Extracto del artículo

Antes de que se presenten cambios evidentes como la atrofia muscular, en la persona con cáncer que sigue tratamientos oncológicos se han observado insuficientes niveles de muchos de los micronutrientes básicos: vitaminas en formas activas, minerales esenciales, coenzima Q10, ácido lipoico, omega 3 (ALA, EPA, DHA), omega 6 (GLA), y aminoácidos esenciales y semiesenciales. También de otros micronutrientes como la carnitina.

El estado nutricional de la persona con cáncer va a ser decisivo para su respuesta al tratamiento oncológico y para su curación.

La administración de los micronutrientes básicos en equilibrio resulta muy beneficiosa para el paciente oncológico, y no solo no influyen negativamente en las terapias oncológicas convencionales (cirugía, quimioterapia, hormonoterapia, radioterapia, terapias dirigidas del cáncer…), sino que potencia su efecto y reduce efectos indeseables.

Considero urgente que los oncólogos se abran a los beneficios de la micronutrición y alimentación en el abordaje del cáncer.

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La situación con las terapias complementarias en oncología es la siguiente:

  • La mayoría de personas diagnosticadas de cáncer siguen algún tipo de terapia no convencional, que incluye la toma de suplementos y dietas específicas. Y la gran mayoría de ellos están satisfechos.
  • La gran mayoría de oncólogos no recomiendan el consumo de suplementos.
  • Son muchos los pacientes tratados con terapias complementarias o alternativas que esconden al oncólogo dichos tratamientos.
  • La gran mayoría de los tratamientos complementarios están aplicados por profesionales no médicos.

El estado nutricional de la persona con cáncer va a ser decisivo para su respuesta al tratamiento oncológico y para su curación.  Si la alimentación es inadecuada, se afecta al sistema inmune y las funciones de los órganos del cuerpo, la eficacia de todos los tratamientos oncológicos (quimioterapia, inmunoterapia, radioterapia, cirugía…) se reduce, aumentando sus efectos secundarios y complicaciones. En pacientes desnutridos, no solo de macronutrientes (calorías, carbohidratos, grasas y proteínas) sino de micronutrientes, empeora la calidad de vida física y mental y aumenta la mortalidad. Una gran mayoría de los pacientes con cáncer siguen una dieta inadecuada, y muchos siguen una dieta procancerígena, sin que ningún profesional les advierta, simplemente por desconocimiento. Incluso, algunos pacientes con signos externos de desnutrición, son animados por sus médicos y nutricionistas convencionales a comer lo que mas les apetezca.

Antes de que se presenten cambios evidentes como la atrofia muscular, en la persona con cáncer que sigue tratamientos oncológicos se han observado insuficientes niveles de muchos de los micronutrientes básicos: vitaminas en formas activas, minerales esenciales, coenzima Q10, ácido lipoico, omega 3 (ALA, EPA, DHA), omega 6 (GLA), y aminoácidos esenciales y semiesenciales. También de otros micronutrientes como la carnitina. Este desequilibro micronutricional se produce por la enfermedad y por los tratamientos aplicados, y su primera consecuencia es el aumento del estrés oxidativo que implica siempre un exceso de inflamación. Precisamente lo que más preocupa porque abona el terreno para el crecimiento y expansión de la enfermedad. Pero las consecuencias no son solo un aumento de la oxidación-inflamación, también se inhibe la función mitocondrial en los órganos vitales: corazón, pulmón, hígado y riñón, y se inhibe el sistema inmunitario, tan necesario para atacar a las células cancerosas.

La insuficiencia de micronutrientes en la persona con enfermedades de larga evolución es constante, debido a varias causas que a menudo se sobreponen: ingesta baja, inhibición en la síntesis de formas activas, aumento de las necesidades por fármacos utilizados, tóxicos, radiaciones, exceso de inflamación… y una causa que pocos profesionales conocen: el estrés y las emociones negativas. La energía que ocasionan puede afectar la forma y función de las proteínas de membrana de las que depende el paso de nutrientes al interior de la célula, afectando sus niveles, como explico en otro apartado.

