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La predisposición genética al cáncer consiste en tener desde el nacimiento genes con cambios o mutaciones genéticas propias que favorecen el cáncer. Les llamo genes responsables.

Los factores bioquímicos de riesgo son principalmente las insuficiencias y los desequilibrios de micronutrientes y el exceso de moléculas proinflamatorias, procancerígenas y tóxicas, ocasionado por los factores externos causales: alimentación inadecuada, exceso de tóxicos y de radiaciones electromagnéticas, falta o exceso de ejercicio, sueño no reparador, estrés y emociones negativas persistentes, infecciones por determinados patógenos, y fármacos.

Todo ello conduce a un exceso de inflamación general y local en el organismo, pudiendo ocasionar un daño mitocondrial que empuje a la célula a cambiar su metabolismo (reprogramación metabólica) para sobrevivir y poder dividirse, pasando de un metabolismo mitocondrial a un metabolismo glucolítico fuera de las mitocondrias para producir la energía (ATP) necesaria. La disfunción mitocondrial y los cambios metabólicos son causa de cambios o mutaciones genéticas adquiridas (cambios epigenéticos), que afectan la expresión de los genes responsables comentados y llevan al descontrol en la muerte celular (apoptosis) con mayor proliferación celular.

La transformación de células normales en cancerosas hasta la formación de un cáncer o tumor depende habitualmente de factores genéticos y factores bioquímicos de riesgo al mismo tiempo, coincidiendo una combinación de genes que predisponen al cáncer (genes responsables) y mutaciones adquiridas, con desequilibrios micronutricionales, exceso de moléculas tóxicas, exceso de oxidación e inflamación, colonización inadecuada por microorganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos) y fallo del sistema inmune.

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Conceptos simples sobre genes y ambiente para poder entender el porqué del cáncer. La célula es una unidad individual viva con sus funciones, que se han unido o asociado en comunidades multicelulares de billones de células para formar el cuerpo humano (u otras especies). Comunidades altamente organizadas de células individuales completamente interactivas, no solo de células humanas sino también de otras especias como las bacterianas. Las células se diferencian y especializan, distribuyéndose el trabajo, aumentando así la eficiencia y la capacidad de supervivencia del organismo, bajo un control hasta hace poco considerado genético, pero que actualmente se sabe es principalmente por influencias medioambientales.

Veamos como ocurre. Las membranas celulares contienen proteínas para captar las señales internas y externas, tanto de moléculas físicas como de cambios de energía (ondas), y proteínas para dar la respuesta celular necesaria. A su vez, estas proteínas controlan la unión de otro tipo de proteínas con el ADN, recubriéndolo como una funda, haciendo que pueda ser “leída” o no la información de sus genes, controlando así la actividad génica.

Por ejemplo: la falta de algunos micronutrientes básicos puede ocasionar que las proteínas reguladoras no recubran a genes anormales (mutaciones) causantes de diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer, y así estos genes pueden ser “leídos”, manifestándose estas enfermedades en la persona. O bien, cuando se aportan dichos micronutrientes las proteínas reguladoras recubren a los genes anormales y estos no pueden ser “leídos”, silenciándose la actividad genética, y la persona no presenta enfermedad, aunque es portadora de genes que le predisponen a padecerla. Añadiendo que la falta de micronutrientes en la célula no solo puede deberse a una cantidad insuficiente, también puede ser por una dificultad de paso de dichos nutrientes (y de salida de materiales de desecho) a través de la membrana celular por una disfunción de proteínas de membrana causada por alteraciones en la energía electromagnética. Las proteínas no solo dependen de la secuencia de aminoácidos, su forma y función también depende de la interacción entre las cargas electromagnéticas de los aminoácidos, y estas están influidas por la energía electromagnética.

