Cáncer y aporte de aminoácidos

Las proteínas aportan aminoácidos, que son las unidades esenciales para construir y mantener el tejido muscular, mantener el funcionamiento del sistema inmunitario, metabólico, del tejido óseo y del sistema nervioso.

Las necesidades diarias de proteínas oscilan entre 0,8 a 1,2 g/kg de peso corporal/día. Este rango es bastante amplio, e incluso puede ser mayor en algunas situaciones como en el deporte, grandes quemaduras, enfermedades crónicas intestinales etc… Las carnes, pescados, huevos, leche y derivados lácteos, legumbres, frutos secos, semillas… son fuentes dietéticas de proteínas.

Los aminoácidos son las unidades básicas que conforman las proteínas. Existen 20 aminoácidos que forman proteínas de los cuales 8 se consideran esenciales, es decir, que nuestro cuerpo no los puede fabricar y necesita obtenerlos directamente de la dieta. Ocasionalmente, un aminoácido puede volverse “condicionalmente esencial o semiesencial”, es decir, que en determinadas etapas de la vida o bien, en ciertas enfermedades como las insuficiencias renal, hepática, cardíaca, respiratoria…, se convierten en esenciales porque se incrementa la necesidad del mismo.

AMINOÁCIDOS ESENCIALES AMINOÁCIDOS CONDICIONALMENTE ESENCIALES AMINOÁCIDOS NO ESENCIALES
L-Leucina              L-Histidina   L-Ácido aspártico
L-Isoleucia              L-Arginina   L-Ácido glutámico
L-Valina              L-Tirosina   L-Asparagina
L-Fenilalanina              L-Cisteína   L-Alanina
L-Lisina              L-Glicina   L-Prolina
L-Metionina              L-Glutamina   L-Serina
L-Tiptófano
L-Treonina

 

Los aminoácidos no solo sirven para fabricar proteínas para los músculos. Tienen otras funciones no tan conocidas como formar parte de la síntesis de enzimas (tanto digestivas como las implicadas en el metabolismo), actuar como precursores de neurotransmisores  (mensajeros de la información como serotonina, dopamina, adrenalina…) en el sistema nervioso, participar en la síntesis de hormonas o actuar como mensajeros celulares.

Para que una persona mantenga la salud, es necesario un aporte equilibrado de los aminoácidos esenciales.

Los alimentos de origen animal (huevos, lácteos, carne, pescado) contienen todos los aminoácidos y son considerados alimentos con proteínas completas. Pero algunos alimentos de origen vegetal no contienen estos 8 aminoácidos y, si no son ingeridos en la misma comida, la capacidad del organismo para sintetizar nuevas proteínas puede verse afectada. Por ello, si una persona es vegana/vegetariana, debe conocer el perfil de aminoácidos de los cereales y legumbres para poder realizar comidas con proteínas completas, ya que suelen ser deficitarios en uno o varios aminoácidos esenciales. Por ejemplo: los cereales como el arroz son deficitarios en el aminoácido lisina, mientras que las legumbres son deficitarias en el aminoácido metionina. Si hacemos un plato en el que aportemos lentejas con arroz, estaremos ingiriendo todos los aminoácidos esenciales. No obstante, a parte de la composición en aminoácidos esenciales, hay otro concepto, que es el valor biológico que tiene en cuenta tanto su composición en aminoácidos esenciales como su digestibilidad, ya que aquello que no se digiere, no se absorbe ni nutre. El huevo, se considera el alimento con la proteína de mayor valor biológico, seguido del pollo, la carne de vacuno… Por ello, las personas que siguen dietas monótonas, estrictas, desequilibradas, veganas o vegetarianas o que ingieren poca proteína deberían fijarse en la calidad y digestibilidad de las mismas.

La persona con cáncer necesita el aporte adecuado de aminoácidos esenciales y semiesenciales para conseguir mantener unas correctas funciones orgánicas, sin potenciar el crecimiento del tumor. 

Tal y como se explicó en anteriores artículos, las personas con cáncer, debido a los efectos secundarios de la radioterapia, quimioterapia, cirugía o por el crecimiento del propio tumor,  pueden perder peso y masa muscular, iniciándose un proceso llamado caquexia tumoral. Según la situación y actividad física del paciente, se debe estimar bien el aporte proteico consumiendo proteínas de alto valor biológico en cantidad necesaria. Aunque los alimentos proteicos animales tengan mayor valor biológico, el consumo de carne roja  y derivados cárnicos se asocia a mayor incidencia de cancer. Por ello, en personas con cáncer, se recomienda no consumirla. En cambio una combinación y preparación adecuada de legumbres, pseudocereales, frutos secos, semillas de chía…, además de aportar proteínas, nos dan otros nutrientes importantes como fibra, minerales, vitaminas y fitoquímicos que se han relacionado con la menor incidencia de cáncer. También puede ser útil para reduccir el consumo de alimentos de orígen animal, aportar mediante complementos la combinación óptima de aminoácidos libres esenciales y semiesenciales en forma libre.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

BIBLIOGRAFIA

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SAYAR, Romina. Valor nutricional de un gran alimento. Diaeta. 2016, vol.34, n.154, pp.34-34

 

Cáncer y consumo de proteínas

Un exceso de proteínas, sobretodo de origen animal y de alimentos cárnicos procesados, acelera el envejecimiento y se correlaciona con mayor incidencia de cáncer.

Desde hace tiempo se comenta que una excesiva ingesta de productos cárnicos transformados no es bueno para la salud. Varios estudios científicos y el seguimiento a lo largo del tiempo de hábitos de consumo y salud en determinadas poblaciones, indican una mayor probabilidad a padecer alguna patología incluída el cáncer. Obviamente es un factor más, pero dado que el consumo de carne roja y alimentos cárnicos procesados está aumentando, este factor puede ser importante en la aparicióN de patologías incluído el cáncer.

En el 2015, la OMS, después de una extensa revisión de datos publicados, señalaba que un excesivo consumo de carnes rojas y alimentos cárnicos procesados (alimentos transformados a través de la salazón, el curado, el ahumado… de cerdo, de vacuno u otras carnes rojas. Incluídas también la de los embutidos, la carne seca, carne en lata o salsas a base de carne) incrementaba el riesgo de paceder cáncer. Las formas de cocción de la carne también son importantes. Cocinar a altas temperaturas o con la comida en contacto directo con una llama o una superficie caliente, como la barbacoa o la plancha, produce más sustancias cancerígenas. Los métodos de cocción a baja temperatura como el estofado, vapor, horno a baja temperatura… son más saludables. La OMS señalaba que la carne procesada es más cancerígena (debido a que suele tener más contenido de sal, azúcar, diferentes aditivos añadidos, aminas aromáticas, nitritos y tratamientos térmicos más elevados) y la incluía en el Grupo 1 (suficiente evidencia, sobretodo en el cáncer colorectal), mientras que la carne sin procesar se incluía en el Grupo 2 (evidencia limitada).

