extiende por: mutaciones genéticas propias y adquiridas, factores bioquímicos de riesgo, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular, descontrol en la muerte celular, fallo del sistema inmune y exceso de oxidación-inflamación general y local. Sin embargo, el microambiente tumoral evoluciona junto con este cambio celular, salvaguarda al tumor y posibilita su expansión, siendo determinante tanto en su manifestación como en su evolución posterior.

Todos los tumores malignos comparten unos mismos mecanismos bioquímicos y metabólicos, presentan comportamientos similares, crecen de la misma forma y dependen del sistema inmune, aunque sean distintos genéticamente.

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El tumor no solo está formado por las células cancerosas, un porcentaje muy elevado de la masa tumoral lo forma también el microambiente tumoral que es el tejido fibroinflamatorio que rodea al tumor, constituido por: fibroblastos, células inmunitarias e inflamatorias, colágeno, fibrina, vasos sanguíneos y linfáticos, nervios… El tumor se genera a sí mismo un ambiente para ayudarle a sobrevivir, crecer y expandirse. Un microambiente ácido que es el soporte del tumor, se comunica con las células cancerosas en un complejo sistema de cohabitación e intercambio, segrega unas proteínas que forman como una fortaleza que le protege del sistema inmune y de los fármacos, al tiempo que es fundamental para su crecimiento y expansión. El microambiente tumoral actúa como “conexión” para la entrada de células tumorales a los vasos sanguíneos (para metastatizar) y su actividad y densidad son esenciales para su capacidad invasiva y metastásica.

Los sistemas vasculares del cuerpo son dos: vascular sanguíneo y vascular linfático. El sistema vascular sanguíneo que aporta oxígeno y nutrientes a las células, y el vascular linfático que contiene la linfa (con glóbulos blancos) y está formado por: vasos linfáticos, ganglios que los conectan y filtran, bazo, timo, amígdalas…. Su función es eliminar los residuos metabólicos, tóxicos y iones del espacio extracelular, y es tan importante como la función del sistema vascular sanguíneo. Dicha función está influida por la actividad eléctrica natural del cuerpo.

El tumor crece, las células se alejan, y precisa de nuevos vasos sanguíneos para abastecerse de sangre y nutrientes, es la vascularización del tumor o angiogénesis. La fibrina del microambiente ayuda a promover la angiogénesis dentro del tumor y proporciona su estructura de soporte.

Para que se produzcan metástasis las células cancerosas deben escapar del tumor, llegar a los vasos sanguíneos y linfáticos y, debido a su adhesividad, quedarse pegadas en algún pliegue o protuberancia de su pared, cubrirse de fibrina y proliferar bajo esta capa, formando otro tumor que rompe la pared vascular y linfática, penetrando en el tejido y diseminándose así a los ganglios y otros órganos del cuerpo (metástasis). Y cuanto mayor la cantidad, rigidez y actividad del tejido fibroso-inflamatorio del microambiente tumoral, mayor la agresividad del cáncer y más se facilita el desplazamiento de las células cancerígenas hacia los vasos.

Por tanto, el microambiente tumoral con sus células, fibrina, moléculas y acidez, es fundamental en la expansión del cáncer, ya que lo protege del ataque del sistema inmune, promueve la angiogénesis y facilita la migración de células malignas. Puede ser crucial para el tumor ya que, en ocasiones se reduce el tamaño del tumor con el tratamiento convencional, pero aumentan las metástasis y empeora la supervivencia debido a la dinámica del microambiente tumoral.

Por otro lado, el exceso de oxidación e inflamación en el organismo es también un elemento fundamental en la manifestación de un cáncer y en su diseminación a otros órganos. La inflamación en otros tejidos facilita el que se produzcan metástasis en ellos. Cuanto mayor es la inflamación generalizada y focalizada, mayor el crecimiento del cáncer y peor su evolución. Y la capacidad antioxidante-antinflamatoria del organismo depende de la combinación de determinados genes de la persona, que son también genes responsables, pero muy influenciados por los factores bioquímicos de riesgo mencionados.

Un tumor se manifiesta y se extiende por: mutaciones genéticas propias y adquiridas, factores bioquímicos de riesgo, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular, descontrol en la muerte celular, fallo del sistema inmune y exceso de oxidación-inflamación general y local. Sin embargo, el microambiente tumoral evoluciona junto con este cambio celular, salvaguarda al tumor y posibilita su expansión, siendo determinante tanto en su manifestación como en su evolución posterior.

Todos los tumores malignos, de diferentes tipos y localizaciones, comparten unos mismos mecanismos bioquímicos y metabólicos, presentan comportamientos similares, crecen de la misma forma y dependen del sistema inmune, aunque sean distintos genéticamente.