Los genes no controlan su propia actividad, son las señales del entorno que a través de las proteínas de membrana regulan la lectura de los genes, permitiendo la síntesis de las proteínas para las funciones celulares en respuesta al entorno y no por el código genético. Los genes no regulan la biología celular, la regula el entorno a través de miles de proteínas. Un gen no crea una sola proteína como se pensaba antes, a partir de un mismo molde génico se pueden producir cientos de proteínas distintas en función de las señales del medio. Las influencias medioambientales (micronutrientes, tóxicos, estrés, emociones) modifican la actividad génica sin alterar la configuración básica, y estas modificaciones pueden transmitirse a la descendencia. De tal forma es así, que lo trasmitido a las futuras generaciones depende tanto de la herencia (genes) como de las influencias físicas y psíquicas durante la vida.

 El cáncer se manifiesta en una persona porque coinciden en ella una predisposición genética y unos factores bioquímicos de riesgo. Los factores bioquímicos de riesgo son los causantes de que la predisposición genética se “ponga en marcha” y aparezca el cáncer. Esto es lo habitual, siendo poco frecuente que únicamente la genética, o únicamente los factores bioquímicos, sean la causa del cáncer. Cuando una célula enferma hay que buscar la causa primero en el entorno y no en la misma célula. Actualmente ya sabemos que los genes solo controlan enfermedades hereditarias concretas muy poco frecuentes, la gran mayoría de personas tienen genes que les permiten una vida saludable.

Predisposición genética al cáncer, o componente genético, o genoma vulnerable al cáncer. Consiste en tener desde el nacimiento genes con cambios o mutaciones genéticas propias que favorecen el cáncer. Genes que cuando se manifiesta un cáncer, a menudo están asociados a determinadas combinaciones de otras mutaciones genéticas también propias que: predisponen al exceso de oxidación-inflamación, o dificultan la desintoxicación del cuerpo, o afectan al sistema inmune…, facilitando los cambios metabólicos y la desprogramación de la muerte celular (apoptosis) explicadas. A todos estos genes con mutaciones genéticas propias que predisponen y facilitan la manifestación de un cáncer les llamo genes responsables.

Factores bioquímicos de riesgo, como son las insuficiencias y los desequilibrios de micronutrientes (metabolitos nutricionales) y el exceso de moléculas proinflamatorias, procancerígenas y tóxicas; afectando al sistema inmunitario de tal modo que este no es capaz de evitar la eliminación de las células del cuerpo transformadas en cancerosas, ni la colonización patógena por algunos microrganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos). Influyendo decisivamente en todo ello los factores externos causales: alimentación inadecuada, exceso de tóxicos y de radiaciones electromagnéticas, falta o exceso de ejercicio, sueño no reparador, estrés y emociones negativas persistentes, infecciones por determinados patógenos, y fármacos que afectan el equilibrio micronutricional y la función mitocondrial.

Las alteraciones comentadas conducen a un exceso de inflamación general y local en el organismo, pudiendo ocasionar un daño mitocondrial con reducción de su funcionalidad que empuje a la célula a cambiar su metabolismo (reprogramación metabólica) para sobrevivir y poder dividirse, pasando de un metabolismo mitocondrial a un metabolismo glucolítico fuera de las mitocondrias para producir la energía (ATP) necesaria. La disfunción mitocondrial y los cambios metabólicos son causa de cambios o mutaciones genéticas adquiridas (cambios epigenéticos) solo en determinadas células, que afectan la expresión de los genes responsables comentados y llevan al descontrol en la muerte celular (apoptosis) con mayor proliferación celular. Estos cambios genéticos adquiridos son muy diversos y aleatorios, incluso entre células del mismo tumor.

La transformación de células normales en cancerosas hasta la formación de un cáncer o tumor puede ocurrir solo por predisposición genética o solo por factores bioquímicos, pero esto es muy poco frecuente. Habitualmente se necesitan los dos tipos de causas para que se manifieste la enfermedad: los cambios epigenéticos ocasionados por los factores bioquímicos influyen en cómo se expresarán los genes responsables del cáncer. Es decir, las mutaciones genéticas adquiridas por los factores bioquímicos influyen en si se “pondrán en marcha” o no los genes responsables (mutaciones genéticas propias), manifestándose el cáncer o manteniendo la salud.