En los estudios revisados, se estima que cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en aproximadamente un 18%. En cambio, el consumo de huevos, frutos secos, pavo y pescado, alimentos ricos en proteína, no han mostrado mayor incidencia en el cáncer de mama y colon, entre otros.

La asociación del consumo de carne con la enfermedad no es debida a su grasa saturada sino a los tóxicos que contiene por la alinmentación de los animlaes, los precesados y la cocción, y a las moléculas tóxicas que origina en el organismo. 

Nuevas teorías indican que la relación entre el consumo de carne roja y cáncer van más allá del elevado contenido en sal, azúcar, los compuestos tóxicos generados en la cocción o incluso el hierro que podría actuar como un prooxidante. Una nueva hipótesis indica que la carne roja (carne de vacuno más que la carne de cerdo o cordero) contienen una variante particular del ácido siálico (gliconutriente) llamado también ácido N-glicolilneuramínico (Neu5Gc). Tanto las aves de corral como los pescados contienen niveles bajos de Neu5Gc, y los vegetales carecen de él. La molécula Neu5Gc no se encuentra naturalmente en nuestros tejidos (el ácido siálico sí), debido a que hace millones de años, en la línea de la evolución, los homínidos perdimos el gen que codifica para esta molécula y nos diferenciamos de otros mamíferos.

A pesar de la incapacidad humana para producir de forma endógena el Neu5Gc, esta isoforma no humana de ácido siálico se puede detectar en pequeñas cantidades en células  normales y en mayor cantidad en células cancerígenas, y su presencia en nuestro organismo solo puede ser a través del consumo de alimentos. La presencia de esta molécula, activa el sistema inmune produciendo anticuerpos contra este ácido siálico aberrante, ocasionando una inflamación crónica que promueve la carcinogénesis y también la aterogénesis.

La ingesta de proteínas es necesaria para la salud, principalmente en los niños, los jóvenes y las personas de la 3ª edad.

Algunos artículos también indican que una ingesta elevada de proteínas a los requerimientos diarios durante el periodo de mediana edad (30-60 años) se vincula a una mayor mortalidad y aparición de patologías crónicas. No obstante, un consumo moderado-bajo de proteínas (sobretodo procedente de plantas) durante la mediana edad, seguido de un consumo elevado de proteínas en la edad mas avanzada (> 65 años), puede optimizar la duración de la salud y la longevidad. Aunque es preferible obtener gran parte de estas prateínas de fuentes vegetales (legumbres, frutos secos, semillas de chía, quinoa, trigo sarraceno…), de huevos ecológicos, y también de complementos de aminoácidos libres bien diseñados que no producen residuos tóxicos en el organismo.

Desde principios de la segunda mitad del siglo XX se ha venido asociando la ingesta de carne roja y derivados con enfermedad, no obstante cabría especificar que cualquier alimento cuando se ingiere en las ventanas de crecimiento inoportunas y de forma inadecuada, en términos de cantidad, calidad y método culinario, puede derivar en alteraciones de la salud.

En el próximo artículo vamos a profundizar en la calidad y el valor biológico de las proteínas y de las unidades básicas que las forman: los aminoácidos.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

BIBLIOGRAFÍA

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https://www.who.int/features/qa/cancer-red-meat/en/

El ambiente que arropa al tumor

La matriz extracelular, red tridimensional que baña a las células de un tejido, aporta el sostén y los nutrientes necesarios para crecimiento, reparación y regeneración celular.

Todos los tejidos y células del cuerpo humano se comunican entre sí de forma muy rápida. Incluso más rápida que la realizada por el sistema nervioso. Esta función de comunicación se lleva a cabo en un espacio que llamamos matriz extracelular (MEC), que es una red tridimensional que baña y da sostén a todos los órganos, tejidos y células del cuerpo.

La composición de la MEC es dinámica y cambia contantemente a lo largo del tiempo. Existen diferentes combinaciones de componentes (fibras de colágeno, enzimas, polisacáridos, oligoelementos…) que crean el material idóneo para dar las propiedades específicas al tejido. Por ejemplo, aportar fuerza en un tendón, dientes o huesos, amortiguación en el cartílago y adhesión (como si fuera cemento) en la mayoría de los tejidos. La composición de la matriz no solo varía según la parte del cuerpo, sino también del estado fisiológico en que se encuentra, lo que permite a la célula saber dónde está y qué debe hacer.

Aparte de dar sostén y proporcionar cemento al tejido, la MEC constituye un filtro biofísico: aporta oxígeno y elimina el CO2, proporciona capacidad de regeneración y cicatrización, ayuda en la eliminación de desechos y aporta nutrición a las células. La pérdida de su función o alteración de su composición química, implica una disminución de las conexiones entre células, menor interacción con el sistema inmune, disminución de la supervivencia celular y acúmulo de toxinas.

La alteración química y estructural de la MEC, cambia la arquitectura, expresión y estado nutricional del tejido.

En condiciones normales, el acúmulo de toxinas y desechos en la MEC es eliminado de forma fisiológica a través del sistema linfático. Si dicho drenaje no se da o es insuficiente se produce una respuesta que se traduce en inflamación, acidosis y dolor que tal y como hemos visto en anteriores posts, pueden ser causa y consecuencia y viceversa de un crecimiento tumoral.

El ambiente del tumor resulta crucial para la evolución de la enfermedad, de él depende el potencial de invadir estructuras próximas y formar metástasis, así como, la efectividad de los tratamientos aplicados. 

En el cáncer, la matriz extracelular juega un papel muy importante ya que es fuente de estímulos (inflamación, tóxicos, desnutrición…) que pueden permitir a la célula evadir el sistema inmune y generar metástasis. El cambio de la MEC, también puede afectar a la acción de los fármacos quimioterápicos y reducir su efectividad. En los tejidos cancerosos existen otras variables que también afectan la matriz extracelular, como es la expresión de enzimas que vuelcan al medio extracelular y que degradan la red de proteínas y otras macromoléculas, haciendo que la red tridimensional se debilite. Estas enzimas son conocidas como colagenasas (degradación del colágeno), estromelisinas (degradación del estroma) y gelatinasas (degradación de gelatina).

Los niveles de micronutrientes y tóxicos en el organismo influyen en el ambiente del tumor y en la evolución de la enfermedad. 

Una adecuada alimentación y sobre todo la micronutrición, ayudará a tener unos niveles óptimos de nutrientes para favorecer el mejor ambiente celular y expresión de moléculas y enzimas de la MEC. Por ejemplo, la vitamina C ayuda a mantener, estimular y estabilizar el colágeno que es necesario para mantener fuerte el tejido conectivo y así resistir a la acción de enzimas que degradan el colágeno con el objetivo de invadir nuevos tejidos y órganos. Conjuntos micronutricionales compuestos por vitaminas, minerales y factores vitamínicos (vitamina C, vitamina B6, folatos, vitamina B2, selenio, manganeso, magnesio, N-acetilcisteína, ácido R-lipoico ….) son esenciales en las reacciones de detoxificación y eliminación de contaminantes y fármacos, favoreciendo la limpieza de la MEC.

El blog Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) le resultará muy útil para conocer nutrientes y tóxicos de los alimentos.

