MEDICINA MICRONUTRICIONAL

  1. Concepto de medicina micronutricional.
  2. Micronutrientes utilizados en medicina micronutricional.
  3. Alimentación utilizada en medicina micronutricional.
  4. Los micronutrientes están relacionados con la enfermedad.
  5. El papel de los micronutrientes y los fármacos en medicina.

1. Concepto de medicina micronutricional

Extracto del artículo

La medicina micronutricional es aquella parte de la medicina que estudia la implicación de los micronutrientes y sus metabolitos en la salud y la enfermedad de las personas. La medicina micronutricional investiga, diagnostica y trata las alteraciones micronutricionales. También investiga su relación con la alimentación, los tóxicos y la microbiota, entre otros.

Micronutrientes son los elementos en cantidades relativamente pequeñas que necesita el organismo para la vida, el crecimiento y la salud, manteniendo un estado fisiológico adecuado y ocasionando un estado patológico cuando son insuficientes o excesivos.

Los micronutrientes no son solo los más conocidos (vitaminas, minerales…) de los alimentos, sino también sus metabolitos activos, menos conocidos.

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La medicina micronutricional es aquella parte de la medicina que estudia la implicación de los micronutrientes y sus metabolitos en la salud y la enfermedad de las personas, es decir, la implicación en su estado físico y psíquico y en los trastornos y enfermedades que padece.

La medicina micronutricional investiga, diagnostica y trata las alteraciones micronutricionales. También investiga su relación con la alimentación, los tóxicos y la microbiota, entre otros.

Micronutrientes son los elementos necesarios en cantidades relativamente pequeñas que necesita el organismo para la vida, el crecimiento y la salud, es decir, son moléculas necesarias y con funciones específicas en el metabolismo celular para producir energía y crear las estructuras celulares y extracelulares, manteniendo un estado fisiológico adecuado y ocasionando un estado patológico cuando son insuficientes o excesivas. Por tanto, los micronutrientes son moléculas del propio organismo que forman parte del metabolismo celular, aunque provengan de los alimentos.

Actualmente sabemos que micronutriente no es sinónimo de vitaminas y minerales esenciales como se creía en la década de los 50, sino que esta palabra debe englobar a vitaminas, minerales y factores vitamínicos, pero también a gliconutrientes, ácidos grasos, aminoácidos y muchos otros que la ciencia va conociendo, sin tener en cuenta si se precisan en microgramos o en gramos.

Los micronutrientes se metabolizan por la acción de enzimas y cofactores en metabolitos nutricionales activos intermedios y finales de las vías metabólicas con funciones específicas, e interrelacionados entre sí. Por tanto, no solo deben considerarse micronutrientes a los procedentes de los alimentos, sino también a muchos de estos metabolitos activos.

Micronutriente no solo es la piridoxina (vit. B6) sino también el metabolito activo piridoxal 5 fosfato, ni solo el ácido fólico (B9) sino también el metabolito activo L-metilfolato, ni solo la niacina (B3) sino también NAD, ni solo cianocobalamina (B12) sino también dibencozida y metilcobalamina, ni solo el ácido linoleico (omega 6) sino también GLA y DGLA, ni solo triptófano (aminoácido) sino también 5-HTP y melatonina…, etc.

Veamos algunos micronutrientes:

  • Gliconutrientes: glucosa, fructosa, N-acetil-glucosamina, ribosa…
  • Ácidos grasos: omega 6: LA, GLA, DGLA, AA, omega 3: ALA, EPA, DHA, omega 9: OL…
  • Aminoácidos: lisina, leucina, triptófano, cisteína, arginina…
  • Vitaminas: A, C, E, D, K1, K2 y sus formas activas, grupo B y sus formas activas…
  • Minerales: Ca, Mg, Fe, Zn, I…
  • Factores vitamínicos: colina, inositol, coenzima Q10, ácido lipoico, carnitina, taurina…
  • Nucleótidos: citidina, uridina, guanidina…
  • Otros: PQQ, PEA…

2. Micronutrientes utilizados en medicina micronutricional

Extracto del artículo

Los micronutrientes proceden de los macronutrientes que forman los alimentos: carbohidratos, grasas y proteínas. Micronutrientes son: gliconutrientes (de los carbohidratos), ácidos grasos (de las grasas), aminoácidos (de las proteínas), vitaminas, minerales, factores vitamínicos, nucleótidos y otros.

Considero micronutrientes básicos los micronutrientes necesarios para la vida y para mantener un estado fisiológico normal en toda persona, incluidas las que presentan estados patológicos y toman fármacos, sin ocasionar efectos secundarios ni interacciones.

Los micronutrientes básicos son: vitaminas activas, minerales esenciales, omegas ALA, SDA, DHA, LA y GLA, aminoácidos esenciales y algunos semiesenciales, factores vitamínicos y algunos nucleótidos. El método Dr Cardona aporta los micronutrientes básicos.

Considero micronutriente específico cualquiera de los micronutrientes básicos que se precise en mayor cantidad o en una forma distinta, y los demás micronutrientes y metabolitos. Son micronutrientes que se añaden al aporte del conjunto micronutricional básico.

Los postbióticos se consideran micronutrientes, y son compuestos bioactivos producidos por la microbiota que pueden ser utilizados tanto para el huésped como por otros microrganismos y están muy implicados en la regulación de la inflamación y del sistema inmune, previniendo y mejorando la enfermedad. Los prebióticos si son micronutrientes. Los hongos contienen gliconutrientes y pueden ser una forma de aportarlos, aunque la micoterapia no es realmente medicina micronutricional. Los fitoquímicos no son micronutrientes.

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Los micronutrientes proceden de los macronutrientes que forman los alimentos: carbohidratos, grasas y proteínas. Los carbohidratos simples y complejos están formados por gliconutrientes, las grasas por ácidos grasos y las proteínas por aminoácidos. También son micronutrientes las vitaminas, los minerales, los factores vitamínicos, los nucleótidos y otros. El agua y el oxígeno se podrían considerar macronutrientes.

Obviamente que, si la persona ingiere insuficiente cantidad de carbohidratos, grasas o proteínas con los alimentos, presentará una desnutrición, pero en realidad es la ingesta de micronutrientes y la valoración del estado micronutricional lo que nos dará el diagnóstico y nos orientará sobre la alimentación y el aporte micronutricional adecuados para la persona.

Considero micronutrientes básicos los que son necesarios para la vida y para mantener un estado fisiológico normal, evitando evolucionar a un estado patológico. Son los micronutrientes que necesita, de forma equilibrada y a dosis fisiológicas (no elevadas u ortomoleculares), toda persona, incluidas las que presentan estados patológicos y toman fármacos, sin ocasionar efectos secundarios ni interacciones. Es un conjunto micronutricional amplio, que, junto a los nutrientes de los alimentos básicos, permite al organismo en situación de salud y de enfermedad sintetizar los demás micronutrientes y metabolitos que necesita.

Los micronutrientes básicos son:

Vitaminas: retinol (vit A), vit C, colecalciferol (vit D3), D-alfa-tocoferol (vit E), tiamina (vit B1), riboflavina 5 fosfato (vit B2 activa), niacinamida (vit B3), acido nicotínico (vit B3), D-biotina (vit B7), ácido pantoténico (vit B5), piridoxal 5 fosfato (vit B6 activa), L-metilfolato (vit B9 activa), metilcobalamina (vit B12 activa) y dibencozida (vit B12 activa). La vitamina K1 y K2, especialmente la K2, deberían ser micronutrientes básicos, pero pueden ocasionar problemas al aportarlos en pacientes con trastornos de hipercoagulación o tratados con fármacos anticoagulantes, y debe aportarse como micronutriente específico ME en los pacientes sin estos trastornos.

Minerales: magnesio, calcio, zinc, cobre, selenio, cromo, molibdeno y manganeso son micronutrientes básicos. El azufre es básico, pero se aporta mediante los aminoácidos azufrados (metionina y cisteína). El silicio debería ser básico, pero es fácil aportarlo mediante alimentos básicos consumidos habitualmente. El potasio no es básico por su frecuente exceso en la insuficiencia renal y con algunos fármacos antihipertensivos, debe analizarse y aportarse como ME si está indicado. Hierro y yodo solo pueden aportarse después de realizar análisis al paciente y valorar sus necesidades, ante la frecuente deficiencia y exceso en la población. El sodio y fósforo son minerales que se encuentra frecuentemente en exceso en la alimentación y en varias patologías.

Ácidos grasos omegas: ALA (ácido alfa-linolénico), SDA (ácido estearidónico), DHA (ácido docosahexaenoico), LA (acido linoleico) y GLA (ácido gamma-linolénico). Cuando se aporta este conjunto a las dosis adecuadas permite al organismo sintetizar los demás ácidos grasos (DGLA o ácido dihomo gama-linolénico, AA o ácido araquidónico, EPA o ácido eicosapentaenoico) en función de sus necesidades, sin consecuencias negativas.

Aminoácidos: lisina, leucina, isoleucina, valina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano, histidina, cisteína, tirosina y prolina son micronutrientes básicos. La glicina debería ser básico, pero todavía existen dudas de su inocuidad en insuficiencia renal y cáncer, y se aporta como ME frecuentemente.  Otros aminoácidos que podrían ser básicos, como arginina y glutamina, no lo son por ser frecuentemente excesivos en patologías como trastornos neuro-psíquicos, insuficiencia renal y cáncer, o presentar interacciones con otros aminoácidos y con fármacos comunes.

Factores vitamínicos: colina, inositol, ácido R-lipoico, coenzima Q10.

Nucleótidos: uridina, citidina.

El método Dr Cardona aporta los micronutrientes básicos.

