Extracto del artículo

La respuesta inflamatoria prolongada de bajo grado (inflamación crónica) es uno de los principales contribuyentes al inicio y progresión de la tumorigénesis. Cuanta mayor inflamación peor es la evolución del cáncer en la persona y menor su supervivencia.

Los parámetros PCR, VSG y LDH elevados, junto a un deterioro físico y muscular, expresan exceso de inflamación, disfunción mitocondrial y alteración del sistema inmune, indicando que, antes o al mismo tiempo, deben controlarse dichos factores o la respuesta al tratamiento oncológico será desfavorable.

En la persona con cáncer es imprescindible controlar el grado de oxidación e inflamación, mediante las adecuadas pautas de: alimentos, micronutrientes, enzimas, fitoquímicos, agua hidrogenada, ejercicio físico, sueño reparador, control de factores estresantes y emociones, y reducción de tóxicos y radiaciones.

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El estrés oxidativo consiste en un exceso de moléculas (radicales libres) que producen daño oxidativo en células y tejidos, no evitado por la capacidad antioxidante del organismo. El estrés oxidativo aumenta el estado inflamatorio, siendo el estrés oxidativo y la inflamación crónica dos procesos íntimamente relacionados, de tal forma que uno conlleva al otro y viceversa.

En la persona con cáncer se produce una acumulación de radicales libres, que han podido provocar mutaciones en el ADN de células contribuyendo a sus cambios metabólicos y transformación maligna. Sin embargo, una vez la célula se ha transformado en cancerígena, cierta cantidad y tipo de radicales libres pueden ser necesarios para inducir e iniciar el proceso de apoptosis. Por tanto, es necesario reducir los radicales libres mediante antioxidantes, pero no de forma excesiva. El micronutriente básico ácido R-lipoico, asociado a otros micronutrientes, es capaz de disminuir el estrés oxidativo de las células no transformadas y favorecer la apoptosis (muerte celular programada) en las células tumorales.

El exceso de oxidación e inflamación persistentes se asocian al cáncer y favorecen su crecimiento. La respuesta inflamatoria prolongada de bajo grado (inflamación crónica) es uno de los principales contribuyentes al inicio y progresión de la tumorigénesis. Cuanta mayor inflamación general en el organismo (sistémica) y en los órganos afectados (local), peor es la evolución del cáncer en la persona y menor su supervivencia. La inflamación y el cáncer van asociados. En el crecimiento y la diseminación de los tumores influye decisivamente el grado de oxidación e inflamación del organismo y de los órganos afectados, incluyendo la inflamación en los tejidos donde pueden metastatizar. Si somos capaces de reducir el estrés oxidativo y la inflamación en el organismo y en dichos tejidos, restableciendo al mismo tiempo la función inmune, ayudaremos a evitar las metástasis. Y si el cáncer ya es metastásico, a frenar su diseminación.

Los parámetros analíticos más útiles en la práctica clínica para evaluar el grado de inflamación general en el organismo y la alteración del sistema inmune son los siguientes:

  • Relación neutrófilos / linfocitos entre 1 y 2, con linfocitos en el rango normal. Cuanto mayor sea esta relación y más bajos los linfocitos, peor el estado del sistema inmune y peor la respuesta al tratamiento con quimioterapia e inmunoterapia.
  • Cuanto más bajas peor es el pronóstico.
  • LDH – Lactato Deshidrogenasa. Esta enzima es un buen marcador de la función metabólica y mitocondrial celular. Niveles altos indican una función mitocondrial alterada y un pronóstico desfavorable de la enfermedad. Niveles bajos pueden indicar afectación muscular grave. El rango normal depende del laboratorio, aunque habitualmente no debería sobrepasar 265 UI/l
  • Valores superiores a 10 pueden indicar exceso de inflamación en el organismo.
  • Valores elevados persistentes indican exceso de inflamación en el organismo.

Si la persona presenta PCR, VSG y LDH elevados, expresa exceso de inflamación, disfunción mitocondrial y alteración del sistema inmune, indicando que la enfermedad no está controlada y las células madre del cáncer pueden activarse. Si se aplica una terapia oncológica convencional agresiva (radioterapia, quimioterapia, inmunoterapia…) sin antes, o al mismo tiempo, controlar dichos parámetros mediante medicina micronutricional y eliminación de tóxicos, la calidad de vida del paciente empeorará y la respuesta será desfavorable. Cuando PCR, VSG, LDH y relación neutrófilos/linfocitos están en rangos normales significa que la enfermedad se controla y las posibilidades de éxito son mayores.

Estos marcadores, así como los síntomas y el estado clínico son fundamentales para valorar la óptima combinación de micronutrientes y alimentos para el paciente. Todas las personas con cáncer precisan del aporte de micronutrientes básicos a dosis fisiológicas como se da en el método Dr. Cardona, pero cada persona necesita una combinación y cantidad distinta de micronutrientes específicos antioxidantes, debido a que cada una metaboliza de forma distinta los antioxidantes de los alimentos y complementos. Desde personas que los absorben o metabolizan deficientemente y requieren cantidades muy elevadas, hasta personas en que cantidades elevadas pueden actuar como prooxidantes. Por tanto, la combinación y cantidad de micronutrientes antioxidantes-antinflamatorios a aportar no es predecible, solo puede conocerse mediante la monitorización de signos y parámetros clínicos. La enfermedad puede incluso estar bien controlada de acuerdo con las pruebas habituales en oncología, pero no estarlo el estrés oxidativo ni la inflamación de la persona, siendo estos la causa bioquímica de inesperadas complicaciones, mala evolución o recidivas.

En la persona con cáncer es, por tanto, imprescindible controlar el grado de oxidación e inflamación, durante y fuera del tratamiento oncológico, mediante las adecuadas pautas de:

  • Alimentos, unos alimentos tienen una acción proinflamatoria-procancerígena y otros antiinflamatoria-anticancerígena. Por ejemplo, debido a las proteínas proinflamatorias que contienen como ocurre con los lácteos y el trigo.
  • Micronutrientes, siendo fundamental aquí la acción de todos los micronutrientes básicos, especialmente los ácidos grasos omega 6 y omega 3 activos, como GLA y DHA, vitaminas como la D y K2, y antioxidantes como coenzima Q10 y el ácido R-lipoico.
  • Enzimas como Bromelaína, Papaína, Tripsina, Quimotripsina, Serrapeptase, Nattokinasa, por sus acciones antiinflamatorias.
  • Hongos como Reishi y Coriolus Versicolor (PSK), pueden ser de gran ayuda en la mejora de la oxidación-inflamación y el sistema inmune.
  • Fitoquímicos como la Silibina, que mejora la actividad de las principales enzimas antioxidantes: SOD, catalasa y glutatión peroxidasa.
  • Agua hidrogenada, con gran actividad antioxidante a nivel de toda la célula y sus orgánulos.
  • Ejercicio físico y sueño reparador.
  • Control de factores estresantes y emociones.
  • Reducción de tóxicos y radiaciones electromagnéticas. Si persisten en la persona unos niveles elevados en tejidos de moléculas proinflamatorias y tóxicas, será muy difícil conseguir mejorar el exceso de inflamación en el organismo.