Bibliografía

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Saavedra Torres , J Set al.- La matriz extracelular: un ecosistema influyente en la forma y comportamiento de las células. Morfolia – Vol. 7 – No. 1 – Año 2015

Cáncer y entorno ácido

El medio ácido donde están las células cancerosas es una consecuencia y no una causa de la enfermedad, pero influye en su evolución. 

Nuestro cuerpo está compuesto por millones de células que constantemente captan nutrientes hacia su interior y desechan los subproductos o toxinas de su actividad metabólica hacia el exterior. En una célula normal y con una alimentación adecuada, este mecanismo de entrada y salida de sustancias produce un pH externo que es alcalino (pH elevado) y un pH interno que es ácido (pH bajo). Para que las células y tejidos, realicen su correcta función necesitan un ambiente favorable con un pH interno y externo adecuado.Sin embargo, en una célula cancerosa, este ambiente y pH que las rodea, está más bajo, ligeramente más ácido y el organismo le cuesta revertir esta situación, siendo uno de los factores que ayuda a que la célula cancerosa siga creciendo y expandiéndose.

El entorno ácido de las células favorece el desarrollo de células cancerosas y modifica la expresión de algunos genes procáncer

¿Por qué es más ácido el medio que rodea las células cancerosas?

El pH extracelular ácido de los tejidos cancerosos es consecuencia del elevado metabolismo y de los metabolitos ácidos (como el ácido láctico) derivados de la fermetanción de la glucosa. Este ambiente ligeramente más ácido activa la expresión de algunos genes pro-metastásicos. Por lo tanto, el microambiente ácido está estrechamente relacionado con la metástasis tumoral. Además, este microambiente, puede hacer que las moléculas y enzimas pierdan su actividad y estabilidad inicial. Por ejemplo, si a un vaso de leche (que es rica en proteínas) le adicionamos vinagre o zumo de limón (líquidos con pH ácido), las proteínas de la leche con el tiempo se coagulan y forman un cuajo (sólido). Es decir, las proteínas han cambiado su estructura y ya dejan de tener su actividad inicial presentado otra forma. Estos cambios de estructura y actividad, pueden llegar a provocar alteraciones morfológicas de la célula favorables para el crecimiento tumoral, creando así un ciclo vicioso:

alteración del metabolismo –> pH ácido –> alteración actividad y estructura de las moléculas –> crecimiento tumoral

Este cambio del ambiente externo también facilita la progresión del tumor hacia otras partes del cuerpo, abriendo la puerta a la metástasis.

Sin embargo, cada órgano y cada fluido dispone de un valor de pH característico de funcionalidad, y su tendencia es la de mantenerse en su propio rango de valores (buscando siempre el equilibrio). Un pH ácido en un tejido, no siempre implica enfermedad. Por ejemplo, el estómago tiene un pH ácido y no por ello desarrolla cáncer de forma natural. Si al contenido estomacal lo volvemos más alcalino, aparecen problemas de digestión, absorción de nutrientes, predisposición a infecciones… perjudicando nuestra salud. Por este motivo, no existe un pH único para todo el organismo y no siempre un pH ácido implica enfermedad.

El cuerpo dispone de sistemas que ayudan a equilibrar el pH a través de los “sistemas tampón” bicarbonato/carbónico y la utilización de proteínas y aminoácidos. Una buena base micronutricional de minerales, vitaminas, ácidos grasos y aminoácidos, puede ayudar a que cada tejido del cuerpo llegue a su pH óptimo. Un pH ligeramente más ácido o más básico en tejidos que no lo deben estar, puede favorecer la progresión de afecciones fisiológicas y patológicas.

En el caso del cáncer, se están abriendo nuevas líneas de investigación farmacológica y nutricional, dirigidas a revertir el pH ácido del microambiente y actuar frente a las enzimas que están implicadas en la generación de metabolitos ácidos.

Bibliografía

Corbet C, Feron O. Tumour acidosis: from the passenger to the driver’s seat. Nat. Rev. Cancer. 2017;17:577–593. doi: 10.1038/nrc.2017.77.

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Desnutrición y terapia oncológica

La desnutrición en el cáncer se caracteriza principalmente por una pérdida rápida de peso, cansancio y fatiga. Esta pérdida de peso, se relaciona con una peor evolución de la enfermedad. Aparece entre un 30-90% de los pacientes después de iniciar la terapia que puede constar de cirugía, quimioterapia y/o radioterapia. La asociación conjunta de dos o de los tres métodos terapéuticos dispara la probabilidad de desnutrición; y según el tipo, grado y localización del tumor el riesgo aumenta. Por ejemplo, los cánceres en cabeza, cuello, garganta, estómago… tienen mayor probabilidad de ocasionar deficiencias nutricionales que un cáncer de mama. Las causas son multifactoriales como alteraciones del gusto,  las llagas en la boca, el metabolismo del propio tumor o incluso por los propios fármacos administrados. Las alteraciones en la ingesta, no solo afectan a los macronutrientes que nos suministran energía (carbohidratos y grasas) o que ayudan a construir músculo y estructuras (proteínas), sino también a los micronutrientes, que tienen acción catalítica, antioxidante e inmunomodularora.

 

Tabla 1.- Efectos adversos de la quimioterapia relacionados con el estado nutricional del paciente.

La desnutrición y la deficiencia de micronutrientes son situaciones clínicas muy frecuentes. La desnutrición se define como el estado patológico que resulta del déficit, absoluto o relativo, de un nutriente esencial o más, y que condiciona el aumento de la mortalidad y morbilidad de las personas que lo padecen.

Diagnosticar la desnutrición, no es una tarea fácil. Hay que realizar una valoración del estado nutricional y determinar varios datos analíticos del paciente, incluidos los micronutrientes básicos: vitaminas, minerales, factores vitamínicos, ácidos grasos omega 6 y omega 3, y aminoácidos esenciales y semiesenciales.

Un indicador útil es el porcentaje (%) de pérdida de peso y su evolución en el tiempo.

(%) de pérdida de peso. = (Peso habitual-peso actual) x 100/peso habitual

Una pérdida mayor del 10 % con respecto al peso habitual, se asocia a un aumento del riesgo de complicaciones por desnutrición, sobre todo si ésta ocurre en un tiempo inferior a 6 meses. Es decir, el riesgo de complicaciones aumenta con el aumento de la pérdida y la velocidad de instauración de la misma. Se considera que existe desnutrición severa si él % de pérdida de peso es el indicado:

Tiempo                % Pérdida de peso

1 semana                        2,0%

1 mes                             5,0%

3 meses                          7,5%

6 meses                          10,0%

La expresión máxima de desnutrición en el cáncer se llama el síndrome de caquexia tumoral, la cual es responsable directa o indirecta de la muerte de un tercio de los pacientes con cáncer. Así, la caquexia tumoral es un síndrome complejo en el que, junto con un estado de desnutrición, se incluyen pérdida de peso, disminución de la masa muscular, anorexia y saciedad precoz, debilidad, anemia y edemas y a todo ello se une una incapacidad para mantener los mecanismos metabólicos que conduce a una disminución progresiva de las funciones vitales.