Considero micronutriente específico cualquiera de los micronutrientes básicos que se precise en mayor cantidad o en una forma distinta, y todos los demás micronutrientes y metabolitos de las reacciones bioquímicas necesarias para las funciones del organismo. En las personas con estados patológicos deben valorarse los síntomas, signos y diversos  parámetros, para determinar la posible insuficiencia de micronutrientes básicos y específicos, y aportarlos en las formas y dosis más adecuadas. Por ejemplo: puede detectarse deficiencia de calcidiol o calcitriol (vit D) y magnesio eritrocitario, precisando un aporte extra, y advertir la necesidad de aportar los micronutrientes K2, Acetil-L-carnitina y N-acetilcisteína. Todos ellos serán micronutrientes específicos que se añaden al aporte del conjunto micronutricional básico.

Ejemplos de micronutrientes específicos no básicos:

Vitaminas: benfotiamina (vit B1), pantetina (vit B5), inositol hexanicotinato, NADH (vit B3) …

Minerales: potasio, cloro, hierro, yodo, silicio, azufre (MSM), flúor…

Gliconutrientes: glucosamina, N-acetilglucosamina NAG, condroitin sulfato, D-manosa, D-ribosa…

Ácidos grasos: EPA, ácido linoleico conjugado…

Aminoácidos: glicina, NAC (N-Acetilcisteína), creatina, glutamina, arginina…

Factores vitamínicos: L-carnitina, acetil-L-Carnitina, taurina…

Nucleótidos: timidina, ácido inosínico, guanina, adenina…

Fibras prebióticas: inulina, fructooligosacáridos (FOS), lactulosa…

Postbióticos: ácido butírico…

Enzimas digestivas: amilasa, lipasa, proteasa, lactasa, celulasa, catalasa, tripsina, quimotripsina…

Enzimas sistémicas: serrapeptase, natokinasa, lumbrokinasa…

Otros: PQQ, PEA…

Actualmente se está progresando mucho en la investigación de micronutrientes y también en el desarrollo de productos comercializados, a pesar de ser moléculas no patentables y menos rentables que las farmacológicas. En los últimos años se han incrementado marcadamente los laboratorios destinados a la investigación, desarrollo y fabricación de productos con micronutrientes y metabolitos activos, con una calidad a nivel de las farmacéuticas convencionales, con la gran ventaja de utilizar unos procesos de fabricación y unos aditivos (en lugar de excipientes) no perjudiciales.

Los postbióticos se consideran micronutrientes, y son compuestos bioactivos producidos por la microbiota que pueden ser utilizados tanto por el huésped como por otros microrganismos. Son una mezcla compleja de enzimas, proteínas secretadas, ácidos grasos de cadena corta, vitaminas, aminoácidos, péptidos, ácidos orgánicos…. pero también compuestos bioactivos y componentes celulares. Muy implicados en la regulación de la inflamación y del sistema inmune, previniendo y mejorando la enfermedad.

Los probióticos no son micronutrientes pero pueden tener gran influencia en la microbiota y sus postbióticos.  Los prebióticos si son micronutrientes y también influyen en la microbiota y sus productos. Mediante micronutrientes y alimentos puede actuarse favorablemente sobre la microbiota, pero en ocasiones es necesario ayudar mediante levaduras probióticas como S. Boulardii, o conjuntos de probióticos específicos.

Los fitoquímicos no son micronutrientes, son compuestos de las plantas y hongos con una acción biológica que puede ser beneficiosa, o no, para el organismo. El organismo precisa de grupos de fitoquímicos como apoyo a los micronutrientes, pero son moléculas ajenas al cuerpo, que no forman parte de las rutas metabólicas celulares. Sin embargo, pueden tener algunas acciones beneficiosas para la persona como un efecto: antiviral, antibacteriano, antiinflamatorio, analgésico, ansiolítico, antimutagénica, inmunoestimulante, o de inhibición de la agregación plaquetaria, entre otras. A menudo, actúan en conjuntos, siendo su acción beneficiosa menor cuando se dan aisladamente o en conjuntos incompletos. Estas acciones pueden ser utilizadas en clínica para atenuar síntomas. Algunos fitoquímicos concretos, como la silimarina, silibina y quercetina, son utilizados por el experto en micronutrición en determinados casos por los buenos resultados obtenidos, y la seguridad que aporta el gran número de estudios y la amplia experiencia clínica.

A veces los fitoquímicos pueden presentar efectos secundarios, aunque en general en menor número y grado que los fármacos, pero es frecuente su interacción con ellos. Las enzimas del citocromo P450 (CYP) y UDP glucuronosyltransferase (UGT) son las enzimas más importantes de fase I y II de metabolización de xenobióticos (compuestos químico sintético), y más del 90% de los fármacos recetados son metabolizados por ellas. Muchos fitoquímicos afectan a las enzimas CYP y UPD, dañando la capacidad metabólica del hígado para descomponer toxinas y aumentando el riesgo de toxicidad hepática por fármacos, lo que conduce a efectos adversos y fallo terapéutico farmacológico.

Por el contrario, los micronutrientes son moléculas del propio organismo que no presentan interacciones con fármacos, salvo excepciones como: cuando se utilizan dosis elevadas de EPA (omega 3) con anticoagulantes tipo acenocumarol o Warfarina que pueden causar sangrado. Lo que si se consigue frecuentemente con los micronutrientes es una menor necesidad de los fármacos administrados (por ejemplo, de antihipertensivos en hipertensión o de antidiabéticos en diabetes), permitiendo reducir dosis. Obviamente que las dosis muy elevadas (ortomoleculares) de micronutrientes pueden tener efectos secundarios, como ocurre con cualquier substancia, por más saludable que sea. Por ejemplo, dosis muy altas de vit C, vit D, vit B12, ácido fólico sintético… 

Los hongos contienen fitoquímicos y gliconutrientes: polisacáridos (beta-glucanos), peptidoglicanos, nucleósidos, enzimas (dismutasa superóxido, citocromo P450, citocromo P450 reductasa…), metabolitos inhibidores de trombina…, micronutrientes con su función en el metabolismo celular. Los micelios y extractos de hongos son una forma de aportar estos gliconutrientes y enzimas cuando es necesario en medicina micronutricional. Con los hongos existe mucha experiencia clínica, muchos estudios y, en la práctica, pueden ser utilizados por el experto en micronutrición cuando precisa aportar dichos gliconutrientes, aunque la micoterapia no es realmente medicina micronutricional.

 

3. Alimentación utilizada en medicina micronutricional

Extracto del artículo

La alimentación básica con sus normas básicas es la que mejor se complementa con el conjunto de la micronutrición básica para ayudar a tratar a las personas con patologías de larga evolución. Consiste en alimentos básicos, bebidas básicas y normas básicas. La alimentación del método Dr. Cardona es una alimentación básica.

En función del perfil de la persona afectada, sus patologías y los resultados de las pruebas realizadas, se puede indicar una alimentación específica, que consistirá en algunas variaciones de la alimentación básica.

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La alimentación básica con sus normas básicas es la que mejor se complementa con el conjunto de la micronutrición básica para ayudar a tratar a las personas con patologías de larga evolución. Consiste en:

Alimentos básicos más favorables:

  • Verduras y hortalizas ecológicas.
  • Legumbres ecológicas.
  • Germinados ecológicos.
  • Setas de todo tipo.
  • Frutas del bosque ecológicas.
  • Frutas frescas ecológicas.
  • Aguacate ecológico.
  • Nuez de macadamia y otros frutos secos crudos y sin sal.
  • Semillas de chía ecológicas.
  • Coco fresco.
  • Copos y salvado de avena integral ecológica.
  • Arroz negro y blanco integral ecológicos.
  • Quinoa ecológica.
  • Quesos de cabra y de oveja de leche cruda ecológica.
  • Huevo ecológico.
  • Pescado fresco salvaje.
  • Marisco fresco.
  • Carne de aves ecológica.

Alimentos básicos adicionales más favorables:

  • Aceite de coco virgen ecológico.
  • Aceite de oliva virgen extra ecológico.
  • Especias ecológicas.
  • Sal marina sin refinar y flor de sal, en poca cantidad.
  • Edulcorantes: Stevia ecológico y Xilitol, en poca cantidad.

Bebidas básicas más favorables:

  • Agua mineral natural de mineralización débil o muy débil.
  • Bebida de coco, sin azúcar añadido.
  • Bebida de avena ecológica, sin azúcar, edulcorantes ni aceites.
  • Té blanco, verde y rojo ecológico, de hojas, no de bolsitas.
  • Café filtrado, no en polvo instantáneo.
  • Infusiones en hojas y ecológicas.
  • Zumo de limón natural.
  • Zumos naturales de hortalizas-verduras-frutas del bosque aconsejadas, crudas y ecológicas; en batidora, no licuadora. No zumos de frutas.

Normas básicas:

  • Tome solo alimentos favorables.
  • Desayune al poco de levantarse, tome una comida abundante y cene muy poco, más de 3 horas antes de acostarse.
  • Miniayuno nocturno: debe transcurrir un periodo de 14 a 16 horas entre la cena y el desayuno, tomando solo agua.
  • Tome varios vasos de agua entre comidas.
  • Tome muchos alimentos crudos diariamente y no cocine ni caliente demasiado los alimentos.
  • Puede hacer una comida o cena extra de vez en cuando, pero entonces la siguiente cena debe saltársela. Mejor comida extra que cena extra.

La alimentación del método Dr. Cardona es una alimentación básica.

En función del perfil de la persona afectada, sus patologías y los resultados de las pruebas realizadas, se puede indicar una alimentación específica, que consistirá en algunas variaciones de la alimentación básica.

 

4. Los micronutrientes están relacionados con la enfermedad.

Extracto del artículo

Los estudios y la experiencia clínica demuestran cada vez más el papel de los micronutrientes y sus metabolitos activos en las personas con procesos patológicos de larga evolución, presentando un desequilibrio de los micronutrientes básicos, insuficiencia de unos micronutrientes específicos y exceso de otros.

Los metabolitos nutricionales pueden sintetizarse en el cuerpo en condiciones normales, pero no bajo la influencia de ciertos factores genéticos (polimorfismos genéticos) y externos frecuentes en la población (tóxicos, estrés…), o en un estado de inflamación crónica. Diferentes personas con la misma ingesta de alimentos pueden tener niveles de micronutrientes en sangre y tejidos completamente distintos.