En el cáncer las mutaciones genéticas pueden llegar a ser innumerables, casi infinitas, mientras que los factores o alteraciones bioquímicas causales son menos complejas y numerosas y más controlables. Resultando fundamental descubrir y corregir estas últimas porque inciden decisivamente en las mutaciones adquiridas de las que dependerá la expresión de las mutaciones propias y la evolución de la enfermedad.

En la gran mayoría de personas con cáncer están implicados factores genéticos y bioquímicos al mismo tiempo en diferentes proporciones, coincidiendo mutaciones genéticas con desequilibrio micronutricional, toxicidad, colonización-infección, exceso de oxidación e inflamación…, persistentes. Personas con genomas vulnerables que cuando se presentan factores bioquímicos persistentes de los mencionados, aparecen nuevas mutaciones adquiridas que interaccionan de forma constante con las mutaciones propias, se producen cambios metabólicos celulares y se manifiesta el cáncer.

Las causas de la reprogramación metabólica de la célula cancerosa explicada anteriormente son varias: falta de oxígeno (hipoxia), moléculas tóxicas (exceso de radicales libres…), insuficiencia de metabolitos micronutricionales, acidificación del medio celular, radiaciones, infecciones víricas, mutaciones propias y adquiridas en ADN mitocondrial y nuclear… que dañan mitocondrias, activando enzimas de rutas metabólicas citoplasmáticas e inhibiendo enzimas metabólicas de rutas mitocondriales.

El lactato (ácido láctico) producido en exceso sale de la célula y produce acidificación del microentorno del tumor. Y dicha acidificación se ha asociado a mayor: agresividad, invasión, metástasis, escape del sistema inmune, aumento de la angiogénesis (formación de vasos sanguíneos) y de resistencia a la terapia aplicada. Este ácido láctico actúa como un ‘escudo’ protector de la célula cancerosa frente al sistema inmunitario, y si el nivel de lactato desciende, el tumor es más vulnerable frente a su ataque. El lactato que pasa a la sangre se transporta al hígado y allí puede reconvertirse en glucosa (gluconeogénesis). Glucosa que pueden utilizar de nuevo las células cancerosas.

La glicolisis y el metabolismo mitocondrial defectuoso causan exceso de radicales libres que a su vez conduce a más daño en los lípidos de las membranas y en los ADN mitocondriales (mutaciones adquiridas), lo que conduce a más estimulación de la glucolisis. La integridad del ADN nuclear depende en gran medida de la regulación de la energía mitocondrial y las alteraciones explicadas pueden conducir a mutaciones de este ADN que contribuirán todavía más a la alteración del metabolismo celular y la progresión del cáncer.

Por último, decir que estos cambios metabólicos influirán en las células cercanas como: fibroblastos asociados al tumor, células endoteliales y células inmunitarias.

El impulso del metabolismo mitocondrial protege del cáncer, y el del metabolismo citoplasmático (glucolisis) favorece al cáncer. Hay genes responsables, como MYC, que promueven los cambios y rutas metabólicas que posibilitan el cáncer: activan transportadores de glucosa y glutamina y enzimas de las rutas de la glucosa (enzimas glucolíticas) y de la glutamina (enzimas glutaminolíticas). Otros genes responsables, como p53, por el contrario, protegen del cáncer promoviendo el metabolismo mitocondrial. Estos genes pueden sufrir mutaciones adquiridas que se acumulan a lo largo de muchos años, activándolos o inhibiéndolos y conduciendo a la alteración del metabolismo celular, aumentando metabolitos que facilitan el desarrollo tumoral. Los cambios metabólicos están ligados a la activación e inhibición de genes responsables del cáncer de manera que la reprogramación génica se halla estrechamente vinculada a la metabólica.

Los genes mitocondriales (ADNmitocondrial) y los del núcleo de la célula (ADNnuclear) están en comunicación continua, ajustando el equilibrio entre el metabolismo (energía) citoplasmático y el mitocondrial. Cuanto más agresivo el cáncer mayor capacidad de ajustar estos metabolismos. Tanto el ADN nuclear como el mitocondrial están dañados (mutaciones) y ambos influyen en la reprogramación metabólica, pero no tan dañados como para que inhiban por completo la producción de energía mitocondrial, ya que entonces la célula cancerosa no podría proliferar.