La administración de los micronutrientes básicos en equilibrio resulta muy beneficiosa para el paciente oncológico. Se ha demostrado en varios estudios, incluido uno de Mayo Clinic con 1129 pacientes, que aplicar diversos conjuntos de micronutrientes al paciente con cáncer: mejora el sistema inmune, reduce los efectos adversos de los tratamientos oncológicos (pérdida de apetito, náuseas, vómitos, molestias abdominales, pérdida de cabello, debilidad, malestar general…), aumenta la supervivencia, mejora la calidad de vida y reduce la mortalidad. Además, varios estudios han demostrado que los micronutrientes reducen la proliferación celular y mejoran la respuesta al tratamiento oncológico, al tiempo que bajan su toxicidad.

Por ejemplo, la deficiencia de vitamina D es muy común en pacientes con cáncer y está implicada en su manifestación y evolución. Cuanto más bajos son los niveles, más riesgo de cáncer y cuando ya se padece, peor es su evolución. Por el contrario, al corregir los niveles de 25 (OH) D (vit D) a 60–80 µg, el riesgo baja marcadamente y la evolución mejora, reduciéndose los efectos secundarios de la terapia oncológica. Además, muchos tratamientos para el cáncer afectan los niveles de vitamina D. Pero la vitamina D no debe verse sola, sino junto a la vitamina K2 y el magnesio. Los micronutrientes básicos deben verse siempre como un conjunto. Son moléculas que forman parte del metabolismo celular y no actúan aisladamente ni existen deficiencias de uno solo de estos micronutrientes. Forman un extenso “equipo” molecular que interacciona entre sí y debería investigarse y administrarse en conjunto. Su manejo es distinto al de las moléculas externas y extrañas al organismo como son los fitoquímicos (de plantas) y fármacos, administrados para conseguir un efecto específico en el cuerpo pero que también activan o inhiben otras moléculas de forma no deseada, y pueden tener efectos indeseables e interacciones con tratamientos.

Los suplementos con micronutrientes no influyen negativamente en las terapias oncológicas convencionales: quimioterapia, hormonoterapia, terapias dirigidas del cáncer… El Instituto Americano de Investigación del Cáncer (AICR) no dice que los pacientes con cáncer que siguen terapias oncológicas no tomen complementos nutricionales con vitaminas y minerales, sino que aconseja no superar la ingesta máxima tolerable por día (UL). Por ejemplo, la UL para la vitamina C es de 2000 mg, vit. D 50 µg (2000 u), vit E (alfatocoferol) 100 mg, magnesio 350 mg, calcio 2.500 mg, zinc 40 mg, selenio 400 µg… Dosis alcanzadas por la medicina ortomolecular pero no por la medicina micronutricional que defiendo. Sin embargo, todavía la controversia en oncología sigue, debido a un desconocimiento en este campo médico, y la mayoría de oncólogos aún desaconsejan la administración de suplementos de micronutrientes y antioxidantes durante las terapias del cáncer debido a que en la acción de algunas de ellas están implicados los radicales libres. Sin embargo, el mecanismo de acción de la gran mayoría de terapias oncológicas no es principalmente mediante el estrés oxidativo, y en revisiones sistemáticas se concluye que los suplementos con nutrientes antioxidantes no actúan negativamente con la quimioterapia. Los oncólogos aconsejan no tomar suplementos nutricionales, a menudo sin analizar bien por qué ni cuales, y curiosamente sin haber estudiado medicina micronutricional cuando es tanto o más relevante y decisiva para el paciente que la medicina farmacológica.

Otra cuestión es la fitoterapia con extractos de plantas y fitoquímicos. En este caso, algunos de ellos si pueden ocasionar interacciones negativas con los tratamientos oncológicos, además de resultar difícil para el profesional conocer realmente todas las moléculas que está aportando al paciente. En personas con cáncer la fitoterapia debería estar aplicada por médicos expertos que conozcan bien las interacciones con los tratamientos oncológicos, informando al oncólogo del paciente.

Considero urgente que los oncólogos se abran a los beneficios de la micronutrición y alimentación en el abordaje del cáncer. Deben darse cuenta de que muchos de sus pacientes que siguen una mala evolución a pesar del tiempo y esfuerzos dedicados a ellos, es por: desequilibrios micronutricionales + toxicidad. Y es imperativo corregirlos, por encima de todas las demás consideraciones, para darles una oportunidad de mejorar.