Muchos trastornos y enfermedades etiquetados con un nombre, son en realidad insuficiencias micronutricionales asociadas a un exceso de moléculas proinflamatorias-tóxicas, y cuando se consigue aportar los metabolitos clave y reducir dichas moléculas, se curan parcial o por completo, al darse las condiciones óptimas para la reparación y regeneración de los tejidos dañados.

La medicina micronutricional se basa en aportar conjuntos de micronutrientes que forman parte de propio organismo pero que faltan o están en desequilibrio en los trastornos y enfermedades, lo que significa curar cuando se logra.

Los micronutrientes deberían investigarse y aportarse en conjuntos y no aislados, o será difícil avanzar en medicina micronutricional.  

El método Dr. Cardona aporta el conjunto completo de micronutrientes básicos.

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Los estudios y la experiencia clínica demuestran cada vez más el papel de los micronutrientes y sus metabolitos activos en los procesos patológicos de larga evolución. La inhibición o activación de enzimas metabólicas por polimorfismos genéticos, alimentación inadecuada, tóxicos, radiaciones, infección, estrés…, reduce los niveles de dichos metabolitos o aumenta su necesidad, afectando la producción de energía y a determinadas vías metabólicas celulares, dando lugar a síntomas y disfunciones que presenta el paciente. Los niveles de micronutrientes iniciales de las vías metabólicas pueden ser suficientes, pero sus metabolitos activos ser insuficientes para una adecuada función mitocondrial y celular, debido a la inhibición de su síntesis o la activación de su degradación.

Cuando hay insuficientes niveles de micronutrientes en tejidos, no solo influyen las ingestas inadecuadas sino también en gran medida otros factores frecuentes en la población como:

  • variantes genéticas (polimorfismos genéticos) comunes,
  • condiciones ambientales como la contaminación y las radiaciones,
  • interacciones con antinutrientes (compuestos que interfieren en la absorción) de las matrices de alimentos,
  • toma de fármacos y
  • mayor demanda metabólica por pérdida de líquidos, secuestro por el tejido adiposo, inflamación crónica… etc.

Por tanto, diferentes personas con la misma ingesta de alimentos pueden tener niveles de micronutrientes en sangre y tejidos completamente distintos.

Veamos algunos ejemplos del papel de los micronutrientes activos en patologías. Las personas con patologías persistentes presentan un desequilibrio de los micronutrientes básicos, insuficiencia de unos micronutrientes específicos y exceso de otros.

En muchas personas con enfermedades crónicas la ingesta de vitaminas B en las formas habituales puede ser correcta. Sin embargo, ser insuficientes los niveles en tejidos de sus coenzimas clave (formas activas) del metabolismo celular y mitocondrial: coenzima NAD (de la B3), coenzima FAD (de la B2) y coenzima A (de la B5).

En el exceso de inflamación crónica asociada a enfermedades, la ingesta de ácidos grasos omegas esenciales LA y ALA también puede ser correcta. Sin embargo, los niveles de sus metabolitos activos EPA, DHA y DGLA ser insuficiente.

Así mismo, pueden ser insuficientes otros metabolitos activos como, por ejemplo:

  • calcidiol o calcitriol, metabolitos del colecalciferol (vit D3), en osteoporosis e insuficiencia renal,
  • menaquinonas (vit K2), producidas por la microbiota intestinal, en osteoporosis y calcificación arterial,
  • metilfolato, metabolito del ácido fólico (vit B9), en algunos trastornos neuropsiquiátricos,
  • dibencozida, metabolito de la cianocobalamina (vit B12), en esclerosis múltiple,
  • metilcobalamina, metabolito de la cianocobalamina (vit B12), en algunos procesos neurológicos,
  • 5-HTP, metabolito del triptófano, y L-Dopa, metabolito de la tirosina, en depresión, movimientos involuntarios,
  • acido butírico, producido por la microbiota intestinal, en enfermedades intestinales,
  • betahidroxibutirato, cuerpo cetónico de la acetil-CoA, en diversos trastornos metabólicos,
  • N-acetil-glucosamina, metabolito de la glucosamina y glucosa, en enfermedades autoinmunes,
  • alpha GPC, de la fosfatidilcolina, en trastornos cognitivos,
  • melatonina, metabolito del triptófano, en insomnio,
  • pregnenolone, metabolito del colesterol, en hipofunción suprarrenal,
  • glutatión, del glutámico, cisteína y glicina, en enfermedad hepática y respiratoria crónicas, infecciones víricas y bacterianas…, etc.

También ocurre que micronutrientes semiesenciales tienen una síntesis endógena insuficiente para cubrir la demanda, como ocurre a menudo con:

  • carnitina en insuficiencia cardiaca,
  • cisteína en enfermedades neurodegenerativas,
  • glicina en enfermedades degenerativas y también en la esquizofrenia, al ser deficiente en esta patología la enzima serina hidroximetiltransferasa que cataliza la síntesis de glicina a partir de serina, y resulta que el requerimiento de síntesis endógena de glicina está entre 10 y 50 veces la cantidad ingerida con la dieta, siendo todavía mayor si la dieta contiene poca carne y pescado,
  • GABA en la ansiedad y en la depresión asociada a ansiedad,

Por otro lado, hay micronutrientes cuyos niveles pueden ser excesivos, como ocurre por ejemplo con:

  • glucosa en diabetes, Alzheimer y cáncer,
  • fructosa en esteatosis hepática,
  • ácido glutámico y glutamato en epilepsia, esquizofrenia, migraña, fibromialgia, cáncer,
  • acido palmítico en enfermedad cardiovascular, cáncer.

Muchos de los micronutrientes y sus metabolitos insuficientes pueden aportarse por vía oral en clínica, otros todavía no disponemos de la forma adecuada. Aunque con algunos si es posible aportar combinaciones eficaces de precursores, como ocurre cuando deseamos incrementar los niveles del NAD mitocondrial, que podemos hacerlo mediante sus precursores.

Debe tenerse siempre en cuenta que todos los micronutrientes y sus rutas metabólicas están completamente interrelacionados entre sí, siendo las deficiencias múltiples y no solo aisladas.

Los metabolitos micronutricionales pueden sintetizarse en el cuerpo en condiciones normales, pero no bajo la influencia de ciertos factores externos y genéticos, o en un estado de inflamación crónica junto con estrés oxidativo. Muchas enfermedades etiquetadas con un nombre, son en realidad insuficiencias micronutricionales asociadas a un exceso de moléculas proinflamatorias-tóxicas, y cuando se consigue aportar los metabolitos clave y reducir dichas moléculas perjudiciales, se curan parcial o por completo, al darse las condiciones óptimas para la reparación y regeneración de los tejidos dañados.

Pero no basta con aportar la combinación micronutricional clave para la persona, también es necesario controlar los factores externos causantes del desequilibrio y tener siempre presente la microbiota del cuerpo y al sistema inmune. La alimentación, el sueño, la actividad física, el estrés y el estado emocional son de gran importancia.

En la gran mayoría de síntomas, trastornos y enfermedades persistentes que padecemos, están implicados unos niveles insuficientes de metabolitos micronutricionales. Puede no faltar el nutriente en su forma habitual (vitamina, ácido graso, aminoácido…), pero si alguno de sus metabolitos activos al no poder realizar su conversión, por inhibición de las enzimas necesarias, debido a alteraciones genéticas comunes, o estrés, o déficit de otro nutriente, o debido a moléculas proinflamatorias, o radiaciones… Y la falta de estos metabolitos activos “pone en marcha” los genes que nos predisponen a patologías específicas, y ocasiona los síntomas. Así, por ejemplo, puede no faltarnos vitamina B3 ni ácidos grasos ALA y LA, pero si sus metabolitos activos NAD, EPA, DHA y DGLA, por inhibición de las enzimas que los producen, ocasionando falta de energía y exceso de inflamación en el corazón o cerebro, dependiendo de nuestros genes, conduciéndonos a una insuficiencia cardiaca o a una demencia.

Aportando vitamina B3, ALA y LA conseguiremos poco, administrando fármacos podemos atenuar síntomas, pero solo lograremos la remisión del proceso aportando los metabolitos activos insuficientes, o bien, precursores como son NR, SDA y GLA. Esto es la medicina micronutricional, con un gran avance en los últimos años en conocimientos sobre los metabolitos que podemos suministrar al paciente: moléculas del propio organismo que precisa para mejorar sus capacidades antioxidante-antiinflamatoria, energética y de reparación-regeneración en tejidos y órganos.

La medicina micronutricional se basa en aportar conjuntos de moléculas del propio organismo que faltan o están desequilibrados, lo que significa la posibilidad de curar cuando se logra. Visión muy distinta a la de la medicina farmacológica, cuyo cometido es aportar moléculas extrañas al organismo, que actúen sobre receptores y proteínas para provocar efectos específicos (reducir dolor o ansiedad, bajar presión arterial o glucemia, dilatar bronquios…), pero no pueden curar y si provocar efectos dañinos, aunque su papel es muy necesario en medicina.

Los micronutrientes deberían estudiarse y aportarse en conjuntos y no de forma aislada. Puede investigarse el papel y las acciones de un metabolito nutricional en el organismo para conocerlo mejor, pero realizar estudios del efecto de un solo micronutriente en una patología no es lo adecuado. Necesita de su conjunto de micronutrientes para ejercer sus acciones biológicas. Aportándolos aislados o a dosis no fisiológicas puede desequilibrar el estado micronutricional, dando un resultado y unas conclusiones de los estudios desfavorables.

Los investigadores, médicos y terapeutas no deberían ver a los micronutrientes de forma aislada o será muy difícil avanzar en medicina micronutricional. Mejor no administrar solo vitamina C, o solo calcidiol (vit D), o solo calcio y vit D, o solo B1, B6 y B12, o solo B12, o solo magnesio, o solo potasio, o solo hierro, o solo omega 3 EPA y DHA, o solo omega 6 LA y GLA, o solo triptófano, o solo tirosina, o solo BCAA, o solo carnitina… etc. Así se afectan negativamente las rutas del metabolismo celular. Es fundamental dejar de proceder de este modo y dar conjuntos micronutricionales. Lo óptimo sería aportar el conjunto de micronutrientes básicos de base y añadir los que completen su acción.