Clásicamente, el tratamiento de la caquexia ha estado basado en estimulantes del apetito (por ejemplo acetato de medroxiprogesterona) y fórmulas orales líquidas de alimentos de los que hay innumerables tipos en el mercado, pero el resultado final es pobre. Actualmente se está investigando cuál es el tratamiento más efectivo y se postula una fórmula que incluya alimentos, complementos micronutricionales y actividad física programada, para el mantenimiento de la masa muscular y de la calidad de vida.

Para concluir, la desnutrición no solo consiste en la pérdida de peso y masa muscular sino también en tener unos niveles insuficientes de varios micronutrientes básicos, incluso con un peso normal o excesivo. Administrándolos se reducen los efectos secundarios de la terapia oncológica y mejoran la evolución de la enfermedad. Por ejemplo, es muy frecuente observar niveles bajos de vitamina D en personas con cáncer, y esta deficiencia puede influir negativamente en las alteraciones genéticas y la evolución.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

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Agua hidrogenada y estrés oxidativo

El estrés oxidativo causado por especies reactivas de oxígeno (ROS) comunmente llamados radicales libres, es causa de lesiones en células y tejidos provoca diversas afecciones en órganos como cerebro y músculo. El estrés oxidativo aumenta el estado inflamatorio, siendo el estrés oxidativo y la inflamación crónica dos procesos íntimamente relacionados, de tal forma que uno conlleva al otro y viceversa.

El control del estrés oxidativo, ya sea causa o consecuencia, es una estrategia terapéutica básica para todo tipo de patologías crónicas.

Hay muchas formas para controlar el estrés oxidativo como es el consumo adecuado de vegetales, frutas y verduras frescas y si es posible, también ecológicas, ingesta de complementos alimenticios con nutrientes antioxidantes o más recientemente, el uso de agua hidrogenada.

En 2007, el Dr. Ohsawa reportó que el hidrógeno molecular (H2) puede actuar como un antioxidante para prevenir y tratar la lesión de isquemia-reperfusión de la arteria cerebral media y este efecto ha sido respaldado por informes adicionales posteriores. Se han publicado varios estudios sobre el efecto beneficioso del H2 en muchos órganos, incluido el cerebro. El primer efecto beneficioso importante es su actividad antioxidante, puesto que el H2 se combina con el radical hidroxilo para producir agua (H2O). Recientemente se han propuesto otros mecanismos biológicos del H2 como antiinflamatorio, mejor expresión de ADN y del metabolismo energético. Por lo tanto, la biología de H2 no es simple y cada día que pasa se conocen acciones nuevas y complementarias. La acción del H2 es por todo el cuerpo puesto que es una molécula de bajo peso molecular, lo que significa que tiene la capacidad de penetrar dentro de la célula y núcleo y de todas las membranas biológicas, incluyendo la barrera hematoencefálica. Por ello, la gran difusión del H2 permite que pueda ejercer su acción antioxidante en todo tipo de células, incluyendo las del sistema nervioso central.

Existen varias vías de administración y se clasifican aproximadamente en tres tipos: la inhalación del gas, el consumo de agua con H2 disuelto (agua hidrogenada) y la inyección de una solución salina con H2 disuelto. De estas tres vías, la más recomendada por su perfil de seguridad, eficacia y accesibildad es la del consumo de agua hidrogenada (en un modelo animal de enfermedad de Parkinson, ingerir agua hidrogenada fue más eficaz que inhalar hidrógeno) y en el mercado existen varias empresas con aparatos, con un amplio rango de características y precios, que producen agua hidrogenada (Hidrolux…).

Recientes estudios indican que el H2 puede ser un coadyuvante en el cáncer como agente preventivo o en terapia combinada con fármacos. El consumo de agua hidrogenada podría atenuar los efectos secundarios de los quimioterápicos (disminuyendo el estrés oxidativo) y de la radioterapia, protegiendo a las células sanas. Además parece inducir la apoptosis de las células cancerosas y retrasar el crecimiento de algunos tumores.

Aunque se han sugerido todas estas acciones prometedoras, el mecanismo o mecanismos, y la eficiencia por la cual el hidrógeno inhibe las células cancerosas aún no se ha establecido. Aún faltan más estudios que puedan detallar el mecasnimo de acción y confirmar estas acciones.

Conocer el estrés oxidativo es clave en medicina clínica, pero hasta ahora resultaba muy difícil, por la complejidad de cuantificar los radicales libres.

La prueba d-ROM permite medir el estrés oxidativo por primera vez en medicina clínica práctica.

La prueba d-ROM (Metabolitos de Oxígeno Reactivos) mide los hidroperóxidos (ROOH) en plasma, cuantificando el estado de oxidación de la sangre en términos de U. Carr (Unidad Carratelli). Esta prueba mide el estado entre la producción de radicales y la defensa antioxidante del organismo.

BIBLIOGRAFÍA

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Cáncer y micronutrientes

Los micronutrientes como vitaminas, minerales y factores vitamínicos son imprescindibles para mantener la salud y prevenir el cáncer.

La mayor parte de las enfermedades que padece el hombre en la actualidad, tiene como base una inadecuada alimentación. Tal y como hemos visto en anteriores post, los alimentos pueden ser factores causantes, de manera que algunos factores dietéticos pueden aumentar o disminuir el riesgo.

El consumo excesivo de grasas en la dieta se ha relacionado con una mayor probabilidad de la aparición de cáncer de mama, colon, pulmón y próstata. Una dieta con exceso de proteínas, principalmente de origen animal, se ha relacionado con un aumento de la incidencia de cáncer de colon y próstata. El alcohol es un factor de riesgo importante para la aparición de tumores de diversos tipos, y la combinación de alcohol y tabaco, tiene un efecto sinérgico sobre el riesgo, y en concreto con cáncer colorrectal. Sin embargo, se ha relacionado una menor incidencia de enfermedades degenerativas incluido el cáncer, en aquellas personas que tienen un mayor consumo de frutas y vegetales, debido a su alto contenido en fitoquímicos y micronutrientes como vitaminas, minerales y factores vitamínicos.

La mayoría de estos micronutrientes actúan de forma directa o indirecta como antioxidantes, neutralizando la acción del exceso de radicales libres, desempeñando una función fundamental en la prevención de éstas enfermedades. El exceso de oxidación va asociado a exceso de inflamación, y a más inflamación en el organismo, peor evolución del cáncer. Otra función de los micronutrientes es actuar como biocatalizadores de las reacciones bioquímicas que se producen en el interior del cuerpo, es decir, que facilitan la función de enzimas y procesos metabólicos.

Actualmente la población española no cumple con las recomendaciones de ingesta de varias vitaminas y minerales.

Aunque parezca fácil ingerir más frutas y vegetales, gran parte de la población tiene deficiencias micronutricionales significativas. Los últimos datos arrojados por el estudio ANIBES (2017) sobre la ingesta, perfil y fuentes de energía en la población española, indican que un elevado porcentaje no cumple con las recomendaciones de ingesta para las vitaminas A, E, C y el selenio y zinc, micronutrientes claramente con función antioxidante directa e indirecta.