Los tumores malignos implican una gran complejidad genética, sin embargo, los cambios metabólicos implicados son mucho más simples, limitándose a un conjunto de vías metabólicas conocidas, con un aumento de la glucolisis y glutaminolisis no solo para obtener ATP (energía), sino principalmente para disponer del metabolito acetil-CoA para la síntesis de lípidos, proteínas y nucleótidos, necesarios para la proliferación y el crecimiento. El microentorno del tumor y las mutaciones adquiridas dictan los combustibles y las rutas metabólicas extramitocondriales y mitocondriales utilizadas para dicho crecimiento. Es la reprogramación metabólica de la célula cancerosa en relación con la célula normal, como consecuencia de mutaciones adquiridas en genes responsables del cáncer.

Los fármacos que afectan la función mitocondrial podrían favorecer la reprogramación metabólica: antinflamatorios, antidepresivos, ansiolíticos, antidiabéticos, antibióticos, antivíricos, corticoides, quimioterapia, inmunosupresores… entre muchos otros.

Es esta reprogramación metabólica la clave para entender y tratar el cáncer en la práctica. La genética y las mutaciones son de una complejidad difícil de alcanzar. Las mutaciones en cada tumor son miles y, si fuera posible, deberían identificarse las implicadas en la enfermedad, tanto en los genes considerados responsables del cáncer como en los genes que no se identifican como genes del cáncer. Existen desde cánceres muy complejos genéticamente hasta cánceres en los que no se observan mutaciones y otros producidos por cancerígenos (arsénico, asbesto…) que dañan la mitocondria y no provocan mutaciones.

Los tumores tienen zonas bien perfundidas a las que llegan bien el oxígeno y los nutrientes y otras que no, de modo que muchas células tumorales están en ambientes hipóxicos y pobres en micronutrientes. La célula cancerosa se adapta al microambiente en el que se encuentra, utilizando los metabolitos y las rutas metabólicas que le permitan sobrevivir y reproducirse (crecer): glucolisis, glutaminolisis, producción de lactato, producción de acetil-CoA… Y si dispone de oxígeno y tiene suficientes mitocondrias funcionales, también utilizará las rutas metabólicas mitocondriales (ciclo de Krebs, fosforilación oxidativa). La célula cancerosa siempre busca formas de conseguir la energía y sintetizar los componentes que necesita, pero está limitada a las vías y enzimas metabólicas conocidas, sobre las que si podemos actuar de forma mucho más accesible de lo que podemos conseguir procediendo sobre la genética y las mutaciones.

En la célula cancerosa falla la programación de muerte celular o apoptosis, controlada en las mitocondrias debido a: la presencia de mutaciones propias y adquiridas que facilitan esta desprogramación, la disfunción mitocondrial, la acidez del medio extracelular, la alcalinidad del medio intracelular, la falta de micronutrientes básicos… Y las células se dividen y crecen de forma descontrolada, ocasionando una masa de células o tumor, en donde también hay células que no se han transformado en cancerosas.

La transformación de células normales en cancerosas hasta manifestarse un cáncer en una persona ocurre en varias fases que pueden durar años, y este proceso depende de factores genéticos y factores bioquímicos de riesgo al mismo tiempo, coincidiendo una combinación de genes que predisponen al cáncer (genes responsables) y mutaciones adquiridas, con desequilibrios micronutricionales, exceso de moléculas tóxicas, exceso de oxidación e inflamación, colonización inadecuada por microorganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos) y fallo del sistema inmune. Es decir, la transformación de una célula normal en cancerosa ocurre debido a que en ella confluyen estos factores con distintos niveles de influencia. Es igual quien sea el primero, están ahí y lo importante es actuar donde podamos hacerlo, y podemos actuar sobre los factores bioquímicos, la disfunción mitocondrial, los cambios metabólicos y el sistema inmunitario del organismo.