El método Dr. Cardona aporta en conjunto completo de micronutrientes básicos.

5. El papel de los micronutrientes y los fármacos en medicina.

Extracto del artículo

Los micronutrientes son moléculas que forman parte del metabolismo celular y tienen un papel imprescindible para mantener todas las estructuras del cuerpo. Los micronutrientes han sido estudiados científicamente y sus acciones biológicas y dosis adecuadas son bien conocidas.

La mayor acción curativa en toda enfermedad de larga evolución se consigue mediante la acción conjunta de micronutrientes y alimentos, junto a la reducción de moléculas tóxicas-proinflamatorias. Se trata de aportar a la persona las moléculas de su propio organismo que le faltan y de eliminar las ajenas que le dañan. Si se logra, es cuando la persona puede curarse.

Los fármacos son moléculas extrañas al organismo con un efecto farmacológico producido interactuando (uniéndose) con receptores o macromoléculas (proteínas diana) específicos de determinados tejidos, que también se localizan en otros tejidos y no solo tienen la función que deseamos activar o inhibir, ocasionando los efectos indeseables.

Los fármacos no pueden restituir ni regenerar estructuras y funciones dañadas, es el propio organismo el que repara y regenera si conserva la capacidad para hacerlo. Cuando un proceso patológico se trata solo con fármacos, estamos presuponiendo que el organismo dispone de los niveles adecuados de metabolitos micronutricionales básicos y específicos, y de enzimas que intervienen en sus rutas metabólicas para esta regeneración. Desafortunadamente no es el caso en la gran mayoría de personas que padecen una patología y se están tratando con fármacos.

Los fármacos sirven para mejorar síntomas y parámetros alterados que es preciso corregir con prontitud. Al mismo tiempo debería aplicarse medicina micronutricional que va a permitir reducir dichos fármacos lentamente en lo posible. En el caso de pacientes con síntomas y parámetros alterados que no precisen una acción farmacológica rápida, deberían tratarse con micronutrición, reservando los fármacos para el caso de no producirse una respuesta satisfactoria. Deberíamos empezar a considerar los tratamientos farmacológicos como tratamiento complementario de la terapia micronutricional.

En todo paciente con patologías de larga evolución el primer paso del médico debería ser estabilizar sus signos “vitales” descompensados mediante fármacos, al tiempo que se aportan los micronutrientes y la alimentación básicos. En una segunda fase: solicitar las pruebas adecuadas, valorando la respuesta obtenida y la necesidad de micronutrientes y alimentación específicos. A continuación, intentar reducir los fármacos.

Para cada persona con un tipo de enfermedad hay que buscar un camino, todos somos diferentes, aunque el diagnóstico sea el mismo. Pero sí tenemos algo igual: la necesidad de disponer del mismo conjunto de micronutrientes básicos y de reducir moléculas proinflamatorias-tóxicas, aunque los micronutrientes específicos serán distintos en cada paciente.

El método Dr. Cardona asegura el aporte del conjunto de micronutrientes básicos y una notable reducción de moléculas proinflamatorias-tóxicas.

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Los micronutrientes utilizados en medicina micronutricional tienen una acción complementaria de la alimentación adecuada a la persona, porque proporcionan los micronutrientes en las formas, dosis y conjuntos que no es posible aportar mediante los alimentos.

Los micronutrientes son moléculas que forman parte del metabolismo celular y tiene un papel imprescindible para mantener todas las estructuras del cuerpo. Los micronutrientes han sido estudiados científicamente y sus acciones biológicas y dosis adecuadas son bien conocidas. En clínica, los conjuntos micronutricionales se administran con el fin de corregir las insuficiencias y los desequilibrios de micronutrientes interrelacionados con la patología del paciente. De esta manera consiguen:

  • Reducir el exceso de oxidación e inflamación en los tejidos afectados.
  • Mejorar el sistema inmunitario.
  • Reducir la toxicidad y los efectos secundarios de los fármacos y tratamientos aplicados.
  • Aumentar la acción terapéutica de los tratamientos aplicados, permitiendo reducir fármacos y otras terapias agresivas.

La mayor acción curativa en toda enfermedad de larga evolución se consigue mediante la acción conjunta de micronutrientes y alimentos, junto a la reducción de moléculas tóxicas, proinflamatorias y cancerígenas. Los micronutrientes y alimentos, no solo influyen decisivamente en la evolución de las enfermedades, sino que también pueden mejorar el estado de ánimo de la persona y el modo de ver la situación.

Se trata de aportar a la persona las moléculas de su propio organismo que le faltan y de eliminar las ajenas que le dañan. Si se logra, es cuando la persona puede curarse, debido a que sus capacidades energéticas y de reparación-regeneración ya pueden ser eficientes. Las demás terapias convencionales y no convencionales tienen su papel y utilidad, pero sumando la aportación de micronutrientes y eliminación de tóxicos es cuando es posible curar.

Los fármacos son moléculas extrañas al organismo con un efecto farmacológico producido interactuando (uniéndose) con receptores o macromoléculas (proteínas diana) de la membrana, el citoplasma o el núcleo, modificando el flujo de iones (K, NA, CL, Ca…), la actividad enzimática o la producción y/o estructura de proteínas específicas. Estas interacciones fármaco- receptor o fármaco-enzima son reversibles, cesando la acción sobre la célula cuando se retira. Además, dicho fármaco no actúa sobre una única macromolécula, o dicha macromolécula no solo tiene la función que deseamos activar o inhibir. También se localizará en otros tejidos, actuará en otros receptores y alterará otras funciones; ocasionando los efectos indeseables, más o menos tolerables para la persona. Debemos recordar que los fármacos pueden afectar los niveles en tejidos de micronutrientes básicos, principalmente de vitaminas activas, minerales y factores vitamínicos, dificultando así la reparación y regeneración de dichos tejidos.

Los fármacos no pueden restituir ni regenerar estructuras y funciones dañadas, es el propio organismo el que repara y regenera si conserva la capacidad para hacerlo. Cuando se administra un fármaco es para conseguir un determinado efecto en el cuerpo: dilatar bronquios, reducir la presión arterial, la secreción gástrica, la glucemia, el dolor, la inflamación local aguda…, o eliminar células muy proliferativas…; presuponiendo que el cuerpo podrá repararse lo suficiente para mantener la vida y una buena calidad de vida. La medicina necesita de los fármacos para atenuar síntomas y evitar y controlar la descompensación del paciente, pero debería preservarse su capacidad de autocuración.

Podemos considerar al cuerpo como una fábrica de proteínas, con una maquinaria y una materia prima, combustible y energía. Cuando algunas proteínas no se fabrican en la cantidad adecuada o son defectuosas, podemos hacer dos cosas: llamar al técnico mecánico para que revise la maquinaria, o que un experto en control de calidad revise si la materia prima, combustible y energía son los adecuados y no contienen sustancias perjudiciales. Lo más sensato es optar por esta segunda opción, y una vez que la fábrica tiene las óptimas materia prima, combustible y energía, si las proteínas fabricadas siguen sin ser las correctas, avisar al técnico para que revise la maquinaria y arregle o substituya las piezas estropeadas. La fábrica es el cuerpo humano, la maquinaria son las células, tejidos y órganos, la materia prima, combustible y energía son los micronutrientes y macronutrientes, y las proteínas defectuosas son las causantes de los síntomas, trastornos y enfermedades. El técnico es el médico convencional que utiliza fármacos y cirugía, y el experto en control de calidad es el experto en micronutrición o “micronutriólogo”.

Cuando se producen síntomas o una enfermedad, siempre implica una mala fabricación de determinadas proteínas, que son insuficientes, excesivas o están alteradas. En la gran mayoría de casos es debido a unos metabolitos nutricionales iniciales, intermedios o finales de determinadas rutas metabólicas insuficientes en tejidos para la producción de la energía celular y las estructuras celulares adecuadas. Esto es debido a una ingesta insuficiente, o bien, a inhibición o sobreactivación de enzimas metabólicas de dichas rutas por polimorfismos genéticos, moléculas tóxicas, estrés, factores emocionales….

Por tanto, ante cualquier patología de larga evolución es imprescindible asegurar:

  • el aporte del conjunto de los micronutrientes más básicos para la función celular, comunes a toda persona y a todo proceso patológico,
  • el aporte de los micronutrientes específicos que se intuya su insuficiencia en la persona, sean básicos o no,
  • la reducción de tóxicos ajenos (por ingesta, inhalación, contacto) y de radiaciones, así como,
  • el control del estrés y las emociones negativas.

No es posible curar a una persona con un proceso patológico físico o psíquico con tendencia a cronificarse sin cumplir estas reglas, cuyo fin es intentar conseguir que el organismo disponga de las condiciones y herramientas necesarias para poder controlar el exceso de oxidación e inflamación que padece, restituir su capacidad energética y poder reparar y regenerar sus células y tejidos dañados. Nos sorprenderemos de lo que es capaz de hacer el cuerpo humano con solo disponer de estos elementos imprescindibles y no sufrir agresiones.

Cuando un proceso patológico se trata solo con fármacos, estamos presuponiendo que el cuerpo dispone de los metabolitos micronutricionales básicos, de los metabolitos micronutricionales específicos necesarios y de las enzimas que intervienen en sus rutas metabólicas. Desafortunadamente no ocurre así en la gran mayoría (por no decir todos) de pacientes con procesos físicos y psíquicos considerados crónicos o incurables. En realidad, dichas alteraciones micronutricionales están totalmente implicadas en la manifestación y persistencia de la patología. Y los fármacos conducen a incrementarlas o a causar otras nuevas, aunque su efecto en el cuerpo consiga controlar síntomas y parámetros que es necesario manejar a corto o largo plazo.