En los pacientes oncológicos, el estado de varias vitaminas y minerales es en general peor que en las personas sanas. Normalmente incluso ya en el momento en que se emite el diagnóstico y antes de que aparezcan cambios clínicamente relevantes en el estado micronutricional, pero sobre todo, después de comenzar el tratamiento.

El uso de sustancias antioxidantes durante los tratamientos para combatir el cáncer,  sigue siendo motivo de controversia, pues la eficacia de la radioterapia y de algunos quimioterápicos dependen en parte de la formación de radicales libres. Sin embargo, la mayoría de los fármacos utilizados actualmente en el tratamiento, como los antimetabolitos (metotrexato), los derivados de la mostaza nitrogenada (ciclofosfamida), los complejos del platino (cisplatino), los alcaloides de la vinca (vinorelbina), los taxanos (paclitaxel) o las antraciclinas (epirubicina), no actúan principalmente sobre el estrés oxidativo. Si los antioxidantes influyeran de manera significativa en la eficacia del tratamiento estándar de la radioterapia y quimioterapia, durante la fase de tratamiento no se deberían consumir frutas y verduras ricas en fitoquímicos, vitaminas y minerales, ni tampoco té verde, cacao, curry… Por consiguiente, si se usan complementos con efecto global antioxidante, debería ser imitando las matrices alimentarias, es decir, conjunto de micronutrientes (ya sean vitaminas, minerales, factores vitamínicos, ácidos grasos, aminoácidos…) en dosis fisiológicas para que puedan ser absorbidos y realicen su función de manera conjunta, sin descompensar los procesos del metabolismo, obteniendo de esta forma su máximo beneficio.

Unos niveles adecuados de micronutrientes facilitan la acción de los fármacos y una mejor recuperación.

Una ingesta inadecuada de micronutrientes con acción inmunonutricional, biocatalítica y antioxidante, en pacientes con cáncer, se refleja entre otras cosas, en los marcadores de estrés oxidativo, los cuales resultan elevados. Como la deficiencia de micronutrientes inducida por el cáncer y/o el tratamiento afecta el curso de la enfermedad y la efectividad de las medidas farmacológicas, además de aumentar el riesgo de complicaciones (por ejemplo, sistema inmune alterado, curación lenta de heridas, fatiga, cansancio y depresión), es necesario garantizar su aporte, además de una ingesta adecuada de los otros macronutrientes (proteínas, grasas y carbohidratos complejos).

Actualmente ya es posible medir y monitorizar en clínica el estrés oxidativo (exceso de oxidación) y la capacidad antioxidante del organismo, mediante las pruebas d-ROM y PAT, lo que permite por primera vez en medicina ajustar las dosis y pautas de micronutrientes en pacientes con cáncer y otras enfermedades persistentes.  Para más información vea el artículo del blog: medición del estrés oxidativo y enfermedad crónica.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog puede ayudarle a reducir los alimentos con carbohidratos y con grasas saturadas y a incrementar los alimentos con fitoquímicos antioxidantes-antiinflamatorios, para ayudar a prevenir y combatir el cáncer.

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MEDICIÓN DEL ESTRÉS OXIDATIVO Y ENFERMEDAD CRÓNICA

El estrés oxidativo consiste en un exceso de moléculas llamadas radicales que ocasiona daño oxidativo en células y tejidos, debido a su excesiva producción e insuficiente eliminación por los antioxidantes.

El oxígeno es necesario para la vida y se utiliza en nuestro cuerpo para producir energía entre otras funciones. Es la normal oxidación, en la que se generan moléculas inestables llamadas radicales. Los radicales son necesarios, pero en exceso atacan a casi todas las moléculas bioquímicas del cuerpo (ácidos grasos, lípidos, glucósidos, aminoácidos, proteínas, nucleótidos, ADN…), causando cambios estructurales y funcionales en ellos, siendo los lípidos de las membranas celulares y las lipoproteínas objetivos prominentes de oxidación. En dicho ataque oxidativo se producen productos llamados hidroperóxidos (ROOH), que pueden convertirse en moléculas inofensivas (ROH) si los antioxidantes del organismo son suficientes, o persistir y amplificar el daño oxidativo en células y tejidos cuando estos antioxidantes son insuficientes. Los hidroperóxidos son los metabolitos producidos cuando se oxidan las moléculas que constituyen el cuerpo, son la evidencia del daño oxidativo, y son tanto más elevados cuanto más severo es el daño oxidativo sufrido.

Llamamos capacidad antioxidante la capacidad del organismo, medida en sangre, para reaccionar con los radicales e hidroperóxidos y eliminarlos.

Llamamos estrés oxidativo al desequilibrio persistente entre los radicales producidos y los eliminados en el cuerpo, causando un exceso de radicales e hidroperóxidos y un daño oxidativo, no evitados por la capacidad antioxidante del organismo.

El estrés oxidativo aumenta el estado inflamatorio, siendo el estrés oxidativo y la inflamación crónica dos procesos íntimamente relacionados, de tal forma que uno conlleva al otro y viceversa.

El estrés oxidativo y la inflamación crónica aceleran el envejecimiento y son el detonante para la aparición de enfermedades que la persona está predispuesta genéticamente: diabetes, insuficiencia coronaria, asma, EPOC, ictus, artritis, dermatitis, ansiedad, depresión, enfermedad neurológica, enfermedad autoinmune, cáncer, enfermedad rara… etc.

Por tanto, conocer el estrés oxidativo es clave en medicina clínica, pero hasta ahora resultaba muy difícil, por la complejidad de medir los radicales (los causantes de estrés oxidativo) debido a su vida media muy corta y a no acumularse a niveles suficientemente altos para ser medidos.

La prueba d-ROM permite medir el estrés oxidativo por primera vez en medicina clínica práctica.  

La prueba d-ROM (Metabolitos de Oxígeno Reactivos) mide los hidroperóxidos (ROOH) en plasma, cuantificando el estado de oxidación de la sangre en términos de U. Carr (Unidad Carratelli). La prueba se basa en que la cantidad de hidroperóxidos en el suero está relacionada con los radicales a partir de los cuales se forman. Esta prueba es una medida del estado entre la producción de radicales y la defensa antioxidante o capacidad antioxidante del organismo. Un valor elevado en la prueba puede indicar tanto un incremento en la producción de radicales dañinos como una disminución en las defensas antioxidantes, o la coincidencia de ambas alteraciones.

El rango normal está entre 250 y 300 unidades Carr (U. Carr). Los valores superiores a 300 U. Carr son indicativos de estrés oxidativo, o alteración en el equilibrio necesario entre la actividad prooxidante y la capacidad antioxidante de la persona. En muchas patologías, cuanto más alto el valor peor pronóstico. Cuanto más estrés oxidativo e inflamación general y en focos peor pronóstico de la enfermedad, aunque como siempre en medicina deben tenerse en cuanta otras muchas variables y el contexto clínico.