El diagnóstico médico convencional en si nos dice muy poco de la persona y su estado micronutricional y tóxico. Para cada persona con un tipo de enfermedad hay que buscar un camino, todos somos diferentes, aunque el diagnóstico sea el mismo. Pero si tenemos algo igual: la necesidad de disponer del mismo conjunto de micronutrientes básicos y de reducir moléculas proinflamatorias-tóxicas, aunque los micronutrientes específicos serán distintos en cada paciente.

Los fármacos sirven para mejorar síntomas y parámetros alterados que es preciso corregir con prontitud. Al mismo tiempo debería aplicarse medicina micronutricional que va a permitir reducir dichos fármacos lentamente en lo posible. En el caso de pacientes con síntomas y parámetros alterados que no precisen una acción farmacológica rápida, deberían tratarse con micronutrición, reservando los fármacos para el caso de no producirse una respuesta satisfactoria. Deberíamos empezar a considerar los tratamientos farmacológicos como tratamiento complementario de la terapia micronutricional.

Como primer paso, el “micronutriólogo” debe aportar al paciente con trastornos o patologías el conjunto micronutricional básico junto con la alimentación básica, observar la respuesta y valorar la necesidad de añadir micronutrientes específicos. El paciente es visitado en consulta o ingresado, se realiza una primera valoración, y se administra la micronutrición básica, junto a la alimentación básica, con mayor o menor dosis en función de la gravedad y del número de patologías y fármacos, con el fin de asegurar un aporte esencial de nutrientes y la reducción de moléculas tóxicas. Se solicitan los análisis y las pruebas convenientes y en las siguientes visitas se valoran la respuesta obtenida y la micronutrición específica y alimentación específica a añadir. A menudo, en la primera visita ya se detecta la necesidad de administrar algún micronutriente específico insuficiente para mejorar más rápidamente el estado del paciente.

El método Dr. Cardona asegura el aporte del conjunto de micronutrientes básicos y una notable reducción de moléculas proinflamatorias-tóxicas.

 

Cáncer

Lo que expongo sobre el cáncer en los siguientes artículos se basa principalmente en conocimientos aceptados y en mi experiencia clínica. Por esto no hay referencias ni estadísticas. El lenguaje utilizado es llano y los conceptos están simplificados para llegar al mayor número de personas.

La persona que padece cáncer debe ser diagnosticada y tratada por un oncólogo junto a otros diversos especialistas, incluyendo a un experto en micronutrición.

  1. Diferencias entre la célula normal y la cancerosa.
  2. Por qué se transforman células normales en cancerosas hasta manifestarse el cáncer.
  3. Por qué el sistema inmunitario es importante en una persona con cáncer.
  4. Por qué el cáncer se extiende en una persona.
  5. Como podemos conseguir detener la extensión del cáncer en una persona.
  6. Tratar los aspectos genéticos en la persona con cáncer.
  7. Tratar el aspecto metabólico en la persona con cáncer.
  8. Restablecer la función mitocondrial en la persona con cáncer.
  9. Mejorar la función inmunitaria en la persona con cáncer.
  10. Controlar el exceso de inflamación en la persona con cáncer.
  11. Abordar el ámbito tumoral en la persona con cáncer.
  12. Alimentación y micronutrición en la persona con cáncer.
  13. Apuntes sobre quimioterapia y hormonoterapia tradicionales.
  14. Apuntes sobre terapia molecular dirigida del cáncer
  15. Terapia metabólica en las personas con cáncer.
  16. Micronutrición en el tratamiento oncológico convencional.
  17. Test genéticos para la detección del riesgo de cáncer.
  18. Nociones a tener presentes la persona con cáncer.

 

1. Diferencias entre la célula normal y la cancerosa

Extracto del artículo

La célula es la unidad funcional de nuestro cuerpo, con unos orgánulos llamados mitocondrias que son los “motores” de energía para el funcionamiento de la célula y del cuerpo, y poder mantener la vida y la salud. Las mitocondrias también controlan la apoptosis o muerte celular cuando la célula puede ser peligrosa para el organismo.

Los nutrientes glucosa (carbohidrato simple) y glutamina (aminoácido) son los dos principales metabolitos a partir de los cuales, siguiendo distintas rutas metabólicas se produce energía (ATP) dentro de la mitocondria y se sintetizan las moléculas que necesita la célula para funcionar, como por ejemplo el metabolito acetil-CoA que es clave para el metabolismo celular.

La célula cancerosa crece rápidamente y forma masa tumoral, debido a mutaciones propias, mutaciones adquiridas, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular y fallo de la apoptosis.

Cuando hay falta de oxígeno o las mitocondrias no funcionan adecuadamente, se activan rutas metabólicas en el citoplasma de la célula cancerosa para generar energía (ATP) directamente a partir de la glucosa (ruta glucolisis), sin necesitar de las mitocondrias, y se produce lactato, que es eliminado fuera de la célula acidificando el medio externo. También se produce ATP a partir de la glutamina (ruta glutaminolisis) aunque las mitocondrias sean disfuncionales.

Pero la célula cancerosa no solo precisa de más energía, también requiere producir mayor cantidad de ácidos grasos, aminoácidos y nucleótidos a partir del acetil-CoA. Y esto lo consigue principalmente a partir de la glutamina (ruta glutaminolisis), aunque las mitocondrias no funcionen correctamente.

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Conocer de forma simplificada y comprensible el metabolismo de la célula normal y sus mitocondrias, es imprescindible para poder entender que es el cáncer y cómo la micronutrición puede influir en una evolución favorable.

La célula es la unidad funcional de nuestro cuerpo, y la que permite realizar todas sus funciones. Están formadas por:

  • membrana celular que las recubre, con un papel vital para la célula.
  • núcleo con el ADN nuclear (genes).
  • citoplasma que es la parte entre la membrana y el núcleo.
  • 20 a 2000 mitocondrias, orgánulos con sus membranas mitocondriales externa e interna y su ADN mitocondrial (genes), que son “motores” de energía para poder realizar todas sus funciones. Son orgánulos dinámicos, es decir, adaptan continuamente su número, morfología y función a los estímulos ambientales y de desarrollo.
  • otros orgánulos: ribosomas, peroxisomas, lisosomas, vesículas… con diferentes funciones.

Para que la célula funcione, crezca, se reproduzca y se repare correctamente, necesita básicamente: glucosa (carbohidratos), ácidos grasos (grasas), aminoácidos (proteínas), nucleótidos (ADN, ARN), agua y oxígeno; para poder producir la energía (ATP) necesaria y formar y mantener todas sus estructuras. Las células están compuestas por estos tipos de moléculas, pero su mayor parte la forman proteínas. El cuerpo esta formado por billones de células que fabrican miles de proteínas diferentes.

El metabolismo nutricional es el que permite la producción y utilización de la energía de la célula y la síntesis de sus componentes. En la célula, a partir de los micronutrientes glucosa, ácidos grasos y aminoácidos, se forma el metabolito acetil-CoA, a partir del cual se produce energía (ATP) en la mitocondria. También a partir de acetil-CoA se forman otros carbohidratos, ácidos grasos, aminoácidos, grasas y proteínas, que necesita la célula, gastando la energía (ATP) generada. Es el metabolismo nutricional, que utiliza rutas o vías metabólicas (conversiones de un metabolito en otro) y necesita enzimas para cada una de estas conversiones: las enzimas metabólicas, o moléculas que intervienen en cada paso metabólico para que pueda realizarse.

Ruta metabólica. Por ejemplo: metabolito A inicial à metabolito B intermedio à metabolito C intermedio à metabolito D à metabolito E final. En cada paso metabólico interviene una enzima metabólica específica para que sea posible. El metabolito final D puede ser metabolito inicial de otra ruta metabólica. Por ejemplo, acetil-CoA es metabolito final e inicial de las rutas metabólicas celulares clave. Sin embargo, todos los componentes celulares están completamente intercomunicados entre sí, y si cambia la concentración del metabolito C no solo se afecta la función del metabolito D y E, se afecta la función de A, B, D y E.

Los micronutrientes más básicos que deben estar a niveles suficientes y en equilibrio en tejidos para el funcionamiento celular son: vitaminas (A, C, D3, E, K2, formas activas del grupo B: tiamina, riboflavina 5 fosfato, niacinamida, ácido nicotínico, metilfolato, piridoxal 5 fosfato, D-biotina, ácido pantoténico, metilcobalamina, dibencozida), factores vitamínicos (colina, inositol, coenzima Q10, ácido R-lipoico), minerales (magnesio, calcio, cobre, zinc, hierro, cobre, manganeso, selenio, azufre, cromo, molibdeno, silicio), ácidos grasos (omega 3: ALA, EPA y DHA, omega 6: LA y GLA), aminoácidos esenciales (lisina, leucina, isoleucina, valina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano, histidina) y aminoácidos semiesenciales (cisteína, tirosina, prolina), nucleótidos (uridina, citicolina).

Las moléculas proinflamatorias y tóxicas que afectan al funcionamiento celular pueden tener muy diversas procedencias: tóxicos consumidos, producidas en la manipulación de los alimentos, contaminantes de los alimentos, contaminantes de productos para el cuidado personal, contaminantes ambientales, metales pesados incorporados al cuerpo, radiaciones electromagnéticas. También moléculas proinflamatorias nutricionales (glucosa, fructosa, grasas trans, acido palmítico, acido glutámico…) procedentes de algunos alimentos habituales (azúcar, leche, trigo, grasa animal, aceites vegetales…).

Las mitocondrias son los centros metabólicos donde se produce la energía necesaria para el funcionamiento de la célula y del cuerpo, para mantener la vida y la salud. Son el centro de poder de la célula.

Las mitocondrias son los principales controladores de la muerte celular programada o apoptosis. Las células están programadas para crecer y morirse, de “viejas” cuando han cumplido su misión, o “suicidándose” cuando no son necesarias, o son privadas de oxígeno o nutrientes, o presentan daños o mutaciones (cambios en los genes) que no son capaces de reparar y pueden volverlas peligrosas para el organismo, para ser substituidas por células sanas. Es la muerte celular programada llamada apoptosis, una forma de muerte muy necesaria para nuestra salud y supervivencia. Las mitocondrias son necesarias para una correcta apoptosis que evita tumores, autoinmunidad, procesos degenerativos… Las mitocondrias también controlan la autofagia, que es el proceso para limpiar los desechos acumulados y las toxinas, y para reciclar los componentes celulares dañados.

Cuantas más mitocondrias y mejor funcionen, menor inflamación, mejor salud y más se ralentiza el proceso de envejecimiento. Estimular la biogénesis mitocondrial (formación de nuevas mitocondrias) es una buena estrategia para prevenir y ayudar a revertir los procesos patológicos.

Los nutrientes glucosa (carbohidrato simple) y glutamina (aminoácido) son los dos principales metabolitos a partir de los cuales, siguiendo distintas rutas metabólicas se produce energía (ATP) dentro de la mitocondria y se sintetizan las moléculas que necesita la célula para funcionar, como por ejemplo el metabolito acetil-CoA que es clave para el metabolismo celular.

La célula normal utiliza habitualmente glucosa para generar la energía (ATP) que necesita en las mitocondrias, pero puede utilizar ácidos grasos y cuerpos cetónicos cuando no dispone de glucosa. Cuando no hay suficiente glucosa, a partir de los ácidos grasos se producen en el hígado unos productos llamados cuerpos cetónicos, que llegan a las células de los otros tejidos del cuerpo y, a partir de ellos, se obtiene una energía más eficiente, estable y duradera que de la glucosa. El metabolismo de la célula normal utiliza glucosa y oxígeno para generar energía, con la flexibilidad metabólica de poder utilizar ácidos grasos y cuerpos cetónicos. La célula tiene la capacidad de limpiar los desechos y las toxinas (autofagia), así como, de morir (apoptosis) si se daña. Y todo depende de las mitocondrias.

La célula cancerosa crece rápidamente y forman masa tumoral, debido a mutaciones propias, mutaciones adquiridas, disfunción mitocondrial, cambios en el metabolismo celular y fallo de la apoptosis.

Cuando hay falta de oxígeno o las mitocondrias no funcionan adecuadamente, se activan rutas metabólicas en el citoplasma de la célula para generar energía (ATP) directamente a partir de la glucosa (ruta glucolisis), sin necesitar de las mitocondrias. Tanto más se activarán dichas rutas cuanto menor la cantidad de oxígeno disponible y más afectadas estén las mitocondrias. Entonces se produce mayor cantidad de un metabolito final de estas rutas metabólicas llamado lactato, que es eliminado fuera de la célula acidificando el medio externo. El lactato es necesario para acidificar, invadir y como combustible de la célula cancerosa. La célula cancerosa se divide (prolifera) rápidamente, necesita mucha energía para lograrlo, y una de las formas de conseguirlo es activando estas vías porque la velocidad de producción de ATP es mayor y lo puede producir también si hay falta de oxígeno y de nutrientes y si esta alterada la función mitocondrial. Para ello, en la célula cancerosa están sobreactivadas las enzimas metabólicas de estas rutas, como las enzimas glucolíticas de la ruta glucolisis.

Pero la célula cancerosa no solo precisa de más energía, también requiere producir mayor cantidad de ácidos grasos, aminoácidos y nucleótidos a partir de su metabolito precursor acetil-CoA, cuya demanda está incrementada. Y esto lo consigue principalmente a partir de la glutamina (ruta glutaminolisis), aunque las mitocondrias no funcionen correctamente. Tambien se puede producir gran cantidad de ATP a partir de la glutamina por un mecansimo especial que no precisa de oxígeno ni de mitocondrias normofucnionales, pudiendo considerarse erroneamente en los estudios que el ATP se ha producido en una mitocondria normal con oxígeno, ocasionanado información erronea sobre el estado mitocondrial en el cáncer.

La mayoría de las células cancerosas dependen de la glutamina para formar acetil-CoA y ATP, y no pueden sobrevivir en ausencia de glutamina exógena, y cuanto más invasivas y metastásicas más dependientes de la glutamina, y más sobreactivadas tienen las enzimas de sus rutas metabólicas. La glutamina podría ser el precursor metabólico más importante para las células cancerosas después de la glucosa, y el grado de consumo de glutamina está inversamente relacionado con la disponibilidad glucosa, y en menor medida de los ácidos grasos. Si el cáncer no dispone de suficiente glucosa (glicolisis), utiliza glutamina (glutaminolisis) y, cuando esta se agota, la obtiene de los músculos, ocasionando pérdida de masa muscular y, finalmente, caquexia.

Sin embargo, muchas células cancerosas poseen una gran flexibilidad para producir acetil-CoA, adaptándose a los cambios en los ambientes metabólicos. Y las enzimas metabólicas de las diferentes rutas metabólicas para formar acetil-CoA están sobreactivadas en la célula cancerosa, debido a una combinación de mutaciones propias y adquiridas.

En la célula cancerosa es común que las rutas metabólicas de la mitocondria para la generación de energía estén afectadas. La célula cancerosa presenta frecuentemente mutaciones (cambios genéticos) en el ADN mitocondrial que inhiben la producción de enzimas metabólicas de la ruta central de la mitocondria (ciclo de Krebs) y otras rutas para la generación de ATP (fosforilación oxidativa), acumulándose marcadamente diversos metabolitos y reduciéndose la producción de energía mitocondrial.

La célula cancerosa se caracteriza por una alteración del ADN mitocondrial mayor que del ADN nuclear, una cantidad y función de las mitocondrias reducida y un metabolismo celular distinto llamado reprogramación metabólica. La mayoría de células cancerosas contienen menos mitocondrias y muchas son anormales estructural y funcionalmente, y cuantas más mutaciones mitocondriales peor la generación de energía (ATP) mitocondrial que precisa oxígeno. En la célula normal aproximadamente el 95% de la energía (ATP) se produce en las mitocondrias (metabolismo mitocondrial) y el 5% fuera de las mitocondrias (metabolismo glucolítico). En la célula cancerosa la producción de energía fuera de las mitocondrias puede ser del 60%.

Las células cancerosas cambian su metabolismo en función de la disponibilidad de glucosa y glutamina, y del grado de participación de la mitocondria. Las alteraciones metabólicas son una causa principal de tumorigénesis, metástasis y resistencia a las terapias del cáncer.

En una masa de células cancerosas o tumor no todas las células son cancerosas y las que lo son no se comportan de igual forma, unas podrían cambiar del metabolismo glucolítico (citoplasmático) al metabolismo mitocondrial, otras podrían estar siempre en glucolisis y otras en metabolismo mitocondrial y glucolisis con oxígeno. Las células tumorales que rodean los vasos sanguíneos están bien oxigenadas y las alejadas están pobremente oxigenadas (hipoxia). Todas las células del tumor, incluidas las no cancerosas del microambiente tumoral, trabajan juntas para apoyar el crecimiento del tumor. Se produce una ayuda mutua metabólica entre las células cancerosas de distintas partes del tumor, como, por ejemplo: el lactato generado en células de zonas hipóxicas se elimina al ambiente tumoral y es captado por células de regiones con oxígeno. En ellas, este lactato genera energía (ATP), necesitando menos glucosa, que así podrá servir para las células hipóxicas.

Las células madre de cáncer CSC, son subpoblaciones de células dentro de los tumores malignos heterogéneos, pudiendo ser responsables de su iniciación, mantenimiento de la masa tumoral, metástasis y resistencia a tratamientos, y pueden persistir a largo plazo para provocar la recurrencia del cáncer. Pueden crecer lentamente por lo que la mayoría de fármacos de quimioterapia les afectan menos, y tienen la capacidad de producir nuevos tumores. Las CSC pueden estar en latencia, o diseminadas (perivascular, médula ósea…). Algunas terapias pueden inducir la inactividad, otras pueden reactivar las células inactivas. Además, las CSC, en un acoplamiento metabólico, podrían ayudar a las células cancerosas en su crecimiento, expansión y resistencia a los tratamientos.

2. Por qué se transforman células normales en cancerosas hasta manifestarse el cáncer

Extracto del artículo

La predisposición genética al cáncer consiste en tener desde el nacimiento genes con cambios o mutaciones genéticas propias que favorecen el cáncer. Les llamo genes responsables.

Los factores bioquímicos de riesgo son principalmente las insuficiencias y los desequilibrios de micronutrientes y el exceso de moléculas proinflamatorias, procancerígenas y tóxicas, ocasionado por los factores externos causales: alimentación inadecuada, exceso de tóxicos y de radiaciones electromagnéticas, falta o exceso de ejercicio, sueño no reparador, estrés y emociones negativas persistentes, infecciones por determinados patógenos, y fármacos.

Todo ello conduce a un exceso de inflamación general y local en el organismo, pudiendo ocasionar un daño mitocondrial que empuje a la célula a cambiar su metabolismo (reprogramación metabólica) para sobrevivir y poder dividirse, pasando de un metabolismo mitocondrial a un metabolismo glucolítico fuera de las mitocondrias para producir la energía (ATP) necesaria. La disfunción mitocondrial y los cambios metabólicos son causa de cambios o mutaciones genéticas adquiridas (cambios epigenéticos), que afectan la expresión de los genes responsables comentados y llevan al descontrol en la muerte celular (apoptosis) con mayor proliferación celular.

La transformación de células normales en cancerosas hasta la formación de un cáncer o tumor depende habitualmente de factores genéticos y factores bioquímicos de riesgo al mismo tiempo, coincidiendo una combinación de genes que predisponen al cáncer (genes responsables) y mutaciones adquiridas, con desequilibrios micronutricionales, exceso de moléculas tóxicas, exceso de oxidación e inflamación, colonización inadecuada por microorganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos) y fallo del sistema inmune.