La técnica en que se basa la prueba d-ROM es simple.

El nombre d-ROM significa “derivados” de los “ROM” o los “Metabolitos de Oxígeno Reactivos” (Metabolitos Reactivos de Oxígeno), la clase a la que pertenecen los hidroperóxidos, pero “d” es también el productor inicial Diacron.

La prueba d-ROM es una prueba espectrofotométrica que mide la “capacidad oxidante” de una muestra de plasma con respecto a una sustancia específica (amina aromática modificada) utilizada como indicador (cromógeno). El suceso se asocia con el cambio de color gradual y progresivo hacia el rosa de la mezcla de reacción (plasma + cromógeno), inicialmente incoloro. El cambio de color es medido por un dispositivo (fotómetro) que convierte en un número la capacidad de oxidación así determinada. La concentración de hidroperóxidos se correlaciona directamente con la intensidad del color detectado, expresándose en unidades de concentración que son fáciles de usar en la práctica clínica. Estas unidades están indicadas como U Carr del apellido del inventor Mauro Carratelli, donde 1 U. Carr equivale a 0.08 mg H2O2 / dL. Se usa plasma o suero en lugar de sangre entera, no estando influenciado por el hematocrito que causa valores alterados.

Después de un análisis cuidadoso de la literatura científica disponible y de la experiencia clínica de los últimos 15 años, se considera que la prueba d-ROM debería ser utilizada por los médicos para ayudarles a diseñar pautas terapéuticas que mejoren la calidad de vida y evolución de sus pacientes.

d-ROM es la única prueba validada para una evaluación fiable y rápida del estrés oxidativo en clínica:

  • ha sido validada por ESR (Electron Spin Resonance, el estándar de oro para el estudio de radicales), en el CNR (Consejo de Investigación Nacional de Italia), considerándolo un método confiable que puede determinar de manera efectiva la cantidad de hidroperóxidos que circulan en la sangre. Cientos de investigadores han verificado posteriormente la validez de la prueba d-ROM.
  • tiene un excelente rendimiento analítico, en términos de precisión, sensibilidad, especificidad y repetibilidad;
  • indica resultados en unidades específicas y originales, unidades Carr, universalmente reconocidas por la comunidad científica internacional y aceptadas por los médicos por ser muy practicas;
  • tiene una base científica muy sólida, documentada por unos 700 artículos, muchos de los cuales son revistas revisadas por pares;
  • se utiliza en más de 50 países de todo el mundo, en importantes centros médicos y académicos (en Italia también se utiliza en las Universidades de Milán, Siena, Roma, Nápoles, Catania., en el Instituto de Salud, el National Comité de Investigación, etc.);
  • ha sido evaluada por la comunidad científica internacional, hasta el punto de ser incluido en la prestigiosa revista Circulation como uno de los marcadores emergentes de un evento aterotrombótico inicial y haber sido elegido como prueba de referencia por la Unión Internacional de Angiología;
  • se utiliza actualmente en la práctica clínica en muchos centros de salud, incluidos los hospitales, tanto en Italia como en muchos otros países, aunque en España aún está poco utilizada;
  • es muy útil para el control de enfermedades y para tomar decisiones terapéuticas. Un estudio reciente realizado por el Comité Nacional de Investigación en Pisa demostró inequívocamente que los pacientes con valores altos de la prueba d-ROM, monitoreados durante 2 años consecutivos, tenían una mayor tasa de morbilidad y mortalidad cardiovascular con respecto a aquellos cuyos valores de prueba eran normales. La prueba d-ROM es un indicador predictivo importante en el tratamiento del virus de la hepatitis C. La prueba d-ROM también ha demostrado ser muy útil en el control de enfermedades metabólicas (dislipidemia, obesidad, diabetes, menopausia, hiper e hipotiroidismo), envejecimiento, enfermedades pulmonares, diálisis, enfermedades inflamatorias, enfermedades infecciosas, periodontitis, en oncología, medicina deportiva, medicina ocupacional, andrología, etc.

La prueba PAT permite medir la capacidad antioxidante del plasma lo que resulta muy útil en combinación con la medición del estrés oxidativo por la prueba d-ROM.

La prueba PAT (Potencial Antioxidante sistémico o del plasma), mide el componente antioxidante global del plasma sanguíneo, para defenderse de la agresión de los radicales. Es una medida confiable de la actividad antioxidante de los compuestos del plasma, muy útil para monitorizar la eficacia de fármacos, antioxidantes y otras terapias.

Si los valores son inferiores a 2000 U.Cor, pueden producirse daños oxidativos en las células y los tejidos. La prueba es muy sensible a los cambios.

La técnica en que se basa la prueba PAT es simple.

Esta prueba determina esencialmente la concentración de antioxidantes solubles en agua en la sangre, que pueden reducir los iones férricos a iones ferrosos. La prueba PAT no ha sido diseñada para proporcionar información sobre la concentración de un antioxidante individual, ya que sería de muy poco valor clínico, sino que más bien determina la reserva total de antioxidantes en el plasma sanguíneo.

El grado de oxidación-inflamación y los valores d-ROM pueden elevarse debido a predisposición genética, factores externos causales y/o enfermedades:

Combinaciones de genes que predisponen al exceso de oxidación e inflamación, o a la dificultad para eliminar tóxicos.

Factores externos causales, como son:

  • alimentación inadecuada, por exceso de calorías, azúcares, grasas, proteínas, moléculas tóxicas…
  • micronutrientes insuficientes o desequilibrados en el organismo: vitaminas activas, minerales, coenzima Q10, ácido lipoico, omega 3 y omega 6, aminoácidos, gliconutrientes…
  • contaminantes ingeridos, inhalados y por contacto, como son las moléculas tóxicas provenientes de: los alimentos (contaminantes, aditivos, procesado, almacenado, cocinado…), los cosméticos y productos del cuidado personal (desodorantes, cremas, protectores solares…), la contaminación ambiental y laboral, el mercurio de las amalgamas dentales…
  • exceso de radiaciones solares.
  • tabaco, alcohol, drogas, algunos fármacos, tratamientos agresivos como intervenciones quirúrgicas, quimioterapia, radioterapia, diálisis…
  • actividad física inadecuada, por falta de ejercicio o por exceso de ejercicio.
  • exceso de radiaciones ambientales. 
  • alteraciones del estado psíquico como el estrés y la ansiedad.

Patologías crónicas que implican un exceso de oxidación e inflamación en el organismo, como son: obesidad, hipertensión arterial, dislipemia (colesterol, triglicéridos…), hiperhomocisteinemia, diabetes, hiper e hipotiroidismo, enfermedades cardiovasculares, pulmonares, digestivas, hepáticas, renales, reumáticas, cutáneas, vasculares, oculares, del oído, neurodegenerativas, psíquicas, infecciosas, autoinmunes, oncológicas (cáncer)…, etc.

Los valores d-ROM y PAT se evalúan junto con otros parámetros analíticos, síntomas y patologías asociadas, siendo el contexto clínico el que indicará su importancia y las pautas terapéuticas a seguir.