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Conceptos simples sobre genes y ambiente para poder entender el porqué del cáncer. La célula es una unidad individual viva con sus funciones, que se han unido o asociado en comunidades multicelulares de billones de células para formar el cuerpo humano (u otras especies). Comunidades altamente organizadas de células individuales completamente interactivas, no solo de células humanas sino también de otras especias como las bacterianas. Las células se diferencian y especializan, distribuyéndose el trabajo, aumentando así la eficiencia y la capacidad de supervivencia del organismo, bajo un control hasta hace poco considerado genético, pero que actualmente se sabe es principalmente por influencias medioambientales.

Veamos como ocurre. Las membranas celulares contienen proteínas para captar las señales internas y externas, tanto de moléculas físicas como de cambios de energía (ondas), y proteínas para dar la respuesta celular necesaria. A su vez, estas proteínas controlan la unión de otro tipo de proteínas con el ADN, recubriéndolo como una funda, haciendo que pueda ser “leída” o no la información de sus genes, controlando así la actividad génica.

Por ejemplo: la falta de algunos micronutrientes básicos puede ocasionar que las proteínas reguladoras no recubran a genes anormales (mutaciones) causantes de diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer, y así estos genes pueden ser “leídos”, manifestándose estas enfermedades en la persona. O bien, cuando se aportan dichos micronutrientes las proteínas reguladoras recubren a los genes anormales y estos no pueden ser “leídos”, silenciándose la actividad genética, y la persona no presenta enfermedad, aunque es portadora de genes que le predisponen a padecerla. Añadiendo que la falta de micronutrientes en la célula no solo puede deberse a una cantidad insuficiente, también puede ser por una dificultad de paso de dichos nutrientes (y de salida de materiales de desecho) a través de la membrana celular por una disfunción de proteínas de membrana causada por alteraciones en la energía electromagnética. Las proteínas no solo dependen de la secuencia de aminoácidos, su forma y función también depende de la interacción entre las cargas electromagnéticas de los aminoácidos, y estas están influidas por la energía electromagnética.

Los genes no controlan su propia actividad, son las señales del entorno que a través de las proteínas de membrana regulan la lectura de los genes, permitiendo la síntesis de las proteínas para las funciones celulares en respuesta al entorno y no por el código genético. Los genes no regulan la biología celular, la regula el entorno a través de miles de proteínas. Un gen no crea una sola proteína como se pensaba antes, a partir de un mismo molde génico se pueden producir cientos de proteínas distintas en función de las señales del medio. Las influencias medioambientales (micronutrientes, tóxicos, estrés, emociones) modifican la actividad génica sin alterar la configuración básica, y estas modificaciones pueden transmitirse a la descendencia. De tal forma es así, que lo trasmitido a las futuras generaciones depende tanto de la herencia (genes) como de las influencias físicas y psíquicas durante la vida.

 El cáncer se manifiesta en una persona porque coinciden en ella una predisposición genética y unos factores bioquímicos de riesgo. Los factores bioquímicos de riesgo son los causantes de que la predisposición genética se “ponga en marcha” y aparezca el cáncer. Esto es lo habitual, siendo poco frecuente que únicamente la genética, o únicamente los factores bioquímicos, sean la causa del cáncer. Cuando una célula enferma hay que buscar la causa primero en el entorno y no en la misma célula. Actualmente ya sabemos que los genes solo controlan enfermedades hereditarias concretas muy poco frecuentes, la gran mayoría de personas tienen genes que les permiten una vida saludable.

Predisposición genética al cáncer, o componente genético, o genoma vulnerable al cáncer. Consiste en tener desde el nacimiento genes con cambios o mutaciones genéticas propias que favorecen el cáncer. Genes que cuando se manifiesta un cáncer, a menudo están asociados a determinadas combinaciones de otras mutaciones genéticas también propias que: predisponen al exceso de oxidación-inflamación, o dificultan la desintoxicación del cuerpo, o afectan al sistema inmune…, facilitando los cambios metabólicos y la desprogramación de la muerte celular (apoptosis) explicadas. A todos estos genes con mutaciones genéticas propias que predisponen y facilitan la manifestación de un cáncer les llamo genes responsables.

Factores bioquímicos de riesgo, como son las insuficiencias y los desequilibrios de micronutrientes (metabolitos nutricionales) y el exceso de moléculas proinflamatorias, procancerígenas y tóxicas; afectando al sistema inmunitario de tal modo que este no es capaz de evitar la eliminación de las células del cuerpo transformadas en cancerosas, ni la colonización patógena por algunos microrganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos). Influyendo decisivamente en todo ello los factores externos causales: alimentación inadecuada, exceso de tóxicos y de radiaciones electromagnéticas, falta o exceso de ejercicio, sueño no reparador, estrés y emociones negativas persistentes, infecciones por determinados patógenos, y fármacos que afectan el equilibrio micronutricional y la función mitocondrial.

Las alteraciones comentadas conducen a un exceso de inflamación general y local en el organismo, pudiendo ocasionar un daño mitocondrial con reducción de su funcionalidad que empuje a la célula a cambiar su metabolismo (reprogramación metabólica) para sobrevivir y poder dividirse, pasando de un metabolismo mitocondrial a un metabolismo glucolítico fuera de las mitocondrias y glutaminolítico para producir la energía (ATP) necesaria. La disfunción mitocondrial y los cambios metabólicos son causa de cambios o mutaciones genéticas adquiridas (cambios epigenéticos) solo en determinadas células, que afectan la expresión de los genes responsables comentados y llevan al descontrol en la muerte celular (apoptosis) con mayor proliferación celular. Estos cambios genéticos adquiridos son muy diversos y aleatorios, incluso entre células del mismo tumor.

La transformación de células normales en cancerosas hasta la formación de un cáncer o tumor puede ocurrir solo por predisposición genética o solo por factores bioquímicos, pero esto es muy poco frecuente. Habitualmente se necesitan los dos tipos de causas para que se manifieste la enfermedad: los cambios epigenéticos ocasionados por los factores bioquímicos influyen en cómo se expresarán los genes responsables del cáncer. Es decir, las mutaciones genéticas adquiridas por los factores bioquímicos influyen en si se “pondrán en marcha” o no los genes responsables (mutaciones genéticas propias), manifestándose el cáncer o manteniendo la salud.

En el cáncer las mutaciones genéticas pueden llegar a ser innumerables, casi infinitas, mientras que los factores o alteraciones bioquímicas causales son menos complejas y numerosas y más controlables. Resultando fundamental descubrir y corregir estas últimas porque inciden decisivamente en las mutaciones adquiridas de las que dependerá la expresión de las mutaciones propias y la evolución de la enfermedad.

En la gran mayoría de personas con cáncer están implicados factores genéticos y bioquímicos al mismo tiempo en diferentes proporciones, coincidiendo mutaciones genéticas con desequilibrio micronutricional, toxicidad, colonización-infección, exceso de oxidación e inflamación…, persistentes. Personas con genomas vulnerables que cuando se presentan factores bioquímicos persistentes de los mencionados, aparecen nuevas mutaciones adquiridas que interaccionan de forma constante con las mutaciones propias, se producen cambios metabólicos celulares y se manifiesta el cáncer.

Las causas de la reprogramación metabólica de la célula cancerosa explicada anteriormente son varias: falta de oxígeno (hipoxia), moléculas tóxicas (exceso de radicales libres…), insuficiencia de metabolitos micronutricionales, acidificación del medio celular, radiaciones, infecciones víricas, mutaciones propias y adquiridas en ADN mitocondrial y nuclear… que dañan mitocondrias, activando enzimas de rutas metabólicas citoplasmáticas e inhibiendo enzimas metabólicas de rutas mitocondriales.

El lactato (ácido láctico) producido en exceso sale de la célula y produce acidificación del microentorno del tumor. Y dicha acidificación se ha asociado a mayor: agresividad, invasión, metástasis, escape del sistema inmune, aumento de la angiogénesis (formación de vasos sanguíneos) y de resistencia a la terapia aplicada. Este ácido láctico actúa como un ‘escudo’ protector de la célula cancerosa frente al sistema inmunitario, y si el nivel de lactato desciende, el tumor es más vulnerable frente a su ataque. El lactato que pasa a la sangre se transporta al hígado y allí puede reconvertirse en glucosa (gluconeogénesis). Glucosa que pueden utilizar de nuevo las células cancerosas.

La glicolisis y el metabolismo mitocondrial defectuoso causan exceso de radicales libres que a su vez conduce a más daño en los lípidos de las membranas y en los ADN mitocondriales (mutaciones adquiridas), lo que conduce a más estimulación de la glucolisis. La integridad del ADN nuclear depende en gran medida de la regulación de la energía mitocondrial y las alteraciones explicadas pueden conducir a mutaciones de este ADN que contribuirán todavía más a la alteración del metabolismo celular y la progresión del cáncer.

Por último, decir que estos cambios metabólicos influirán en las células cercanas como: fibroblastos asociados al tumor, células endoteliales y células inmunitarias.

El impulso del metabolismo mitocondrial protege del cáncer, y el del metabolismo citoplasmático (glucolisis) favorece al cáncer. Hay genes responsables, como MYC, que promueven los cambios y rutas metabólicas que posibilitan el cáncer: activan transportadores de glucosa y glutamina y enzimas de las rutas de la glucosa (enzimas glucolíticas) y de la glutamina (enzimas glutaminolíticas). Otros genes responsables, como p53, por el contrario, protegen del cáncer promoviendo el metabolismo mitocondrial. Estos genes pueden sufrir mutaciones adquiridas que se acumulan a lo largo de muchos años, activándolos o inhibiéndolos y conduciendo a la alteración del metabolismo celular, aumentando metabolitos que facilitan el desarrollo tumoral. Los cambios metabólicos están ligados a la activación e inhibición de genes responsables del cáncer de manera que la reprogramación génica se halla estrechamente vinculada a la metabólica.

Los genes mitocondriales (ADNmitocondrial) y los del núcleo de la célula (ADNnuclear) están en comunicación continua, ajustando el equilibrio entre el metabolismo (energía) citoplasmático y el mitocondrial. Cuanto más agresivo el cáncer mayor capacidad de ajustar estos metabolismos. Tanto el ADN nuclear como el mitocondrial están dañados (mutaciones) y ambos influyen en la reprogramación metabólica, pero no tan dañados como para que inhiban por completo la producción de energía mitocondrial, ya que entonces la célula cancerosa no podría proliferar.

Los tumores malignos implican una gran complejidad genética, sin embargo, los cambios metabólicos implicados son mucho más simples, limitándose a un conjunto de vías metabólicas conocidas, con un aumento de la glucolisis y glutaminolisis no solo para obtener ATP (energía), sino principalmente para disponer del metabolito acetil-CoA para la síntesis de lípidos, proteínas y nucleótidos, necesarios para la proliferación y el crecimiento. El microentorno del tumor y las mutaciones adquiridas dictan los combustibles y las rutas metabólicas extramitocondriales y mitocondriales utilizadas para dicho crecimiento. Es la reprogramación metabólica de la célula cancerosa en relación con la célula normal, como consecuencia de mutaciones adquiridas en genes responsables del cáncer.

Los fármacos que afectan la función mitocondrial podrían favorecer la reprogramación metabólica: antinflamatorios, antidepresivos, ansiolíticos, antidiabéticos, antibióticos, antivíricos, corticoides, quimioterapia, inmunosupresores… entre muchos otros.

Es esta reprogramación metabólica la clave para entender y tratar el cáncer en la práctica. La genética y las mutaciones son de una complejidad difícil de alcanzar. Las mutaciones en cada tumor son miles y, si fuera posible, deberían identificarse las implicadas en la enfermedad, tanto en los genes considerados responsables del cáncer como en los genes que no se identifican como genes del cáncer. Existen desde cánceres muy complejos genéticamente hasta cánceres en los que no se observan mutaciones y otros producidos por cancerígenos (arsénico, asbesto…) que dañan la mitocondria y no provocan mutaciones.

Los tumores tienen zonas bien perfundidas a las que llegan bien el oxígeno y los nutrientes y otras que no, de modo que muchas células tumorales están en ambientes hipóxicos y pobres en micronutrientes. La célula cancerosa se adapta al microambiente en el que se encuentra, utilizando los metabolitos y las rutas metabólicas que le permitan sobrevivir y reproducirse (crecer): glucolisis, glutaminolisis, producción de lactato, producción de acetil-CoA… Y si dispone de oxígeno y tiene suficientes mitocondrias funcionales, también utilizará las rutas metabólicas mitocondriales (ciclo de Krebs, fosforilación oxidativa). La célula cancerosa siempre busca formas de conseguir la energía y sintetizar los componentes que necesita, pero está limitada a las vías y enzimas metabólicas conocidas, sobre las que si podemos actuar de forma mucho más accesible de lo que podemos conseguir procediendo sobre la genética y las mutaciones.

En la célula cancerosa falla la programación de muerte celular o apoptosis, controlada en las mitocondrias debido a: la presencia de mutaciones propias y adquiridas que facilitan esta desprogramación, la disfunción mitocondrial, la acidez del medio extracelular, la alcalinidad del medio intracelular, la falta de micronutrientes básicos… Y las células se dividen y crecen de forma descontrolada, ocasionando una masa de células o tumor, en donde también hay células que no se han transformado en cancerosas.

La transformación de células normales en cancerosas hasta manifestarse un cáncer en una persona ocurre en varias fases que pueden durar años, y este proceso depende de factores genéticos y factores bioquímicos de riesgo al mismo tiempo, coincidiendo una combinación de genes que predisponen al cáncer (genes responsables) y mutaciones adquiridas, con desequilibrios micronutricionales, exceso de moléculas tóxicas, exceso de oxidación e inflamación, colonización inadecuada por microorganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos) y fallo del sistema inmune. Es decir, la transformación de una célula normal en cancerosa ocurre debido a que en ella confluyen estos factores con distintos niveles de influencia. Es igual quien sea el primero, están ahí y lo importante es actuar donde podamos hacerlo, y podemos actuar sobre los factores bioquímicos, la disfunción mitocondrial, los cambios metabólicos y el sistema inmunitario del organismo.

3. Por qué el sistema inmunitario es importante en una persona con cáncer

Extracto del artículo

El sistema inmune de las personas con cáncer frecuentemente está debilitado y también bloqueado para poder hacer frente a la enfermedad. Un sistema inmune en buenas condiciones es imprescindible para evitar y superar un cáncer, y también para eliminar los microorganismos frecuentemente implicados.

El sistema inmune tiene un papel fundamental en el cáncer y puede alterarse por muy diversas causas comunes como son: factores genéticos, niveles en tejidos de micronutrientes básicos insuficientes y desequilibrados, sistemas enzimáticos digestivos y metabólicos insuficientes, microbiota alterada, actividad física inadecuada, sueño no reparador, estrés, depresión y emociones negativas.

Las células cancerosas y los tumores desarrollan mecanismos de escape para evitar la acción del sistema inmune.

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Un sistema inmune en buenas condiciones es imprescindible para evitar y superar un cáncer, y también para eliminar los microorganismos frecuentemente implicados. 

El sistema inmunitario es el sistema de defensa que dispone el organismo para hacer frente a los microorganismos (virus, bacterias…) patógenos, pero también para eliminar a las células que se han transformado en cancerosas, evitando la formación de tumores y su avance. Es común que se produzcan células cancerosas e, incluso, que se formen microtumores en las personas, pero el sistema inmune los elimina. Las células del sistema inmune (linfocitos T y NK o células asesinas) buscan y distinguen entre células normales y anormales (con alteraciones genéticas y celulares no propias), y una vez detectadas las anormales estas son atacadas y destruidas.

También cuando el proceso tumoral ha logrado iniciarse, si no crece o entra en remisión, es porque el sistema inmunitario mata más células cancerosas de las que se forman. Incluso cuando ya se han formado metástasis, un buen sistema inmune puede ser capaz de eliminarlas.

Los cánceres microscópicos, con células que proliferan y otras que mueren en equilibrio, los presentan en diferentes órganos (mama, próstata, tiroides…) la gran mayoría de personas en edad media y avanzada, sin que se manifiesten clínicamente. El que dichos tumores crezcan y se manifiesten depende del sistema inmunitario y del microambiente tumoral con su vascularización o angiogénesis.

 El sistema inmune tiene un papel fundamental en el cáncer y puede alterarse por muy diversas causas comunes como son:

  • Factores genéticos que predisponen a determinadas alteraciones del sistema inmune. Mutaciones genéticas propias que junto a determinadas combinaciones de defectos genéticos y a mutaciones genéticas adquiridas, también son responsables de la manifestación y expansión de un cáncer, aunque su expresión está muy influenciada por los factores bioquímicos y factores externos causales mencionados a continuación.
  • Niveles en tejidos de micronutrientes básicos insuficientes y desequilibrados: vitaminas en forma activa (A, D, E, K1, K2, grupo B), colina, inositol, minerales (magnesio, calcio, zinc, selenio…), coenzima Q10, ácido R-lipoico, ácidos grasos activos omega 6 (GLA, DGLA) y omega 3 (ALA, EPA, DHA) y aminoácidos esenciales y semiesenciales. Es la “materia prima” necesaria para mantener los distintos componentes del sistema inmunitario en buenas condiciones. También otros micronutrientes y sus metabolitos no tan básicos pueden influir decisivamente en la eficacia del sistema inmunitario.
  • Sistemas enzimáticos digestivos y metabólicos insuficientes, esencial para el sistema inmune y para todos los procesos fisiológicos del organismo.
  • Microbiota alterada: bacterias, virus, hongos…, del cuerpo, especialmente la microbiota intestinal (“flora intestinal”), pero también la microbiota cutánea y la de boca, fosas nasales, vagina, uretra y otros tejidos; con gran influencia en el sistema inmunitario. La microbiota del cuerpo interacciona con el sistema inmune y cuando se altera el equilibrio microbiano causa un gran efecto sobre la salud. Las personas con cáncer, especialmente del tubo digestivo, cavidad bucal, cuello uterino y piel, presentan frecuentemente alteraciones de la microbiota, con tipos de bacterias y microorganismos desfavorables que no deberían estar en el tejido afectado, influyendo en el crecimiento tumoral y las metástasis. Algunos de estos microorganismos viajan con las células tumorales y participan en la formación de un microambiente que favorece el crecimiento y expansión del cáncer. La microbiota de la persona influye en la efectividad del tratamiento con inmunoterapia, hasta el punto que tomar antibióticos previamente puede reducirla. La microbiota intestinal modula la respuesta inmunitaria e influye en la evolución de la enfermedad y la respuesta a los tratamientos aplicados. Existen bacterias favorables (probióticos) que estimulan el sistema inmune y otras que lo “frenan” cuando esta sobrestimulado.
  • Actividad física inadecuada y sueño no reparador persistentes, de gran influencia en el sistema inmune.
  • Estrés, depresión y emociones negativas persistentes no expresadas mediante palabras ni resueltas como: ansiedad, agresividad, ira, resentimiento, miedo, angustia, preocupación, tristeza, pena, melancolía, abatimiento, culpabilidad…
  • Fármacos muy diversos: antibióticos, antivíricos, corticoides, quimioterapia, inmunosupresores…

Las células cancerosas y los tumores desarrollan mecanismos de escape para evitar la acción del sistema inmune. El microambiente tumoral que rodea al tumor puede llegar a ser como una fortaleza que protege a las células cancerosas de ser atacadas por el sistema inmune. Algunos metabolitos aumentados de las células cancerosas y del microambiente tumoral inhiben la acción antitumoral de las células inmunitarias. Los tumores levantan barreras que dificultan la entrada de células inmunitarias, incluso pueden producir inmunosupresores potentes. Las células tumorales pueden utilizar unas moléculas para “esconderse” del sistema inmune.  Los tumores son capaces de inhibir la respuesta antitumoral del sistema inmunitario actuando en diferentes fases.

El sistema inmune de las personas con cáncer frecuentemente está debilitado y también bloqueado para poder hacer frente a la enfermedad.

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