Los valores normales de cada persona son distintos dentro de un rango, y es el médico quien debe determinar estos valores basales personales, y también el diagnóstico etiológico del exceso de oxidación e inflamación.

La prueba d-ROM es la óptima para monitorizar el estado oxidativo de una persona y la respuesta a distintas terapias, incluidas los complementos con micronutrientes y antioxidantes, la alimentación, la reducción de tóxicos, el ejercicio físico y el control del estrés psíquico.

Las pruebas d-ROM y PAT son esenciales para decidir la pauta de complementos con micronutrientes antioxidantes-antiinflamatorios:

  • La necesidad de aportarlos. Cuanto más altos los valores de d-ROM y mas bajos los de PAT, más necesario es el aporte de antioxidantes. Los síntomas y otros parámetros analíticos no se correlacionan con el grado de oxidación e inflamación del cuerpo, mientras que si lo hace la prueba d-ROM. Tampoco la actividad antioxidante del plasma puede evaluarse mediante otros parámetros clínicos, en clínica solo puede medirse directamente mediante d-ROM y PAT.
  • La combinación y cantidad a aportar. Cada persona necesita una combinación y cantidad distinta de antioxidantes, debido a que metabolizan de forma distinta los antioxidantes de los alimentos y complementos. Desde personas que los absorben o metabolizan deficientemente y requieren cantidades muy elevadas, hasta personas en que las cantidades habituales pueden actuar como pro-oxidantes. Por tanto, la combinación y cantidad de antioxidantes a aportar no es predecible, solo puede conocerse mediante la monitorización de d-ROM y PAT junto con otros parámetros clínicos.

Los análisis en sangre de la mayoría de micronutrientes antioxidantes son poco útiles en la práctica clínica.

Los análisis de niveles en sangre de la mayoría de antioxidantes específicos: vitaminas, minerales, aminoácidos…, son imprecisos, no reflejan su nivel en tejidos, son caros y difíciles de monitorizar, además de ser poco útiles en la práctica porque no permiten conocer si dichos antioxidantes mejoran la capacidad antioxidante del organismo y evitan o reducen el estrés oxidativo. Puede ocurrir incluso que estemos administrando vitaminas, fitoquímicos, extractos de plantas, hongos… con el fin de prevenir o tratar patologías, y resulta que el estrés oxidativo y el daño persisten, o incluso que está incrementándose debido a un exceso y una acción prooxidante o de interferencia con otros tratamientos aplicados.

Los síntomas y parámetros habituales de una patología pueden estar controlados con el tratamiento médico pero no estarlo el estrés oxidativo, siendo este la causa bioquímica principal de complicaciones inesperadas y una mala evolución.

Ejemplos. Una persona con hipertensión o diabetes, con la presión o el azúcar bien controlados con el tratamiento médico, pero con un elevado estrés oxidativo y/o baja capacidad antioxidante, que es causa de complicaciones inesperadas como un infarto cardiaco, una insuficiencia cardiaca, una degeneración macular o una neuropatía. Otro ejemplo sería el de una persona con enfermedad autoinmune o cáncer, bien controlados, pero con estrés oxidativo y/o baja capacidad antioxidante, que es causa de inesperados brotes o recidivas de la enfermedad.

Si los valores d-ROM están aumentados y/o los PAT están reducidos, deben administrarse un conjunto de micronutrientes junto a las medidas para el control de alimentación, ejercicio, tóxicos y estado psíquico, hasta que dichos valores se normalicen.

 

 

Cáncer y exceso de peso

El exceso de peso es un factor de riesgo muy importante en el cáncer. El exceso de grasa acumulada en el abdomen incrementa la oxidación e inflamación del organismo, dificultando el correcto funcionamiento de las células y los órganos.

El peso corporal excesivo se asocia con mayor riesgo de enfermar y morir por ser un factor predisponente de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer. La obesidad se ha transformado en un importante desafío para la salud y su prevalencia ha aumentado en las últimas cuatro décadas a más del doble en las mujeres y más del triple en los hombres.

Pero, ¿cómo sé si tengo exceso de peso u obesidad?

Existen parámetros fáciles de realizar que nos pueden dar una primera aproximación sobre nuestro peso. Estos parámetros son:

IMC – Índice Masa Corporal: El peso en kilos dividido por la talla en metros al cuadrado.

IMC = peso / (talla x talla)

 Si su peso es de 80 kilos y su talla de 1,60 metros, multiplique: 1,60 x 1,60 = 2,56. Entonces divida: 80 / 2,56 = 31,25. El IMC será de 31,25.

Si el IMC es inferior a 18 nos encontramos en un peso demasiado bajo. Pero si es mayor de 27 (sobrepeso grado II), estamos en un estado de preobesidad, y sobre todo si es mayor de 30, estamos en obesidad grado I.

Medida de la cintura. Es la medida de la cintura en centímetros en su punto más estrecho entre el reborde de las costillas inferiores y el borde superior del hueso de la cadera.

Si el perímetro de cintura es superior a 88 cm. en la mujer y a 102 cm. en el hombre, nos encontramos con exceso de grasa abdominal. Nos indica un exceso de la grasa visceral, o grasa interna (entre órganos), que es mayor factor de riesgo que el aumento de peso y el IMC.

Los valores obtenidos de estos dos simples métodos nos pueden dar una primera aproximación sobre nuestra salud y el riesgo a enfermar.

El exceso de grasa abdominal y la obesidad son un factor de riesgo muy importante en el cáncer, por los siguientes motivos:

  • Se produce un ambiente prooxidante e inflamatorio de bajo grado, que con el tiempo, causa alteraciones en el material genético de las células (ADN).
  • Estado de hiperinsulinemia o de resistencia a la insulina, con mayores concentraciones de insulina en la sangre y del IGF-1. Las altas concentraciones de insulina y de IGF-1 pueden promover la formación de cáncer de colon, de riñón, próstata y de endometrio.
  • Las células grasas producen hormonas, llamadas adipocinas, las cuales pueden estimular o inhibir el crecimiento celular, es decir, el crecimiento del cáncer. Por ejemplo, la concentración de una adipocina llamada leptina parece promover la proliferación celular y su concentración incrementa en sangre conforme aumenta la grasa corporal. En cambio la adiponectina–que es menos abundante en las personas obesas que en las personas de peso normal–tiene efectos contrarios, antiproliferativos.
  • Cantidades más elevadas de estrógenos producidas por el tejido graso, lo que puede desencadenar el crecimiento de algunos tipos de cáncer, como el cáncer de mama o de endometrio.


La manera en que el peso cambia durante toda la vida también puede afectar el riesgo de cáncer. Por ejemplo, nacer con alto peso o tener exceso de peso durante la niñez, predispone a tener cáncer en edad adulta. Lo más adecuado es mantener un peso saludable a lo largo de todo el ciclo de la vida, el cual se ha asociado con un menor riesgo de cáncer y de reaparición de cáncer en los sobrevivientes de cáncer.

Actualmente ya es posible medir fácilmente en los pacientes su grado de oxidación e inflamación y, también, la capacidad antioxidante y antinflamatoria de su organismo. Esto nos permite a los médicos monitorizar dichos parámetros, conocer su respuesta al tratamiento aplicado, y con ello, poder ajustar al alta o a la baja las pautas de fármacos, complementos, alimentación y ejercicio, así como, los consejos para la reducción de tóxicos y radiaciones. Lo que ha supuesto un importante avance para detectar a personas con riesgo y también para ajustar mucho mejor los tratamientos aplicados a las personas con cáncer y otras enfermedades crónicas, al basarnos en datos objetivos de su oxidación-inflamación y su capacidad antioxidante-antinflamatoria.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog puede ayudarle a reducir su grasa abdominal, reduciendo los alimentos con carbohidratos y con grasas saturadas y aumentando los alimentos con fitoquímicos antioxidantes-antiinflamatorios.

 REFERENCIAS

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Cáncer y alteraciones del gusto

La alteración del gusto influye negativamente en la ingesta de alimentos, siendo un factor más en la desnutrición asociada al cáncer.

Los hábitos alimenticios se rigen, en parte, por la detección sensorial del gusto. De hecho, el sabor de los nutrientes nos lleva a decidir rápidamente si aceptamos o rechazamos un alimento. Básicamente, hay cinco tipos de sabores: dulce, ácido, amargo, salado, umami y tal vez, un sexto sabor graso (Fig.1). Además del hecho de que el gusto es esencial para la vida porque regula la ingesta de alimentos, el sabor también proporciona placer hedónico de comer. La percepción del gusto también activa mediante señales neuroquímicas al sistema digestivo para que vaya preparando la digestión, absorción y transporte de nutrientes.

Fig 1.- La lengua contiene más de 5.000 papilas gustativas que se agrupan en varias zonas de sabores diferentes que estimulan los receptores de cada área.

Una alteración de la percepción del gusto (disgeusia) puede afectar la calidad de vida al afectar el apetito, peso corporal y bienestar psicológico del paciente. Hay varios factores que puede afectar la percepción del gusto, incluyendo deficiencias micronutricionales, medicamentos, alimentos, lesiones en la mucosa oral, infecciones, exposición prolongada a radiaciones y quimioterapia, tabaquismo, hepatitis crónica, insuficiencia renal, envejecimiento y alteraciones hormonales.

Los cambios en la percepción del gusto son especialmente importantes en enfermedades como el cáncer. La percepción alterada del gusto en el cáncer muchas veces no se le da la importancia real que tiene y es ignorada ya que no es una alteración que afecte a la vida de la persona, aunque le puede llegar a derivar a un estado de desnutrición.

De hecho, el síntoma más angustiante en pacientes con cáncer avanzado son las alteraciones gastrointestinales, mientras que el cambio del gusto es el cuarto síntoma más común después de la boca seca, pérdida de peso y saciedad temprana. Algunos estudios sugieren que el 15% de los pacientes, padecen cambios de gusto.

La inflamación crónica de bajo grado, la quimioterapia y radioterapia producen daños en las papilas gustativas.

Una de las características más destacadas del cáncer tal y como hemos explicado en anteriores artículos, es la estado inflamatorio de bajo grado. Las células cancerosas que proliferan rápidamente liberan una cantidad de señales (citoquinas/quimioquinas) que favorecen el reclutamiento de células inmunitarias (neutrófilos y macrófagos), que, a su vez, producen una serie de señales y mediadores citotóxicos. (Fig 2)

Figura 2.- Factores que afectan a las alteraciones del gusto en pacientes con cáncer.

Estas moléculas inflamatorias, a través de la sangre, también pueden ejercer su acción en el cerebro y modular las áreas involucradas en el control del comportamiento de alimentación, incluido el olor y la percepción del sabor. Por ello, las alteraciones del gusto en pacientes con cáncer son controladas tanto a nivel del paladar como del cerebro. Además, la inflamación produce una alteración en las papilas gustativas que da como resultado una alteración en la percepción del gusto.

Microbiota intestinal (“flora intestinal”). Otro factor que entra en juego en las alteraciones del gusto, es la microbiota. La abundancia de las bacterias orales varía de unas personas a otras, pero en personas con cáncer, esta variedad, que es positiva, disminuye. Al igual que pasa con el intestino, a mayor diversidad de microbiota oral, mejor salud bucal. Existen algunos estudios que relacionan la alteración de la microbiota oral e incluso intestinal, con alteraciones del gusto. Justamente, la alteración del gusto y el desequilibrio de la microbiota es muy frecuente cuando se realiza quimioterapia (aproximadamente un 70% de los pacientes lo muestran), además de una disminución del apetito y aparición de la fatiga.

Normalmente la quimioterapia aumenta los umbrales para el sabor amargo, aunque este cambio suele resolverse al cabo de los meses de finalizar el tratamiento.

Con la radioterapia, también son frecuentes los trastornos del gusto, sobre todo para cánceres de cabeza y cuello. El sabor amargo suele ser el más afectado, mientras que el sabor dulce se ve afectado en menor medida. El deterioro del gusto puede comenzar unas pocas semanas después del comienzo del tratamiento con radioterapia, pero suele recuperarse a los 6 meses – 1 año  después de finalizar el tratamiento, aunque algunos pacientes pueden sufrir pérdida permanente del gusto.

Además, la radiación y la quimioterapia inducen la muerte de las papilas gustativas existentes y de las células progenitoras del gusto y dañan las glándulas salivales afectando a la producción y composición de la saliva. Esto derivada en la boca seca o xerostomía, un problema más implicado en el cambio del gusto y la preferencia o rechazo del enfermo hacia determinados alimentos.

Micronutrientes como el zinc y un equilibrio de las grasas ingeridas, pueden ayudar a minimizar el daño en las papilas gustativas.

Incorporar algunos cambios en los hábitos dietéticos como utilizar más especies aromáticas, utilizar zumo de limón para aderezar…, puede ayudar en estos pacientes.

No debemos olvidar que la ingesta de micronutrientes como vitaminas y minerales, también se ven afectados al modificar los hábitos alimentarios. Por ejemplo el zinc es un importante micronutriente que juega un papel en la percepción del gusto. Algunos estudios sugieren que el agotamiento de zinc, el desequilibrio en los tipos de grasas ingeridas y otros micronutrientes están estrechamente relacionado con un cambio de gusto en pacientes con cáncer. Y un aporte correcto de ellos, puede ayudar a preservar y regenerar las papilas gustativas durante el tratamiento de cáncer.

El PDF Clasificación Funcional de los Alimentos (CFA) de este blog permite conocer de cada alimento su relación con: carbohidratos azúcares, carbohidratos almidón, proteínas vegetales, proteínas animales, grasas omega 3, omega 6 y omega 9, grasas saturadas, fitoquímicos, glucosa, insulina, fructosa, lactosa, gluten, sal y tóxicos.

El artículo del blog Factores causales de la enfermedad crónica” puede ayudarle a localizar y resolver los factores causales de inflamación crónica de bajo grado.

BIBLIOGRAFÍA

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